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En primera persona

El dado de Eugenio

La larga búsqueda de Timoteo Mendieta en varias fosas del cementerio de Guadalajara permitió recuperar los restos de 50 represaliados del franquismo. 49 hombres y una mujer. Casi todos militantes socialistas

Willy Veleta Madrid , 16/05/2018

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En mayo del año pasado, durante la exhumación de la sepultura número 10 de la parte civil del Cementerio de Guadalajara, se encontró un dado junto a los restos de Eugenio Molina Morato, fusilado en noviembre de 1939. Realmente lo halló el poeta Juan Carlos Mestre (Premio Nacional de Poesía 2002), que ese día ayudaba en la criba; el azar le debió colocar allí, porque fue el único que pudo ir. Tras el descubrimiento le vino a la cabeza la famosa frase de Mallarmé (yo no la había escuchado nunca): “Jamás un golpe de dados abolirá el azar”. Mestre gritó esas palabras tantas veces mientras yo envolvía una tibia y un peroné entre dos hojas de un periódico deportivo... 

Un año después esa sentencia gritada entre cruces de mármol, lápidas y flores de plástico llenas de barro me sigue retumbando en la cabeza. Resulta que esas cuatro palabras volvieron loco a medio mundo en pleno siglo XIX –o eso me dijo el poeta que descubrió el dado que portaba Eugenio–. Se escribieron varios libros intentando explicar la compleja frase de Mallarmé. La solución al enigma la tenía, probablemente, Eugenio en su bolsillo. Cuando el año pasado la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica) exhumó –con los cero euros de Rajoy– sus restos sólo apareció ese dado de madera con los seis puntos mirándonos. Mientras todos –voluntarios, fotógrafos, periodistas, periodistas voluntarios, arqueólogos– observábamos incrédulos ese trocito de madera tallado con números, intenté imaginar a qué jugarían estos represaliados del franquismo durante su cautiverio en la cárcel de Guadalajara. ¿A quién se le ocurrió la idea de fabricar un dado?, ¿habría otro dado? Eran carne de pelotón de fusilamiento, estaban famélicos, apenas podían ver a sus familiares, pero todavía tenían ganas de jugar con el azar: “Jamás un golpe de dados abolirá el azar”.

El dado de Eugenio (Foto: Óscar Rodríguez, ARMH)

El dado de Eugenio (Foto: Óscar Rodríguez, ARMH)

La familia de Eugenio pudo acceder a una caja y una fosa individual porque fueron informados de su muerte a tiempo y además tenían dinero para pagar una caja. La mayoría de sus compañeros fusilados esas fatídicas semanas del invierno del 39 acabaron en fosas comunes a cuatro metros bajo tierra. Hay quien dice que las cavaban los mismos presos antes de desfilar delante del muro del cementerio y recibir varios tiros entre el pecho y la cabeza; todavía se pueden ver los impactos en la pared.

“El azar como constructor del mundo, el azar como la última razón para encontrar lo justo”, me dijo hace unos días el poeta Mestre cuando le llamé para contarle que quería comenzar este relato con su dado. “El azar estaba de nuestro lado, Willy, del lado de la verdad”, concluyó. Aunque ese dado tardara 79 años en caer, con el 6 como número mágico. Eugenio jugó a volver a ser encontrado y el azar, teledirigido por la hija de otro fusilado y una jueza argentina se lo concedió en mayo de 2017.

El azar efectivamente contó con la obstinación de Ascensión Mendieta, que en 1939 le abrió la puerta a los verdugos de su padre y contó también con la compasión de María Servini, a cargo del Juzgado Federal número 1 de Buenos Aires. Allí viajó Ascensión para decir entre lágrimas: “Quiero los huesitos de mi padre”. 

Gracias al tesón de Ascensión y al error de uno de los enterradores –ya lo contaré más tarde– se han logrado recuperar los restos de 50 fusilados en la parte civil del cementerio de Guadalajara; los que renunciaban a la fe católica terminaban aquí, por rojos. Por cierto, quedan más de 800 represaliados más enterrados en diferentes fosas de ese “camposanto”.  

CTXT estuvo en Guadalajara durante un mes, justo hace un año, informando cada día, viendo exhumar uno a uno los restos de los fusilados de esa fosa 1. Tirados en ese terrible año 39 a cuatro metros de profundidad de manera intercalada –pies por un lado, cabeza del siguiente fusilado por otro lado–  para que cupieran más. Entonces eran huesos, ahora ya les podemos poner cara y conocer a sus familias. 

En el crudo invierno de 2016 comenzó a rodar el dado, se comenzó a exhumar la fosa 2 en busca de Timoteo Mendieta, pero un error en los registros del cementerio le supuso a Ascensión Mendieta la segunda gran decepción de su vida: su padre no estaba allí. Alguien se olvidó de tachar y poner los datos correctamente. La fosa 2 estaba llena y para no abrir la 3 todavía metieron a Timoteo y a Antonio Sierra Olivo en la fosa 1, que podía aguantar un par de cuerpos más. Curiosamente su hermano Tomás, que había sido fusilado cuatro días antes (el 12 de noviembre de 1939), yacía ya en la fosa 1. Se reencontraron por error. Una vez más el azar estaba de su lado, de nuestro lado.

Conocemos ya, gracias a que sus restos fueron entregados antes por la delicada salud de Ascensión, las tribulaciones de Timoteo Mendieta. Ese carnicero de Sacedón que dejaba deber –no sabemos si mantenía una lista o lo guardaba en su cabeza– a los que no podían pagar un filete o un trozo de chorizo en aquellos complicados años 30. Lo que sí sabemos es que cuando Franco, desde Burgos, pronunció aquello de “han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares…”, Timoteo volvió del frente de Madrid –sin haber pegado un tiro dicen siempre sus familiares– caminando hacia su pueblo (Sacedón, a 109,2 kms) mientras su mujer hacía el camino inverso para buscarle. Nunca se encontraron. 

Días después de llegar a su pueblo y mientras se echaba una merecida siesta, unos pistoleros de Falange tocaron la puerta para llevárselo. A los verdugos de Timoteo les abrió la puerta Ascensión (con 13 años), la obstinada mujer que en 2017 consiguió sacarle del hoyo de cuatro metros al que le arrojaron en noviembre de 1939 junto a otros 23 compañeros, casi todos socialistas. 

También conocemos la historia de Gregorio Florián: sus restos fueron entregados hace unas semanas dado el delicado estado de salud de su hijo Primitivo. Padre e hijo charlaban tranquilamente en la puerta de su vivienda de Torija (Guadalajara), nada más terminar la Guerra Civil, cuando otros falangistas se lo llevaron a empujones y a punta de máuser. Primitivo pudo ver a su padre tres días después tirado en el suelo, en una iglesia. En la puerta del cementerio de Guadalajara y 79 años después la ARMH le entregó los restos de su papá, ese mismo que había ayudado durante la República a sus verdugos, les enseñó a arar, a llevar el campo, pero cuando la democracia y el sentido común perdieron la guerra decidieron fusilar al maestro, por rojo.

La familia Florián ha tenido que vivir ocho décadas callada, conviviendo con los verdugos, con los hijos y con los nietos de los que mandaron a Gregorio a la prisión de Guadalajara y, de ahí, a la fosa 1, por izquierdista. Fue el primer cuerpo arrojado a esa fosa cavada junto a un ciprés centenario, delante del muro de fusilamiento. Su nieta Ascensión pudo bajar el año pasado a esa fosa –se me ocurrió preguntarle si le apetecía ver los restos de su abuelo de cerca y accedió–. Terminó llegando hasta donde estaba su abuelo para acariciarle el cráneo y para confirmarme nada más subir y ante nuestro micrófono que efectivamente era él. “Mi padre tiene su misma cabecita”, me dijo.

Fotos y firmas represaliados del Franquismo (foto de Luis A. Meco de la Iglesia)

Fotos y firmas represaliados del Franquismo (foto de Luis A. Meco de la Iglesia)

Y ahora les contaré retazos del azar, cosas que sabemos de los otros 48 fusilados de la fosa 1, 2 y las individuales 9, 10, 11 y 12.

Gracias a una foto publicada por CTXT en Twitter donde aparecía un registro de enterramientos, llegó hasta el cementerio un familiar de Alfonso Alonso Agudo. Jesús, su sobrino nieto, se presentó sonriente y aliviado en la zona de exhumación portando una imagen de su abuelo. Al día siguiente vino a ver la fosa 1 con su mujer y su hija Nora.

Alfonso Alonso Agudo estaba afiliado a la UGT y era teniente en las Milicias Populares del Ejército Republicano. A los 12 días de terminar la guerra le tomaron la primera declaración tras ser detenido. Un mes después le hicieron un consejo de guerra y fue condenado por “adhesión a la rebelión con la concurrencia de circunstancias agravantes de perversidad y peligrosidad social y daño causado” –ojo a esta retahíla de palabras que volverá a aparecer–. No quedó demostrado que participara en asesinato alguno. Alfonso fue fusilado el 26 de julio de 1939 junto a Primitivo Florián delante de la tapia del cementerio. A sus herederos se les impuso una multa de 7.500 pesetas, una cantidad nada despreciable para la época. Su cuerpo fue arrojado encima del de Primitivo Florián. 

Ángel Viñas Díaz era campesino, afiliado a Acción Popular y a Izquierda Republicana (partido fundado por Manuel Azaña en 1934), era miembro de las Brigadas Internacionales en Guadalajara durante la guerra. Se le acusó de participar en octubre del 36 en una saca de presos de derechas que acabaron fusilados –se le dice saca porque los sacan de la cárcel para llevarlos al cementerio y fusilarlos delante de la fosa ya cavada–. Ángel se declaró inocente, aclaró que no participó en el fusilamiento y que además dio sepultura a los 20 derechistas de la zona de Sacedón.

Ángel tenía 31 años cuando fue condenado a pena de muerte por “adhesión a la rebelión con la concurrencia de circunstancias agravantes de perversidad y peligrosidad social y daño causado”, ¿les suena?

Pilar Sanabria, una amiga, una posible novia, recogió sus pertenencias el 3 de noviembre una vez que su cuerpo yacía ya junto a los de Primitivo y Alfonso en la fosa 1. 

De la saca del 20 de octubre (del 39) no hay ningún represaliado que haya sido reclamado.

En la saca del 26 de octubre había seis hombres, cinco de ellos de la misma población, Armuña de Tajuña. Entre ellos aparecían un padre y un hijo. A Jesús, de 67 años, lo matan junto a su hijo Constancio, de 28 y otros tres vecinos, por rojos.

Jesús Sánchez Cortés era labrador, tenía dos hijos labradores, era miembro de la UGT, tesorero de la Casa del Pueblo y juez municipal en Armuña. Lo tenía todo para que el dado del azar cayera del lado de los que dieron el Golpe de Estado.

A Jesús se le acusa de haber participado en un tiroteo en julio del 36. Al parecer denunciaron a siete vecinos afines a la sublevación y se los llevaron a la cárcel de Guadalajara. Cuando Franco gana la guerra les acusan a ellos, a los cinco vecinos, de haberles detenido, pero esta vez además de encarcelarles consiguen que den con sus huesos en una fosa común. 

Jesús es detenido el 24 de mayo del 39 y un mes después es acusado del corta y pega del momento: “Pena de muerte por adhesión a la rebelión con la concurrencia de circunstancias agravantes de perversidad y peligrosidad social y daño causado”.

Su hijo Constancio Sánchez, miembro de la UGT desde 1932 y teniente del Ejército Popular de la República, sufre las represalias por la detención de los siete y corre la misma suerte. Tenía 28 años cuando le dan el tiro de gracia delante de la fosa 1. 

Por cierto, el tiro de gracia en ese cementerio lo daba un cura manco: Esteban Esteban Esteban (hijo de dos primos). Se sabía que lo daba él porque todos los cráneos con el tiro de gracia lo tienen en el lado izquierdo –el cura disparaba con la mano izquierda. Esteban Esteban Esteban está enterrado en la parte católica del Cementerio de Guadalajara, a escasos 200 metros de las fosas comunes.

Andrés Gayoso era miembro de la UGT, alcalde de Armuña de Tajuña.  El 24 de mayo de 1939 es detenido y se le acusa de… ¡imagínenselo!: “adhesión a la rebelión con la concurrencia de…”  Su nieto César se acaba de jubilar como enterrador del mismo cementerio donde fue fusilado su abuelo a sus 54 años de edad. Junto a sus restos se encontró una mina de lápiz. César está afiliado al PSOE de Guadalajara. No sabían que enterraban semillas, decía Castelao. 

En la saca del 11 de noviembre del 39 encuentran a tres hombres, curiosamente todos han sido identificados porque sus hijas viven y aportaron su ADN.

Pedro Guzmán, vecino de Alhóndiga, labrador, casado, tesorero de la UGT, voluntario en el Ejército Popular de la República desde noviembre del 36 hasta el final de la guerra. A las dos semanas de terminar la contienda es denunciado y en agosto se le aplica la pena de muerte por… ¿se acuerdan?:  “adhesión a la rebelión con…”. El 10 de noviembre es fusilado, pero antes de desplomarse ante la fosa 1 se negó a reconocer a los jueces, negó la sentencia. En el informe pone textualmente: “por negarse lo hacen los hermanos de la paz y la caridad”. Le dijeron que entrara en capilla para expiar sus pecados pero no quiso. Pedro no firmó la notificación de sentencia ni la entrada en capilla, que suele ocurrir tres horas antes del fusilamiento. 

Victoriano Díaz de Randa y Francisco de Llera fueron juzgados en la misma causa y compartieron sentencia. Curiosamente Eugenio, nieto de Francisco, estuvo ayudando en la fosa 1 hace un año, mezclando un silencio sepulcral y un gesto de reflexión/respeto absoluto por su abuelo y a sus compañeros. 

Victoriano, vecino de Alhóndiga, campesino, presidente de la Sociedad de Trabajadores de la Tierra (afín a la UGT), líder de la Casa del Pueblo y teniente de infantería de la X Brigada Mixta del Ejército Popular. No podía acumular más “méritos” para acabar fusilado. 

El 11 de abril del 39, 10 días después de entrar Franco en Madrid, Victoriano es denunciado y detenido, acusado de lo que ocurrió en el pueblo de Valdeconcha durante los primeros meses del Golpe de Estado del General Mola. Le acusaron de destruir una iglesia –¿él sólo?– y de detener a un maestro nacional. El 3 de agosto es condenado a pena de muerte “por adhesión a la…” (corta y pega) 

Francisco de Llera, jornalero, padre de 7 hijos, secretario del PCE de Valdeconcha y mientro de la UGT.  Ojo, fue concejal del Ayuntamiento desde 1931. Es detenido, sentenciado y ejecutado el mismo día que Victoriano. Nunca firmó su sentencia de muerte. Tenía 49 años y todas las papeletas para acabar a cuatro metros bajo tierra (sindicalista, socialista, comunista…) Junto a sus restos se han exhumado además de unos gemelos y una hebilla de cinturón… un pequeño lápiz. A su nieto Eugenio le acabo de llamar para preguntarle si le gusta escribir. Quería hacer una conexión literaria y el azar me ha colocado delante una bonita afirmación de este nieto de fusilado que se dejó la piel sacando tierra de la fosa 1: “Willy, prefiero escribir a hablar, se ordenan mejor los pensamientos”. 

Fosa 1 y 2 / W.V

Fosa 1 y 2 / W.V

La saca del 12 de noviembre consta de cinco hombres, pero sólo la familia de Tomás Sierra Olivo ha dado señales de vida. Tomás era de Sayatón, tenía dos hijos –Manuel y Pilar– y ellos han sido precisamente los donantes del ADN que han logrado su identificación. Ella tenía un año cuando fusilan a su padre.   

Junto a los restos de Tomás han encontrado una pipa hecha con un hueso de conejo –puede que un familiar le llevase conejo para comer y Tomás decidiera entretenerse fabricando una pipa, mientras Eugenio tallaba su dado–. Cuatro días después enterraron a su hermano Antonio en la misma fosa; el azar le colocó ahí, porque el funcionario lo inscribió en la fosa 2, pero hasta los enterradores cometen errores.

Antonio ingresa en la cárcel de Guadalajara el 14 de junio del 39, como parte de la extensa causa 1559/39, junto a otros 42 republicanos más, entre ellos su hermano. Se le acusó del supuesto asesinato de cinco vecinos de su pueblo durante la guerra.  Se le culpó también de ser “izquierdista y propagandista destacado”. Antonio fue condenado a pena de muerte por… ¡ya saben! y fue fusilado el 12 de noviembre a las 7 de la mañana. Siempre los fusilaban a esas horas, con intervalos de 15 minutos, casi siempre.

La última saca fue la del 16 de noviembre y ahí llegó la confusión, se mezclaron los cuerpos. Los alemanes enseñaron a Franco y a sus secuaces a llevar un registro exhaustivo de todo para saber quién venía a poner flores a quién y así tener controladas a las hordas rojas. Pero no contaban con que los enterradores eran españoles y a veces por no volver a sacar el ladrillo de libro dejaban los datos mal. Según el registro de enterramientos, Gregorio Moreda y Pablo García Centenera estaban en la fosa 1, pero el ADN ha dicho que no. Donde debería estar Gregorio está Antonio Serra –el dado de Eugenio hizo su trabajo para descansar junto a su hermano–. Apuntaron mal los nombres, por dejadez o por cansancio, y gracias a eso se han podido exhumar 24 cuerpos más. Al no encontrarse a Timoteo Mendieta en la fosa 2, se tuvo que abrir la 1 gracias al exhorto argentino de la jueza Servini.

En la fosa 2, abierta en el invierno de 2016, se encontró a la única mujer: Martina García Alcalde. Martina, natural de Budia, de 32 años, no sabía leer ni escribir, no tenía afiliación política conocida y es detenida a los nueve días de terminar la guerra por presuntamente asesinar a un falangista (y tan presuntamente, el parte parece sacado de un relato de Ray Bradbury).

El jefe local de Falange, Rafael Bermejo, fue el que la denunció alegando que le dio dos bofetadas. Él se resbaló, ella cogió su escopeta (la de él) y le descerrajó dos tiros a quemarropa –este hombre había leído muchas novelas de Marcial Lafuente Estefanía–. Martina fue acusada de “rebelión… bla bla bla” y fue fusilada el 24 de febrero de 1940 a las 6:45 de la mañana. Pero había un detalle más que contaré luego.

Todos los exhumados en 2016 (fosa 2) eran sindicalistas.

Isidoro Lozano, afiliado a la UGT, voluntario de las milicias socialistas, combatió en la sierra de Madrid. Detenido en mayo del 39 fue condenado a muerte por… sí, ¡adivinan bien!: “Pena de muerte por adhesión a la rebelión con la concurrencia de circunstancias agravantes de perversidad y peligrosidad social y daño causado”. Isidoro fue fusilado el 16 de noviembre a las 6:45, una de las horas más habituales. 

Casto Mercado Molada tenía 5 hijos, era jornalero y afiliado a UGT. Le detienen a los dos días de terminar la guerra –qué prisa tenían– y es fusilado el 15 de noviembre a las 6:45, el mismo día que Timoteo Mendieta pero un cuarto de hora antes. A Timoteo, que también estaba afiliado a la UGT,  lo matan el 15 pero lo entierran el 16; le mantienen un día en la morgue que había junto a la fosa: ese cuartucho que durante las exhumaciones utilizábamos para guardar carretillas, palas, magdalenas y café recién hecho.

Pedro Parra Toledo decide afiliarse a la UGT el 18 de julio del fatídico 36 y es detenido nada más terminar la guerra, por lo de siempre. Fue fusilado el 16 de noviembre a las 6:45.

Los hermanos Manuel y Tomás Escamilla no han sido reclamados por familiar alguno pero hace cargo el Ayuntamiento de Sacedón –asumimos que no gobierna ni el PP ni Ciudadanos. La prueba de ADN se hizo en Argentina y salieron como hermanos. 

Los dos eran campesinos, solteros, no sabían leer ni escribir y pertenecían a las Juventudes Socialistas Unificadas. El 23 de septiembre del 36 se enrolan en la Columna Francisco Galán. A los pocos días de acabar la guerra son detenidos y el 16 de noviembre de ese mismo año son fusilados a las 6:45 de la mañana. En la misma saca se hallaron varios restos sin identificar porque no habían aparecido las familias. Hasta que la ARMH y CTXT publicaron el listado de fusilados no reclamados en Twitter y apareció Dori, una sobrina nieta de Román Adalid Moreno, fusilado en esta saca.  

Listado de los fusilados no reclamados (Fuente: ARMH)

Listado de los fusilados no reclamados (Fuente: ARMH)

Al hermano de Román le dieron un día un hatillo con las pertenencias del primogénito y le dijeron que no volviera más. Toda su vida se preguntó qué habría pasado con su hermano, aunque era una pregunta retórica. El hijo de Román, Benigno, conoció a través de la ARMH la noticia de que los restos de su padre descansan en la sede de la asociación en Ponferrada. Benigno no pudo contener las lágrimas. Ojalá su tío viviera para saberlo, para cerrar ese capítulo de su vida aunque fuera el final triste que rumió según volvía a casa con ese hatillo. 

En la saca del 25 de noviembre encuentran a dos vecinos de Auñón: Feliciano Fernández Manzano e Isidro Expósito Delgado. Fueron identificados antropológicamente por su posición en la fosa. Estaban separados por un estrato concreto –entre un día y otro de fusilamiento se lanzaba un palada de tierra para cubrir los cuerpos–. El Ayuntamiento de Auñón no ha querido hacerse cargo de los restos.  De hecho el alcalde, un conocido ultraderechista, ha llegado a afirmar que “mejor están en la fosa donde fueron arrojados”. 

Tampoco se han encontrado a ningún famliar de Feliciano, afiliado a la UGT, enrolado en el Quinto Regimiento en noviembre del 36 y más tarde en la 35 Brigada para defender las posiciones republicanas en Yela, Guadalajara. Feliciano fue fusilado el 24 de noviembre a las 6:45. Tanto él como Isidro eran quintos del 36. Isidro pertenecía además de a la UGT al PSOE.

De la saca del 24 de febrero de 1940 sólo se ha identificado a Valentín Alcantarilla Mercado, militante de la UGT y el PSOE en Sacedón. El 18 de julio del 36 se afilia al PCE y el 18 de mayo del 39 es denunciado y detenido junto a varios vecinos del pueblo. Valentín es fusilado junto a otros 15 compañeros a las 6:45 de la mañana. Eran tantos que sus cuerpos se mezclan entre la fosa 2 y 3. 

Julio Verges García, 25 años, afiliado a la UGT de Tamajón, entra en la contienda como parte de la Columna Lacalle y termina en la 49 Brigada Mixta del Ejército Popular de la República. Julio fue el último al que lanzan a la fosa 2. Fue fusilado el 9 de marzo de 1940 a las 6:50 –es raro que fueran tan precisos con los minutos–. Julio fue enterrado en caja, cosa que no era lo más habitual en las fosas comunes. Alguien pudo avisar a sus familiares y lograron romper la hucha para darles una sepultura más digna. Pasaron varios meses antes de echar más cuerpos en esa fosa. 

Hojeando el libro de enterramientos encontramos un detalle aterrador: en la fosa común 6 permanecen 40 fusilados (a 4 metros de profundidad, donde en la 1 y 2 había 22 y 24 cuerpos). Del 13 al 23 de mayo de 1940 se desata la locura, dejaron el paredón del cementerio como un coladero –impactos que todavían se pueden apreciar y que incluyen trozos de ojivas de máuser y 9mm–. El 13 de mayo fusilaron a más de 50 republicanos. El que se confesaba podía ir a una fosa común en la parte católica del cementerio. Allí todavía hay localizadas bajo una pradera 16 fosas por exhumar, menos profundas y con unos 15 cuerpos cada una. 

Pasemos ahora a las cuatro fosas individuales exhumadas justo hace un año. El 16 de noviembre de 1939 se enterró en la fosa 9 a Vicente Espliego, jornalero y afiliado a la UGT desde 1932. Vicente pertenecía a los comités de vigilancia y defensa de Iriépal (Guadalajara) y fue acusado de la muerte de derechistas durante la guerra en el Convento de los Paúles. Un vecino de un pueblo cercano relata a las autoridades cómo en un bar ha escuchado a Vicente confesar el crimen del padre y un hermano del denunciante. Vicente es detenido el 12 de mayo en su casa y se le abre un “procedimiento sumarísimo de urgencia”. Este sindicalista, casado y sin hijos, reconoce que fue ordenado por sus superiores a sacar de la prisión a las víctimas, que él conducía el coche, que le mandaron detener el auto y que el sargento que le acompañaba ejecutó a uno de los detenidos.  

El 14 de septiembre del 39 en consejo de guerra se dicta su sentencia: “pena de muerte por adhesión a la rebelión con la concurrencia de circunstancias agravantes de perversidad y peligrosidad social y daño causado”. El 16 de noviembre es ejecutado, y al día siguiente se entregan sus objetos personales –una cartera con fotos– a un tal Donoso Veguillas. Junto a los restos de Vicente apareció el año pasado una boina muy deteriorada. En un primer momento pensamos que podría ser de Timoteo Mendieta, ya que el padre de Ascensión siempre llevaba boina, pero no, eran los restos de Vicente. 

En la sepultura 10 fue enterrado Eugenio Molina Morato, soltero, campesino, afiliado a las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) y acusado de haber sido miliciano, de hacer guardias con escopeta en la cárcel de Sacedón y de espiar las conversaciones de los presos allí detenidos.

A Eugenio también se le acusa de requisar bienes de gente de orden y colaborar en el incendio de la iglesia del pueblo. Al parecer, un vecino le oyó decir en el año 36 que había participado en fusilamientos. En su declaración del verano del 39, Eugenio reconoce pertenecer a las JSU y también haber hecho guardias en la cárcel y escuchar las conversaciones de los presos, pero niega su participación en fusilamiento alguno. Según las declaraciones de varios testigos, nadie vio a Eugenio en el pelotón de fusilamiento. Su abogado alega que no hay pruebas de su participación ni como autor ni como inductor en el fusilamiento y pide que se le condene a seis años y un día de reclusión por incitación a la rebelión. Pero el resultado de la sentencia es el de siempre: “pena de muerte por adhesión a la rebelión con la concurrencia de circunstancias agravantes de perversidad y peligrosidad social y daño causado”. 

Eugenio Molina Morato entra en capilla la madrugada del 16 de noviembre del 39 y es fusilado a las 6:45. Tenía 24 años y un dado guardado que el azar quiso que viera la luz 79 años después, con seis puntos tallados mirando al sol de mayo.

En la sepultura 11 fue enterrado Jesús Gil Monge, natural de Marchamalo, obrero, afiliado a la UGT y voluntario de las Milicias Populares del Ejército Republicano. El hermano del exalcalde del pueblo le acusa del asesinato del que fue regidor antes del alzamiento y asesinado durante la contienda. Vamos, que supuestamente se cargó a un alcalde de la CEDA el 24 de julio del 36. 

Jesús niega los hechos tras un duro interrogatorio, alega que todo el pueblo estaba en la calle, pues sabían que el exalcalde regresaba ese día y querían darle muerte, y que cuando llegó al lugar de los hechos José Herranz ya había sido asesinado. Jesús insta a que se pregunte por el pueblo, porque ese día había muchos testigos, pero no le hacen caso y es acusado del asesinato de manera oficial el día 24 de abril del 39. En los informes de la Guardia Civil consta que no era adicto al régimen y que tenía antecedentes izquierdistas (ninguna novedad en el frente). Jesús fue ejecutado al 16 de noviembre en las tapias del cementerio. Su hermana Conchita vive todavía  y ha sido la donante del ADN. Ella fue testigo, junto a sus padres y dos hermanos, de cómo se lo llevaron en ese abril del 39. La entrega de restos que tendrá lugar en Guadalajara el 19 de este mes será sin duda uno de los días más importantes de su vida.

En la sepultura 12 enterraron a Crisanto Romo Corona, de 69 años, viudo, concejal del PSOE en Sacedón, militante de la UGT y presidente del Frente Popular. Este labrador fue fusilado el 16 de noviembre por presidir la coalición de partidos que ganó las elecciones en febrero del 36, aquí no había necesidad que imputarle asesinato alguno.

Cajas con enseres de los fusilados (Foto ARMH)

Cajas con enseres de los fusilados (Foto ARMH)

Durante la exhumación del año pasado se nos acercaron varios familiares para contarnos cosas que ocurrieron entre 1939 y 2017. Familiares que lanzaban flores a escondidas, de noche, el día de Todos los Santos, año tras año. Familiares que reconocen que había vecinos de la zona del cementerio que escuchaban a los reos cantar canciones republicanas camino del paredón. Familiares que escucharon, día sí y día también, el estruendo de los fusilamientos y el habitual tiro de gracia a las “6 y pico de la mañana”.  

Por ejemplo, María, hermana de un fusilado que seguramente esté en la fosa 3, tenía 12 años cuando se llevan a su hermano, a su padre, a su hermana mayor y a su madre. Ella queda al cuidado de tres hermanos menores y una sobrina. María nos contó entre sollozos que iba a la cárcel de Guadalajara a visitar a su madre y que había muchos días que daban arenques a las presas para comer. Ese día precisamente cortaban el agua en la prisión.

María nos narró con detalle cómo al descubrir el día que iban a fusilar a su hermano y a su padre espera 24 horas sin salir casa. Al día siguiente, decide ir en su busca sabiendo que ya estaban muertos. Quería abrazarlos. Se esconde, espera agazapada a que los asesinos terminen de echar a los muertos a un montón, salta el muro y busca a su hermano. Estaba muerto, debajo del cuerpo de una mujer también fusilada. María abraza a su hermano, tenía la camisa teñida de sangre, ella acaba con su blusa encharcada con la sangre de su hermano mayor, vuelve a saltar la tapia y desaparece entre la niebla, llorando. María nos confirmó que dejaban los cadáveres a la vista o muy mal enterrados hasta la siguiente saca.  

Otro vecino que se acerca a la exhumación en aquel mayo del año pasado con cierto sigilo nos cuenta que a su abuela la acusaron de matar al cura del pueblo y echar los huesos al cocido. Alguien que está a su lado y que no tiene relación de parentesco alguno añade que a su abuelo lo condenaron por ponerse las ropas de un cura y mofarse del clero. Parece otro corta y pega. Porque además este hombre era de misa semanal.

¿Se acuerdan de Martina, la única mujer encontrada entre estos dos años de exhumaciones en Guadalajara? Resulta que varias personas que se acercaron a la fosa recordaban que habían fusilado a una mujer que acababa de dar a luz a un bebé tres meses antes de su ejecución. Nadie sabía su nombre, sólo la historia y también recordaban que cuando esa mujer dio a luz se hizo cargo del bebé un soldado del bando nacional. Después del estudio forense se confirmó que Martina García Alcalde, acusada de matar a quemarropa a un capo falangista, acababa parir unos tres meses antes de ser fusilada delante de la fosa 2. ¡Ese bebé tendría o tiene ahora 79 años!

¿Dónde estará? ¿Sabía o sabe quién era su madre? ¿Aparecerá algún día el otro dado de Eugenio? ¿Cuántas fosas se tendrán que abrir para recuperarlo (si existiera)? ¿Se podrá desenterrar algún día (aunque sea en 500 años) a los más de 114.000 represaliados del franquismo que permanecen en cunetas y fosas comunes? Un golpe de dados nunca abolirá el azar pero ¿y la impunidad?

P.D: La práctica totalidad de los fusilados de estas fosas eran socialistas y/o de la UGT. La representación oficial del PSOE se ha limitado a una visita de la cúpula provincial. ¿Qué pensaría Pablo Iglesias Posse? A la entrega de restos solo acudirá una concejala socialista de Sacedón, y el alcalde de esta localidad, también del PSOE, se hará cargo de los restos de cuatro de los fusilados. Hay dos familias que no han querido quedarse con los restos de sus represaliados del franquismo. Una de ellas prefería dejar atrás el pasado, no remover. La otra no estaba dispuesta a mover la lápida de un panteón familiar en este momento y esperará a que alguien fallezca para que el coste económico no sea tan alto. A veces pareciera que uno tiene el enemigo en casa.

Autor >

Willy Veleta

Willy Veleta viene de otro planeta, de hecho ha tenido jefes tan variopintos como Ted Turner, Juan Pablo II, ZP, Paolo Vasile, Pedro Piqueras, José María Carrascal, Pedro J. Ramírez, Antonio G. Ferreras, Juan Luis Cebrián, Coca Cola y ahora Miguel Mora. Nunca ha aceptado tomarse una paella con Martínez Pujalte ni con ningún político pero todos le tratan como el novio que su hija siempre quiso tener.

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