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Catherine Merridale / AUTORA DE ‘EL TREN DE LENIN’

“La Revolución y el socialismo se sustentan en la reputación de Lenin”

Irene G. Pérez Londres , 7/11/2017

<p>Catherine Merridale, en una imagen promocional.</p>

Catherine Merridale, en una imagen promocional.

Mary Bernard

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Vladímir Ilich Uliánov, conocido popularmente como Lenin, se pasó la mitad de su vida adulta en el exilio, primero desterrado en Siberia y después en varios países europeos. La Primera Guerra Mundial le encontró en Galicia, la de los Cárpatos, bajo dominación del Imperio Austrohúngaro. Fue arrestado brevemente en 1914 hasta que convenció a las autoridades de que nadie tenía más ganas que él de que Rusia saliera de la guerra. Regresó a Suiza, donde había vivido anteriormente y desde donde emprendería el camino de regreso en tren en un vagón “sellado” a Petersburgo en abril de 1917, dos meses después del inicio de la Revolución Rusa, para liderar la Revolución Bolchevique, que irrumpió el 7 de noviembre (25 de octubre en el calendario juliano, el oficial en aquel momento en el Imperio Ruso) del mismo año. La historiadora británica Catherine Merridale recoge la peripecia del viaje, así como sus preparativos y los acontecimientos posteriores a la llegada de Lenin y algunos de sus correligionarios a la Estación Finlandia de Petersburgo en el libro El tren de Lenin (Editorial Crítica, 2017).

¿Por qué decidió escribir sobre el viaje en tren?

He escrito sobre Rusia toda mi vida, y quería hacer algo que conectara Rusia con Europa porque es muy fácil para nosotros imaginar la Revolución como algo que pasó en otro lugar, en Rusia, ese extraño país que no forma parte de nuestro mundo. Creo que la Revolución rusa es parte de la Historia de Europa. Yendo en tren podía establecer una relación estrecha.

¿Cómo de difícil fue encontrar los testimonios de los grupos revolucionarios?

Bastante fácil porque todos los que viajaron en ese tren en el que Lenin se convirtió en el líder del mayor país socialista del mundo escribieron sus memorias. Y, cuando Lenin murió en 1924, muchos de ellos estaban todavía vivos y escribieron aún más entonces. Parte de eso se publicó, parte no, pero no es tan difícil encontrar fuentes mientras puedas leer en ruso y en francés.

Sin embargo, en el libro menciona que, tras la muerte de Lenin, aquellos que habían viajado con él en el tren estaban en el punto de mira de Stalin. ¿Cómo lo hicieron para salvaguardar las memorias?

Los detalles del pensamiento de Lenin son muy complejos y sofisticados y sus obras completas ocupan 56 volúmenes, pero su mensaje revolucionario para los trabajadores era muy simple

Las habían escrito antes de que el régimen estalinista fuera fuerte. Alguien como Karl Radek [líder comunista polaco], por ejemplo, escribió sus memorias a finales del siglo XIX, antes de la muerte de Lenin, y llegó a publicar una copia de sus memorias en Estados Unidos. A principios de los años veinte los bolcheviques eran capaces de publicar con relativa facilidad tanto en Rusia como en el extranjero, y si tienes acceso a una biblioteca que tenga diarios viejos, puedes leer las piezas originales. Obviamente, desaparecieron de la Unión Soviética después de que Stalin llegara al poder. Así  en 1937, cuando se cumplían 20 años de aquel viaje, todas esas memorias y la mayoría de esas personas habían desaparecido. Pero todavía están en algunas bibliotecas francesas, alemanas o estadounidenses. También voy a menudo a Rusia, así que puedo consultar los documentos que se desclasificaron después de 1991 como parte de la política de la Glasnost [Transparencia]. En Londres también hay muchas fuentes y en Suecia, que fue neutral durante la Primera Guerra Mundial. Y muchos documentos sobre Lenin los elaboró la policía secreta sueca, que le vigilaba, y están en los archivos suecos.

¿Qué medidas tomó el Gobierno alemán para asegurarse de que Lenin actuaría de forma que les beneficiara de alguna manera?

Hablaron con él mediante intermediarios. No tenían manera de forzar a Lenin a hacer nada, pero sabían con quién trataban. Tenían un agente secreto que le observaba y les había dicho que no necesitaban hacer nada para que Lenin actuara contra la guerra porque él ya estaba dedicado a ello. Lo único que tenían que hacer era dejarlo suelto por Rusia, donde iba a hacer lo que ellos querían, esto es, desbaratar el esfuerzo bélico ruso. Querían echar a Rusia de la Primera Guerra Mundial. Y Lenin no fue lo único que hicieron para intentar conseguirlo, también entrenaron a nacionalistas finlandeses y a gente en el Cáucaso, y enviaron todo tipo de espías al Imperio Ruso, así que Lenin fue sólo uno de muchos, pero fue el más efectivo.

¿Qué papel jugó la propaganda en la Revolución Bolchevique?

Creo que fue muy importante porque Rusia es un lugar muy grande y los rumores siempre han funcionado bien, así que siempre circulaban rumores e historias, pero para ser capaz de difundir tu mensaje necesitabas tener acceso a las imprentas, de colgar carteles y tener a gente hablando de ello, por ejemplo, ante los soldados, y en las ciudades rusas, en sitios como Tver [ciudad situada a más de 500 kilómetros de San Petersburgo] y Omsk [a 2.236 kilómetros al este de Moscú], adentrarse en Rusia desde Petrogrado, más al este.

En el libro explica las dificultades para distribuir esa propaganda creada en el exilio, y también que las ideas de Lenin eran algo complejas para ser entendidas por el proletariado.

Me parece que el proletariado no está solo, creo que todos tenemos problemas para entenderle.

¿Por qué le reconocieron como líder cuando volvió del exilio?

En primer lugar, hay que pensar dos cosas sobre Lenin. Una es que los detalles de su pensamiento son muy complejos y sofisticados y sus obras completas ocupan 56 volúmenes, así que hay muchísimo para leer escrito por Lenin si realmente quieres saber qué pensaba, pero su mensaje revolucionario para los trabajadores era muy simple. Lo que decía cuando volvió fue “deberíamos salir de la guerra, no deberíamos apoyar al gobierno provisional y la tierra debería repartirse entre los campesinos”. Estas fueron las principales ideas, y eran cosas muy claras y todo el mundo las podía entender. La letra pequeña y los detalles, por supuesto, ocupaban las páginas de otros escritos, pero estos mensajes muy simples y claros le distinguieron de otros partidos. Y también fue un cambio para el Partido Bolchevique porque hasta ese momento, la formación, con sede en Petrogrado, había apoyado la guerra con reservas, no eran entusiastas, pero no querían salir de ella inmediatamente, y también ofrecieron apoyo limitado al gobierno provisional. Cuando Lenin volvió en abril cambió la política del partido radicalmente, y lo hizo en unas tres semanas.

¿Cómo consiguió hacerlo tan rápido?

Escribió en el tren, dio un discurso en la Estación Finlandia [Petrogrado], pronunció otro frente al partido, no dejó de hablar en toda la noche. Al principio algunos líderes se enfadaron porque pensaban que iba en contra de todo lo que el partido había considerado necesario, pero era un destacado miembro del Comité: te recibiría en su despacho, te haría sentarte en el lado opuesto de su escritorio, con sus pequeños ojos marrones mirándote fijamente y te hablaría sobre su punto de vista. Era muy persuasivo en el cara a cara. Y la otra cuestión es que era también bastante flexible, era capaz de ofrecer concesiones en los comités para intentar que el partido se pusiera de su parte. Y era mucho más inteligente y rápido que cualquiera de las otras personalidades con las que coincidió, así que fue una cuestión de carácter también.

En el libro menciona que el bolchevismo se convirtió en una militancia masculina. ¿El zarismo no era masculino?

Lenin era muy persuasivo en el cara a cara. Y era mucho más inteligente y rápido que cualquiera de las otras personalidades con las que coincidió, así que fue una cuestión de carácter también

El bolchevismo era masculino. La razón es que había muy pocas mujeres en el partido. No era atractivo para ellas. Creo que una de las razones para ello es que era extremo y las mujeres tendían a preferir la idea del compromiso, de trabajar intentando construir algo. La Revolución era aterradora, violenta. Creo que el bolchevismo se convirtió en la ideología de los obreros de la siderurgia, de los ferrocarriles, de los mineros, de gente que formaban parte de mundos muy masculinos. ¿El zarismo era masculino? Tampoco hubo muchas zarinas, sólo un par, y estaba muy basado en la herencia masculina. Pero lo que intento decir en el libro es que el bolchevismo era masculino; el menchevismo, menos. Había muchas más mujeres en el Partido Menchevique, muchas más en el Partido Socialista Revolucionario, muchas más en los partidos más liberales-moderados de la Revolución.

Sin embargo, curiosamente, una de las primeras manifestaciones que se organizaron en 1917 fue protagonizada por las trabajadoras del textil de Petrogrado en el Día Internacional de la Mujer [23 de febrero en el calendario juliano, 8 de marzo en el gregoriano].

Efectivamente, y los bolcheviques y los líderes del movimiento revolucionario desaprobaron esta movilización. Dijeron que no querían que siguieran las protestas porque consideraban que era prematuro y que parecería débil. Resultó que las mujeres eligieron el momento exacto, había una actitud más militante entre los trabajadores. Eligieron el momento oportuno y también la causa (dadnos pan), para empezar el momento revolucionario.

Otro detalle interesante que se encuentra en el libro es que fue Stalin quien decidió conservar el cadáver de Lenin como una reliquia para mantener las grandes expectativas de la Revolución. El mausoleo sigue siendo controvertido y, de hecho, el año pasado Putin descartó la idea de sacar el cuerpo de la Plaza Roja y lo argumentó diciendo que dividiría a la sociedad. ¿Qué opina de eso?

Putin tiene que ser muy cuidadoso. Su gobierno se basa mucho en que él es un gran mediador, es muy bueno manteniendo el control de potenciales tensiones dentro de la élite, de ese pequeño pero poderoso grupo que maneja Rusia. En estos momentos, la mayoría de los partidarios del comunismo son gente mayor, no son los jóvenes, pero el miedo es que si sacan a Lenin de donde está, los jóvenes radicales, la oposición, pueden empezar a utilizar esa causa para unir fuerzas con los mayores, con los comunistas, y eso sería una oposición mucho más explosiva. Para mantener la calma, Putin dejará las cosas como están. Pero Putin, de hecho, criticó a Lenin hace algo más de un año. Le culpó de la pérdida del Donbass, que pasó a formar parte de Ucrania, cuando Lenin declaró que debía haber autodeterminación para las nacionalidades dentro del Imperio. Tuvo que retractarse por las protestas que provocaron esa declaración. Sabe lo explosivo que es Lenin, así que lo tiene que mantener tumbado, porque como se levante va a tener muchos problemas.

¿Por qué cree que el Gobierno no ha querido conmemorar el aniversario de la Revolución?

Por las razones que acabamos de comentar, y también porque es difícil plantear qué idea se tiene de la Revolución, qué pensar de ella. Creo que el gobierno mismo no sabe qué opina de 1917. Todo el mundo que ocupa una posición de poder en Rusia ahora empezó su carrera laboral bajo el régimen soviético. Putin empezó en el FSB, los servicios de seguridad y fue entrenado por la KGB en la época soviética. Vienen del mundo soviético y son beneficiarios del mismo, pero a la vez fomentan el capitalismo y un Estado fuerte, dicen que no quieren ese tipo de “poder popular” que la Unión Soviética solía propagar. Quieren algo distinto, fuerzas capitalistas poderosas. Revocaron la propiedad social de los medios de producción y no han sido muy partidarios de mantener las antiguas estructuras soviéticas. ¿Por dónde empiezan? ¿Les gustan o son responsables de sus problemas? ¿Fue algo bueno o malo? Como no pueden dar un mensaje simple, es difícil saber qué decir. No quieren dar alas a la oposición comunista porque podría ser potencialmente peligroso para ellos. No quieren glorificar las masas saliendo a la calle y reclamando la caída del Zar.

Volviendo a los jóvenes radicales que comentaba, en la introducción de su libro El fin del ‘Homo Sovieticus’, Svetlana Alexiévich habla de la preocupación que le causa ver cómo los jóvenes están retomando las figuras de Lenin y Stalin como iconos.

De hecho, creo que el 7 de noviembre, coincidiendo con el aniversario de la revolución, puede que veamos a jóvenes radicales utilizar el aniversario como una oportunidad para manifestarse. La legislación rusa se ha modificado para ilegalizar las protestas en la calle sin aprobación estatal, y el Estado aprobó una marcha en conmemoración de la Revolución de Octubre, que se celebra cada año. Y me consta que hay jóvenes radicales que podrían aprovechar la ocasión como una oportunidad para empezar a hablar contra el régimen de una forma distinta.

¿Y por qué cree que recuperan esos iconos?

Son iconos diferentes entre sí, y por distinto motivo. La razón principal por la que recuerdan a Stalin es por la Gran Guerra Patria [Segunda Guerra Mundial]. Él fue el líder que salvó a Rusia del fascismo. Era un hombre fuerte. Le recuerdan también como el hombre que hizo Rusia grande. En vez de recordar el gulag y los horrores de los años treinta y la crueldad y la muerte, algunas personas prefieren elegir la imagen propagandística idealizada de Stalin como su padre y líder. Lenin nunca fue así. Es una figura mucho más ambivalente. Es el icono de una idea, del socialismo, y es más complejo para la gente. El gobierno soviético lo hizo un icono, pero era uno que siempre estaba ahí, no tenías ni que pensar sobre él, representaba el socialismo de una forma muy vaga. Estaba presente en todas partes (chapas con su cabeza, el premio Lenin), pero realmente no tenía el mismo gancho que Stalin en términos propagandísticos.

El revisionismo de las figuras empezó con la Glasnost. ¿Fue también el momento de Lenin?

La gente había dejado de pensar en Lenin por aquel entonces. Yo estaba estudiando en la Universidad de Moscú en 1986 y la gente ya no pensaba en Lenin, simplemente estaba ahí: una estatua en los archivos, un cuadro en el auditorio, había muchas bromas sobre él, pero posiblemente era porque la gente no se lo tomaba en serio, sólo estaba ahí. Por supuesto, había muchos comunistas que le admiraban, todavía los hay. Pero para la mayoría de la población urbana era como una vieja pieza de mobiliario. Creo que lo que pasó, que cambió eso, fue el deseo de ver cómo de lejos podía ir la gente en su voluntad de criticar la propaganda del régimen soviético. Empezó con la gente preguntando “¿De qué podemos hablar? ¿Purgas? Hablemos de purgas. ¿Colectivización? ¿Trotsky? Ya podemos mencionar su nombre”. Y, finalmente, se llegó a Lenin, pero no pasó hasta 1989, es decir, hacia el final de la Glasnost.

Es decir, que fue el último icono en ser revisado.

Tenía que serlo, porque la Revolución es lo que hizo posible la Unión Soviética, y si atacas la Revolución, atacas toda la base del Partido Comunista Soviético. El Partido Comunista fue el único legal en la URSS hasta 1991. El artículo 6 de la Constitución soviética no permitía la existencia de ningún otro partido. Cuando el físico nuclear Andréi Sájarov, opositor del régimen soviético, murió en 1989, en su funeral la gente empezó a presionar para que se eliminara el artículo 6 y permitir una democracia multipartidista. Fue cuando la gente empezó a atacar a Lenin que los fundamentos del artículo 6 se debilitaron y también los cimientos del Politburó y la élite del Partido Comunista, y fue entonces cuando cayó la Unión Soviética. Hubo muchas razones, pero esta fue una de ellas. Los documentos que afectaban a Lenin fueron de los últimos en desclasificarse, porque la Revolución y el socialismo en su conjunto se sustentan en la reputación de Lenin. Así que era fácil para Gorbachov decir “debemos hablar abiertamente de Stalin” porque eso no socavaba el comunismo, pero una vez empezaron a hablar sobre Lenin, no hubo manera de avanzar ni de retroceder, se quedaron atascados. 

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