1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Debate / Espacio Público - CTXT

Demagogia populista o soluciones socialistas

Carlos Tuya 16/11/2016

<p>Donald Trump durante una conferencia política en Maryland.</p>

Donald Trump durante una conferencia política en Maryland.

Gage Skidmore

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

---------------------------------
CTXT ha acreditado a cuatro periodistas --Raquel Agüeros, Esteban Ordóñez, Willy Veleta y Rubén Juste-- en los juicios Gürtel y Black. ¿Nos ayudas a financiar este despliegue?

 

---------------------------------

Una vez más, lo que no podía ocurrir ha ocurrido: Trump se incorpora a la ola populista (mayoritariamente de derechas) que recorre, como un fantasma, el mundo globalizado. Tras el húngaro Viktor Orban y el polaco Kaczynski, la lista no para de crecer, esta vez con el presidente de la nación más poderosa del planeta a la cabeza. Y no es descartable que en un futuro próximo puedan unirse Marine Le Pen (Francia), Strache (Austria), Brunner (Suiza), Soini (Finlandia), Geert Wilders (Holanda), Matteo Salvini en competencia con Beppe Grillo (Italia), Thulessen (Dinamarca), etc. 

Todos con un mensaje tan elemental como engañoso: la culpa es de las élites, la casta, el establishment, los migrantes... y demás simetrías discursivas. ¿Qué está ocurriendo? Y, sobre todo, ¿por qué está ocurriendo? Tras el asombro y la decepción, los interrogantes. Si el conocimiento es siempre la respuesta a una pregunta, y la pregunta es la contestación a una necesidad, conviene que intentemos superar la paralizante estupefacción y tratemos de entender los procesos históricos que están ocurriendo ante nuestras narices. 

Cuando la situación se embalsa en una grave situación socioeconómica (precariedad, flexibilidad laboral, bajos salarios, desprotección social, desempleo, marginación, etc.) y los más afectados y con menos recursos de superación no ven salida, las opciones se reducen a la demagogia populista o a las soluciones socialistas. La primera tiene el atractivo popular de las soluciones fáciles y rápidas: promete resolver la situación de los damnificados de la crisis atacando a las élites, pero sin cuestionar el sistema, hasta hace poco tan prometedor; las segundas se enfrentan al desafío de proponer un sistema socioeconómico alternativo, creíble y deseable, con el hándicap de no tener ejemplo alguno que ofrecer. Por eso, formular una alternativa socialista que suponga un avance socioeconómico y político, sobre la base de lo ya conquistado, es la tarea fundamental para enfrentar tanto a la demagogia populista como al conservadurismo neoliberal. 

Porque es necesario y urgente pasar del lamento a la réplica, de la simple denuncia a la propuesta alternativa. De lo contrario se perderá una de las ocasiones mas propicias para transformar el sistema socioeconómico capitalista generado por la crisis sistémica que padecemos. Y la estrategia neoliberal, bajo el ropaje agresivo del populismo de derechas -hoy liderado por Trump-, seguirá impulsando la creciente colonización -vía privatización- de suculentas parcelas de la esfera pública por los poderosos intereses de grupos y corporaciones minoritarios, demoliendo o menguando las áreas de socialización conquistadas, garantizando la redistribución de ingresos y acumulación de riqueza en los sectores privilegiados de la sociedad. Lo que significará agudizar la ya de por sí insostenible la fractura social interna, y la peligrosa división territorial. El peligro latente del populismo es que caiga en la tentación amortiguar las tensiones sociales mediante aventuras bélicas que unan al pueblo frente al enemigo exterior. 

Ante la crisis que no cesa 

Para toda persona progresista y de izquierdas, quizás el hecho más sorprendente es que los trabajadores afectados por la crisis sean, en gran medida, los que están aupando el fenómeno populista, dando la espalda a los partidos de izquierdas tradicionales que, hasta hace poco, representaban el instrumento principal de progreso y mejora de sus condiciones de vida. La perplejidad tiene su lógica, por cuanto los socialdemócratas, con el apoyo o la presión de la izquierda radical, han contribuido hasta ahora al desarrollo tranquilo del capitalismo en los países avanzados, al tiempo que desarrollaban una política social de protección y bienestar que, en contrapartida, creaba la necesaria paz social para el crecimiento económico. Educación, sanidad, subsidios de desempleo, ayudas y promoción social, protección jurídica, negociación colectiva, igualdad de oportunidades... la sociedad parecía encaminarse a un nivel cada vez mayor de bienestar. El paulatino aumento de la calidad de vida en los países de capitalismo desarrollado se daba por descontado. Nuestros hijos vivirían mejor que nosotros, como nosotros hemos vivido mejor que nuestros padres. Y así sería en el futuro. 

Pero vino la gran crisis y recesión de 2008 y mando parar. Habíamos olvidado que el sistema capitalista tiene sus ondas o ciclos periódicos de crecimiento y recesión, que necesariamente desembocan en crisis debido a la naturaleza de un sistema productivo basado en la libre competencia, el libre mercado, y la libertad empresarial de acaparar el mayor beneficio posible. Un sistema de indudable eficacia económica, pero que necesita evolucionar mediante destrucciones creativas (Schumpter) de mayor o menor intensidad, con las consecuentes avalanchas destructivas de efectos catastróficos sobre los trabajadores. Y vuelta a empezar. No hace falta añadir que las luchas defensivas y reivindicativas de los trabajadores han supuesto un freno a las políticas económicas liberales y neoliberales, pero no han impedido la reaparición de las crisis. Y siempre que han surgido con cierto nivel de virulencia que ponía en peligro la forma capitalista de producción, distribución, y acaparamiento de la riqueza, el populismo ha hecho acto de presencia, desviando la conflictividad social hacia un enemigo externo al sistema, causa y origen de todos los males, como ocurrió con los fascismos del primer tercio del siglo XX. Su caldo de cultivo es siempre el mismo: desconcierto y angustia ante una forma de vida que se derrumba, miedo a la desaparición de las viejas seguridades, pavor ante la incertidumbre presente y la falta de futuro. Por eso apoyan a quien les promete revertir una situación de la que no son culpables, mientras una minoría corrupta se beneficia de ella. Parafraseando a Marx, el populismo se convierte en el opio del pueblo. 

En la formulación neoliberal dura se ataca la legislación laboral para facilitar el despido, se reduce la capacidad negociadora de los sindicatos, y se ahorra en el gasto del Estado del Bienestar

Sin duda, la crisis se puede analizar desde el punto de vista funcional, como hacen los economistas neoliberales, para los cuales la situación está causada por las malas prácticas de ciertas entidades financieras, unido a una política fiscal irresponsable. La solución: rescate financiero y estabilidad presupuestaria, con los recortes que hagan falta. En la formulación neoliberal dura se ataca la legislación laboral para facilitar el despido, se reduce la capacidad negociadora de los sindicatos, y se ahorra en el gasto del Estado del Bienestar sin pretexto de hacerlo sostenible; en la formulación blanda se intenta adecuar políticas neokeynesianas a unos ajustes que nadie discute en lo esencial. 

Sin embargo, la actual crisis sistémica tiene unas características peculiares que dotan al fenómeno populista de una trascendencia histórica nueva, aunque esperemos que no con unas consecuencias bélicas tan dramáticas, lo que está por ver. En primer lugar, no se trata de una crisis convencional del capitalismo industrial, sino que surge en la fase del capitalismo financiero global, una disfunción catastrófica en los mercados de obtención de beneficio propios de la financiarización de la economía. 

No debemos olvidar que el capitalismo financiero optimiza su eficacia (beneficio) a base de fragilizar la cohesión social, lo que pone en peligro el sistema productivo capitalista, por lo que se hace necesario implementar regulaciones del mercado, lo que, a su vez, reduce la eficacia del sistema. Sin embargo, esa regulación resulta finalmente incompatible con el sistema productivo capitalista, que procura reducir al mínimo la regulación para satisfacer la exigencia primaria de beneficio. Por eso, el capitalismo no puede escapar al caos del que se alimenta. Es el bucle infernal en el que estamos, y del que solo se sale con el socialismo que evite el despilfarro de riqueza y sus consecuencias humanas y medioambientales. Factible técnicamente por la Revolución Digital y la Sociedad de la Información, posible políticamente gracias al Estado Social y democrático de Derecho. Sin olvidar que el paso de la posibilidad a la realización es una cuestión de poder. Que aparece, por tanto, como la necesidad material de creación de riqueza para atender la creciente exigencia de bienestar y mejora social. En ese sentido, el auténtico fracaso del capitalismo, evidenciado en la actual crisis, es la incapacidad para atender las expectativas generadas por el propio capitalismo. 

Y ocurre cuando la Revolución Digital, la Sociedad de la Información, el Internet de las cosas, y la permanente y directa Comunicación en Red, están trasformando las viejas formas de producir y generar riqueza, creando nuevos productos de consumo, y articulando distintas formas de obtener beneficio. Se trata de un nuevo periodo histórico del que estamos viviendo solo sus primeras manifestaciones, preludio de la que puede ser la gran trasformación socioeconómica de nuestro tiempo: el nuevo socialismo científico sostenible. Solo hace falta la voluntad política y la mayoría social. O lo que es lo mismo, que el agente político lo proponga y el sujeto social lo realice. Ese es el verdadero desafío para la izquierda. Se trata de un proceso de confluencia socialista que vaya más allá de la mera alianza coyuntural de la izquierdas (sin negarla) para aunar todos los esfuerzos y las fuerzas que quieran ir más allá del sistema neoliberal capitalista. 

Estamos, por tanto, ante una crisis sistémica que afecta, en mayor o menor medida, a todos lo ámbitos de la vida social. Un proceso caracterizado por la crisis-recesión-estancamiento-crecimiento insuficiente-desafección-reacción populista, que está remodelando los parámetros básicos del sistema productivo, en un intento evolutivo de adaptación que tiene como herramienta de política económica la austeridad. Y hay que reconocer que el pensamiento único del neoliberalismo ha logrado imponer su concepción de la economía y las vías para afrontar la crisis incluso a partidos de izquierda y centro izquierda, cuyas propuestas alternativas no cuestionan el sistema capitalista ni trasgreden las fronteras del neokeynesianismo socialdemócrata. Lo mismo que Zenón, con su paradoja, convierte el tiempo finito que tardaría Aquiles en alcanzar la tortuga en un tiempo infinito donde nunca puede conseguirlo, así el pensamiento neoliberal convierte la posibilidad real de la transformación del sistema capitalista en un imposible histórico (y lo ejemplariza eficazmente con el fracaso del campo socialista). Así, la producción capitalista pasa de ser un mecanismo para acumular riqueza a considerarse un componente esencial de la actividad productiva humana, vinculada a una supuesta naturaleza egoísta del Homo sapiens. Naturaleza que solo el mercado libre convierte en bien común, como soñaba el moralista Adam Smith. 

El socialismo para la izquierda –vieja y nueva–, ya no es tan siquiera una aspiración utópica, prisionera en el falso dilema (salvo la izquierda populista): o sovietismo, esta vez sin burocracia; o socialdemocracia, esta vez sin claudicación. Sin embargo, la naturaleza sistémica de la crisis, su amplitud y profundidad, y el coste social de las medidas para controlar sus efectos más dramáticos y potencialmente peligrosos para el sistema, evidencian que la salida solo puede ser una superación. Y el propio capitalismo desarrollado ha creado los mecanismos y los medios para lograrlo. 

Si hay alternativa, y se llama socialismo 

El capitalismo no tiene un sentido o propósito teleológico, mas allá de generar beneficio. Pero los componentes sociales si tienen propósitos en función del lugar que ocupan en el sistema productivo: los empresarios, la obtención de la máxima ganancia, lo que exige que la competencia se resuelva en el mercado libre capitalista; los asalariados, obtener la mayor proporción de la riqueza generada, bien en forma de salario, o añadiendo otras formas de reparto como las prestaciones sociales. La dialéctica (lucha de clases) entre ambos intereses es parte del mecanismo funcional del sistema, no lo cuestiona, aunque lo lleva al limite del caos, que es el punto evolutivo óptimo. El cuestionamiento del sistema surge cuando los asalariados comprenden y asumen que se puede transformar el sistema productivo para hacerlo mas eficiente económicamente y más justo socialmente. Y eso puede ocurrir bien porque las demandas sociales no pueden ser satisfechas adecuadamente, bien porque los efectos de las crisis cíclicas (mecanismo depurador de un sistema esencialmente irracional al basarse en la competencia y no en la colaboración) resultan inasumibles para los trabajadores que exigen del Estado la protección necesaria. Se intenta ordenar el caos con la regulación (algunos lo llaman civilizar el capitalismo) de la actividad empresarial y el mercado, lo que reduce sustancialmente la eficiencia del sistema. Se entra así en un largo periodo de recesión, estancamiento o crecimiento débil que, a su vez, incide en la base del crecimiento económico: la sociedad de consumo. Por eso la salida solo puede venir de soluciones socialistas. 

No es necesario repetir los catastróficos efectos de la actual crisis sistémica y sus remedios. Lo más importante a señalar es que la forma de vida basada en el paulatino desarrollo y ampliación del Estado del Bienestar es cada vez más incongruente con las necesidades y exigencias del capitalismo globalizado. Un capitalismo que, por otra parte, necesita cierto nivel de consumo para funcionar y generar beneficio. Algunos, desde la izquierda, como Varoufakis, proclaman que el Estado del Bienestar es hoy inviable, y debemos olvidarnos de el. Se trata de una especie de profecía autocumplida, pues si su defensa no es un objetivo prioritario, luchando contra su desmantelamiento a la vez que se ofrece una alternativa al capitalismo desarrollado, incapaz de sostenerlo, terminará por reducirse a la mínima expresión compatible con el sistema capitalista. Una jibarizacion que forma parte de la salida neolibreal a la crisis. Pero tiene razón cuando señala que el Estado del Bienestar no es viable dentro de los limites, y con las limitaciones, del capitalismo financiero global que domina actualmente la economía mundial. Otra cosa son las conclusiones que saca de ello. 

Algo parecido ocurre con las relaciones laborales, cada vez menos ligadas al lugar de trabajo, al empleo fijo, y al salario justo asegurado. De nuevo, la desigualdad estructural, que nunca ha dejado de crecer, ni siquiera en las épocas doradas del siglo pasado, convierte en papel mojado la igualdad de oportunidades, el acceso a la enseñanza superior, la sanidad gratuita, la movilidad social, el poder adquisitivo de las pensiones, o simplemente el derecho a una vida digna. Sencillamente, el capitalismo avanzado no es capaz de satisfacer las expectativas que el mismo ha generado. Ese es el quid de la cuestión. 

Pero la izquierda, en sus variadas versiones, no parece dispuesta a admitir su responsabilidad en el actual estado de cosas. Y así, se llega a dar la paradoja (¿o era parajoda?) de que la izquierda pierde aunque gane. Bien porque se mueve voluntariamente dentro de la lógica del neoliberalismo (la tercera vía socialdemócrata), bien porque termina aplicando sus recetas a la fuerza (Syriza). Y esa lógica es siempre perdedora, pues a lo más que puede aspirar es a ser un paliativo de los peores efectos de la crisis. Por cierto, algo que también proponen los más lúcidos portavoces del llamado liberalismo internacionalista, como el Catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, Garton Ash, colaborador habitual de El País. 

El problema es que la aceptación del sistema socioeconómico como el único posible (NHA, No hay alternativa), y sus resignadas consecuencias humanas y medioambientales, hace que la izquierda termine gestionando la crisis a la manera socioliberal, o deba enfrentarse al fracaso económico, ya que el sistema no puede ir más allá de sus posibilidades sin transformarse. Ocurrió con Miterrand, ocurre con Hollande; ocurrió con Zapatero, ocurre con Tsipras, por poner ejemplos cercanos. No nos extrañemos, la lógica neoliberal es implacable: el Estado es el problema, los mercados la solución. Por eso, la austeridad se basa principalmente en la reducción del gasto publico, el rescate del sector financiero, y la mejora de la competitividad mediante la deflación salarial, ofreciendo las ligeras mejoras macroeconómicas como aval y justificación. En estas condiciones, el neoliberalismo no solo condiciona ideológicamente la percepción de la realidad, sino que impide razonar de otra manera y hacerse una sencilla pregunta: ¿es posible otra forma de generar y distribuir riqueza?. O si se quiere, es posible el socialismo reformulado de acuerdo a los avances científico-técnicos, y la experiencia histórica?. Es el verdadero si se puede que Podemos ni se plantea, al menos por ahora. Una vez más: la fuerza del neoliberalismo estriba en la ausencia de una alternativa creíble y factible al capitalismo que canalice la convulsión social generada por la crisis y las políticas aplicadas para afrontarla. De lo contrario, a la actual frustración y rabia seguirá un mayor desengaño y rechazo hacia los partidos de izquierda gobernantes, como ya esta ocurriendo en Francia y Grecia. Y el populismo seguirá creciendo y fortaleciéndose. 

Actuar hoy para ganar mañana 

La cuestión es si realmente existe la alternativa socialista más allá de las ensoñaciones utópicas de una minoría revolucionaria. Y de existir, cómo puede articularse en medio de la fuerte ofensiva neoliberal, el auge del populismo, y el fracaso y división de la izquierda. No es cuestión sencilla ni fácil, como todo proceso histórico novedoso. Porque El socialismo, tal como se formula en el Manifiesto Comunista, que inspiró la lucha obrera en el siglo pasado, es todavía una experiencia inédita, insólita e inaudita. El intento de construir el socialismo en la URSS y sus epígonos se ha saldado con un rotundo fracaso que ha supuesto la pérdida catastrófica del proyecto alternativo al capitalismo, más allá de su humanización reformista socialdemócrata. Pero la crisis sistémica desatada en 2008 vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de una reformulada alternativa socialista. Mientras tanto, me gustaría avanzar algunas reflexiones de carácter estratégico. 

Tanto las experiencias históricas fallidas, como el carácter mismo del capitalismo financiero global aconsejan desechar la visión catastrofista y voluntarista de su hundimiento y la consiguiente implantación directa del socialismo. Parece, por el contrario, que lo más probable y factible será un proceso gradualista en el marco del Estado Social y democrático de Derecho, mediante la conquista del poder político basado en una amplia mayoría social. Por supuesto, su viabilidad solo podrá comprobarse intentándolo. Lo que exige una visión estratégica del gradualismo, que adquiere así un carácter revolucionario. Es decir, se trata de aplicar una política que aumente y construya áreas de socialización en el sistema (Estado del Bienestar, Banca publica, nacionalización de las industrias básicas vinculadas a las comunicaciones, la energía, la salud, etc.); una política que impulse el desarrollo e implementación de la democracia económica en el ámbito de la producción (autogestión y cogestión); una política que propicie, defienda y consolide nuevas formas de organización democrática participativa, deliberativa y directa surgidas en la lucha reivindicativa. Todo ello 
teniendo en cuenta la necesaria coordinación internacional que oponga a la globalización capitalista no un imposible y reaccionario repliegue nacionalista, como proponen los populismos, sino una globalización socialista basada en el comercio justo, la defensa de los derechos de los trabajadores, cooperativa y solidaria con en el desarrollo de los pueblos, y responsable medioambientalmente. 
Pero en el camino de conquistar el poder político y aplicar este gradualismo revolucionario, es necesario avanzar posiciones en el entramado institucional que permitan mejorar ya la vida de los trabajadores y ejemplaricen la posibilidad de un nuevo modelo de sociedad, tal como señala acertadamente Juan Torres en su artículo Los retos de las izquierdas. Es el verdadero sentido de la llamada guerra de posiciones. 

Y definir un proyecto socialista creíble y deseable que suponga una transformación de lo existente, desarrollando sus aspectos positivos, generalmente fruto de la lucha de los trabajadores, y eliminando los negativos, relacionados con el sistema de producción capitalista, de forma que signifique más libertad, al eliminar las restricciones socioeconómicas del capitalismo; más democracia, ampliando las fronteras liberales mediante la inclusión de las formas de democracia participativa, deliberativa y directa; más igualdad, cooperación y solidaridad, al poner en manos de los trabajadores la gestión de su actividad productiva; y un más eficaz y justo crecimiento económico al servicio del bien común, gracias al despliegue sin trabas del inmenso potencial transformador de la Revolución Digital y la Sociedad de la Información. En pocas palabras, un sistema basado en la autogestión, la cooperación, y la planificación racional y democrática de la economía y en la ampliación de la democracia. Una sociedad en la que, evolutivamente hablando, tengan éxito las cualidades de cooperación, solidaridad y empatía, y fracasen las de egoísmo, discriminación, violencia. Y elimine de paso la fuente estructural de la corrupción, y sus capacidad invasiva y de contagio. 

Se trata, en suma, de implementar soluciones socialistas al agotamiento y la injusticia social del capitalismo

En definitiva, se trata de avanzar la frontera de la democracia liberal, de incrementar la dimensión publica del bienestar social, de reducir la desigualdad aumentando las posibilidades de los más desfavorecidos, de racionalizar el trabajo y planificar las líneas básicas de producción, de impulsar la Revolución Digital, que está suponiendo una transformación de las relaciones de producción, para incrementar de manera sostenible la capacidad productiva sin reducir el poder adquisitivo, de potenciar la participación democrática de los trabajadores en la actividad económica, de añadir la dimensión participativa a la democracia representativa, de impulsar la autogestión del sector público y la cogestión en el privado, de potenciar la educación gratuita efectiva desde el nacimiento a la jubilación. Se trata, en suma, de implementar soluciones socialistas al agotamiento y la injusticia social del capitalismo desarrollado en un proceso estratégico de gradualismo revolucionario en el nuevo horizonte socialista de nuestro tiempo. 

Volviendo al inicio de este artículo, los partidos políticos cambian, se adaptan, surgen nuevos si no lo hacen, pero las funciones continúan. Hasta ahora se ha tratado de reajustar el sistema de dominación capitalista sin cuestionarlo. La derecha conservadora mediante la dura reacción –nunca mejor dicho– neoliberal al engordamiento y la participación del Estado en la vida económica y social; la izquierda socialdemócrata, compensando los efectos negativos inherentes al capitalismo, fundamentalmente la desigualdad, mediante el desarrollo del Estado del Bienestar, con el consiguiente aumento del gasto público, financiado mediante una fiscalidad progresiva. Pero la crisis ha dinamitado esta división del trabajo. Ante las avalanchas destructivas, unos y otros aplican la política de austeridad, aunque con distinta intensidad y en diferentes áreas. No es de extrañar que los afectados los perciban como la misma mierda. Y que el populismo saque provecho de ello. 

La disipación de riqueza, el sufrimiento humano de los menos protegidos, incapaces de sortear los recortes, el paro estructural, la precariedad laboral, y el embalsamamiento de la crisis, con crecimientos insuficientes en el mejor de los casos, evidencian la gran falla del sistema capitalista desarrollado: es incapaz de satisfacer las expectativas de trabajo, vida y bienestar que el mismo ha generado, y que necesita para seguir creciendo. El rechazo ciudadano, las movilizaciones populares, el surgimiento de alternativas populistas antisistema a izquierda y derecha del arco político, no son fruto del cuestionamiento del sistema capitalista sino de la frustración, la decepción y la ira. La naturaleza sistémica de la actual crisis-recesión-estancamiento-crecimiento insuficiente-desafección-reacción populista, obliga a todos los agentes políticos a redefinir sus estrategias y readaptar sus métodos. 

Porque el peligro para el sistema capitalista, pese a su hipócrita rasgado de vestiduras, no son los populismos, síntoma reiterado de una enfermedad sistémica, sino el riesgo de que se terminen abriendo camino las soluciones socialistas para atender las crecientes demandas socioeconómicas de la sociedad y seguir creando riqueza sin poner en peligro nuestro entorno natural. No una quimera (asaltar los cielos) ni una utopía fracasada (sovietismo), sino una respuesta global al sistema, necesaria en lo humano y posible en lo económico, y vital en lo ecológico. 

Pongámonos a ello.

-------------------------------------------------------------------

Carlos Tuya es periodista y escritor.

Autor >

Carlos Tuya

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Woolf

    Muy bueno este artículo, desde el lugar que me toca aplicaré mi parte :)

    Hace 4 años 5 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí