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María Rosa de Madariaga / Historiadora especialista en el Rif

“Los rifeños han sido tratados como ciudadanos de segunda”

Gorka Castillo Madrid , 5/07/2017

<p>María Rosa de Madariaga, durante la entrevista.</p>

María Rosa de Madariaga, durante la entrevista.

Manolo Finish

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María Rosa de Madariaga (Madrid, 1937) es quizá una de las historiadoras que mejor conoce la región del Rif, hoy de nuevo en el foco informativo tras la revuelta popular iniciada a finales de octubre a raíz de la muerte de un vendedor ambulante triturado por un camión de basura en Alhucemas. Autora de seis libros sobre los distintos episodios, todos sangrientos, vividos en el antiguo protectorado español, De Madariaga se sumergió en la intimidad del espíritu rifeño tras la muerte en 1963 de Abd el-Krim El-Jatabi, el líder bereber que levantó a su pueblo contra el yugo español. Así que una mañana, esta brillante investigadora de ojos claros preguntó a su madre quién era aquel odiado personaje y la respuesta que escuchó sólo incrementó sus dudas: “Un jefe moro que si hubiera ganado la guerra hoy no tendríamos a Franco”. Algo no encajaba en aquella descripción materna. “No comprendía por qué las tropas que habían combatido a sangre y fuego la colonización española vinieran pocos años después a luchar al lado de Franco, uno de los protagonistas del aplastamiento de la revuelta rifeña, en la Guerra Civil”. Fue entonces cuando decidió asaltar las aberraciones escritas por la dictadura sobre el conflicto en Marruecos. Como estudiante del Liceo en Madrid no le resultó difícil lograr una beca del Gobierno francés para hacer su tesis doctoral en París. Y la realizó bajo la dirección del profesor Pierre Vilar, catedrático de la Sorbona y una de las máximas autoridades en el estudio de la historia de España. Un golpe de fortuna para una mente libre e inquieta como la suya.

La revuelta actual en el Rif parece una reedición de las que hubo en los años veinte del siglo XX contra la colonizadora España. Piden respeto a su identidad y más inversiones en una región abandonada por el poder central.

El objetivo de Abd el-Krim no fue constituir una república independiente sino lograr que otras zonas de Marruecos se unieran a la rebelión contra la ocupación extranjera, española en el norte y francesa en el sur

Aunque no sea un comportamiento exclusivo de esta región, en cierto modo los rifeños han sido tratados como ciudadanos de segunda. Hasta fechas recientes, el rey sólo se preocupaba de la periferia, por decirlo de una manera sencilla, cuando quería cobrar impuestos a través de los caídes, una suerte de gobernadores muy rapaces que entraban a saco en los pueblos y esquilmaban a sus habitantes. Esto provocó que la gente observara el poder central con recelo y defendiera sus tradiciones y una autonomía que, tal y como estaba configurado Marruecos a principios del siglo pasado, era una especie de confederación tribal al frente de la cual estaba el Amir al-Muminín, es decir, el comendador de los creyentes que obviamente era el sultán. Todo esto adquiere otra dimensión en el Rif cuando Abd el-Krim asume el liderazgo de la revuelta en los años veinte. El objetivo de Abd el-Krim no fue constituir una república independiente sino lograr que otras zonas de Marruecos se unieran a la rebelión contra la ocupación extranjera, española en el norte y francesa en el sur. Algo que finalmente no se produjo.

Esa propagación de la rebelión que buscó sin éxito Abd el-Krim, ¿puede producirse ahora?

Puede ser aunque, en mi opinión, todavía es un poco pronto para asegurarlo. El movimiento de protesta que ahora ha surgido, y que está justificadísimo por el trato salvaje y horrible que recibe parte de la población, parece estar rememorando lo que ocurrió en 1956.

La independencia de Marruecos de fuerzas extranjeras de ocupación.

En cierto modo, sí. Pero en realidad, lo que allí sucedió se veía venir desde la firma del tratado de protectorado de 1912 que sólo rubricó Francia con el sultán porque España no intervino. Más tarde hubo un convenio franco-español por el cual París cedía el control de la zona norte a España por presiones de Inglaterra, que no quería que al otro lado del Estrecho se estableciera una potencia de primera fila. Podemos decir que la zona del protectorado español fue un caramelo envenenado que los británicos pusieron en bandeja a España.

Las protestas actuales comenzaron en octubre cuando un vendedor de pescado de Alhucemas fue triturado por un camión de basura horas después de discutir con la policía. ¿De dónde procede tanto rencor y maltrato?

el norte español quedó atrasado porque estuvo bajo control de los militares y toda una serie de ‘caídes’ que, en connivencia con ellos, esquilmaron la región

Sí, fue un golpe muy duro para ellos porque alude directamente al sentimiento rifeño de que son tratados como basura por el poder central. Y tienen razones para pensarlo. Cuando Marruecos declaró su independencia unificó las dos legislaciones que existían, la española del norte y la francesa del sur, incluido el idioma. Es decir, que además del francés, se estableció el árabe como idioma común cuando en el protectorado español sólo se hablaba árabe en la zona occidental, en la región de Yebala, en ciudades como Larache, Tetuán o Alcazarquivir, pero no en el centro del Rif donde hablan tarifit ni tampoco en el oriente. Todo esto creó una discordancia enorme del poder marroquí con la población del Rif, agudizado con el envío de funcionarios desde el sur, todos francófonos, que no podían comunicarse con una población que ni hablaba francés y muchos ni siquiera árabe. Esto fue interpretado como una agresión.

Y con la represión decretada por Mohammed V y luego por Hassan II, a los rifeños no les quedó otra opción que la resistencia o la migración.

Pero la represión viene de antiguo. En uno de mis viajes, un señor me contó unas historias increíbles de la guerra del Rif. Historias de torturas masivas por parte de los españoles que buscaban las armas que los rebeldes escondían en panales de abejas para disuadir a los militares. Luego, tras la independencia, la represión volvió a ser bestial como quedó patente en la Instancia de equidad y reconciliación, que hace unos años creó Mohammed VI, en donde muchos pudieron expresar las atrocidades que sufrieron. Toda esta autocrítica tuvo un límite, claro, porque el responsable último de la brutalidad ejercida era el propio rey, que era su padre, Hassan II. La identidad rifeña sigue ahí. Es indudable. Recuerdo que en otro viaje, éste en 1969, fui invitada a un banquete en Axdir donde sólo había ancianos, mujeres y niños porque todos los hombres habían migrado a Alemania. En aquella conversación nadie se refería al rey de Marruecos como su monarca. Le llamaban ‘Sid qum’, vuestro rey, en contraposición a cómo los marroquíes se refieren a su rey, 'Sidna', Nuestro señor.

 

También existe un problema endémico de desarrollo, ¿por qué el poder central excluye al Rif de sus políticas de modernización?

Es una herencia de la época colonial. Aunque todo lo que hicieron los franceses en el sur del país fue para beneficio propio y no para los marroquíes, se preocuparon por construir infraestructuras que facilitaran las comunicaciones y el comercio. Sin embargo, el norte español quedó atrasado porque estuvo bajo control de los militares y toda una serie de caídes que, en connivencia con ellos, esquilmaron la región. Al llegar la independencia, la diferencia de desarrollo entre estas dos zonas era tremenda. Así que al malestar provocado por la llegada de funcionarios que no tenían ni idea del Rif para encargarse de la administración, hay que añadirle que Hassan II excluyó a esta región de cualquier plan de desarrollo. El rey no sólo hablaba con desprecio de los rifeños sino que jamás puso los pies allí. En la revuelta de 1958, siendo príncipe heredero, llegó a ametrallarlos desde un avión.

¿Se ha mantenido esta marginación durante el reinado de Mohammed VI?

Como la gente tiene que vivir de algo en el Rif desarrollaron su propia actividad en torno a tres grandes actividades: el cultivo de hachís, el contrabando con Ceuta y Melilla y las remesas de la migración

Este rey ha cambiado ligeramente de actitud. En 1999, el mismo año que fue coronado, visitó el Rif con gestos más cercanos hacia la población. Puso en marcha planes de desarrollo en Tánger, en la zona occidental, con la construcción del superpuerto que, dicen, puede ser el más importante del Mediterráneo, y en Nador, en la franja oriental. Pero no ha ido acompañado de otros proyectos estructurales en el resto de la región. Por ejemplo, Alhucemas, en el centro, está abandonado. También Saidía, una ciudad casi fronteriza con Argelia donde todo gira en torno a los turistas que viven como en un gueto. Y Cala Iris. Y como la gente tiene que vivir de algo desarrollaron su propia actividad en torno a tres grandes actividades: el cultivo de hachís, el contrabando con Ceuta y Melilla y las remesas de la migración. El cóctel de todo esto es un malestar económico y social que ahora se expresa en manifestaciones identitarias, a pesar de que el actual monarca haya abierto un poco la mano también en cuestiones tan sensibles como la educación en lengua bereber.

Una de las exigencias del movimiento rifeño actual es la construcción de un hospital de oncología que atienda los numerosos casos de cáncer que sufren sus habitantes, herencia, según dicen, del uso de armas químicas por parte de los españoles en la guerra. Usted participó en 2007, a instancias de los rifeños, en una comisión parlamentaria para aclarar este asunto. ¿A qué conclusiones llegó?

No se puede probar científicamente la relación causa-efecto entre los bombardeos con gases tóxicos y los casos de cáncer registrados. Es cierto que España utilizó contra la población civil cloropicrina, fosgeno y, sobre todo, iperita, el gas mostaza. Y con el agravante de que compró todo el material a Alemania, que tenía prohibida su fabricación desde el Tratado de Versalles. Sin embargo, burlaron la vigilancia aliada con una variante química llamada oxol a partir de la cual fabricaban la iperita, que los alemanes exportaban de Hamburgo a Melilla. El interés de España por tener estas armas era tan grande que crearon una fábrica en Madrid, en La Marañosa. La primera vez que fueron utilizadas en el Rif fue en 1923 en la batalla de Tizzi Azza, de la que Ramón J. Sender habla en su novela Imán. Se bombardearon los zocos para causar el mayor número de bajas y aterrorizar a la población civil. Mucha gente sufrió heridas gravísimas como ceguera, ampollas en la piel, quemaduras y muerte. Sin embargo, todos los expertos que he consultado a lo largo de estos años coinciden al señalar que no está probada una relación entre la iperita y el cáncer, excepto en aquellas personas que hayan sufrido una larga exposición a esta sustancia, por ejemplo, los trabajadores que producían las armas. En el caso del Rif constatamos que la incidencia de cáncer entre las zonas bombardeadas y aquellas que se rindieron al ejército español sin sufrir este tipo de ataques es similar. Un ejemplo es la ciudad de Oujda, en el norte, donde los casos de cáncer registrados también son importantes pero no formó parte del protectorado español sino del francés así que nunca fue bombardeada con gases tóxicos.

Las manifestaciones actuales han llegado a Rabat, donde miles de personas desafiaron al poder central el 11 de junio con el apoyo del grupo islámico prohibido Justicia y Espiritualidad, que no reconoce al rey como la autoridad religiosa más alta del país. ¿Cree usted que el movimiento de protesta ve con buenos ojos este apoyo de los islamistas?

Todo apoyo que consigan será bienvenido, qué duda cabe. Pero la diversidad de ideas en el Rif es muy grande y no se puede olvidar que el radicalismo islámico también se ha aprovechado aquí de la miseria moral y material de las personas. Allí donde no hay hospitales y escuelas, llegan ellos y construyen hospitales y escuelas. Allí donde no tienen qué comer, les llevan comida. Suplen la ausencia y las deficiencias del Estado. Algunos rifeños han optado por esta vía y otros por la reivindicación de su identidad amazigh, bereber, frente a lo árabe. También he visto que han recuperado el tifinagh, el antiguo alfabeto líbico que se utilizaba en esta región en la época de Herodoto y que tenía unos caracteres especiales que ahora han resucitado.

El Majzen acusa a los grupos independentistas rifeños de estar subvencionados por el Frente Polisario y por Argelia con la intención de iniciar una guerra civil. ¿Qué opina de esta versión?

La figura del rey es intocable y está por encima de los demás, incluidos los partidos políticos, como demuestra que las leyes aprobadas por el Parlamento son decretos reales elaborados por el equipo de consejeros que forman el Majzen

Es lo típico de los regímenes no democráticos. Recuerdo que detrás de cualquier protesta obrera que se realizaba en la época de Franco en España siempre estaban los soviéticos. Pues aquí es igual. Tienen una obsesión con el Polisario y con Argelia, que siempre ha tenido una gran hermandad con el Rif debido a la migración de cientos de rifeños que pasaron la frontera para trabajar en las granjas de los franceses. Tampoco se puede olvidar que el sueño libertador de Abd el-Krim para Marruecos no consistía sólo en independizar el Rif sino también vastas zonas de Argelia y Túnez.

Tras la detención del líder de la revuelta actual, Nasser Zefzafi, las mujeres rifeñas se han puesto al frente de las protestas. ¿Le ha sorprendido?

Tengo que decir que sí. Y muy gratamente, por cierto. Recuerdo que cuando visitaba a familias en los sesenta y setenta, las mujeres querían conocerme pero siempre me esperaban en lo que yo llamaba el gineceo, una especie de habitación que sólo ellas ocupaban. Nunca salían a recibirme como hacían los hombres. Era una sociedad muy patriarcal, sobre todo en las áreas rurales. Por eso me alegra tanto el protagonismo de Nawal Benaissa en estas protestas.

¿Cree que si Mohammed VI vuelve a ofrecer cambios como sucedió en la fracasada primavera árabe de 2011, aliviará las quejas del pueblo en asuntos como el desempleo, la justicia y la corrupción?

Hay un malestar social y económico evidente en todo el país y el poder central debería darse cuenta de que todo pasa por ofrecer a la gente un futuro mejor. Esas demandas son perfectamente asumibles. Y en el caso concreto del Rif, las reclamaciones sobre la construcción del hospital oncológico y de infraestructuras viarias más allá del corredor que hay hasta las puertas de Melilla también lo son. Incluso falta una nueva universidad que cubra las necesidades del norte de Marruecos. Ahora sólo tienen la de Tetuán, con una subsede en Tánger, y la de Uchda, con aulas en Nador.

Pero el Majzen sigue presionando a los medios de comunicación críticos. Detienen a periodistas o cierran cabeceras. ¿Son señales preocupantes?

Son decisiones terribles. Siguen manteniendo intactas dos líneas rojas históricas: la religión y el rey. Si observas con detenimiento Nawal Benaissa ha puesto el foco en lo social y en lo económico, pero sin entrar en lo demás. Creo que ha sido muy inteligente al asegurar que las protestas no van dirigidas contra el rey sino más bien al contrario, que los rifeños esperan que visite Alhucemas para que pueda comprobar con sus propios ojos la situación de desigualdad y pobreza en la que viven. Esto podría ablandar la posición del poder central pero de ahí a decir que puede democratizar la sociedad marroquí me parece dificilísimo. En primer lugar porque la figura del rey es intocable y está por encima de los demás, incluidos los partidos políticos, como demuestra que las leyes aprobadas por el Parlamento son decretos reales elaborados por el equipo de consejeros que forman el Majzen. En estas condiciones es muy difícil que se abra un proceso de verdadera democratización en Marruecos.

Por último, ¿por qué el Majzen impide trasladar los restos de Abd el-Krim desde Egipto?

No sé si las reticencias al traslado de los restos de Abd el-Krim son del poder central o de su propia familia. Son las tres hijas que siguen vivas, Aicha, con la que mantengo amistad, Meriem y Rokia, que vive en El Cairo, las que deben decidir sobre esto y no sé si están por la labor. Por temor o por otros motivos que puedan enemistarlas con el poder central. De hecho, el hermano pequeño de Abd el-Krim regresó del exilio sin problemas y murió en Axdir, donde está enterrado. Quiero decir con esto que Marruecos también ha jugado con habilidad en esta cuestión. Sobre todo porque devolvió todos los bienes que el Gobierno español incautó a Abd el-Krim cuando se exilió en la isla de La Reunión y tampoco ha mostrado una oposición abierta al regreso de sus restos mortales.

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