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Tribuna

De vuelta al 78

La crisis catalana ha cerrado la “ventana de oportunidad” que “las fuerzas de cambio” no habían sabido mantener abierta en Madrid

Santiago Alba Rico 13/10/2017

<p>Felipe VI</p>

Felipe VI

Luis Grañena

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El mejor de los casos se ha dejado hace tiempo atrás y probablemente nunca se hubiera dado: me refiero a un referéndum pactado entre la Generalitat y el Estado español. En el peor de los escenarios, que es aquel en el que nos encontramos, lo mejor que podría pasar es que se produjera una desescalada “a la gallega”, a base de preguntas sincopadas, sin saber si hay o no independencia ni si se ha aplicado o no el 155, de ambigüedad en ambigüedad, hasta dejar lo sucedido en una nube mientras se negocia una mala solución --siempre mejor que una guerra-- a instancias de la UE y a espaldas, como siempre, de la voluntad de los ciudadanos, catalanes y españoles. No es seguro que ocurra ni siquiera esto. Hemos visto a Rajoy hacer con el “diálogo” lo mismo que a Puigdemont con la “independencia”, proclamarlo y suspenderlo al mismo tiempo, y los medios de comunicación con más audiencia, como serenamente denunciaba Aitor Esteban en el Parlamento, no dejan de empujar y empujar hacia el pasado: “Hasta la cabra de la Legión huele a libertad”, titulaba El Mundo una crónica sobre el desfile militar del 12 de octubre.

Rajoy ha ganado ya en España. Ha fertilizado la amnesia española con veneno patriotero en el único país de Europa en el que no hace falta ser antifascista para ser demócrata y en el que, aún más, el antifascismo se criminaliza como radicalismo antisistema. Rajoy está logrando construir una mayoría social “española” desde el --hasta ahora-- minoritario discurso ultraderechista, dejando a un lado, invisible e interrumpido, el proceso de cambio que se inició el 15-M. Ha recuperado al díscolo Pedro Sánchez y su PSOE “de izquierdas”, de vuelta al redil del régimen, para una previsible restauración consensuada y sin resistencias. Y hasta ha sacado al rey de su sombrerera para regañar y amenazar a la mitad de España. Es un genio. Apoyándose en la Catalunya justamente insurrecta, torpemente insurrecta, está volteando la situación a favor del PP, que estaba contra las cuerdas. La maniobra está siendo tan brutal --ha comprometido hasta tal punto todos los palillos ocultos del régimen del 78-- que en la próxima crisis caerán todos juntos y de golpe, incluida la monarquía. Pero para eso faltan --otra vez-- unos cuarenta años.

Es verdad que la aceleración que estamos viviendo es, además de política, tecnológica, de manera que ningún acontecimiento deja ya rastros demasiado duraderos ni es posible establecer cadenas estables de causas y efectos. Podríamos --sí-- olvidar todo lo ocurrido junto con los tuits de ayer y ver volar de nuevo la indeterminación cuántica en una dirección inesperada. Puedo, pues, equivocarme, pero me temo que, contemplado el mundo desde esta ventanita, hemos perdido una oportunidad histórica. La crisis catalana ha cerrado la “ventana de oportunidad” que “las fuerzas de cambio” no habían sabido mantener abierta en Madrid. La correosa versatilidad del bipartidismo, unida a los errores de Podemos en el Estado y de las CUP en Catalunya, han abortado dos procesos de “ruptura” que, concebidos en paralelo, se contrarrestaban recíprocamente. España no será refundada en las próximas décadas; Catalunya no será independiente en las próximas décadas.

Diré algo de Podemos al final. Permítaseme decir ahora dos palabras sobre las CUP. Colectivo muy plural y heterogéneo, nadie podrá negar que es la única fuerza que cree realmente en lo que hace, la más coherente, la que mejor se ciñe a sus principios y la que, incluso cuando se ha dejado llevar por un contradictorio tacticismo, nunca ha olvidado su objetivo. ¿Cuál es ese objetivo? Luis María Ansón, el perspicaz dinosaurio, se lo explicaba hace unos días a esos compañeros derechistas que, desde el nacionalismo español, proyectan su identitarismo sobre el independentismo catalán: para las CUP  “el nacionalismo es sólo una forma de acelerar la revolución”. El dolido, hermoso, sereno y combativo discurso de Anna Gabriel en el Parlament tras la independencia burlada de Puigdemont no se prestaba a ambigüedades: las CUP quieren restablecer en Catalunya --pues sólo lo ven posible en ese territorio-- la República que Franco robó a toda España. Quieren una revolución y no una patria; y ven en la idea de patria, tan movilizadora e inflamable, el vehículo para una gran transformación económica, social y cultural. Muchas risas ha suscitado la alusión de Gabriel a una “independencia sin fronteras”, una fórmula que, sin embargo, resume muy bien el programa, nada risible, de las CUP: a partir del territorio catalán aspiran a “independizar” (del capitalismo y sus miserias) todos los territorios del mundo.

Siento tanto respeto por este propósito y tanto cariño personal por muchos de sus componentes --me he equivocado tantas veces-- que sólo con cautela me atrevo a decir que las CUP han pecado de ingenuidad al creer que convenía, que la “coyuntura” exigía, que su propio poder les permitía dejar de ser “libertarios” para hacerse “leninistas”. Han pecado de ingenuidad --es decir-- al dejar de ser ingenuos. Tenían razón quizás en desconfiar de los procesos “rupturistas” abiertos en el Estado y nadie les puede reprochar que intentaran su propia andadura para quebrar el régimen herido desde Catalunya. Al mismo tiempo consiguieron tantas veces desde su minoría parlamentaria imponer su discurso al régimen del 78 catalán, ahora en pugna con su variante española, y doblaron tantas veces el pulso a los partidos “burgueses” catalanes que se convencieron con contagioso entusiasmo de que podían forzar la situación en el Parlament y movilizar más y más gente en la calle para forzar también una derrota del Estado. Creo que el presupuesto de partida --el de que sí es posible una “ruptura revolucionaria” desde Catalunya-- era ilusorio; y que esa ilusión fue engordando a medida que su “leninismo” contradictorio fue dando resultados, creciendo y autoalimentándose de su propia eficacia inmediata, en la política y en la calle, y ello hasta que el imposible referéndum, la violencia de todo tipo por parte del Estado y el pragmatismo obligado (y me atrevo a decir que honrado) de Puigdemont no sólo han dejado claro que ése no es el camino hacia la república catalana y la gran transformación social anhelada sino que por ese camino se cierra del todo también la posibilidad --incierta y ya muy rebajada-- de “ruptura” desde el Estado: el único fulcro desde el que, en esta Europa postrevolucionaria e insensatamente “estable”, se puede desplazar --si se puede-- la relación de fuerzas política (como sólo desde el municipalismo, matriz de las CUP, se puede alterar la relación de fuerzas social y cultural). España es hoy más España y menos Democracia; y Catalunya, polarizada, movilizada y frustrada, también amenazada, sigue entre sus redes.

Es verdad que el régimen está descomponiéndose; pero es verdad también que está recomponiéndose. Como ha demostrado Rajoy, no le importa tener un problema en Catalunya. Todo lo contrario. Puede ser muy funcional a la hora de terminar la segunda transición de forma muy parecida a como se terminó la primera. Se dan ya todas las condiciones para una restauración del bipartidismo casi clónica respecto del final del franquismo: en un ambiente de miedo, tensión y polarización, con brazos en alto en las calles y represión policial selectiva, con una mayoría social asustada y “españolizada” y una Catalunya “vasquizada”, con un PSOE una vez más claudicante y pantanoso, un rey partisano que defiende su patrimonio y unos medios de comunicación beligerantes, se ha establecido, sí, el marco perfecto para prolongar la constitución del 78 mediante una reforma de consenso que impida durante otros cuarenta años una verdadera reforma, la que desde el 15M mucha gente pedía y que en algún momento pareció no sólo imaginable sino también posible.

¿El 15M empezó en Madrid y ha acabado en Catalunya? ¿No hay ninguna posibilidad de recuperar la potencial mayoría quincemayista, felizmente desmemoriada, que hoy el PP y C’s, con la imprescindible complicidad del PSOE, rememoriza hacia la derecha o vuelve invisible e inaudible? Creo que, en medio de tantos naufragios de buenas intenciones y tantos disparates paralelos, la única que ha sabido mantener una posición sensata y además comunicarla ha sido Ada Colau. No estoy muy seguro de que no quede sumergida en el oleaje venidero, desprestigiada en España y ninguneada en Catalunya. Pero cabe también la posibilidad de que acabe catalizando todas las decepciones y todas las corduras: desde su posición institucional ha sabido moverse entre Scila y Caribdis con pie firme, voz serena y radical sensatez para proponer en positivo un proyecto para Catalunya. Eso es lo que le ha faltado en España a Podemos, cuyos portavoces han aparecido siempre a los ojos de la opinión pública más como defensores izquierdistas del procés que como portadores afirmativos de una propuesta programática dirigida a todos los españoles y erguida de manera simultánea frente a Rajoy y frente a Puigdemont. Lo tenía y lo tiene muy difícil, es verdad, pero la solidaridad sin pedagogía, la denuncia sin proyecto, la rememorización paralela sin “patriotismo” alternativo han hecho envejecer un poco más al partido de Pablo Iglesias, condenado --cuando más lo necesitamos-- a un papel regañón marginal en el nuevo viejo régimen en recomposición. 

Se está perdiendo todo tan rápidamente como se ganó. El ejemplo de Ada Colau debería servir para entender que la única vía que le queda al “bloque de cambio”, también incierta, es necesariamente conservadora: conservar las “plazas conquistadas” a nivel municipal, convertirlas en modelos o maquetas de buen gobierno y tratar de ampliar su radio --en sucesivos círculos concéntricos-- a la escala autonómica. Ojalá quede un intersticio por el que colar esa lucecita; ojalá no nos pongamos, como siempre, a soplar las velas. 

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Autor >

Santiago Alba Rico

Es filósofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos décadas en Túnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. Sus últimos dos libros son "Ser o no ser (un cuerpo)" y "España".

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11 comentario(s)

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  1. jorgek

    Santi, te equivocas con la CUP. Son una panda de descerebrados, sin más. Ni anticapitalistas ni nada parecido. No tienen una idea desarrollada en la cabeza. Repiten cosas que oyen por ahí y poco más. La mayoría nunca ha salido de su pueblo y creen de verdad que cataluña es un pueblo explotado por el resto de españa y que los paisos catalans es algo real. No te equivoques: viven en la inopia. Eso sí, personalmente son muy majos. Sólo que al final acaban dándole un abrazo a Mas porque es de los suyos, de los catalanes

    Hace 3 años 11 meses

  2. NUBEROJA

    La obsesión enfermiza que padece el pobre Alba desde hace muchos meses de desacreditar, de ridiculizar a Iglesias a toda costa, le lleva a escribir panfletos - pataletas. Este hombre que me emocionó con sus escritos sobre Palestina, impulsándome, “obligándome” a profundizar en el conocimiento del sufrimiento palestino a manos de los sionistas me resulta lamentablemente irreconocible. Sus insinuaciones indocumentadas rebosan mala baba. Decepcionante. No soy catalán ni independista, no vivo en Catalunya, tengo por tanto un conocimiento insuficiente de la realidad catalana, sin embargo contrastando informaciones creo que el problema, que alcanzó su expresión más mediática el 1-O con la demostración fascista del Estado, no es tanto el independentismo como la manifestación de valor y dignidad de un pueblo que se niega a vivir humillado, porque como dice Pérez Royo “La condición sine qua non que la Constitución exige para que el derecho de autonomía sea reconocible, está ausente en Catalunya desde la publicación de la STC 31/2010. En Catalunya se está ejerciendo el derecho a la autonomía de una manera mutilada. No como querían ejercerlo los ciudadanos y sus representantes democráticamente elegidos, sino como se le ha impuesto desde fuera. No hay ninguna otra “nacionalidad” o “región” de las que integran España a la que le haya ocurrido esto. Únicamente Catalunya se ha visto sometida a esta humillación. La única que ejerce el derecho a la autonomía con base no en una norma aprobada por sus representantes democráticamente elegidos, pactada con los representantes de todos los ciudadanos del Estado y ratificada en referéndum, sino con una norma impuesta por el Tribunal Constitucional a instancia del PP.Es esta humillación la que explica el 1-O. Sin la STC 31/2010, no habría habido 1-O” Y la que explica el vertiginoso crecimiento del independentismo. Independentismo que en el resto del Estado se percibe como una traición después de 80 años ( 40+40) de adoctrinamiento en el rancio, casposo y pestilente nacionalismo español que padecemos en Madrid.

    Hace 4 años

  3. Jesús

    Me temo que el 20-D comenzamos ya a introducirnos en un camino con cada vez más imposibilidad retorno conforme iba pasando y ha ido pasando el tiempo. La ilusión y, al mismo tiempo, la oportunidad (recuerden el "Sí se puede" que ha dejado hace largo tiempo de escucharse) de poder llevar a las instituciones la calle y la movilización del 15-M se volvió frustración y silencio conforme batallas políticas internas primero y externas después han ido desencadenando en "la nueva política" y en las alternativas al régimen bipartidista del 78 claros síntomas de las dolencias dogmáticas de la vieja escuela y, también, de la vieja política periférica al bipartidismo. Todo ha sido como un claro síntoma neurótico, en el que la posibilidad real y "la ventana de oportunidad" que se tenía abierta, ha terminado en reagrupamiento y consolidación del efecto que se pretendía evitar: no sólo del bipartisdismo, sino fundamentalmente de la derecha patriotera de Rajoy y del PP. El problema ha consistido a mi entender en pensar que se estaba legitimado para hacer aquéllo mismo que se criticaba tan sólo cambiándole la justificación o la causa que lo motivase; porque en lugar de proponer soluciones sensatas y encajasen con el sentido común de la mayoría social fuera española o catalana, se ha optado por desarrollar, avivar y desencadenar conflictos "dialécticos" sin importar la calidad de los medios empleados, y como de hecho se ha hecho y se está haciendo en Cataluña. El problema es que nos ha introducido ya de lleno (y sin mucha posibilidad real de salida) en una nueva oscuridad en la que no hay posibilidad de orientarse, un nuevo medievo español que tardará en caer y que, sobretodo, padeceremos me temo que mucho...

    Hace 4 años

  4. Xaquin

    “a la gallega” y tu hablas de cambio social profundo? Podias empezar por no utilizar gentilicios de forma peyorativa.

    Hace 4 años

  5. Jesus García de las Bayonas

    Me temo que el 20-D comenzamos ya a introducirnos en un camino con cada vez más imposibilidad retorno conforme iba pasando y ha ido pasando el tiempo. La ilusión y, al mismo tiempo, la oportunidad (recuerden el "Sí se puede" que ha dejado hace largo tiempo de escucharse) de poder llevar a las instituciones la calle y la movilización del 15-M se volvió frustración y silencio conforme batallas políticas internas primero y externas después han ido desencadenando en "la nueva política" y en las alternativas al régimen bipartidista del 78 claros síntomas de las dolencias dogmáticas de la vieja escuela y, también, de la vieja política periférica al bipartidismo. Todo ha sido como un claro síntoma neurótico, en el que la posibilidad real y "la ventana de oportunidad" que se tenía abierta, ha terminado en reagrupamiento y consolidación del efecto que se pretendía evitar: no sólo del bipartisdismo, sino fundamentalmente de la derecha patriotera de Rajoy y del PP. El problema ha consistido a mi entender en pensar que se estaba legitimado para hacer aquéllo mismo que se criticaba tan sólo cambiándole la justificación o la causa que lo motivase; porque en lugar de proponer soluciones sensatas y encajasen con el sentido común de la mayoría social fuera española o catalana, se ha optado por desarrollar, avivar y desencadenar conflictos "dialécticos" sin importar la calidad de los medios empleados, y como de hecho se ha hecho y se está haciendo en Cataluña. El problema es que nos ha introducido ya de lleno (y sin mucha posibilidad real de salida) en una nueva oscuridad en la que no hay posibilidad de orientarse, un nuevo medievo español que tardará en caer y que, sobretodo, padeceremos me temo que mucho...

    Hace 4 años

  6. Jesus García de las Bayonas

    03AJzQf7OXQeX7jXpymEFoBj8ICQvCRhqkWF_EXmBOsRWS2F1NKGA7-59yXFC-5oabs1r2zS1OaghDBPzi0cLxFjsmNtdnSQ-KV7WJ_eDlu2Vp0HhtsIOILk9FCAFWJYZXr3B1dLnEwjfidExDW43MtmTf32rgku9WWMuzlLMeZ7v8q4VIrDxMMX0

    Hace 4 años

  7. Jesus García de las Bayonas

    Me temo que el 20-D comenzamos ya a introducirnos en un camino con cada vez más imposibilidad retorno conforme iba pasando y ha ido pasando el tiempo. La ilusión y, al mismo tiempo, la oportunidad (recuerden el "Sí se puede" que ha dejado hace largo tiempo de escucharse) de poder llevar a las instituciones la calle y la movilización del 15-M se volvió frustración y silencio conforme batallas políticas internas primero y externas después han ido desencadenando en "la nueva política" y en las alternativas al régimen bipartidista del 78 claros síntomas de las dolencias dogmáticas de la vieja escuela y, también, de la vieja política periférica al bipartidismo. Todo ha sido como un claro síntoma neurótico, en el que la posibilidad real y "la ventana de oportunidad" que se tenía abierta, ha terminado en reagrupamiento y consolidación del efecto que se pretendía evitar: no sólo del bipartisdismo, sino fundamentalmente de la derecha patriotera de Rajoy y del PP. El problema ha consistido a mi entender en pensar que se estaba legitimado para hacer aquéllo mismo que se criticaba tan sólo cambiándole la justificación o la causa que lo motivase; porque en lugar de proponer soluciones sensatas y encajasen con el sentido común de la mayoría social fuera española o catalana, se ha optado por desarrollar, avivar y desencadenar conflictos "dialécticos" sin importar la calidad de los medios empleados, y como de hecho se ha hecho y se está haciendo en Cataluña. El problema es que nos ha introducido ya de lleno (y sin mucha posibilidad real de salida) en una nueva oscuridad en la que no hay posibilidad de orientarse, un nuevo medievo español que tardará en caer y que, sobretodo, padeceremos me temo que mucho...

    Hace 4 años

  8. jaume

    Santiago Alba, construye la historia desde el futuro, algo muy de moda últimamente. En tiempos de transito donde no se sabe que pasara mañana. Supongo que ejercer de adivino histórico genera efectos balsámicos en algunos. No tenemos ni idea de lo que va a suceder. Puede pasar cualquier cosa.

    Hace 4 años

  9. Miguel

    La apuesta de Podemos estatal por el derecho a decidir era muy arriesgada. Lo fué tras el 20D de 2015 por que sirvió como excusa perfecta para que el PSOE se alejara de un posible pacto. y ahora puede suponer el encapsulamiento de podemos en un partido marginal. ¿habia otra posibilidad? no lo sé, qiuizá no. Pero lamentablemente parece que el proyecto de Podemos se ha cruzado con la cuestión catalanay ahi se ha roto los dientes, por una larga temporada.

    Hace 4 años

  10. end

    El 15M es un movimiento social para limpiar las instituciones de la elite corrupta por una gente más normal y democrática. Tenemos el ejemplo brillante de Madrid con Carmena. En Catalunya había un independentismo tradicional (ERC) al que se fue sumando gente por el descontento social por la crisis y todo esto ha sido usado por una elite (pdcat=ciu) para hacer un revoltijo que les mantenga en el poder. Para ello no dudan en usar a la gente e intoxicarla por ejemplo con el uso del derecho a decidir cuando solo querían usarlo como excusa para la DUI. Mucha gente de izquierda vemos este movimiento maquiavélico y las gravísimas consecuencias sociales y económicas que está teniendo. Entiendo que hay que desactivar la parte de gente más descontenta que independentista que hay pero nos equivocaremos y mucho si intentamos unir ambos movimientos

    Hace 4 años

  11. Jose

    Muy de acuerdo con todo lo que dices, Santiago! Con la única excepción de la lectura que haces de la CUP. Hablando de municipalismo, sólo tienes que ver su posicionamiento en la ciudad de Barcelona: postureo a la contra de toda medida que salga del gobierno municipal de la única a la que salvas (Ada Colau). Para mi que hayan hecho presidente a un convergente es lo de menos. La actitud que mantienen en el pleno de la ciudad de Barcelona, haciéndole el trabajo a Bosch y compañía, sí que va a hacer que me cueste volverlos a votar como hice en el 2012. Los perfiles que escogieron (con algún que otro mamporrero de los de tirar al bulto) ya eran para eso.

    Hace 4 años

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