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Lectura

A la búsqueda del progreso sin crecimiento

Prólogo de ‘El despilfarro de las naciones’, de Albino Prada Blanco

Antón Costas 27/09/2017

<p>El J.R. Mora de hoy: La milla de oro</p>

El J.R. Mora de hoy: La milla de oro

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Este libro que tiene en las manos, querido lector, es un ensayo singular, único y oportuno sobre el desorden económico actual de las sociedades desarrolladas. Singular en el sentido de que es una mirada diferen­te a la convencional sobre la naturaleza, causas y soluciones a la crisis económica actual. Único porque no encontrará una obra similar de un autor español en la literatura económica de los últimos años. Y oportuno porque en tiempos de tribulación y cambio como los actuales es conveniente volver a visitar los clásicos del pensamiento económico para buscar en ellos inspiración para la comprensión de nuestros problemas. Su relectura no resuelve por sí sola esos problemas, pero nos ayuda a ponerlos en perspectiva. Y eso es lo que hace el profesor Albino Prada en este ensayo.

Como ocurre con las grandes encrucijadas de la historia, las crisis económicas, con los daños colaterales que traen consigo en términos de malestar social y de convulsiones políticas, obligan a los economis­tas a elevar la mirada desde la estrecha especialización en que se mueven cotidianamente a las grandes cuestiones morales que están detrás de la investigación económica. Son momentos en los que se necesitan wordly philosophers, para utilizar la afortunada expresión que utilizó Robert Heilbroner en su celebrado libro publicado en 1953: The Worldly Philosophers: The Lives, Times And Ideas of the Economic Thinkers.

John Maynard Keynes, sin duda el economista más influyente de las primeras décadas del siglo pasado, sugirió que los economistas deben ser como los dentistas. Es decir, profesionales que con su conocimiento especializado son capaces de aliviar los males sociales como hacen los dentistas con el dolor de sus pacientes. Esta capacidad para enfrentarse a problemas concretos relacionados con el dinero, el empleo, la inflación, el ahorro, la inversión, la productividad, los salarios, los impuestos, los gastos públicos o el comercio internacional es una habilidad que, sin duda, hay que exigir a los economistas como profesionales. Al afrontar este tipo de problemas específicos, los economistas adoptan un enfoque limitado basado en la hipótesis de que los agentes económicos toman decisiones de ahorro, inversión, producción o consumo basado en el supuesto de racionalidad ante recursos escasos.

Pero el propio Keynes, enfrentado a los efectos de la Primera Guerra Mundial, la volatilidad financiera, el crash financiero de 1929 y la Gran Depresión de los años 30 dejó de lado esa dentist approach para adoptar la de worldly philosopher: elevó su mirada para fijarla en el funcionamiento del sistema capitalista como un todo y en el aliento moral que todo sistema económico necesita para orientarse al progreso social. Al hacerlo fue capaz de recuperar un lenguaje económico necesario para analizar el funcionamiento del capitalismo y enfrentarse a las grandes cuestiones de la economía política clásica, como es la de la distribución. Su visión de que las grandes crisis económicas no son problemas de escasez sino de abundancia mal distribuida y, por tanto, de despilfarro, fue esencial en su análisis. De esa forma fue capaz de proponer reformas y políticas que civilizaron el capitalismo salvaje de finales del XIX y comienzos del XX y de reconciliarlo con el progreso social y la democracia. Un matrimonio que convivió razonablemente bien durante las tres décadas siguientes a la salida de la guerra hasta los años ochenta del siglo pasado.

La visión de Keynes de que las grandes crisis económicas no son problemas de escasez sino de abundancia mal distribuida y, por tanto, de despilfarro, fue esencial en su análisis.

Hoy, en medio del vendaval que ha provocado la crisis financiera y económica de 2008 y de las políticas de austeridad pública que le si­ guieron, las sociedades desarrolladas se encuentran de nuevo en una encrucijada similar a la de aquellos años. De ahí que sea necesario recuperar de nuevo un enfoque de nuestros problemas propio de los worldly philosophers.

Eso es lo que hace el profesor Albino Prada en este ensayo. Su ambición se manifiesta ya en su mismo título, El despilfarro de las naciones. Un título que evoca el de alguna de las obras de los grandes clásicos de la economía: Las causas de la riqueza de las naciones o La pobreza y la riqueza de las naciones. Pero esa ambición subyace también en el enfoque y el contenido: vuelve la vista a una de las grandes cuestiones de la economía política clásica: la distribución. Una cuestión vital para el buen funcionamiento del capitalismo pero que había sido abandonada por parte de la corriente de investigación económica dominante en la profesión.

El profesor Prada se inclina por la visión de las crisis económicas no como un problema de escasez, como lo hace la investigación convencional, sino como consecuencia de un problema de gestión de la abundancia. Y para documentar esa visión se apoya en los clásicos, tanto en los “antiguos”, como John Stuart Mill, como en los “modernos”, en particular en John Kenneth Galbraith. Desde esta perspectiva, el problema de nuestras sociedades no es el de la producción sino el del consumo y de la distribución de la abundancia. Es decir, el despilfarro que se produce cuando la economía pierde su aliento moral y no mira hacia el progreso de la sociedad en su conjunto sino hacia la simple satisfacción de necesidades inducidas por los propios productores. De ahí que, para nuestro autor, la pobreza, la falta de inclusión social no sea básicamente un problema de falta de recursos económicos frente a unas necesidades sociales crecientes, sino de mala distribución y de despilfarro de los recursos existentes. Como señala acertadamente, la tasa de creci­miento económico del último siglo XX ha sido muy superior a la del crecimiento de la población y, sin embargo, los problemas de pobreza y exclusión no han disminuido sino todo lo contrario.

Esta preocupación por la mala transformación del crecimiento en progreso social es el aliento básico que, a mi juicio, subyace en este libro. Y, más allá, en mucha de la investigación que el profesor Albino Prada ha llevado a cabo en los últimos años. ¿Por qué unos países se muestran más capaces que otros a la hora de transformar el crecimiento del PIB, o de la renta per cápita, en progreso social? Es decir, ¿por qué unos países son menos despilfarradores que otros? Para responder a esta cuestión el autor, junto con el profesor Patricio Sánchez, han desarrollado un ‘Índice de Desarrollo Inclusivo’ (IDI 15) que incluye más variables sociales que las del Índice que elabora el Foro Económico Mundial (IDI 12). Eso les permite corregir los sesgos de este último e identificar qué países lo hacen mejor y por qué. Esas investigaciones anteriores y la lectura de este libro sobre el despilfarro de las naciones me llevan a concluir que el foco de la investigación de nuestro autor es la defensa de la tesis de que es posible el progreso sin crecimiento.

El ensayo del profesor Prada no se queda en el análisis crítico del despilfarro del capitalismo finisecular. Es también propositivo. Su agenda para la búsqueda de “una sociedad decente” se apoya, por un lado, en la crítica a la “sociedad de mercado” –que ha mercantilizado todos los valores que caracterizan a esa sociedad decente– y, por otro, en la defensa de una ciudadanía global, en la que el reconocimiento de los derechos económicos y sociales no se limite a los ciudadanos de las “metrópolis” de las sociedades capitalistas.

El profesor Prada se inclina por la visión de las crisis económicas no como un problema de escasez, como lo hace la investigación convencional, sino como consecuencia de un problema de gestión de la abundancia

Si tuviese que hacer alguna observación sería a esta última parte del libro. A los lectores nos vendría bien una mayor precisión en la distinción entre “economía de mercado” y “sociedad de mercado”. Como bien señala a lo largo del libro, los grandes clásicos defensores de las virtudes sociales del mercado y de la competencia nunca confundieron economía de mercado con sociedad de mercado. Al contrario, tanto Adam Smith como John Stuart Mill o, quizá más significativamente, Friedrich Hayek, han señalado los límites de mercado a la hora de suministrar bienes públicos o bienes privados cuya producción y/o consumo generan externalidades; es decir, costes para la sociedad. Y defendieron la necesidad de la acción pública y estatal para conciliar el mercado con una sociedad decente.

Aunque en las últimas décadas –coincidiendo con la hegemonía intelectual y política del neoliberalismo defensor de un capitalismo cosmopolita y ácrata– desde la filosofía moral, la ciencia política y sociología se ha extendido una crítica poco precisa al mercado, tengo para mí que el mercado se puede defender también desde los principios y la retórica de la filosofía moral. Es decir, que es perfectamente recon­ciliable con la idea de sociedad decente que reivindica el profesor Pra­da. Otra cosa distinta son las tipologías específicas de economías capitalistas que se han desarrollado desde los años ochenta, incluyendo la china y la rusa. Pero, en este terreno, no hay que olvidar que las diferentes variedades de capitalismo no son más que expresiones patológicas del modelo de la economía de mercado. Expresiones que necesitan para civilizarlas de una democracia y una sociedad exigente.

Esta observación no empaña, sin embargo, como dije al inicio, el in­terés y la oportunidad del libro. Tiene además la virtud adicional, y no menor, de estar escrito de forma ágil, en la que la amplia documentación que maneja y el uso de las citas directas en el texto no interfiere en la rapidez y comprensión de su lectura. Al contrario, le da veracidad, proximidad y familiaridad con los autores, tanto los clásicos como los actuales, que utiliza. Esto hace que su lectura sea, además de ilustrada, amena.

Finalmente, este ensayo cumple a la perfección el lema del sello editorial en el que se publica: el de ser un libro “para personas que aprecian el debate y quieren enriquecerse intelectualmente con ideas nuevas y distintas”. Tengo la seguridad de que el lector lo comprobará desde sus primeras páginas.

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El despilfarro de las naciones. Albino Prada Blanco.  Prólogo de Antón Costas. Clave intelectual, 2017.

Autor >

Antón Costas

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3 comentario(s)

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  1. Dubitador

    Para que no se califique el cabreo que expreso como puro exabrupto, añado lo que dice el economista Alejandro Nadal respecto a ese Hayek que Costas emparenta con Adam Smith y Stuart Mill en el santoral liberal:   "El capitalista puede despedir a un obrero, pero no al revés. Por eso capitalismo y democracia no son hermanitos gemelos. Más bien son enemigos mortales. Por eso Hayek, uno de los ideólogos más importantes del neoliberalismo, no titubea en recomendar la abolición de la democracia si se trata de rescatar al capitalismo."   http://www.sinpermiso.info/textos/son-compatibles-el-capitalismo-y-la-democracia  

    Hace 3 años 3 meses

  2. Dubitador

    No me sonaba de nada este señor. Resulta que es un " economista " pero encima se trata de un economista neoliberal, o sea neocabron (dejermonos de florituras) o sea mierda doctorizada: === «Al final de la XXXII Reunión del Cercle d'Economia, que ha clausurado hoy Mariano Rajoy, el presidente de la Fundación Círculo de Economía, Carlos Cuatrecasas, ha tomado la palabra para destacar que Costas había desempeñado este cargo “brillantemente y con gran independencia de criterio” en estos tres años y ha pedido un aplauso para el presidente.» http://www.lavanguardia.com/economia/20160528/402109309270/cercle-deconomia-despide-honores-anton-costas.html ===

    Hace 3 años 3 meses

  3. Dubitador

    Creo que aqui Anton Costas falla miserablemente: «... tanto Adam Smith como John Stuart Mill o, quizá más significativamente, Friedrich Hayek, han señalado los límites de mercado a la hora de suministrar bienes públicos o bienes privados cuya producción y/o consumo generan externalidades; es decir, costes para la sociedad. Y defendieron la necesidad de la acción pública y estatal para conciliar el mercado con una sociedad decente.» ¿De donde habra sacado Costas este engrudo?

    Hace 3 años 3 meses

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