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Análisis

Portugal, banco de pesca para las instituciones internacionales

El despliegue de políticos lusos en organismos europeos y mundiales revela el buen nivel de la diplomacia portuguesa pero no se traduce en beneficios palpables para el país

Daniel Toledo Lisboa , 6/12/2017

<p>Jeroen Dijsselbloem da el relevo a Mário Centeno en la presidencia del Eurogrupo.</p>

Jeroen Dijsselbloem da el relevo a Mário Centeno en la presidencia del Eurogrupo.

Tashana BATISTA

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Una vez más la política portuguesa consigue penetrar en el tejido de la alta política internacional. Esta vez ha sido el ministro de Finanzas de Portugal, Mário Centeno, quien ha ganado la carrera por la presidencia del Eurogrupo, órgano formado por todos los ministros de Economía de la Zona Euro y uno de los principales instrumentos que han orquestado durante los últimos 10 años las políticas de austeridad en Europa. Con un mandato de dos años y medio, Centeno va a enfrentarse al delicado juego de compaginar las tendencias de izquierda de su gobierno en Portugal, en casa, con la tenaz simpatía del Eurogrupo por la mesura en el gasto público y en detrimento de la creación de empleo y de riqueza nacional.

Antes que Centeno, otros dirigentes portugueses ya alcanzaron puestos en los escalones más altos de la jerarquía política y diplomática internacional. Aún más importante que la presidencia del Eurogrupo fue el puesto que ocupó José Manuel Durão Barroso como presidente de la Comisión Europea, en 2004, para sorpresa de los portugueses que vieron cómo su primer ministro dejaba el país a mitad de legislatura. O el de António Guterres como Secretario General de las Naciones Unidas. Pero no hay que subestimar la influencia del Eurogrupo, puesto que,  pesar de ser una institución que sólo se contempló vagamente en los tratados firmados por la UE, desde la crisis griega, ha adquirido más importancia y poder del que se hubiera esperado en sus inicios. 

Antes que Centeno, otros dirigentes portugueses ya alcanzaron puestos en los escalones más altos de la jerarquía política y diplomática internacional

En Portugal, Mário Centeno era poco más que un limitado poder en la sombra antes de que el actual primer ministro, António Costa, le llamara para ponerse al frente de la economía del país. Sorpresa para los votantes, pero no tanto para la clase política que había asistido en primera persona al importante papel que jugó Centeno, primero, como uno de los llamados 12 apóstoles que elaboraron el plan económico del Partido Socialista para las elecciones de 2015, y segundo, ya pasadas las elecciones, en las tensas conversaciones que mantuvieron los socialistas con los partidos de la oposición a su izquierda para formar lo que hoy se conoce como geringonça: el gobierno socialista apoyado por el Bloco de Esquerda, el Partido Comunista y el Partido Ecologista “Os Verdes”.

Si la elección de Centeno se produce por méritos propios o, por el contrario, gracias a un escenario coyuntural favorable a Portugal, es algo que todavía no está muy claro. La respuesta a esta cuestión tendrá que ajustarse a la naturaleza misma de los órganos de gobierno europeos, a la destreza diplomática de Portugal o de su clase política, al posible oportunismo de ciertas figuras de la alta política lusa y, quizá, a lo que sea que haya quedado de la Unión Europea después de una larga crisis presupuestaria e identitaria.

Es indudable que la imagen de Portugal ha cambiado de forma radical en poco más de dos o tres años. El país está bastante lejos de aquella oveja negra de la UE, humillada y obligada a aceptar un rescate que no deseaba, forzada a enfrentarse a las consecuencias de su presunta ineptitud, con su primer ministro, José Sócrates, dimitido en 2011 y exiliado voluntariamente a Francia, y una capital, Lisboa, que llevaba años pidiendo mucho más que una superficial mano de pintura. 

António Costa Pinto, investigador del Instituto de Ciências Sociais en la Universidade de Lisboa, declara a CTXT que, antes incluso de salir de la crisis, “en los últimos 10 ó 12 años, Portugal adquiere alguna proyección internacional por los nombres tan importantes que surgen, sobre todo por Durão Barroso (José Manuel) y António Guterres”. Según el investigador, “es, simultáneamente, un producto del azar, por un lado, y de las ventajas que puede ofrecer que seamos un país pequeño”, por otro. 

El azar, más concretamente la coyuntura internacional, en efecto juegan siempre un papel crucial en la alta política. Es el eterno hoy estás arriba, pero mañana estarás abajo, no importa cuánto trabajes ni en cuánta consideración te tengas a ti mismo, hasta las figuras más importantes del tablero son simples piezas de estrategia al servicio del gran juego. “Por ejemplo, Durão Barroso fue producto de una coyuntura particular, en el sentido de que, en aquel momento, entra Tony Blair en Gran Bretaña, y los gobiernos francés y alemán escogen a alguien que pueda ultrapasar esa imagen atlantista (de Blair)”. Era la época de Bush, Blair y “Aznar”, y Barroso iba a erigirse como el contrapeso a la bélica alianza atlántica, una jugada por parte de Europa que finalmente acabó en espejismo.

hasta las figuras más importantes del tablero son simples piezas de estrategia al servicio del gran juego

Además de este componente accidental, Costa Pinto pone también el énfasis en la ambición política nacional. “Esta democracia lo es de un pequeño país, y para los políticos que agotan sus funciones políticas nacionales, la escena internacional es siempre tentadora. Es natural que en los países pequeños exista mayor ambición por una carrera internacional”.

En todo caso parece ser la imagen que da Portugal, o sus políticos, lo que la hace tan apetecible como banco de pesca para las instituciones internacionales. No sólo hablamos de Centeno, Durão Barroso y Guterres. En 2014, el por entonces primer ministro luso, Pedro Passos Coelho, exoneró a Carlos Moedas de su cargo como secretario de estado adjunto para que pudiera dar el salto a Europa como comisario de Investigación, Ciencia e Innovación. El departamento iba a contar con un presupuesto de 80.000 millones de euros. 

En 2010, el socialista Vitor Constâncio, a pesar de ser claro responsable, como gobernador del Banco de Portugal, de los errores de supervisión que llevaron al desastre a los bancos portugueses BPN, BCP y BPP, vio reconocidos sus méritos como gestor con el puesto de vicepresidente del Banco Central Europeo. Ya en el plano internacional, Vitor Gaspar, ministro de Estado y de Finanzas también con Passos Coelho, dimitió para ocupar el cargo de director del Departamento de Asuntos Fiscales del FMI. Álvaro Santos Pereira, también ministro con Passos Coelho, dirige desde 2014 los estudios del Departamento Económico de la OCDE, y en la misma institución se encuentra el socialdemócrata Jorge Moreira da Silva, como director de Cooperación para el Desarrollo después de abandonar la vicepresidencia del PSD en 2016.

En el caso de Mário Centeno, según el investigador del Instituto Português de Relações Internacionais en la Universidade de Lisboa, Bernardo Pires de Lima, “la UE necesita presentar una narrativa de éxito, y Portugal ahora representa esa narrativa de la forma más interesante. No sólo por ese dinamismo, ese optimismo que se está viviendo sobre todo en Lisboa y Oporto, sino también porque este gobierno tiene una gran habilidad diplomática, más que nada en el cuadro europeo”. h

A duras penas aún saliendo de la última y larga crisis de fe no sólo en las instituciones europeas, sino en el propio sistema capitalista, Europa necesita posar su mirada en tejido blando, “pasar página por la mala gestión de la crisis griega, respirar un poco con los populismos, envolver a las personas nuevamente, y Portugal, a pequeña escala, se presenta tal vez como el mejor ejemplo”, afirma Pires de Lima. “Dudo de que permanezca esta sensación a largo plazo, pero a corto plazo parece que da resultado”.

Cada caso es diferente, cada nombramiento responde a unas necesidades distintas, y en el caso de la instituciones europeas o internacionales se mezclan las prioridades internas con las ajenas. “Durão Barroso ni terminó su mandato”, comenta António Costa Pinto, “y António Guterres prefirió ser Secretario General de la ONU que Presidente de la República de Portugal. Su propio partido y la sociedad portuguesa esperaban que se presentara a la presidencia de la República, que seguramente hubiera ganado”, pero no lo hizo.

con Centeno en la guarida del lobo de las políticas neoliberalizadoras, habrá que ver si es el Eurogrupo quien le influya, o sea Centeno quien marque la diferencia 

“En cuanto a Mário Centeno”, continúa Costa Pinto, “la cosa es algo diferente. Centeno no es un político profesional. Llega a la política como independiente, y llega para servir al programa económico del Partido Socialista. Centeno es más un tecnócrata que un político, ya que es un doctorado en Economía por Harvard que hace carrera en el Banco de Portugal (el banco central), en el gabinete de estudios del banco”. Otra cuestión es si, con Centeno en la guarida del lobo de las políticas neoliberalizadoras, será el Eurogrupo quien influencie a Centeno, o Centeno quien marque la diferencia entre los integrantes del Ecofin. “No es un político experimentado como lo era Jeroen Dijsselbloem, y por tanto tendrá que enfrentarse a las negociaciones entre los países de la Zona Euro”. 

El Financial Times aseguraba el pasado lunes que si alguien espera que Centeno comience una revolución de izquierdas en el seno del Eurogrupo, pueden esperar sentados. Bernardo Pires arroja algo de luz sobre la afirmación del FT: “Es preciso recordar que el cargo (de presidente del Eurogrupo) es, en teoría,  un primer paso hacia el futuro súper ministro de Economía europeo, con estatuto de vicepresidente de la Comisión Europea. Por tanto, marcar este final de ciclo del Eurogrupo con una gran presidencia marcaría seguramente las opciones de este futuro súper ministro. Creo que Francia y Alemania no van a querer dar mucha fuerza ni protagonismo al cargo (que ocupará Centeno)”.

Está por ver que los portugueses consigan algún beneficio de estos  nombramientos. Si bien Mário Centeno no va a tener que dejar el cargo de ministro para ocuparse del Eurogrupo, el propio presidente de la República, Macelo Rebelo de Sousa, tardó poco en lanzar el sermón: “Lo fundamental es que, como ministro de Finanzas, garantice el camino y la gestión de las finanzas portuguesas (…) El cargo de ministro de Finanzas de Portugal es más importante que el de presidente del Eurogrupo”. 

Bernardo Pires no ve beneficios en estas grandes representaciones internacionales de figuras portuguesas. Ni siquiera cree en estos beneficios a un nivel sicológico. “A medida que vamos teniendo figuras portuguesas en lo alto de la jerarquía europea, la expectativa es mayor, porque se piensa que podemos ganar algo  a nivel nacional. Sin embargo,  a partir del momento en que esto no ocurre, entonces se vive con cierta frialdad.  Es lo que ocurrió con Durão Barroso. Nunca llegaron los beneficios de su cargo, ni en los presupuestos ni en el estatus comunitario, aunque él muchas veces trate de venderlo de otra manera”.

Autor >

Daniel Toledo

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1 comentario(s)

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  1. Ricardo

    Sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con el señor chifus.

    Hace 3 años 6 meses

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