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Sala de despiece

El hijo matón del 68

Sergio del Molino 7/05/2018

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El fin de ETA se ha representado cuando se cumple medio siglo del mayo del 68, de tal modo que no sabemos si es un acontecimiento de hoy o una efeméride. La tendencia del periodismo de hoy de mezclar aniversarios con noticias hace dudar. ¿Qué pertenece a 2018 y qué a 1968? Los estudiantes de París parecen más de 2018 que Josu Ternera, que suena mucho a 68. Ambos tienen en común que suenan a batallita del abuelo. Nadie les ha hecho caso. Quienes nacieron cuando ETA cometió su último atentado en España tienen nueve años. Quienes nacieron cuando ETA anunció su primera tregua de 2006, el prólogo del fin, empiezan ahora su adolescencia. Quienes cumplen este año 18 y votarán por primera vez en las siguientes elecciones han pasado toda su vida consciente sin la matraca fúnebre con la que hemos crecido los demás. Para ellos, ETA será un epígrafe de un libro de historia que a lo mejor entra al examen y una pesadez de abuelos cebolleta y de suplemento dominical. Una efeméride tan poco relevante y tan ridícula como mayo del 68.

La actualidad, a veces, acierta. Y si mayo del 68 y ETA van juntos en el mismo periódico es porque siempre lo estuvieron. Aunque ETA nació diez años antes, en realidad, es uno de los hijos locos y siniestros de aquella revuelta juvenil, por eso conservó tanto tiempo esa capacidad de seducción, ese romanticismo antiautoritario entre los jóvenes más desgreñados y furiosos de las periferias urbanas. 

Aquella insurrección de estudiantes que no sabían lo que querían, pero tenían muy claro lo que no querían, transformó a la izquierda para bien y para mal. Para bien, porque le quitó todo el obrerismo en un momento en que los obreros empezaban a ser una especie en extinción. El feminismo, el ecologismo, los derechos de los gays, las minorías raciales y los pueblos oprimidos (ya lo estuviesen en realidad o en su imaginación, tanto da) que luchaban contra los imperios descompuestos. Para mal, porque permitió que persistiera y se reinventase el culto a la violencia política. Lo de París fue la mise-en-scène de una transformación que estremeció al mundo desde Berkeley a Buenos Aires, pasando por los guerrilleros de Angola, las Brigadas Rojas de Italia y los que se proponían en Europa liberar su tierra a bombazos, ya fuera esa tierra Irlanda o Euskadi. Que movimientos pacifistas y democráticos considerasen compañeros de viaje a muchos grupos sanguinarios (cuyos métodos no compartían, pero tardaron mucho en condenar, y nunca con la misma contundencia con la que se condenaba el mal con mayúsculas, fuera este el capitalismo, el imperialismo o el estado que los amparaba), habla mucho de la confusión a menudo paralizante en la que se han desarrollado muchos movimientos y discursos newlefties. En parte, esto empezó a despegarlos de la contemporaneidad, haciéndolos cada vez más elitistas y menos capaces de formar movimientos de masas. Contra ese atomismo irreal se han levantado algunos movimientos últimos después de la crisis de 2008, Podemos incluido, pero sin la determinación firme de matar al padre que tuvieron los sesentayochistas.

Pero esa es otra historia. ETA, como algunas persistencias guerrilleras en América Latina de las que se consideró hermana, ha sido un anacronismo continuo. Siempre ha parecido que hablaba desde otro tiempo, con mensajes que sólo hacían eco en su propia caverna y con una retórica que sólo concernía a los creyentes en ella. Hasta que sonó insoportable incluso para ellos. Había tantísima distancia entre los análisis, comunicados e intenciones de ETA y el mundo que pisábamos todos los demás, que sonaban a secta de lenguaje secreto y antiguo. 

Algo parecido nos pasa hoy con algunos aspectos del 68. Por mucha simpatía y nostalgia que despierten esas playas debajo de los adoquines y las prohibiciones de prohibir, a un demócrata del siglo XXI le cuesta comprender que muchos revolucionarios, para oponerse a Stalin, abrazaran a Mao. Nos cuesta comprender también su desprecio a cualquier forma de crítica a la violencia o la forma en que mantuvieron viva durante décadas la fascinación por Cuba. Al envejecer, muchos antiautoritarios se volvieron tan autoritarios como aquellos padrastrones contra los que tiraban piedras. Perdieron cintura, se volvieron huraños y despectivos. Empezaron a sonar a viejo que se repite.

Cincuenta años después, la izquierda intenta rearmarse de argumentos, con lentitud y torpeza, todavía muy lastrada por esos anacronismos que los jóvenes que votarán el año que viene por primera vez ni siquiera percibirán como tales, sino como parte de un pasado muy pretérito que no les incumbe en nada. Que todo se perciba como una efeméride que no le importa a nadie es una suerte para quienes tienen que actualizar el discurso y hacer que suene relevante y contemporáneo, libre de toda retórica y de cualquier sospecha de justificación o incluso tolerancia de la violencia política. Es fácil sacudirse de encima a los fósiles, ojalá a nadie le dé por coleccionarlos y cargar con ellos en sus mítines.

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Sergio del Molino

Juntaletras. Autor de 'La mirada de los peces' y 'La España vacía'.

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5 comentario(s)

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  1. Flaneur

    Javier, utilizo "legitimado" como participio de "legitimar", entendido este verbo según la cuarta acepción recogida en el diccionario de la RAE: “Habilitar a alguien, de suyo inhábil, para un oficio o empleo.” En ese sentido, cualquier periodista estaría tan legitimado para escribir sobre el surgimiento del terrorismo en la Europa de los años 60 como un panadero, una barrendera, un ingeniero o una cirujana. No obstante, lo que me parece más criticable es la proliferación de opinadores –muchos de ellos periodistas, algunos escritores- que se atreven a teorizar sobre cualquier tema. Si sus textos, como bien dices, aportaran algo, fueran originales en algo, serían bienvenidos. Pero como en la práctica totalidad de los casos no es así, como lo que escriben parecen “collages” de clichés adornados siempre con una pátina de moralina, yo preferiría que se cediese el espacio a los verdaderos especialistas. Por cierto, algo de humildad y menos soberbia también les sentarían bien a esos opinadores, no por lo que dicen, sino por atreverse a escribir sobre lo que obviamente no dominan.

    Hace 3 años 6 meses

  2. Javier R.P.

    Flaneur, un periodista, como cualquier persona,está "legitimado" para hablar de cualquier cosa. Asunto distinto es que exista pretensión de verdad en lo que se dice - o que las palabras aporten algo. En cuanto a los "estereotipos manidos", quizá no sea más que una expresión de "obviedades nunca admitidas": basta escuchar a Alberto Garzón o Pablo Iglesias haciendo análisis sobre la historia de la izquierda -o de política internacional. Puede que ahí esté el problema. Por otro lado coincido con Ud: Muñoz Molina lleva tiempo atascado en cierto tono moralista y "La España vacía" es un libro excelente.

    Hace 3 años 6 meses

  3. Flaneur

    Sergio del Molino, pontificando como siempre, reiterando estereotipos manidos con ese tono moralista tan de Muñoz Molina. ¿Por qué un periodista se siente legitimado para hablar de lo divino y lo humano? Eso sí, "La España vacía" me parece un libro excelente.

    Hace 3 años 6 meses

  4. sakmantekas

    Sí, cada batalla como cada época es muy difícil sentirla en su plenitud, empaparse, si no se ha estado en ella. Se puede imaginar, empatizar, discrepar… Pero tenemos que ser más sinceros al hablar de lo que no vivimos o lo vivimos tarde. Cuando nací, nada de lo que había iba conmigo. Para cuando empecé a sentir donde estaba ya tenía once años. Nací en la dictadura sin saber qué era eso. Crecí bajo una educación nacional católica pensado que eso era lo natural. O sea, que como decía Umbral, yo fui un niño de derechas hasta que pocos años antes de morir en la cama el criminal Franco, desperté. Sin embargo otros no lo hicieron a pesar de vivir en el mismo lugar. Viene a cuento de que ETA para los que somos de tierras vascas nunca ha podido sentirse igual que para quienes no lo son. Ni siquiera lo fue para los mismos vascos. Pero esto ocurre con todo. Era ETA (seguramente sin serlo o no siéndolo siempre o discontinuamente o a veces sí a veces no) la otra cara de todo lo que no soportaba, odiaba o quería combatir. Jamás me conmovió ningún discurso de la organización, bastaba con ir los telediarios en blanco y negro, las radios uniformadas, la prensa enaltecedora del status quo y oler a incienso católico para idealizar “la lucha por la liberación nacional vasca” no por lo que era sino porque era contra lo que no soportaba. Pero el romanticismo e idealismo que si alguna vez lo tuvo la guerrilla independentista jamás ha dejado de vivir en mí porque jamás he dejado de oír, ver y soportar todo eso que no soportaba y que hoy, sin ETA, en democracia y con nuevas generaciones que todo lo ignoran como lo ignoramos nosotros de niños y jóvenes, sigue existiendo. Y vivimos en ese lugar donde quienes fueron mil veces peor que mil ETAs juntas, con discursos mucho más recalcitrantes e inamovibles que los comunicados de la banda, hoy son todos Grandes de España (sus familiares), donde los borbones impuestos por el “artapalo” del Glorioso Movimiento Nacional, Franco, son los jefes del Estado, los dos; donde la prensa que enaltecía la matanza del terrorismo nacional católico acapara los kioskos y está subvencionada; donde esa GC que fue disuelta por la democracia republicana y restituida por el terrorismo nacional católico, hoy es una policía haciendo lo mismo y lo que hicieron en Tarajal (además de otras hazañas) es lo que habitualmente hacen, hacían, no en vano Lorca lo dejo denunciado en romance….y ETA ya no está, pero ellos sí. Por eso cuando nos volvemos tan taxativos y buscamos revolver las entrañas recordando el reguero de víctimas (que no fueron las únicas pero si las únicas que no están en ninguna cuneta) me da por pensar en esos exigentes y críticos con lo hecho por ETA que sin embargo relativizan, callan o aplauden que los jefes del Glorioso Movimiento Nacional hoy ostenten títulos nobiliarios y prebendas varias que van pasando de padres a hijos y que cada gobierno “democrático” va renovando como así se hace constar en el BOE: unos por matar más y no pasar un día de cárcel, siguen en la gloria de una democracia que quiere ponerle la cara roja a ETA, porque en democracia no puede haber guerrillas. ¿Nos hemos preguntado cuántos cadáveres hicieron falta arrojar a las cuentas para poder ser Grandes de España en la actualidad?

    Hace 3 años 6 meses

  5. Luis Felipe Sellera

    Parece que de un tema tan importante como es el surgimiento de un grupo armado dentro de una dictadura fascista y su continuación en un Régimen heredero directo de ésta, una de cuyas derivadas es la muerte de más de 1000 personas, cabría pedir un poco más de rigor en el análisis ¿político?

    Hace 3 años 6 meses

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