1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Lectura

Como flores en la basura

Extracto del libro ‘Abuelo, ¿cómo habéis consentido esto? Los graves errores que nos han llevado a la era Trump’

Joaquín Estefanía 15/03/2017

<p>El Ernesto Rodera de hoy: Los jóvenes</p>

El Ernesto Rodera de hoy: Los jóvenes

Ernesto Rodera

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

CTXT necesita 300 suscripciones mensuales para ser sostenible y cada vez más independiente. Puedes ayudarnos aquí

-----------------------------------------------------------------------------------------------------

El estrago mayor que ha causado la gran crisis en nuestras sociedades ha sido el de truncar el futuro de una generación. O de más generaciones. Ha reducido brutalmente las expectativas materiales y, sobre todo, las emocionales, de muchos jóvenes que se sienten privados del futuro prometido. Se ha detenido la escalera del progreso. Al revés que nosotros, sus padres o abuelos, que hemos vivido siempre en paz y con una prosperidad al alza, ellos se van a la cama angustiados: o porque no tienen trabajo ni expectativa de tenerlo, o porque tienen unos ingresos que nos les dan para pagar sus gastos e independizarse o, los menos, porque tienen un buen empleo y pueden perderlo en cualquier momento. La paradoja es que la incertidumbre y la decepción no provocan el deseo de cambio mayoritario, sino que, más bien, fuerzan un repliegue conservador en tanto que lo que más se desea es algo de seguridad y de garantías. Así se manifiesta elección tras elección, en casi todas las partes del mundo. Estamos dentro de la mayor oleada reaccionaria que ha conocido el mundo desde los años treinta del siglo pasado, de infausta memoria, y los estados de excepción comienzan a normalizarse. Hay una brecha creciente entre las expectativas creadas y las posibilidades de cubrir esas expectativas. Así ha nacido la era Trump (...)

Se han puesto de moda recientemente dos conceptos que aglutinan a generaciones próximas en el tiempo, que son las de vuestros padres y las vuestras: son los millennials y los centennials. Los millennials son las personas que tienen, más o menos, entre los diecinueve y los treinta y cinco años; los centennials los componen los recién nacidos hasta que cumplen los dieciocho años. Entre unos y otros sumáis alrededor de 4.400 millones de personas en el mundo, en la actualidad. La población total supera los 7.000 millones. Se calcula que tan solo en 2020, dentro de cuatro años, casi el 60 por ciento de la fuerza laboral total tendrá menos de treinta y cinco años (...)

Ese gran escritor que fue Stefan Zweig —que tampoco tuvo nuestra suerte porque le persiguieron los fascismos hasta su muerte (se suicidó al no poder soportar tantas huidas)— dice: “Desde que me empezó a salir barba hasta que se me cubrió de canas, en ese breve lapso de tiempo, medio siglo apenas, se han producido más cambios y mutaciones radicales que en diez generaciones”. Seguramente vosotras podréis decir algo similar cuando ya hayáis pasado la frontera de la mitad de la vida. Si tenéis suerte (...).

En las últimas cuatro décadas, entre 1975 y la actualidad, el mundo ha sufrido transformaciones radicales, hasta volverse irreconocible para alguien que hubiese estado ausente de él y regresase de pronto. Por ejemplo, el extraterrestre de la divertida novela de Eduardo Mendoza Sin noticias de Gurb. Otra política, otra economía, otra filosofía, otra moral, otra tecnología, otro lenguaje... El mundo de antes desapareció en buena parte, o se hizo marginal. Las semillas del descontento de hoy están plantadas desde mucho antes: desde la década de los años ochenta.

A raíz de la decisión de la mayoría de los ciudadanos británicos de salir de la Unión Europea en junio de 2016 (hasta ese momento ningún país había querido abandonarla; todo lo contrario, muchos países se esforzaban por entrar en lo que se consideraba el espacio más avanzado y cohesionado del planeta) se volvió a emitir por las radios y por los canales digitales una conflictiva canción de los Sex Pistols, un grupo de música punk del que probablemente no habréis oído hablar, titulada irónicamente God save the Queen, y que fue —años setenta— una especie de himno contestatario de la juventud más desencantada. El grito ¡No future! de la canción representaba los sentimientos rebeldes de una buena parte de esa generación. La letra de este ‘Dios salve a la reina’ tan distinto del himno oficial reitera en una y otra estrofa que los jóvenes no tienen futuro en el sueño británico, y establece la brutal metáfora de que los tratamos como "flores en la basura". También se pregunta cómo puede haber pecado en esos jóvenes, que son como bombas atómicas en potencia, si no tienen futuro, y pide que sean autónomos, que no permitan que les digan lo que quieren ni lo que necesitan.

Entre 1975 y la actualidad, el mundo ha sufrido transformaciones radicales, hasta volverse irreconocible para alguien que hubiese estado ausente de él y regresase de pronto

Desde al menos esa década de los ochenta, los ciudadanos han tenido que aprender a vivir en una incertidumbre creciente. A finales de los setenta, el mismo año en que Sex Pistols sacaba su canción, el economista John Kenneth Galbraith publicaba una de sus obras más representativas, titulada La era de la incertidumbre, que luego se convirtió en documental de televisión. Pero hoy mucho más que entonces hemos de calificar  lo que sucede a nuestro alrededor como “la era de la incertidumbre”, de la ansiedad, de las sensaciones de falta de control. Por ello, el concepto que más se repite en las promesas de cualquier político, de cualquier aspirante a la esfera pública, es el de “garantía”: dar “garantías de que…”. Por ejemplo, ahora que se habla tanto de reformas constitucionales para adaptar los textos que rigen nuestra convivencia a las nuevas circunstancias del siglo XXI, hay partidos políticos que defienden que los derechos sociales —que figuran en la Constitución española de 1978 como derechos desiderativos: tener derecho a una vivienda o un trabajo digno, por ejemplo— posean en el futuro carácter normativo, de modo que no puedan violarse: que los ciudadanos, y entre ellos nuestros jóvenes, vosotras, tengan “garantías” de un trabajo digno o de una vivienda digna. ¿Será eso posible? Entre la incertidumbre y el miedo hay un solo paso: el de la vulnerabilidad.

El historiador Tony Judt, en su testamento intelectual, teoriza sobre la enfermedad social del miedo. En Algo va mal rebate la tópica idea de que el miedo es libre y analiza cómo cualquier tipo de crisis —política, económica, social, de la naturaleza— lo multiplica por mil. Ahora se sufre el miedo al terrorismo, pero también el miedo al “otro”, al que viene a competir por nuestro puesto de trabajo y nuestro Estado de Bienestar; a la inseguridad económica, a la incontrolable velocidad de los cambios, a quedar atrás en una redistribución de la renta y la riqueza cada vez más desigual, a perder el control de las circunstancias y de las rutinas de la vida cotidiana, etcétera. Cuando unos padres deben llevar a sus hijos al colegio en periodo vacacional para que puedan comer, sufren dos tipos de temores (quizá fuera más oportuno hablar de dos tipos de humillaciones): que no ocurra nada imprevisto (por ejemplo, que no los acepten porque no cumplan las condiciones teóricas para acceder a este servicio social, que haya comida para todos,...) y la humillación de tener que ir y que lo sepan los demás compañeros de los niños, o los vecinos del barrio.

Este miedo es el germen de muchos de los populismos que aparecen como setas en países muy diferentes, tanto pobres como avanzados. Populismos de distinta naturaleza. Nadie parece estar a salvo de este fenómeno, desaparecido desde la década de los años treinta del siglo pasado. Salidas tremendistas y simplistas que ganan terreno a través de nuevas formaciones políticas o de aquellas ya existentes que las adaptan para sobrevivir y seguir mandando.

Muchas personas, jóvenes y mayores de cuarenta y cinco años que se han quedado al margen, sobreviven en la incertidumbre, la frustración y sin opciones laborales

Los describe con nitidez el periodista Esteban Hernández cuando intenta diseccionar, con su mirada de entomólogo social, el capitalismo de nuestro tiempo. Para Hernández, el eje de la controversia en el siglo XXI no ha sido el tradicional entre la derecha y la izquierda ideológicas, ni siquiera entre lo nuevo y lo viejo, o la fractura entre los de arriba y los de abajo, sino el que se produce entre estabilidad y cambio. La Gran Recesión ha introducido nuevas variables en el modelo, ya que ha arrojado un escenario dominado por la inseguridad vital, que no es solo económica sino cultural: de civilización. Muchas personas, jóvenes y mayores de cuarenta y cinco años que se han quedado al margen, sobreviven en la incertidumbre, la frustración y sin opciones laborales; no esperan gran cosa del futuro, al que presuponen más amenazas que oportunidades, y tampoco entienden del todo los cambios en los que estamos envueltos (...).

Un muro infranqueable se ha levantado entre vosotras y nosotros. Habrá que derribarlo, como hicieron los berlineses con el suyo hace casi tres décadas: derruirlo piedra a piedra. Es un muro que separa a los jóvenes del resto de la sociedad. Es una división generacional que se añade a las tradicionales diferencias de clase social. Pocas veces como ahora en la historia, quizá en los años veinte del siglo pasado, las cohortes de edad han sido las principales protagonistas de lo sucedido, y los jóvenes han sufrido como nadie las consecuencias de la crisis. Ello no significa que automáticamente la clase redentora pase de las fábricas y las minas a las aulas universitarias o a los institutos. Entonces se habló de “generación perdida”; hoy no nos gusta el término, aunque haya mucho de "perdido" en nuestro pequeño mundo. Ello no significa que todos los jóvenes hayan padecido con idéntica intensidad esas secuelas, pero creo que a lo largo del libro ha quedado demostrado que, además de las otras consecuencias, se ha dado una brecha generacional entre los perdedores de la crisis. Y corresponde subrayarlo: que no quede como un silencio social más. Si no se entiende esto, no se explica todo.

Desde hace algún tiempo y, sobre todo, desde la Gran Recesión, el proceso de selección de las élites dirigentes de la sociedad a través de la educación universal, el esfuerzo personal, la perseverancia,… está siendo sustituido en buena parte por una selección (quizá inversa) basada en la herencia o en la riqueza de los antecesores. Así es como surgió la llamada curva del Gran Gatsby, en honor al personaje de la novela del mismo nombre de F. Scott Fitzgerald, un hombre joven que en la década de los años veinte (la más desigual hasta la actualidad) se reinventa a sí mismo y consigue hacerse rico (a través del contrabando) en la sociedad americana de la época. La curva del Gran Gatsby es un gráfico que representa la relación entre la desigualdad y la inmovilidad social intergeneracional en varios países del mundo. Mencionada por el jefe de los asesores económicos de Obama en el año 2012, Alan Krueger, en base a los estudios del economista canadiense Miles Corak, trata de explicar cómo el futuro económico de los hijos está condicionado por la renta de los padres: en una sociedad igualitaria existiría un alto grado de movilidad social, algo que no ocurre cuando las oportunidades no se reparten con criterios de esfuerzo, y sí de herencia. Por ejemplo, en Dinamarca el 15% de los ingresos actuales de un adulto joven depende de la riqueza de sus progenitores, mientras que en Perú dos terceras partes de lo que gana una persona se relaciona con lo que sus padres atesoraron antes. La conferencia de Krueger, vinculada a la situación de EEUU, llegaba a la conclusión de que los países del norte de Europa eran los que presentaban menos desigualdad de oportunidades y mayor movilidad social, mientras los datos de EEUU significaban prácticamente el fin del “sueño americano” (todos los ciudadanos pueden lograr sus objetivos en la vida a base de esfuerzo y determinación) (...).

En una sociedad igualitaria existiría un alto grado de movilidad social, algo que no ocurre cuando las oportunidades no se reparten con criterios de esfuerzo, y sí de herencia

Creíamos haber aprendido las lecciones de las dos guerras mundiales. Gracias al Estado de Bienestar, a los impuestos progresivos, a los mecanismos redistributivos como la negociación colectiva, la socialización de los salarios (a igual trabajo, igual remuneración), al derecho laboral, a la protección social universal y gratuita (ya ha sido pagada antes a través de los impuestos o la deuda),... se redujo la extrema desigualdad, disminuyó la volatilidad económica, las empresas creaban empleo y se atenían a un contrato social implícito en el que se repartían (bien es cierto que siempre con tensiones o de modo disímil) los beneficios del progreso. Es lo que el director de cine Ken Loach ha titulado como "el espíritu del 45". Entonces se hablaba de dos tipos de capitalismo que se confrontaban, el renano (más comprometido) y el anglosajón (más egoísta). Ha arrasado este último a pesar del descrédito que para sus tablas de la ley representa la Gran Recesión. Lo que estamos viviendo ahora no es una secuencia histórica lineal sino una disrupción, con la emergencia de lo conservador en nuestras vidas, en la política y en la economía. Nos ha parecido oportuno el concepto de Quinta Internacional, acuñado por Garton Ash, para definir la explosión de la indignación y su reconstrucción en movimientos y partidos políticos, fundamentalmente de naturaleza juvenil. Siguiendo la misma lógica se podría hablar de una Sexta Internacional, la que unifica y representa a los Trump, Theresa May, Marine Le Pen, los líderes de Alternativa por Alemania, el húngaro Orban, el polaco Kaczynski, etcétera. Conservadores extremos. Es factible que imitemos lo que las autoridades venecianas hacen en la novela de Thomas Mann Muerte en Venecia: negar que existe una epidemia de cólera. Pero sería de una ceguera histórica que rememoraría otros momentos nefastos del siglo XX y pondría aún más en precario la evolución de la democracia representativa. Hay que estar muy vigilantes y no mirar hacia otro lado.

De nuevo hay que acudir a la historia reciente: la presencia de la derecha conservadora en los gobiernos del mundo fue minoritaria (sus líderes eran mucho más presentables que los actuales) después de la Segunda Guerra Mundial y hasta la revolución conservadora de los años ochenta, cuando Thatcher y Reagan los hacen renacer. Aparecen multitud de epígonos de ambos. Según Judt, la derecha se había desacreditado al menos en dos ocasiones: en el mundo anglosajón porque fue incapaz de prever la magnitud del desastre y de actuar con eficacia contra la Gran Depresión; y en la Europa continental, por su complicidad y connivencia con las potencias ocupantes en las conflagraciones mundiales. De hecho, en los años que siguieron a 1945 el centro de gravedad de la discusión política no se hallaba entre la izquierda y la derecha sino más bien dentro de la izquierda: entre los comunistas y sus simpatizantes, y los socialdemócratas de las distintas familias.

-----------------------------------------

‘Abuelo, ¿cómo habéis consentido esto? Los graves errores que nos han llevado a la era Trump’. Joaquín Estefanía. Editorial Planeta. 2017.

CTXT necesita 300 suscripciones mensuales para ser sostenible y cada vez más independiente.

Autor >

Joaquín Estefanía

Fue director de El País entre 1988 y 1993. Su último libro es Estos años bárbaros (Galaxia Gutenberg)

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí