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Crónicas hiperbóreas

Cómo arreglar esto en dos patadas

Las muy hispánicas y raciales reacciones de la caverna tuitera y mediática tras el atentado de Barcelona

Xosé Manuel Pereiro 23/08/2017

J. R. Mora

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“La tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia. La inteligencia
tiene sus límites, la tontería no”
Claude Chabrol

Esta es una de las situaciones que requieren echar mano del consabido marciano. El marciano-testigo, me atrevería a apostar, se sorprendería de la especificidad hispana de las reacciones de los líderes de opinión (incluso, de ser un marciano mínimamente analítico, se sorprendería también de quienes son los líderes de opinión). Después de esas tragedias provocadas en los Estados Unidos de América por un tarado que entra a tiros en una escuela o en un supermercado, los debates ciudadanos que se generan suelen ser dos. Uno, sobre las razones que pueden llevar a un chico que siempre saludaba/estaba encerrado todo el día con el ordenador a matar a gente que, por lo general, no conocía. El otro, acerca de la conveniencia o no del prácticamente libre acceso de los ciudadanos estadounidenses a las armas de guerra. Aquí, sin embargo, uno de los focos del debate se centra en el mobiliario urbano, bolardos y macetas, como elemento de seguridad. Y en cuanto a las razones conductuales la conclusión es inmediata: se comportan así porque son musulmanes.

Uno de los focos del debate se centra en el mobiliario urbano, bolardos y macetas, como elemento de seguridad. Y en cuanto a las razones conductuales la conclusión es inmediata: se comportan así porque son musulmanes

La escritora de origen marroquí Najat El Hachmi, catalana desde los ocho años, decía en El Periódico: “Habrá insultos, pintadas, exabruptos de todo tipo, sí. Pero si los terroristas no representan a los musulmanes, ¿por qué los racistas van a representar a los que no lo son?”. En efecto, el problema grave no son los tontos con una tiza en las inmensas y libres paredes de las redes sociales, sino los que pintan ―en todos los aspectos― en los medios de comunicación. Claro que, dentro de estos, hay grados, como describía Antón Losada: “Resulta estremecedor comprobar con qué facilidad los charlatanes de la guerra santa señalan y amplían el círculo de sus enemigos: primeros son los terroristas, luego los islamistas, luego los musulmanes, luego todos esos progres y buenistas idiotas que no entienden que estamos en guerra, luego los gobiernos buenistas y sus votantes idiotas, luego los gobiernos que no movilizan a los ejércitos y empiezan a contraatacar y así hasta que al final sólo quedan ellos”. No se ha dejado ninguno de estos campos sin cubrir. Algún estratega probablemente ha decido que cuánto más amplio sea el enemigo, más fácil es dar en el blanco.

La línea José Manuel Soto

Haciendo buena la Ley de Poe (Natham, no Edgar Allan), que asegura que, online, en la ausencia de un guiño o indicación que lo aclare, es difícil o imposible distinguir entre una postura ideológica extrema y la parodia de esa misma postura, en el primer círculo del odio está la que podríamos llamar línea José Manuel Soto: “Esta gente viene a por nosotros, podemos pelear o esperar que nos maten, pasó el tiempo del buen rollito y el “Imagine”, yo prefiero pelear”. O “España es un país libre xq nuestros antepasados le echaron huevos y derrotaron al Islam, hoy los subvencionamos y pronto nos atropellarán”, proclamó el cantante.

Detrás de este adalid del chucknorrismo patrio, que parece muy seguro de que ninguno de sus antepasados a lo largo de 800 años fue musulmán, forma filas gente de la que cabría esperar un conocimiento de la historia que fuese más allá de la Enciclopedia Álvarez, como la periodista Isabel San Sebastián (“Malditos islamistas, hijos de… ya os echamos de aquí y volveremos a hacerlo. España será occidental, libre y democrática"). Pero la cosa viene incluso de más lejos, al parecer. La Gaceta se retrotrae al pasado, en este caso a solo a tres años antes, para destacar el afilado análisis que manejaba Pérez Reverte en un artículo de entonces ―“Es la guerra santa, idiotas”― en el que reproducía las palabras de un amigo: “Todo me es familiar. Todo se repite, como se repite la Historia desde los tiempos de los turcos, Constantinopla y las Cruzadas. Incluso desde las Termópilas”.

No sé si viene muy a cuento, pero quizá no vendría mal el consejo de Hemingway: “Intenta comprender, no eres un personaje de tragedia”.

Pero, en general, a los comentaristas de guardia les preocupa, más que la política expansiva de la Persia de Jerjes I en el año 480 a.c., la de la Cataluña actual y sus gobernantes en ejercicio, tanto por acción como por omisión, en el pasado y en el futuro. Por acción, en el pasado, al haber promovido las migraciones de países musulmanes y preterido las de origen castellano hablante. Lo aseguran, además del cantante-politólogo Soto, el periodista-animador Alfonso Rojo y el editorial de El Mundo del día 18, que pedía a las autoridades catalanas “reflexionar sobre una política de acogida en la que han primado a veces los intereses electoralistas, vinculados al independentismo, sobre la seguridad nacional”. Como siempre hay gente sin demasiada comprensión lectora (o que esa fecha concreta no compró el periódico), tres días después el diario de Unidad Editorial lo dejaba más claro: “No podemos olvidar cómo el nacionalismo ha ido cebando una verdadera bomba al favorecer la llegada de inmigrantes de países musulmanes frente a los de países hispanohablantes, como parte de la estrategia de ruptura de España”. No he encontrado ninguna mención, ni entre los apasionados de la historia ni en los señaladores de culpables que no están en desiertos remotos ni en lejanas montañas, sobre qué podría haber distraído al gobierno de Aznar para que sucediese el 11M.

Frivolidad, coquetería y otros pecados capitales

Bieito Rubido, el director a distancia de ABC, daba a la vez a la acción y a la omisión en una sola frase: “A Puigdemont le preocupa más su ‘procés’ que el yihadismo que puede arruinar la economía de Catalunya”. Con su habilidad para el subtexto, Rubido dejaba caer un argumento que posiblemente suponía demoledor para la sociedad catalana: la economía. Con más seny, y más invocaciones a la tradición liberal, el famoso análisis de Lluis Bassets (El fin de la frivolidad) venía a decir lo mismo: “El atropello masivo y mortal demuestra que no caben las metáforas ni las licencias literarias a la hora de las culpabilizaciones políticas y sociales. Las expresiones y pintadas que designan a los turistas como terroristas han encontrado un eco siniestro en el atentado de ayer”.

Para sensibilidades más romas, Hermann Tertsch trataba el asunto a pecho descubierto: “Hagan el pino, llámenme de todo y quémenme en efigie o persona pero es la verdad. Es turismofobia en el amplio sentido. La CUP a lo bestia”. Arcadi Espada ensanchaba el campo de la culpabilidad nacionalista (aka “los coquetos”): “Toda esta gentecilla, entreverada de gentuza, lleva años coqueteando por activa o pasiva con la violencia: desobedeciendo, desacatando, chuleando la paz, que es la ley. Si el Cuerpo Nacional de Policía lo permite, quiero compartir los 13 muertos y 80 heridos con todos y cada uno de esos intolerables coquetos”.

A los comentaristas de guardia les preocupa, más que la política expansiva de la Persia de Jerjes I en el año 480 a.c., la de la Cataluña actual y sus gobernantes en ejercicio, tanto por acción como por omisión, en el pasado y en el futuro

El padre de todos los comentaristas, Jiménez Losantos, no libra ni a Mariano Rajoy aka “El Manso” de la relación de cómplices y/o inanes: “¿Qué creen los que aplaudían, aún no sé por qué, junto a los golpistas y los enemigos del turismo, que los que defienden pactar con la ETA y dinamitar España, Europa y el Capitalismo, no van a decir que en una Cataluña independiente será más fácil que el Islam deje de matar? Lo dirán y, con la ayuda de los aplaudidores, Pablenín al frente, lo harán”, dice con su finezza y su destreza nominativa habituales.

Como dándole la razón, y ajeno a las recomendaciones de sus colegas de dar rodeos literarios, trivializar y otras fruslerías, el director adjunto de El Español, Miguel Ángel Mellado, hace un Houellebecq. Inspirándose en Sumisión, la novela en la que el escritor francés dibuja una Francia futura gobernada por un partido musulmán, Mellado describe la Gran Mezquita erigida sobre lo que fue plaza de toros Monumental, entre otras distopías: “Hoy, en este calurosísimo verano de 2037, Ripoll es lugar de peregrinaje, pero para rendir tributo a los hermanos Moussa y Driss Oukabir…”. Quizá para compensar ese resbalón en la futilidad, el artículo se titula “Mamones, el enemigo no era Machado, sino Moussa”.

A estas alturas, nuestro marciano de referencia debería estar un tanto desorientado. ¿Hay tantos y tan variados culpables? ¿La guerra es inminente o ya estamos en ella? Wassir Nars, que no es un todólogo, sino un especialista francés en yihadismo, aseguraba el 19 de agosto en una entrevista en L’Obs que “España, como Francia o Bélgica antes, no es para el ISIS otra cosa que uno de los países de la coalición, y Barcelona es solo un lugar como otro donde causar muchas víctimas occidentales… En última instancia, es cierto que en la escatología milenarista del Estado Islámico, golpear el territorio de Al Andalus es simbólico. Pero no tome a los líderes de estos ataques por idiotas. El objetivo no es ganar Al Andalus o hacer de Barcelona la nueva Raqqa. Desarrollan una guerra estratégica y conocen la diferencia entre la comunicación y conseguir sus objetivos de guerra”.

Un veterano en conflictos internacionales, Ramón Lobo, también remaba contra corriente en Infolibre: “Despreciar al enemigo, considerarlo bárbaro o tonto, es el camino más fácil hacia la derrota. Para vencer es necesario aceptar que nos enfrentamos a personas inteligentes que tienen un plan y unas razones. Atacan a nuestros civiles porque sienten que nosotros bombardeamos a los suyos. Atentan porque sienten que atentamos contra sus países. Es necesario enfrentar su narrativa con otra narrativa. No bastan las declaraciones pomposas, por lo general, huecas”.

Y si alguien en el futuro trata de entender aquel verano catalán de 2017 valiéndose de los medios de comunicación de la época, quizá se encuentre con lo que mencionaba este martes en La Voz de Galicia el historiador Lourenzo Fernández Prieto: el titular de algunos periódicos europeos, el 2 de septiembre de 1939, decía “Polonia ataca a Alemania”.

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Autor >

Xosé Manuel Pereiro

Es periodista y codirector de 'Luzes'. Tiene una banda de rock y ha publicado los libros 'Si, home si', 'Prestige. Tal como fuimos' y 'Diario de un repugnante'. Favores por los que se anticipan gracias

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3 comentario(s)

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  1. Hanna

    Galego tiñas que ser, Xosé Manuel, e falo da ollada que botaches por riba da paisaxe nacional -moi previsible; nesta casa non se move ren endexamáis--. E inda que coido que neste anaco de tempo que pasou téñoo lido todo destes pregoeiros morláns, -en castelán, "energúmenos" sen mais- o teu artigo está cheo do frescor co que escribiches xa fai oito días hoxe. Graciñas. ¡Ah, e noraboa polo comparecimento dun deles, que tan ben ilustra o teu artigo!

    Hace 6 años 7 meses

  2. SimpleMente

    Estimado Sr. Pereiro: Después de haber leído un par de veces su artículo, creo que debo felicitarle por la clarificadora elegancia y sinceridad al exponer su punto de vista. Todas sus razones parecen razonadas con el fin de dejar sentados sus motivos para exponerlas. Dicho esto, creo que podemos tambien expresar algunos puntos de vista diferentes. Desde pequeño, he vivido en el sur del Sur de España (sí, el Campo de gibraltar, el lugar por el que pasan más inmigrantes "musulmanes"). Hoy en día sigo haciéndolo y quiero razonarle mi experiencia. Desde los atentados de Barcelona, todos, TODOS los "no musulmanes" con los que he hablado, desde votantes de Podemos hasta del PP (aún tengo que encontrar uno de VOX) transmiten el mismo sentimiento: Esos a los que llamamos inmigrantes musulmanes, que tienen derechos, y que podemos/debemos salvar para integrar en nuestra sociedad, NO LO VAN A HACER. Por la sencilla razón, que no he visto aún a nadie descubrir, de que para ellos existen DOS sociedades mutuamente solapables en el tiempo y lugar, pero inmiscibles. Jamás nos hemos fiado en Al Ándalus de esos que vienen con chilabas, sandalias, olor a cuero recién curtido y las mujeres dos pasos por detrás (salvo cuando van a pagar en la caja del super, que parece que les da urticaria... Ahí suelen ir ellas por delante. Igual es sólo por no mezclar tres palabras con la cajera, que ya debe saber que es inferior). Salvo raras excepciones, o proyecciones políticas y sociales, el resto y en privado tenemos igual de claro que ellos que ni pensamos igual, ni tenemos los mismos objetivos, ni malditas las ganas. Algo muy diferente es que no lo reconozcan en público, pero sabiendo que gracias a la idiocia que se ha impuesto es comprensible que esas opiniones queden de puertas adentro. Si alguna vez reconocemos que somos diferentes como para no pretender una igualdad en comprotamientos, y nos sentamos con sus ¿representantes? para intentar encontrar un punto en común, quizás avancemos algo. Mientras, sólo estamos engañándonos entre nosotros, y sólo la contraparte mantiene su frialdad y su claridad de objetivos. Me perdonará usted si le digo claramente que ni voy a esconder la cabeza de la forma que hoy en día se sugiere, ni creo que deba callar cuando pienso que esa actitud es perjudicial para el resto de la sociedad. No voy tampoco a querer engañarle a estas alturas... A mí, como a cualquier mortal también se me escapó la palabra fuerte, el taco humillante al conocer que había vuelto a golpearnos el horror indiscriminado que iguala en la muerte a los inocentes de las Ramblas, y a los "rescatables" en el asfalto delante de un control policial. Pero este ciudadano, como cualquier otro de una sociedad civilizada, no se debe quedar, ni se queda, en ese punto. Si aceptamos que hay un problema con el alcohol al volante, y ponemos como remedio campañas de sensibilización y controles más numerosos... ¿Porqué no hemos de ver que tenemos otro problema, y distinguimos entre una solución y un "parche", que no sirve, porque no resuelve el verdadero problema? La magnitud de la solución ahora mismo, es incalculable, es cierto. no sabemos si debemos poner en cuarentena a los que llegan, si por cuánto tiempo, si habría que hacerles un seguimiento para comprobar que REALMENTE están integrados, o si finalmente, debemos optar por la expulsión y cerra fronteras. Tampoco tenemos idea (al menos yo) de si esa escala de medidas podrían ser aplicables, o si los diversos tratados en los que estamos comprometidos, nos permitirían ejecutarlas. Lo que desde YA deberíamos hacer (deberían hacer ustedes, en realidad) es no promover tanto la solución del avestruz, mientras no sean capaces de escuchar . Y no me refiero a esccuchar a los españoles indignados, me refiero a escuchar a los jóvenes que cuando hablas con ellos y les preguntas por qué no mantienen un trabajo, o se dedican a sacar unos estudios, te responden: no te confundas, español.... Nosotros no hemos venido aquí a doblarla como vosotros, no. Nosotros para vivir, sólo necesitamos pasar algo de material (sí, fumable con nombre de dulce) o pegar dos tirones en la plaza. Esto son palabras textuales de lo que en Al Ándalus ya sabemos. Ahora falta que en el resto del país se den cuenta, y que actúen, pero que no sobreactúen. Atentamente: una Simple Mente

    Hace 6 años 7 meses

  3. kalergi

    Vamos, que el articulista lo arregla en dos patadas: la culpa, de los europeos. Y el que ose insinuar lo contrario, es un nazicavernícolaxenófoboracista malo y tonto.

    Hace 6 años 7 meses

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