1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

Gracias por defender un periodismo de servicio público. Suscríbete a CTXT

Análisis

El fetichismo legal y sus métodos: ¿de qué hablamos cuando debatimos sobre prostitución?

Poner el foco en la legalidad oscurece cuestiones importantes para la vida de las trabajadoras sexuales o relacionadas con el control de las migraciones

Agustina Iglesias Skulj 7/03/2018

Malagón

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

CTXT necesita un arreglo de chapa y pintura. Mejorar el diseño, la usabilidad… convertir nuestra revista en un medio más accesible. Con tu donación lo haremos posible este año. A cambio, tendrás acceso gratuito a El Saloncito durante un mes. Aporta aquí

Prostitución sí, prostitución no. Trabajo sexual sí, trabajo sexual no. Estos son los términos en los que habitualmente se propone el debate y su rigidez impide que podamos pensar más allá de lanzarnos acusaciones de uno y otro lado. Como en otras cuestiones contemporáneas, parece que lo importante es sentar una posición clara y definitiva.

Lo primero que encuentras cuando comienzas a leer sobre prostitución es que los análisis se estructuran en función de la intervención estatal en el comercio sexual, lo que se conoce como los modelos legales. Es decir: el prohibicionismo –se sanciona a la persona que ofrece los servicios sexuales abarcando todos los intercambios–, el reglamentarismo –un régimen disciplinario que establece controles médicos y administrativos a la prostituta con la finalidad, por ejemplo, de evitar la transmisión de enfermedades venéreas–, el abolicionismo –que surge en respuesta al reglamentarismo– y la legalización –estrategias de descriminalización y reconocimiento de derechos laborales para las trabajadoras sexuales–. El abolicionismo considera que la prostitución es degradante en sí misma, por eso lucha activamente en contra de la legalización, y trata de penalizar las actividades de las personas involucradas, aunque no directamente a las prostitutas.

Los modelos citados habitualmente son utilizados para describir distintas etapas históricas en diversos países, pero no permiten dar cuenta de lo que sucede más allá de la rigidez del pensamiento jurídico que organiza la realidad entre “legal” o “ilegal”. Esta clase de análisis impide por ejemplo que podamos incluir los cambios socioculturales y económicos que se han producido en la concepción de la sexualidad. De modo que se da la paradoja de que si bien la sexualidad está cada vez menos influenciada por la moral, y por tanto es más libre y plural, cuando hablamos en el contexto de la lucha contra la trata sexual vemos que la consideración de la sexualidad cada vez está más normativizada y constreñida.

Además, el análisis de los efectos materiales de cualquiera de los modelos legales en el mercado sexual se suplanta generalmente por un fetichismo legal que, la mayor parte de las veces, tiene el efecto de acallar las voces de quienes están involucradas. Así como de erradicar la multiplicidad de experiencias vitales que se producen en los distintos tipos de mercados sexuales, y que llega a invisibilizar los intereses que hay detrás de estas legislaciones y a oscurecer los discursos sobre la cuestión. Sobre todo, las tensiones normativas que se dan entre lo supra/inter/nacional y su aplicación concreta y los efectos que generan en los distintos lugares. Este fetichismo también funciona para la conclusión opuesta. Se tiende a pensar que cualquiera de los modelos legales produce los mismos efectos en el momento de ser implementados aunque esto no sea así.

En el ámbito de la ley, el cuerpo sexuado de las mujeres –cis y trans– está constituido por una multiplicidad de elementos y categorías –delincuente, reproductor, transgresor, victimizado– que organizan determinadas relaciones de poder y cuestionan la pretendida univocidad del ordenamiento jurídico. No basta sólo con  criticar las prohibiciones legales, sino que es necesario analizarlas como una expresión que produce relaciones de poder provisionales y contradictorias y también hay que alejarse de los modelos idealizados que no nos ayudan a entender el fenómeno.

¿Se lucha contra la trata penalizando al cliente?

De la mano de la lucha contra la trata sexual, en el ámbito de la UE se han producido cambios importantes de los marcos legales que regulan las relaciones entre el sexo y el dinero que han tendido a estimular la penalización del cliente. Esta fue la respuesta del feminismo estatal sueco como una forma de lucha contra la trata, pero se dejó fuera la voz de las trabajadoras sexuales que no pudieron hablar de los efectos negativos que tiene sobre ellas y de la falsa asimilación de la prostitución con la trata sexual. Queda acallado en este debate que mientras se sancionaba esta ley, en Suecia también se discutía cuáles iban a ser las relaciones con la UE, fundamentalmente en términos de políticas migratorias. Al respecto, las organizaciones de trabajadoras sexuales denunciaron que uno de los peores efectos era la instrumentalización que se estaba haciendo de la protección de los derechos humanos de las mujeres contra la explotación para dar apariencia de legitimidad a las políticas de control migratorio del espacio europeo.  

La ley sueca (1999) penaliza con seis meses de prisión a quienes obtienen relaciones sexuales casuales a cambio de dinero, y deja asentado que no se busca criminalizar a quien voluntaria y autónomamente ofrece servicios sexuales. La penalización del cliente de servicios sexuales fue consolidándose en el sentido común como un respuesta eficaz contra la trata sexual –“sin clientes no hay trata”– a pesar de que no pudo determinarse qué tipo de efectos disuasorios reales tuvo esta ley. Los análisis acerca de su impacto nos indican que la oferta y demanda de servicios en el espacio público no han desaparecido sino que se han trasladado al ámbito privado o a lugares más alejados de los centros urbanos. Aun cuando se haya producido una diversificación de las maneras de publicitar y acceder a servicios sexuales, la aplicación de este modelo ha conducido a mayores niveles de indefensión y clandestinidad para las prostitutas a las que se en principio se dice que se intentaba proteger.

La criminalización de la demanda se ha complementado con una red de dispositivos para que la trabajadora sexual abandone esta actividad. Se trata de una amalgama de técnicas disciplinarias y asistenciales que promueven el “empoderamiento” de las mujeres para que encuentren otra forma de subsistencia más “digna”. Mientras que aquellas mujeres que se empoderan mediante la reivindicación del trabajo sexual, son sometidas a mecanismos punitivos tales como la expulsión –en el caso de mujeres migrantes– o la pérdida de la tenencia de sus hijos, o directamente se las responsabiliza de explotar sexualmente a otras cuando se organizan en formas de trabajo cooperativas.

Además de penalizar a los clientes, desde finales de los 90, las reformas legales respecto del sexo comercial tienen en común la persecución y exclusión de quienes ofrecen servicios sexuales en ámbitos públicos y privados bajo criterios tanto de gentrificación –se intenta expulsar a las trabajadoras sexuales del espacio público que se quiere revalorizar–, como  de seguridad ciudadana y en definitiva operan conjuntamente con la criminalización de las migraciones a través del discurso de la lucha contra la trata sexual.

La lucha contra la trata y la persecución de las migrantes

Hay varios tipos de trata considerados como delito:  la trata laboral o trabajo forzoso, los matrimonios forzados, la mendicidad obligada, etc. En el Estado español, la mayoría de las víctimas de trata (el 75%) se contabiliza en ámbitos ajenos al mercado sexual, aunque sus condenas solo representan el 10% del total. El 92% de las sentencias están relacionadas con la finalidad de explotación sexual, lo cual revela la escasa importancia de la lucha efectiva contra la explotación laboral. No ha habido voluntad política de perseguir otras formas de trata, ni tampoco de definir qué significado y alcance tiene el término “explotación”, más allá de la relaciona con el trabajo sexual. Ello ha conducido a que se de un mayor número de mujeres –tanto nacionales como migrantes– que de hombres condenadas por el delito de trata sexual, aunque se supone que es el sujeto que las leyes buscan proteger de los abusos. Frente a un derecho laboral flexibilizado y precarizado, incidir en la trata sexual ignora los abusos de las mujeres migrantes que se dedican a las tareas informalizadas en el  mundo de los cuidados o de la agricultura. Reducir el mundo de la “trata” –que muchas veces simplemente es una manera de describir las relaciones entre migrantes y mercado de trabajo– a la trata sexual es una manera de dejar de lado la discusión sobre la degradación de los derechos laborales de todas, migrantes y no migrantes.

En el caso de la regulación del espacio público y su relación con la gentrificación, a partir de la resolución del Parlamento Europeo de 2014 donde se promueve la penalización del cliente, en el Estado español a nivel municipal se han aprobado ordenanzas similares –a las que hay que sumar las modificaciones introducidas por la LO 4/2015 de Seguridad Ciudadana–. Con anterioridad, las ordenanzas municipales sancionaban la oferta de servicios sexuales en tanto y en cuanto perturbaran el espacio de convivencia colectiva. Por ejemplo, las ordenanzas de Sevilla (2011) y Barcelona (2012) ya empezaron a penalizar la figura del cliente y ampliaron los supuestos para la criminalización de su oferta en el espacio público, incluso sin que se produzca una perturbación de la tranquilidad de la ciudadanía. Estas sanciones a menudo vienen acompañadas de programas “de integración”. En el ámbito del ayuntamiento de Barcelona existe la Agencia para el Abordaje Integral del Trabajo Sexual, encargada de dictar cursos de inserción laboral a quienes quieran abandonar el trabajo sexual o a quienes, en lugar de pagar las multas por las infracciones menos graves, opten por realizar estos talleres. Aquí, no solo persiste la sanción hacia quien ofrece servicios sexuales en el espacio público, sino que además se edulcora la prohibición con medidas educativas/asistenciales para estimularlas a que opten por trabajos precarizados y feminizados y abandonen el trabajo sexual.

En Sevilla, con el objetivo de acabar con la trata sexual y la prostitución se desalientan las imágenes discriminatorias contra las mujeres en el espacio público a través de la criminalización de los clientes, y se impide la promoción o facilitación del consumo –panfletos, anuncios, taxistas, etc.– estimulando el vigilantismo de la ciudadanía.

Colectivos de trabajadoras sexuales –Prostitutas Indignadas, Hetaira, Colectivo de Prostitutas de Sevilla– han denunciado reiteradamente que a partir de estas ordenanzas habían empeorado sus relaciones, siempre conflictivas, con la policía, sobre todo local, que ahora se encontraba legitimada para perseguirlas y acosarlas. También hicieron hincapié en que las ordenanzas no habían implicado un cambio sustancial en relación a las multa porque todavía se las castiga más que a los clientes, aunque sí dificultan su presencia en el espacio público.

Por su parte, la Ley de Seguridad Ciudadana –LO 4/2015– establece la criminalización de la demanda como presupuesto rector. Con anterioridad, cada ayuntamiento tenía la facultad de dictar sus propias normas en materia de prostitución. Esta ley introdujo un artículo –el 36.11– que dispone que las fuerzas de seguridad “requerirán” a quienes prestan servicios sexuales que se “abstengan” de hacerlo, dejando expresamente claro que cualquier conducta que cuestione ese requerimiento va a ser castigada por “desobediencia”. De esta manera se facilita la arbitrariedad policial por parte de quienes la ley considera víctimas y esta “desobediencia” puede ser castigada con la misma pena que el cliente –hasta 30.000 euros–. En el caso de las migrantes no regulares los efectos pueden ser aún más nefastos ya que esta infracción puede implicar la expulsión del territorio.

La insistencia en que este modelo no criminaliza a las trabajadoras porque va dirigida a la demanda, ofrece altos niveles de fetichismo normativo y pedagógico. Este esquema despolitiza y devalúa el delito de trata, dado que solo es factible cuando se apela a un solo tipo de demanda, la sexual. Desde esta perspectiva se invisibilizan la multiplicidad de sexualidades y formas de agenciamiento que se dan en el mercado sexual, por ejemplo, el aumento considerable de mujeres o transvarones que demandan este tipo de servicios, o las posibilidades de mayor autonomía y mejores ingresos que proporciona el trabajo sexual si se compara con el cuidado de personas mayores o niños, o con las tareas domésticas remuneradas.

El modelo sueco y su proyección internacional también demuestran una problematización típicamente neoliberal de la trata sexual que responsabiliza a un sujeto patologizado de la existencia de la trata –“sin clientes no hay trata”, tal como rezan las campañas– creando nuevas jerarquías de masculinidad. Sin embargo, la situación actual describe una órbita expansiva y un cambio fundamental en el trabajo sexual y en las formas de explotación, como parte de la transformación de las formas productivas generizadas del mercado de trabajo en permanente degradación, y de los efectos nefastos de las políticas que criminalizan la migración.   

------------------------

Agustina Iglesias Skulj es criminóloga transfeminista @keidivishon

Autora >

Agustina Iglesias Skulj

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

5 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. invitado

    Lo mismo le estaba escribiendo el otro día agradecido, Revolución t., y se me cortó en el intento: qué bien expresado. A mí se me ocurría recordar que no podemos olvidarnos de que lo de cambiar la vida por tiempo contable, y las unidades de éste por dinero, es la regla, y no ninguna excepción en este régímen del dinero que nos ha caído encima y nos toca padecer (y que si algo es la prostitución es tal vez un caso extremo por los sangrantes niveles de explotación y autoexplotación y perrerías a los que suele dar lugar, no un caso cualitativamente distinto de lo que el sistema hace con "el material humano" del que se alimenta). Y luego ya, en forma de lema, ofrezco el siguiente, recordando en primer lugar el los posibles sitios reservados para la Mujer el viejo orden, y sin despistarnos de lo que pretende el nuevo hacernos pasar por progreso (progreso del capital, eso sí): ni senhora, ni puta ni monja, ni soldado, ni ejectutiva!

    Hace 3 años 1 mes

  2. Sandra

    Muy bien dicho, "Revolución televisada", estoy totalmente de acuerdo contigo. Lo has argumentado perfectamente.

    Hace 3 años 1 mes

  3. k

    El mercantilismo machista, vende la prostitucion como libertad por que le interesa comerciar con ello y d elibertad para las mujeres justito lo que le interesa al machismo cappitalista.

    Hace 3 años 1 mes

  4. v

    la PProstitucion da alas al machista que está sin empatia humana ni respeto a la mujer La PProstitucion sirve de financiacion a la ultraderecha...y el PP la ha metido en el Pib...por algo... La PProstitucion es como una violacion pagando con algo menos violencia pero igual d desprecio La mayoria de las pputas estan esclavizadas contra su voluntad, no es legalizarlo por que ni aun siendo legal habria putas por que las que hay son engañadas y las que no lo estan preferirian trabajar en otra cosa en vez de aguantar babosos , aun ganando un pastón. Hay un mito que dice que las putas salen mas baratas que una pareja, pero es falso, y lo dicen los que no saben lo bueno que es dormir acompañado ademas las mamadas son mas y mejores si hay respeto ternura afecto etc cosa que los pputeros no parecen tener.

    Hace 3 años 1 mes

  5. Revolución televisada

    Más allá del negocio vinculado a prohibir o permitir la prostitución, lo que se debería plantear el Movimiento Feminista es hasta qué punto defender posturas totalmente antagónicas (prostitución sí/prostitución no, capitalismo sí/capitalismo no, velo sí/velo no, etc.) son compatibles con el objetivo pretendido de liberar a la mujer. El feminismo de la igualdad de raíz ilustrada por un lado y el feminismo de la diferencia (con todas las variantes posmodernas asociadas) por otro, trazan caminos totalmente divergentes para pretendidamente llegar a un mismo fin: lograr la igualdad de todos los seres humanos. Al igual que la Iglesia católica -fiel a su calculada ambigüedad secular- barre de izquierda a derecha incorporando desde la Teología de la Liberación hasta el Opus Dei, al parecer en el Movimiento feminista también todo cabe, desde cajeras explotadas hasta empresarias explotadoras, pasando por marquesas, duquesas, burguesas, precarias y hasta alguna monja despistada. El feminismo es así fagocitado por el capitalismo que hace suyas sus reivindicaciones (no hay más que poner la tele y ver todo el espectáculo desplegado en torno al 8M). Por eso, bien haría el Movimiento Feminista en guiarse un poco más por el feminismo de la igualdad, ilustrado y anticapitalista y en sacudirse al feminismo posmoderno (con todo su “tutti-frutti” de variantes incluidas absurdas performances en galerías de arte) que no entiende de ideologías y olvida la cuestión clave de clase social o mantiene incongruencias como defender la religión cuando es una de las fuentes principales del patriarcado.

    Hace 3 años 1 mes

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí