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LECTURA

El general

Extracto de ‘Vida y muerte de Petra Kelly’, biografía de la desaparecida líder alemana, una de las más destacadas activistas ecologistas y feministas del siglo XX

Sara Parkin 10/10/2016

<p>Petra Kelly y Otto Schily, en una rueda de prensa tras las elecciones federales alemanas de 1983.</p>

Petra Kelly y Otto Schily, en una rueda de prensa tras las elecciones federales alemanas de 1983.

Engelbert Reineke

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De enero de 1980 a marzo de 1983

El 3 de marzo de 1979, poco antes de la primera reunión de SPV-Los Verdes, las Juventudes del Partido Socialdemócrata (JUSO) celebraron un debate en Bad Mergentheim, cerca de Wurzburgo, sobre «La educación política y la postura social del soldado». En la mesa estaba el teniente general Gert Bastian, comandante de la 12ª División Panzer, con base cerca de Veitshöchheim. La charla versó acerca de la dificultad permanente de reconciliar la disciplina militar con los derechos del soldado como individuo en la Alemania de posguerra.

¿A partir de qué punto actuar de acuerdo con la propia conciencia supone un acto de desobediencia a las normas? El general Bastian expresó su preocupación por la inminente decisión de la OTAN de construir una base para armas nucleares estadounidenses en suelo alemán. Pensaba que las nuevas armas destruirían la estrategia de disuasión de la OTAN, basada en el principio de la destrucción mutua asegurada. En su opinión, para que la disuasión funcionara, debía haber paridad de poder destructivo por ambas partes, y los nuevos misiles tendrían una capacidad de «primer ataque» que no sólo quebraría esa paridad, sino que además garantizaría que cualquier conflicto que se creara ocurriría en suelo europeo, con Alemania como escenario central de la división entre Oriente y Occidente. Sus declaraciones provocaron un pequeño revuelo.

Como oficial, Bastian contaba con un impresionante expediente militar, pero el discreto y preciso teniente general era también un mujeriego

Bastian volvió a estar en el punto de mira en julio, durante una fiesta del Club del Rifle en Marbach. Cuando la banda de música comenzó a tocar la marcha Badenweiler, una de las marchas predilectas de Hitler, se subió al escenario para exigir que dejaran de tocarla. Sin embargo, fue en diciembre de 1979, con la decisión de la OTAN de colocar los misiles si fracasaban las conversaciones de paz con la URSS en Ginebra –la llamada «doble decisión»–, cuando Bastian finalmente redactó su carta de dimisión. La envió al ministro de Defensa Hans Apel el 16 de enero de 1980, y en ella declaró que la razón de su dimisión había sido la decisión de desplegar misiles norteamericanos Pershing II y de crucero en Europa, en concreto en Alemania. Los nuevos sistemas norteamericanos representaban una escalada de primer orden, y por lo tanto de gran poder desestabilizador, por la capacidad de llevar a cabo el «primer ataque». A su carta añadió un memorándum de ocho páginas detallando sus argumentos (1).

Apel estaba furioso. Aquello no resultaba precisamente útil justo antes de que el Partido Socialdemócrata se enfrentara a unas elecciones difíciles, y el candidato a canciller de la Unión Demócrata Cristiana, Franz Josef Strauss, estaba listo para saltar sin piedad sobre cualquiera que mostrara «una actitud blanda ante el comunismo». Apel decidió no aceptar la dimisión de Bastian: «No necesitamos mártires con un plan de pensiones.» Con la esperanza de mantenerlo callado, Apel sacó a Bastian de Veitshöchheim y lo puso al frente de un pequeño despacho en Colonia. Pero fue en vano. En una semana, tanto el texto de la carta como el memorándum aparecieron publicados en el Frankfurter Rundschau, con lo que la mayor parte de los alemanes pudieron leer la opinión del teniente general Bastian, según la cual se había privado con engaños al pueblo alemán de un debate apropiado sobre el peligro que representaban los nuevos misiles para el país. Franz Josef Strauss dirigió entonces a una patrulla de primeros ministros que acusaron a Bastian de ser un peligro para la seguridad y la prensa comenzó a investigar al hombre detrás del memorándum.

Lo que se encontraron fue una personalidad enigmática. Como oficial, Bastian contaba con un impresionante expediente militar; había ido escalando puestos con facilidad al menos hasta el rango de general de dos estrellas gracias a su meticulosidad. Pero el discreto y preciso teniente general Gert Bastian era también un mujeriego. Durante el tiempo que había estado en el ejército, su reputación de don Juan le había traído más de un problema. El affaire que tuvo con la mujer de un colega en 1976, sumado al rumor de que, poco antes de dimitir, había dejado embarazada a la mujer de un lugarteniente –un rumor que posteriormente Petra confirmaría a sus confidentes–, daban a entender que sus posibilidades de terminar la carrera militar en una posición de éxito eran escasas.

La madre de Bastian educó a sus hijos según el ideal nazi de enseñar a los niños a ser duros y a erradicar la debilidad

Si rebuscamos más en su pasado, encontramos una imagen aún más interesante, la de un hombre que, de hecho, lejos de ser un líder, se dejaba llevar de una forma más bien pasiva por el destino. Nacido el 26 de marzo de 1923 en Múnich, Gert Bastian era hijo de un germanobrasileño. Su abuelo emigró a Brasil, se casó, amasó una fortuna, y la perdió antes de volver a Alemania. Albert Bastian se sumó al apoyo de su esposa a Hitler y al Partido Nazi. Según Charlotte Bastian, ella era la parte fuerte y dominante de la pareja. Educó a sus hijos, a su hija Ruth y a sus hijos Ruy y Gert, según el ideal nazi de enseñar a los niños a ser duros y a erradicar la debilidad. Gert era su favorito.

Cuando Hitler invadió Polonia, Gert Bastian tenía dieciséis años:

“El 1 de septiembre de 1939, nuestro curso escolar al completo, todos de la misma edad, estábamos en la Baja Baviera, recolectando lúpulo y recuerdo que el agricultor vino al campo al atardecer y dijo: ha estallado la guerra esta mañana. Nosotros estábamos convencidos de que Alemania había sido atacada por una alianza maligna y hostil que planeaba destruir todo lo que habíamos conseguido en los últimos años y había que defenderse. Esta era la opinión, sin un asomo de duda, de todos mis amigos. Esa misma tarde fuimos en bici hasta Múnich para apuntarnos en la oficina de reclutamiento como voluntarios del Wehrmacht. Pero tuvieron la sensatez de mandarnos de vuelta a casa. Aún no tenían la necesidad de llamar a los niños a filas (2)”.

Dos años después, Gert Bastian volvió a presentarse voluntario. En ese tiempo había participado activamente en las Juventudes Hitlerianas. Al cabo de un año de alistarse, a la edad de diecinueve años, se convirtió en Gruppenführer del 45º Batallón Pionier, y en 1947 ya era segundo lugarteniente del 86º Batallón Panzerpionier: “Entré en acción principalmente en el frente oriental, en el sector central entre Orel y Kursk, una vez en el sector sur, en el río Don cerca de Krivoi Rog, y finalmente en la invasión de Normandía, pero sólo durante un tiempo muy breve”.

Bastian fue al frente ruso en 1941. Allí, cada vez con mayor diligencia, se implementaba la Ley de Núremberg de 1935, la Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes. En marzo de 1941, Hitler emitió su Orden de los Comisarios con el fin de ejecutar a gitanos, “enemigos políticos” y a todos los judíos. La definición de “enemigo político” estaba abierta a la más amplia interpretación, y se extendía a todos los rusos, a quienes los soldados alemanes debían ver como untermenschen (infrahumanos). Por detrás de las fuerzas armadas, los Einsatzgruppen, fuerzas especiales de seguridad móvil, tenían órdenes de trabajar con el ejército para rodear y disparar a los judíos hasta el último niño en las ciudades y los pueblos.

Durante el tiempo que estuvo en el frente, Bastian escribió cartas a su casa, con detalles no del horror y el pesar de la guerra, sino acerca de cosas cotidianas 

Al principio el ejército se opuso –si bien débilmente– a la brutalidad de la Orden de los Comisarios y a los Einsatzgruppen, pero el propio Hitler rechazó esta oposición. Debido a que la Rusia soviética no era parte de la Convención de Ginebra, declaró que no había razón para respetar las leyes de la guerra. A finales de 1941, este método de asesinato fue considerado poco eficaz y se inició la construcción del campo de Auschwitz. A comienzos de 1942, lo que Himmler llamó la Solución Final –la aplicación de la ciencia moderna avanzada a la tarea de exterminación de los judíos en Europa– reemplazó a los desordenados Einsatzgruppen (3).

Bastian debió de ser un soldado valiente y concienzudo. Resultó herido en tres ocasiones, una por una bala rusa que le atravesó el brazo, otra por un fragmento de granada en la cabeza y finalmente, en el frente occidental, por seis balas de metralla norteamericana en el torso. Recibió dos condecoraciones: la Cruz de Hierro de Primera y de Segunda Clase.

Durante el tiempo que estuvo en el frente, Bastian escribió cartas a su casa, con detalles no del horror y el pesar de la guerra, sino acerca de cosas cotidianas como el precio del licor schnapps y de las patatas. En la película The Generals, realizada en 1986, Bastian recuerda la Operación Citadel considerada por los historiadores militares como la batalla más importante de 1943 pero, en lugar de hablar de la batalla en sí, habla con gran detalle del día anterior a la batalla, que pasó con su hermano Ruy, también segundo lugarteniente en otra división.

Gert Bastian acabó la guerra como prisionero de los norteamericanos en el campo de Regensburg, y fue allí donde recibió la noticia de la derrota de Hitler:

“El día de la rendición llegó y, antes de eso, la noticia de que Hitler había caído luchando en las escaleras de la Cancillería del Reich. Más tarde supimos que se había suicidado, y que aquella había sido una más de las increíbles mentiras que los soldados inventaron hasta el final. En aquel momento aquello me provocó un enorme shock. Recuerdo con gran claridad la absoluta desesperación que me envolvió porque, visto desde la perspectiva de hoy, habíamos creído con una ceguera que sólo puede ser descrita como maníaca que este final nunca llegaría, que nuestro admirado Führer tenía que tener razón, tenía que mantenerse victorioso, que llevaría a Alemania lejos del peligro de la derrota. Creíamos esto con tal firmeza que estábamos protegidos contra cualquier buen juicio. Simplemente estábamos cerrados a ello. Y cuando tuvo lugar este acontecimiento desfavorable, la derrota, el mundo imaginario que habíamos construido se vino abajo en un gran estallido y fue un terrible shock espiritual”.

Bastian no escribió ningún diario durante la guerra y, tras su vuelta a Múnich en 1945, no habló con nadie de sus experiencias, excepto para contar que había tenido suerte de no haber sido obligado a realizar atrocidades y de haber vuelto. Su hermano Ruy y sus amigos de la escuela no volvieron.

El reparo de Bastian a entrar en los detalles de sus años en la guerra, que mantuvo durante su relación con Petra, es intrigante. En la película The Generals, miembros de Generales por la Paz y el Desarme, la organización que Bastian ayudó a crear en 1981, hablaron de su evolución hacia posturas antinucleares. Sus siete colegas hablaban con libertad de sus experiencias en tiempo de guerra, pero a Bastian no se le escapó ni una palabra de más. ¿Acaso fue porque era el único alemán y sentía toda la carga de la vergüenza por las atrocidades de los nazis?

Bastian no escribió ningún diario durante la guerra y, tras su vuelta a Múnich en 1945, no habló con nadie de sus experiencias

Cuando se enfrentaron a la verdad después de la guerra, decían que los soldados alemanes respondían de dos maneras. Algunos estaban desolados, todas las creencias a las que se habían agarrado hasta entonces habían sido destruidas en un instante. Otros se rebelaron contra la verdad; como si todo fuese una maldita mentira: los cuerpos de Auschwitz habían sido llevados desde la ciudad de Dresden, brutalmente bombardeada, etcétera. Según su esposa, durante su tiempo en Regensburg, Gert Bastian cambiaba continuamente de idea.

Al poco tiempo, y de común acuerdo, descendió sobre el pueblo alemán una amnesia colectiva. Los soldados, como los miembros del antiguo Partido Nazi, rara vez ofrecían información acerca del alcance de su participación y en pocas ocasiones se les pedía que lo hicieran, ni siquiera los más allegados. Ningún niño se atrevía a preguntar: “¿Qué hiciste en la guerra, papá?”.

Cuando comenzó a implicarse en el movimiento pacifista, Gert Bastian conoció a Heinrich Böll, que también había servido en el frente oriental, pero que nunca había pasado del rango de soldado raso. Böll había intentado penetrar en esa amnesia a través de su escritura. Aunque había racionalizado la crueldad que sospechaba que ocurría en aquella época, Böll insistía en que, si se enterraba la realidad del pasado, no se aprendería ninguna lección, sino que ese pasado volvería a repetirse. Sin embargo, la reacción de Bastian fue muy diferente. Permaneció en silencio y, en los momentos en que fue presionado –como cuando los medios comenzaron a investigar su pasado–, Bastian siempre mantuvo que nunca había tenido una visión general de lo que ocurría durante la guerra.

Es posible que Bastian no fuera consciente de las atrocidades y que hubiera estado implicado tan sólo levemente en la falta de respeto por parte del ejército por las normas internacionales de la guerra. Quizás la vida en la división de los tanques fuera un caso aislado. Pero, dadas las circunstancias, esta posibilidad es muy remota. A pesar de que los documentos oficiales y los intentos de desacreditar a Bastian cuando abandonó el ejército no desenterraron ninguna prueba, si Heinrich Böll fue un soldado raso y tenía conocimiento de lo que estaba ocurriendo, definitivamente no es posible que un oficial tan ambicioso y valiente se mantuviera al margen.

Después de la guerra, Bastian no retornó a sus estudios. Aprendió el oficio de encuadernador y entró a trabajar en una oficina del gobierno

Más de dos millones de soldados rusos fueron tomados como prisioneros de guerra y más de diez millones de civiles rusos fueron asesinados. Además, los padres de Bastian estaban muy bien conectados con el frente nacional: Heinz Suhr recuerda que pasó por la oficina de Gert Bastian en el Bundestag en abril de 1983 el día en que los periódicos publicaban el descubrimiento de lo que en un primer momento se pensó que eran los diarios de Hitler. Entre risas, Bastian declaró estar seguro de que Hitler no escribía ningún diario, porque conocía a la secretaria muy bien; era amiga íntima de su madre.

En vista de todo esto, no es lógico pensar que Bastian creyera en la victoria de Hitler hasta el último momento. Debió de darse cuenta, poco antes de llegar al campo de Regensburg como prisionero de guerra de los estadounidenses, de que la guerra no se desarrollaba completamente a favor de Hitler. En julio de 1943, los alemanes habían organizado la Operación Citadel, una de las batallas más decisivas de la guerra, para recuperar la ciudad de Kursk, una de las pocas  ganadas por Rusia en los combates recientes. Inesperadamente, el ejército alemán sufrió importantes bajas y los rusos comenzaron a contraatacar. Allí tuvo lugar una gran batalla entre tanques; por primera vez, Hitler tuvo que admitir la derrota y, cuando llegó el otoño, la inexorable retirada había comenzado. En febrero de 1944, el batallón de Bastian había retrocedido de Krivoy Rog y se retiraba hacia Odessa. En abril, su hermano fue abatido en Rumanía y enterrado en el cementerio de un pueblo llamado Kapustaweshe. Cuando le fue devuelta la última carta enviada a su hijo Ruy con la nota “Devolver al Remitente. Murió por la Gran Alemania” escrita con cera roja, su madre publicó una esquela en el periódico que decía que había muerto por la causa. Gert Bastian fue trasladado a Normandía, donde cayó herido una vez más, antes de ser capturado y enviado a Regensburg.

En marzo de 1945, justo antes de que la guerra acabara oficialmente, Gert Bastian obtuvo un permiso para casarse con Charlotte Baronin von Stipsicz. Pertenecía a una familia noble húngara y había conocido a Bastian durante uno de los permisos para volver a casa, en un trayecto en tren de cercanías entre Tutzing y Múnich. A la madre de Gert Bastian no le gustaba mucho Charlotte y desconfiaba de sus cualidades como esposa. Cuando Lotte y Bastian se casaron, ella estaba embarazada y, cuando finalmente volvieron en junio a una Múnich derruida, los recién casados tuvieron que compartir un piso de tres habitaciones con los padres de Bastian y, posteriormente, con el bebé. Y a veces también se instalaba allí su hermana Ruth con el suyo. Puede que Bastian no compartiera  los mismos recuerdos que Böll del frente ruso, pero con certeza vivió lo que Böll llamó el inevitable “hedor a cocina” de 16 millones de familias compartiendo 10 millones de hogares (4).

Al mismo tiempo que se alistaba de nuevo en el ejército, Bastian se unió a la Unión Social Cristiana, la versión bávara del Partido Demócrata Cristiano

Después de la guerra, Bastian no retornó a sus estudios. Las universidades reservaban las escasas plazas para aquellos que no hubieran sido tan entusiastas con el nacionalsocialismo y, además, Bastian no tenía una mente especialmente curiosa. Aprendió el oficio de encuadernador y entró a trabajar en una oficina del gobierno. El trabajo no requería de gran esfuerzo; de hecho, lo recordaba como aburrido, de modo que le quedaba tiempo libre que empleaba en jugar al ajedrez.

En 1954, la nueva organización de seguridad de la parte occidental, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), aceptó la incorporación de la República Federal de Alemania, y se puso en marcha el plan para crear un ejército alemán que no fuera un cuerpo cerrado o un “grupo de robots y funcionarios armados”, sino Staatsbürgel in Waffen, un ejército del ciudadano (5). En un intento de dejar atrás el eco de su pasado militar, el nuevo ejército alemán deseaba salvar la distancia existente entre el ciudadano de a pie y el soldado. El principio que guiaba al nuevo soldado se conocía como el innere Führung, literalmente, el “liderazgo interno”; en adelante, se animaba al soldado, o más bien se le exigía, que respetara un principio moral superior por encima de la disciplina militar. En el futuro, ningún soldado podría aducir la obediencia a las órdenes como excusa para actuar con brutalidad.

En julio de 1956 se inició el reclutamiento general y Gert Bastian fue uno de los primeros en inscribirse: “Sentía que era apto para la profesión”. Disfrutaba de ser de nuevo un soldado y más tarde explicaría que esperaba grandes cambios con el principio innere Führung. Mientras pudiera ser un soldado convencido, dijo, estaría contento. “Y creo que fui un buen soldado en todos los cargos que desempeñé”.

Claramente fue un soldado de éxito. Después de ser reclutado como teniente en 1956, Gert Bastian siguió un camino ininterrumpido de promoción: comandante de compañía, de batallón, oficial general de personal, después consejero de planificación a largo plazo en el Ministerio de Defensa, coronel, comandante de brigada, comandante general, y finalmente comandante de la 12ª División Pranzer, con base en Veitshochheim, cerca de Wurzburgo.

Quizás debido a su propia lucha por la democracia dentro del ejército, Bastian se vió arrastrado políticamente hacia los socialdemócratas a través de su afable líder, Willy Brandt

Al mismo tiempo que se alistaba de nuevo en el ejército, Bastian se unió a la Unión Social Cristiana (CSU), la versión bávara del Partido Demócrata Cristiano. A principios de los años cincuenta, la CSU mantenía algunas posiciones que recordaban al nacionalsocialismo, incluida la nacionalización, pero no quedaba rastro de actitudes de violencia ni de nacionalismo. “Si un alemán coge una pistola, se le debería caer el brazo”, era una frase habitual de su máximo líder, Franz Joseph Strauss, durante los años inmediatamente posteriores a la guerra. Pero hacia mediados de los años sesenta, tanto la CSU como el ejército empezaron a mostrar indicios de que estaban volviendo a caer en viejas malas costumbres. La rigidez y la estrechez de miras estaban llevando, inevitablemente, a la intolerancia ante cualquiera que pensara de forma diferente a ellos. Strauss iba radicalizando sus opiniones y Bastian pensaba que algunos oficiales de rango en el ejército eran demasiado proclives a ciertas tradiciones. Sture Böcke, los llamaba “carneros cabezotas”, un término peyorativo que se aplicaba a los viejos nazis.

En 1965, cuando las doce divisiones del nuevo Bundeswehr estaban listas para entrar en servicio, Gert Bastian había abandonado la CSU. Estuvo involucrado en el debate sobre cómo podría funcionar en la práctica el innere Führung. El entonces ministro de Defensa, Kaiuwe von Hassel, emitió un memorándum titulado El Bundeswehr y la tradición, a modo de guía para los soldados sobre cómo podían tener una visión crítica del pasado militar alemán y al mismo tiempo encontrar algunos modelos que merecieran la pena y que pudieran ser fuente de inspiración. Uno de los capítulos se ocupaba de “la participación política y la responsabilidad compartida”: “Aquel que sigue una falsa tradición del soldado apolítico y se limita al oficio militar descuida una parte esencial de su deber como soldado en una democracia” (6).

Quizás debido a su propia lucha por la democracia dentro del ejército, Gert  Bastian se vio enormemente influenciado por este memorándum, y se vió arrastrado políticamente hacia los socialdemócratas a través de su afable líder, Willy Brandt, que fue nombrado vicecanciller en 1966, y después canciller en 1969. Brandt había promovido un debate popular acerca del auge generalizado de la democracia desde en los partidos políticos hasta en el ejército, bajo el eslogan mehr Demokratie wagen (arriesgar una mayor democracia).

El movimiento pacifista estaba eufórico: tenían a un general en su bando. Solicitaban su presencia con frecuencia y lo invitaban a muchas reuniones

Cuando Gert Bastian consiguió la que sería su última promoción, en 1976, ya criticaba de forma cada vez más abierta el fracaso de los procedimientos democráticos internos del ejército. Los Sture Böcke estaban ganando demasiado terreno. La preocupación de Bastian por la democracia venía de su temor a cualquier situación que permitiera que el nazismo floreciera de nuevo en Alemania. Su razonamiento era que, con una mayor democracia y con un debate abierto, resultaría imposible que se tocara la marcha favorita de Hitler en una celebración, o que se colocaran misiles nucleares en territorio alemán. Según el doctor Mott, el peso que Bastian llevaba sobre sus hombros era el mismo que llevaba Petra. Recuerda una larga conversación telefónica con Bastian en 1992, en la que Bastian le habló de su preocupación por el aumento de las actividades neonazis. A pesar de que Mott intentó por todos los medios convencer a Bastian de que la Alemania de los años noventa no era igual que la Alemania de los años treinta, aparentemente Bastian siguió estando preocupado. Quizás porque sabía, por propia experiencia, que hay muy pocos líderes entre la gente, que en realidad lo que la mayoría quiere es seguir a uno.

En mayo de 1980, el Bundeswehr organizó un gran acto en Bremen, que combinaba la celebración del vigésimo quinto aniversario de la entrada de Alemania en la OTAN, con la jura de los nuevos reclutas. El acto se había ideado como una celebración de la camaradería y la música militar. Sin embargo, la decisión de llevarlo a cabo en Bremen, donde el sentimiento antimilitarista estaba arraigado, poco después de la decisión controvertida de las armas nucleares y, además, invitar al nuevo presidente de la República Federal, Karl Carstens –un conservador extremista de quien se rumoreaba que había tenido sentimientos pro nazis durante la guerra– era, como mínimo, una provocación (7). Hubo una batalla sangrienta entre la policía y los manifestantes contrarios a la guerra, que se saldó con muchos heridos, cerca de treinta de ellos graves. Esto hizo florecer el debate acerca de la insensibilidad del Bundeswehr, a pesar de los principios que lo regían de ciudadanos uniformados y el innere Führung.

Fue en el contexto de estos acontecimientos cuando Gert Bastian finalmente dimitió de su comisión en junio y se embarcó en una frenética ronda de apariciones en la televisión y en la radio, reuniones públicas y entrevistas. Sus opiniones se hacían eco del miedo del pueblo alemán después de la debacle de esta conmemoración y se convirtió en una estrella:

“La justificación ética de una fuerza militar –esas personas que protegen y defienden aquello que aman–, se pierde en la era nuclear, porque nada puede protegerse en una guerra nuclear. De hecho, el servicio militar en tales circunstancias se convierte en algo indigno y es un peligro para todo el mundo. El paso de abandonar el ejército, entonces, es una decisión racional y es la única vía moralmente justificable (8)”.

El movimiento pacifista estaba eufórico: tenían a un general en su bando. Solicitaban su presencia con frecuencia y lo invitaban a muchas reuniones, a las que su mujer, Lotte lo acompañaba casi siempre desde el público. El 1 de noviembre de 1980 se vio compartiendo estrado con Petra Kelly. Sin duda su estatus de estrella era mucho más brillante que el de ella en aquel momento, y el tema a debatir era “la mujer en el ejército”. Ambos estaban de acuerdo en que estaba mal que las mujeres formaran parte del ejército en cualquier contexto, pero por razones diferentes, y tuvieron una acalorada discusión. Petra creía que las mujeres no debían entrar en el ejército porque estaba en contra de que participaran en actividades violentas. “La cuestión no es si las mujeres deberían ser soldados, sino cómo podemos evitar que los hombres lo sean”. Bastian pensaba que las mujeres no debían ser soldados porque no reúnen los requisitos para realizar la tarea, ni físicamente ni por carácter. Un comentario muy sexista y de una total ingenuidad, respondió Petra.

El salto dramático de Bastian desde el ‘Bundeswehr’ a los Verdes quizás no fue tanto la conversión de un idealista apasionado como la respuesta de un pragmatista a las circunstancias que lo rodeaban

Pero a Petra le intrigaba este general que había dimitido por sus principios. Y cuando los presentaron, Bastian le había besado la mano. A pesar de sus propias ideas, Petra se sentía más seducida que ofendida por estos gestos románticos. También lo encontraba muy guapo y comentó a sus amigos que le parecía que parpadeaba un poco como Curt Jürgens, una estrella de cine muy popular.

El 16 de noviembre, Gert Bastian invitó a Petra a la inauguración del Krefelder Appell, una iniciativa que había organizado con otros miembros del movimiento pacifista, para solicitar al gobierno alemán que retirara la aprobación de colocar misiles nucleares de medio alcance en territorio alemán. El objetivo era recoger la mayor cantidad de firmas posible. En el transcurso de los tres años siguientes, el Appell consiguió cinco millones (9).

Enseguida empezaron a aparecer acusaciones de que el Krefelder Appell –y más tarde la agrupación de Generales por la Paz y el Desarme que surgió de él– había sido organizado por el Partido Comunista Soviético y el KGB, o que, como mínimo, estaba lleno de agentes soviéticos y que Bastian era uno de ellos. Bastian siempre insistió en que nunca tuvo contacto con los servicios secretos de Europa del Este, algo que su mujer confirmó. No obstante, hubiese sido extraordinario que fuera realmente así. Estas organizaciones eran muy meticulosas a la hora de desarrollar cualquier contacto que pudiera ser de utilidad para ellos. Podría argumentarse que él solo ya estaba haciendo un gran trabajo para debilitar la política occidental en materia de defensa, pero, igual que con su “suerte” durante la guerra, la negación de Bastian en este tema no me convence del todo.

Entre su dimisión y su encuentro con Petra había pasado menos de un año. Su espectacular rebelión podría haber sido provocada por una combinación de presiones desde varios frentes: sus indiscreciones sexuales, una genuina convicción de que colocar misiles de crucero y Pershing en Europa traería consigo un desequilibrio de fuerzas, y su decepción ante la lentitud del ejército a la hora de convertir a los soldados en ciudadanos responsables. Pero el salto dramático de Gert Bastian desde el Bundeswehr a los Verdes quizás no fue tanto la conversión de un idealista apasionado como la respuesta de un pragmatista a las circunstancias que lo rodeaban.

En Bastian, Petra veía a alguien a quien le hacía muchísima falta un curso en serio de feminismo y no violencia, pero también veía a alguien de quien podía aprender mucho

No obstante, Gert Bastian disfrutaba de su nueva vida y cuando conoció a Petra se sintió muy atraído por ella, inicialmente con la actitud depredadora que lo caracterizaba. Petra sentía especial debilidad por los hombres mayores. Muchos hombres jóvenes se sentían un poco (algunos muy) intimidados por el poder que transmitía, pero para los hombres de mayor edad, la energía de Petra, unida a su frágil vulnerabilidad tenía un efecto electrizante. A lo largo de las numerosas entrevistas que realicé para este libro, casi sin excepción, pude reconocer el deseo en la mirada de los hombres de determinada edad cuando hablaban de Petra. “Había algo muy intenso en esa mujer y, por Dios, era toda una mujer. ¿Quién iba a querer hablar con Bastian estando ella presente?”, me confió uno de ellos.

En Bastian, Petra veía a alguien a quien le hacía muchísima falta un curso en serio de feminismo y no violencia, pero también veía a alguien de quien podía aprender mucho y, quizás lo más importante, alguien que había cambiado sus acciones para que coincidieran con sus creencias. Muy pronto, elevó a Bastian a su galería de héroes y heroínas y lo incorporó al elenco de ejemplos a seguir que mencionaba en sus discursos. Pero estaba preocupada por la atracción personal que sentía hacia él. Habló con Roland Vogt sobre sus sentimientos hacia aquel hombre tan de su época. A Erika Heinz le transmitió sus dudas acerca de si sería buena idea involucrarse de manera íntima con Bastian: “Es amable, educado y puede enseñarme mucho, pero, ay, Erika, es tan mujeriego”.

Por su parte, Bastian muy pronto decidió que añadiría a Petra Kelly a su colección de medallas amorosas. Físicamente era de lo más atractiva  y la seguridad política que mostraba en tantos aspectos llenaba el vacío de su posición, limitada a la lucha contra los misiles de crucero y Pershing, ya que en ese momento Gert Bastian todavía no había adoptado una posición antinuclear o antimilitarista en sentido más amplio. Pero esta no sería una campaña normal. Petra no era una mujer fácil de dirigir hacia un affaire ligero en el que Bastian llevara las riendas.

Petra se sentía atraída sobre todo por hombres que estuvieran a su misma altura, y que formaran parte de su amplio entorno laboral y político

Además de una fuerte independencia y una tremenda ambición por un nuevo movimiento político en Alemania, Petra tenía una posición bastante radical en lo concerniente a la sexualidad –y aquello no tenía nada que ver con la cultura del “amor libre” de sus años de estudiante, a la que nunca se había sumado–. Para Petra, el sexo sólo podía ser parte de un acuerdo forjado en la base firme de una amistad profunda y de la dedicación a la comunidad. En este punto, era radicalmente conservadora. Para ella, dormir con alguien con quien había trabajado intensamente, o con quien tenía una fuerte amistad –a menudo iban unidos–, era tan natural como sentarse a la mesa a cenar, pero acostarse con alguien únicamente para conseguir una gratificación sexual le resultaba totalmente ajeno.

Petra se sentía atraída sobre todo por hombres que estuvieran a su misma altura, y que formaran parte de su amplio entorno laboral y político. Se ha debatido mucho acerca de la predilección de Petra por los hombres mayores, con la teoría de que esta tendencia era parte de una búsqueda subconsciente de su padre biológico. Aunque pueda ser verdad en parte, la explicación más sencilla es que la mayoría de hombres jóvenes le resultaban aburridos. Su experiencia se veía enseguida agotada. Hubo hombres jóvenes en su vida, como Roland Vogt, Lukas Beckmann y, más tarde, Palden Tawo –con quien trabajó en su última gran campaña por el Tíbet–, pero sus relaciones más importantes, aquellas que marcaron y cambiaron su vida, fueron con hombres mayores, como Sicco Mansholt, Heinz Kuby, John Carroll y, finalmente, Gert Bastian.

Cuando Petra conoció a Gert Bastian aún salía con Roland Vogt y con John Carroll y, a través del desarrollo de Los Verdes, se había acercado a Lukas Beckmann. Cuando una de sus secretarias le preguntó cómo hacía para tener varios amantes al mismo tiempo, Petra le contestó que era fácil: lo más importante era ser libre para amar a quien eligiera y, de la misma manera que una madre puede amar a todos sus hijos, una mujer puede amar a varios hombres.

Aleksandra Kollontai, muerta en 1952, conocida por haber reprendido a Lenin por su machismo, proporcionó a Petra directrices para su propia política sexual

Hacia finales de los años setenta, Petra comenzó a escribir y a hablar de forma bastante libre sobre la sexualidad. Tenía influencias tan diversas como Aleksandra Kollontai y textos hinduistas y budistas. Algunos de sus más acérrimos admiradores se escandalizaban por la manera en la que incorporó la sexualidad a las campañas electorales de Los Verdes a principios de los años ochenta. Una queja habitual de Petra era ésta: “Incluso en círculos políticos progresistas me encuentro con una barrera cuando hablo del carácter religioso del amor y de la erótica del sentimiento religioso genuino”. “La relación interna entre el misticismo religioso, el amor espiritual y la erótica física deriva del hecho de que, por su naturaleza, la erótica verdadera trasciende los confines del ego y nos lleva a una experiencia mística, trascendente” (10).

Aleksandra Kollontai, muerta en 1952, conocida por haber reprendido a Lenin por su machismo, proporcionó a Petra directrices para su propia política sexual. “El amor y la libertad genuinos son la piedra angular del feminismo. Pero un amor basado en la solidaridad, no en el ideal romántico por el cual nosotras tenemos que sacrificarlo todo para obtener amor”. Kollontai también decía que el elemento principal en la vida de una mujer debía ser su trabajo, sus propios logros y la confianza en una misma que surgía de ellos. Todo esto le otorgaba a la mujer el poder de amar y de ser amada en una relación de igual a igual. Para Petra, éste era el único camino hacia la esencia del amor a través de un equilibrio perfecto entre respeto mutuo y deseo, y la única manera de protegerse contra el dolor. En sus voraces lecturas, Petra había descubierto una vasta cultura basada en el amor. Le atraía la idea de sustituir la gratificación personal a través de las relaciones sexuales por una excitación erótica sostenida. El objetivo mutuo debía ser proporcionar el mayor placer durante el máximo tiempo posible.

Cuando Gert Bastian acercó la mano de Petra a sus labios y le regaló su especial y enigmática media sonrisa, es poco probable que tuviera la más remota idea de lo que se le venía encima. ¿Una pequeña aventura, quizás, con una mujer apropiadamente excitante, mientras le perseguían para que diera su opinión sobre el futuro del Bundeswehr? De ninguna manera. Las políticas de Petra –la pública y la personal–, iban a llevárselo por delante como una locomotora.

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Vida y muerte de Petra Kelly. Clave Intelectual, 2016

* Petra Kelly murió en 1992, a los 44 años. La policía alemana aseguró en aquel momento que la política ecologista y su compañero sentimental, el general Gerd Bastian, de 69 años, habían realizado un pacto para suicidarse, que él ejecutó disparándole un tiro en la cabeza a Kelly y dándose muerte después. Existen, sin embargo, dudas sobre la versión oficial y la existencia de un acuerdo previo para acabar con sus vidas.

 

1. Gert Bastian, «General Bastian zur Lage», en Neue Politik, 25 Jahrgang/11 (15 de febrero, 1980).
2. Walter Heynowski, Gerhard Scheumann y Gerhard Kade, Die Genera/e, (Berlín, Verlag der Nation, 1986); (versión en inglés distribuida por ETV Films Ltd, Londres).
3. Stone (1980) pág. 160.
4. Watson (1992) pág. 150.
5. Craig (1990) pág. 245.
6. Craig (1990) pág. 148.
7. Craig (1990) pág. 251.
8. Spretnak y Capra (1984) pág. 44.
9. Wasmuht (1987) pág. 247, nota al pie 154.
10. Libro: (1984) pág. 111.

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Autor >

Sara Parkin

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1 comentario(s)

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  1. Brais Truñalgo

    No es cierto que los rusos no habían ganado ninguna batalla reciente antes de la de Kursk. En febrero de 1943 habían ganado la batalla de Stalingrado, una de las más importantes de toda la Segunda Guerra Mundial, y un año antes la Batalla de Moscú. Entre medias, también ganaron otras batallas "menores", menores en comparación con las otras, claro.

    Hace 5 años

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