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ARUN GUPTA / PERIODISTA

“Hay que frenar a Trump. Su programa se basa en la limpieza étnica”

Álvaro Guzmán Bastida Nueva York , 21/10/2016

<p>Arun Gupta muestra un ejemplar de<em> The Occupied Wall Street Journal</em>, publicación de la que es fundador.</p>

Arun Gupta muestra un ejemplar de The Occupied Wall Street Journal, publicación de la que es fundador.

JORGE PUPO

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Arun Gupta se ha ganado la ira de muchos amigos últimamente. El periodista de investigación, cofundador del Occupied Wall Street Journal y The Indypendent, lleva cuatro décadas escribiendo sobre movimientos sociales en medios como The Guardian, Al Jazeera, Salon, In These Times o The Nation. Gupta, declarado progresista, se muestra esperanzado por el resurgimiento de la movilización social en EEUU en los últimos años. Pero desde hace unos meses, el periodista entona en redes sociales y artículos de prensa una llamada de socorro de cara a las elecciones del 8 de noviembre que no sienta bien a muchos de los que comparten sus ideas: la izquierda subestima el poder de Trump. Hay que frenarle, incluso si eso significa votar a Hillary Clinton. Gupta explica a CTXT sus argumentos, basados en su análisis de la campaña de Trump y las fuerzas xenófobas que su elección desataría, así como de la lectura del momento histórico, con diversos movimientos sociales florecientes que, según Gupta, Trump aniquilará si llega a la Casa Blanca.

Usted es especialista en movimientos sociales, ¿puede describir el contexto de lo que ha definido como el ‘universo de movimientos nacientes en EE.UU?

Hay cinco movimientos destacados en EE.UU. en este momento: Black Lives Matter (BLM), el movimiento por los derechos de los inmigrantes, el que busca elevar salario mínimo, el de justicia climática, y la lucha por la visibilidad y los derechos de los transexuales. BLM irrumpió hace un año en Ferguson, con el descontento que rodeó al asesinato de Michael Brown a manos de la policía. Forma parte de la tradición, de más de 300 años, de lucha por la liberación negra. Asimismo, el movimiento de justicia climática está ligado al movimiento ecologista, que tiene décadas de historia y ahora se encuentra en alianza con los movimientos indigenistas. Lo mismo sucede con el activismo trans, ligado a la lucha por el matrimonio homosexual y los derechos LGTB en su conjunto.

Debemos reconocer tanto las raíces históricas de estos movimientos como la especificidad de sus nuevas iteraciones, que difieren en su enfoque político y su organización táctica. Y todos ellos se hallarían en gran riesgo si Trump alcanza la presidencia.

Hablemos de esos riesgos. Mucha gente sostiene que Trump no tiene un verdadero programa, y lo señalan como un provocador que dice lo que la gente quiere oír. ¿Se les les escapa algo?

Me parece asombroso que haya gente de izquierdas que diga que Trump no tiene programa. No están prestando atención. Ignoran la dinámica y no son dialécticos. Se les olvida cómo funciona nuestro sistema político, y la derecha en particular. Para llegar hasta donde está, Trump ha tenido que ‘subcontratar’ muchas de sus políticas a sectores de la derecha para obtener su apoyo. Ha cedido su política exterior al ala más intervencionista del Partido Republicano, pro Likud [el partido de Netanyahu en Israel]. Como hombre de negocios neoyorquino, no le molesta en absoluto el matrimonio gay, pero necesita el apoyo de los evangélicos, así que ha adoptado su política respecto al colectivo LGTB, al igual que con el aborto. La política fiscal se la entregaría al Tea Party, que pretende recortar programas de ayuda social que ya están muy mermados. Está empoderando a todos estos grupos reaccionarios, y luego no habrá quien los pare.

Para llegar hasta donde está, el candidato republicano ha tenido que ‘subcontratar’ muchas de sus políticas a sectores de la derecha para obtener su apoyo

Pero hay un segundo elemento:  quienes dicen eso ignoran lo que viene pasando en los últimos dieciocho meses, desde que Trump anunció su campaña. Donald Trump se presenta con un programa basado en la limpieza étnica. Lo ha dejado claro desde el principio. Y lo mantiene. Es lo que ha causado todo el furor que le rodea. Habla en serio cuando dice: “Quiero deportar a once millones de inmigrantes; quiero construir el muro [entre México y EEUU]”. Ha dotado de legitimidad a los sectores más reaccionarios y racistas. Uno de los líderes de su campaña, Steve Bannon, viene de Breitbart News, el medio de comunicación bandera de la alt-right (derecha alternativa), que es como se conoce ahora a los white nationalists, los integristas racistas blancos. Les ha dado un poder enorme.

Ha asistido a media docena de mítines de Trump, y ha conocido a cientos de seguidores suyos. En su trabajo, habla de ‘heridas invisibles de la clase trabajadora blanca’ que se manifiestan en forma de racismo. ¿A qué se refiere?

La clase social y la raza son inseparables en la experiencia estadounidense. Los dos pecados originales de este país son el genocidio de los nativos y la esclavitud de los africanos. El genocidio de los nativos tiene que ver con la acumulación primitiva del capital, con el acaparamiento de tierra. La esclavitud, con el desarrollo de las raíces del capitalismo estadounidense mediante la mercantilización de vidas humanas, y la extracción del máximo beneficio económico posible de esas vidas. No se pueden desligar. Eso se ve en la campaña de Trump. Las principales preocupaciones de sus seguidores son la construcción del muro, la deportación masiva de inmigrantes y el empleo. Pero cuando hablan de empleo, se refieren al empleo para estadounidenses ‘de verdad’, es decir, blancos. Lo mismo sucede con la deportación: se basa en quitar de en medio a quienes “quitan el trabajo” a los obreros estadounidenses. El otro componente de la limpieza étnica afecta a los musulmanes, a quienes el trumpismo quiere eliminar del espacio público. Obviamente, los musulmanes ya sufren mucha islamofobia, espionaje y violencia bajo el Gobierno de Obama, pero Donald Trump promete un incremento cuantitativo y cualitativo. Ha hablado de cerrar mezquitas, de prohibir la entrada al país a musulmanes y, últimamente, de “examinarles” con gran detalle.  

Su predicción de este gran impulso reaccionario viene ligada a otra: la de una crisis económica, ¿verdad?

Así es. Nada de esto sucedería de la noche a la mañana. Pero si uno analiza sus propuestas económicas, serían desastrosas. Habla de declarar la “guerra comercial” a otros países. Eso sería una ruina. Si empieza a dar pasos en esa dirección, habrá una enorme reacción negativa de la Bolsa. Eso afectará al ciclo económico, y nos empujaría a otra recesión. Hay estimaciones que hablan de 3,5 millones de empleos destruidos si volvemos a la recesión. El precio de la vivienda se desplomará, y el retroceso superará al de la Gran Recesión. Una gran mayoría de los blancos de clase obrera que apoyan a Trump se quedarán sin trabajo si esto sucede. Y empezarán a buscar al enemigo en casa. Demandarán que se haga algo. Con todo el clima de miedo, agresividad, negatividad, xenofobia y racismo que Trump ha sembrado durante dieciocho meses, ya ha señalado a las ovejas negras: los mexicanos, los musulmanes, y los afroamericanos. Esta es la dinámica a la que me refería. Y entonces es previsible que se desencadenen actos más radicales, como deportaciones masivas, la construcción del muro, registros indiscriminados a minorías raciales o la prohibición de la entrada de musulmanes. No llevaría demasiado tiempo ver ataques organizados a comunidades musulmanas. Cuando el gobierno ignora o incluso promueve ese tipo de actitudes, eso repercute en otros poderes del Estado. Muchos departamentos de policía, racistas estructuralmente, podrían hacer la vista gorda, o negarse a investigar.

Pero mucha gente, incluida gente de izquierdas en Europa, dice: “¿Y qué importa? Las cosas tienen que empeorar algo para que mejoren de verdad. Trump acentuaría las contradicciones del sistema…”.

Eso es aceleracionismo. Si alguien cree que es cierto, que se vaya a Siria a organizar el futuro poscapitalista, porque ahí la cosa está fatal. Los movimientos sociales surgen de la esperanza creciente, de las expectativas de mejora. Si la represión y la violencia los engendrase, la mitad del mundo estaría en rebelión hoy en día. Es un argumento estúpido, nihilista y ahistórico. La Nueva Izquierda se hundió durante el mandato de Reagan. Los movimientos antiglobalización y pacifista se desmoronaron con Bush en el poder. La derecha reprime los movimientos sociales de izquierda, o los ignora. Los demócratas también los reprimen o intentan cooptarlos, pero hacen concesiones retóricas y a veces reales. Lo vimos con el Brexit: la extrema derecha no se da por satisfecha después de lograr victorias; se viene arriba. Los movimientos de los que he hablado al principio, que están a la ofensiva bajo el mandato de Obama, pasarían inmediatamente a la defensiva, como con Bush.

Algunos críticos de la política del “mal menor” sostienen que los demócratas tienen un historial preocupante en lo relativo a la represión de los movimientos sociales. ¿Es cierto? Y, si lo es, ¿qué le hace pensar que Trump, que no tiene experiencia política, sería peor?

Las principales preocupaciones de sus seguidores son la construcción del muro, la deportación masiva de inmigrantes y el empleo. Pero cuando hablan de empleo, se refieren al empleo para los blancos

Obviamente, es cierto. Nadie ha sugerido que los demócratas sean amigos de los movimientos sociales. Puedo citar un sinfín de tropelías que han cometido contra ellos. Pero lo que falta es un análisis profundo. Los demócratas y los republicanos son dos alas de la clase dominante. Ambos están en el bolsillo de Wall Street y las grandes corporaciones, solo que de diferente manera. Los republicanos, reaccionarios racistas, representan a las empresas extractoras de recursos. Los demócratas, a Silicon Valley. Pero su base social está formada por gente que pertenece a movimientos sociales, que es a quienes tratan de apelar y movilizar: sindicalistas, afroamericanos, latinos, mujeres, estudiantes universitarios, la clase media, los ecologistas, el colectivo LGTB. Los demócratas tienen, como mínimo, que seducir a esos movimientos. Por eso Clinton lleva a madres de jóvenes negros asesinados por la policía –bajo el gobierno de Obama-- a sus mítines, o habla con respeto de BLM.

Me sorprendió leer que predice que, si Trump gana, un movimiento como Black Lives Matter sería declarado organización terrorista. ¿Por qué lo dice?

Por supuesto, es una mera especulación, pero se basa en la experiencia histórica: bajo el Gobierno de Bush, el FBI declaró al Frente de Liberación Nacional y el Frente de Liberación de la Tierra las organizaciones terroristas números uno a nivel nacional. Eso los destruyó como movimientos, porque nadie quería verse asociado con ellos. Y tuvo un gran efecto contagio. Se llevó por delante al ecologismo radical.

Lo más importante es asegurarnos de que Trump sale derrotado, y de que a partir del 9 de noviembre la gente empiece a protestar contra las políticas de derecha del Gobierno de Clinton

En el caso de Black Lives Matter, ya hay medios de derecha, como Fox News, que los llaman constantemente terroristas. Hay gente como Rudy Giuliani que podría convertirse en nuevo fiscal general si Trump gana. Viví en Nueva York cuando era alcalde, y gobernaba desde el racismo, en guerra abierta contra los negros. Hace poco, se recogieron 200.000 firmas para pedirle a la Casa Blanca que declare a BLM grupo terrorista. Tienen todas las pruebas que necesitan: los asesinatos de policías en Baton Rouge y Dallas este año, o en Nueva York en diciembre de 2014. Sería una enorme injusticia, pero eso no importa. Un departamento de justicia y un FBI controlados por Trump le entregaría ese trofeo a la extrema derecha. Cuando dice “Make America great again”, en realidad quiere decir: Make America white again.

Ha hablado del FBI y la fiscalía. Hay quien dice que, incluso si Trump se propusiera hacer todo lo que ha expuesto, no podría, porque los poderes políticos e incluso financieros, le pararían los pies. ¿Cree que no podrían o no querrían hacerlo?

Eso es absurdo. La clase dominante –Wall Street, Silicon Valley, Hollywood, la prensa corporativa— ha tenido, y continúa teniendo, enormes dificultades para frenarle como candidato. Si llega el poder, no habrá manera de hacerlo. Podrá nombrar un magistrado del Supremo para inclinar la balanza a la extrema derecha. Si gana, cosa poco probable, tendría suficientes senadores para controlar ambas cámaras legislativas. ¿Quién va a pararle los pies? El establishment republicano le tiene pánico. Es alguien que no ha mostrado el mínimo respeto por las reglas, normas o leyes burguesas básicas. Trump es el Rodrigo Duterte de América.

Entonces, ¿cómo aconseja que voten los partidarios de los movimientos sociales?

Desde que empecé a escribir sobre estas elecciones, allá por abril de 2015, dejé muy clara mi postura: expliqué por qué iba a perder Bernie Sanders. Aconsejé votar a Sanders en las primarias, y a Clinton en los swing states [los Estados igualados, en los que pocos votos pueden decantar la balanza] en las generales. Pero no malgasten la energía con sus candidaturas. No les donen dinero. No trabajen, ni hagan voluntariado, en sus campañas. La izquierda debería dedicar todo su tiempo y energía a construir movimientos independientes. Votar es un acto individual táctico insignificante, que sirve para dar forma al terreno de la lucha política. Y estas elecciones tienen mucho que ver con el voto del miedo, o del odio. Los votantes detestan a estos candidatos, y van a votarles para frenar algo peor. Así que, si vive en un swing state, vote a Clinton, pero no se haga ilusiones. Lo más importante es asegurarnos de que Trump sale derrotado, y de que a partir del 9 de noviembre la gente empiece a protestar contra las políticas de derecha del Gobierno de Clinton.

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Autor >

Álvaro Guzmán Bastida

Nacido en Pamplona en plenos Sanfermines, ha vivido en Barcelona, Londres, Misuri, Carolina del Norte, Macondo, Buenos Aires y, ahora, Nueva York. Dicen que estudió dos másteres, de Periodismo y Política, en Columbia, que trabajó en Al Jazeera, y que tiene los pies planos. Escribe sobre política, economía, cultura y movimientos sociales, pero en realidad, solo le importa el resultado de Osasuna el domingo.

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3 comentario(s)

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  1. Mentalmente

    ...o apoyarlo, hay gente que quiere la limpieza étnica. Lo que probablemente no sea capaz de cumplir. Los presidentes no cumplen sus promesas.

    Hace 5 años

  2. Siki

    Teniendo en cuenta que hoy día, cualquiera que defienda una salida de este sistema criminal, es considerado radical y quasi terrorista, lo cual hace que o los encierren o se escondan, lo que nos queda es una serie de candidatos a cada cual peor. La política ha muerto, murió con las torres gemelas, si no antes. Lo que vivimos ahora es una involución sin remedio que seguramente costará muchos muertos parar.

    Hace 5 años

  3. Luci

    De los dos condidatos de los supuestos "demócratas del mundo" el de la peluca rubia es el menos malo, la hilaria ha dicho que tienen las bombas nucleares listas para su guerra mundial, y con la cuál sufriremos todos. Ella seguirá con lo que empezaron los bvsh, y el que está en el poder y ella es la "elegida" por los que mueven los hilos tras bambalinas es ese país, los dueños de la banca mundial, mega empresas etc. Recordemos las revueltas y las siguientes guerras han salido del mismo lugar, como la q sucede en siria ahora mismo, las de Egipto, la d Ucrania, etc etc. Mismos peleles de sus amos los poderosos, la madre de un rothschild en Inglaterra hace un par o mas de siglos dijo: "Si mi hijo no quiere guerras, no habrán guerras, él es el que decide" Hay que leer historia y diarios libres por internet, en ingles. Como Sott, Democracy Now, etc etc Los medios de la élite mienten, como aqui y en toda tierra de garbanzos

    Hace 5 años

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