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Tribuna

Hillary Clinton, presidenta, o la antipatía del oxímoron

En la raíz de la desconfianza hacia la candidata demócrata está la profunda convicción de no poder ser genuina al pretender dar la talla como mujer y aspirar a ser la cabeza rectora de la mayor potencia mundial

Ruth Rubio Marín 12/10/2016

<p>Hillary Clinton</p>

Hillary Clinton

Luis Grañena

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Sorprende el porcentaje de estadounidenses que declaran tener una visión fuertemente desfavorable de la candidata a la presidencia de los EEUU: Hillary Clinton. Ni el escándalo en torno al uso indebido de su cuenta de correo como secretaria de Estado, ni las responsabilidades que le fueron atribuidas con ocasión del ataque al consulado de Estados Unidos en Bengasi, ni ningún otro hecho de su largo historial político pueden explicar que esa tasa de rechazo la convierta en la candidata demócrata con menor índice de popularidad desde que en 1980 empezaran a realizarse sondeos al respecto.

Se trata de un índice de desaprobación que está 20 puntos por encima del que tenía Barack Obama en 2012; 32 más que el del mismo Obama en 2008 y 28 más que el de John Kerry en 2004, y que se acusa de forma especial entre los hombres, independientemente de su tendencia política. Todo ello, de acuerdo con los datos del Public Religion Research Institute.

Las mujeres que se apartan de los roles de género tienen más posibilidades de ser víctimas de acoso

Sorprende igualmente el grado de ferviente hostilidad que la antipatía alcanza entre las filas republicanas y la obscenidad verbal con la que se expresa en dichas filas. Me remito a la Convención Nacional Republicana en la que los delegados una y otra vez irrumpían para corear “¡que la encierren!” al mismo tiempo que en los tenderetes del recinto se vendían pines con inscripciones que se referían a la candidata de forma casi invariable haciendo uso del apelativo bitch, léase, perra o puta (“La vida es perra: ¡no votes a una!”).

Es probable que parte de la explicación haya que atribuirla al descenso generalizado de popularidad de la clase política establecida (a la que la candidata lleva años perteneciendo) y de los partidos tradicionales, y no solo en EEUU, a la vista de la creciente desigualdad social y de la merma de poder de la clase media. Pero tanto el tono vulgar y derogatorio de los contrincantes republicanos, como la profunda antipatía que suscita la candidata entre muchos de los hombres de su propio partido, hacen pensar que tal vez algo más está en juego. Quizás una parte de la respuesta se encuentre en un estudio de la profesora Jennifer Berdahl de la Universidad de British Columbia que demuestra que las mujeres que se apartan de roles tradicionales de género, bien por ocupar un puesto de hombre o mostrar una personalidad masculina, tienen en proporción muchas más posibilidades de ser víctimas de acoso sexual.

Si hay algo que parece amenazar la masculinidad del hombre es su subordinación a la mujer. De ser cierta esta hipótesis interpretativa del fenómeno del rechazo y agresión verbal sexualizada que experimenta la candidata demócrata, podríamos entonces trazar los lazos que lo vinculan a otros más lejanos en el espacio y el tiempo. Como, entre nosotros, la doble represión de las mujeres republicanas en el franquismo, las agresiones sexuales a mujeres manifestantes de Atenco en México, o la violación de mujeres manifestantes en la plaza Tahrir del Cairo en tiempos de la revolución. Se trata siempre, en definitiva, de castigar y disciplinar a la mujer que olvida su lugar en el orden sexuado de la construcción social y de recordarle que tiene que elegir entre ser mujer de bien --no mujer de la calle-- o ser actor político. Ambas cosas juntas no son posibles porque la una se percibe simplemente como negación de la otra. 

Y es aquí donde Rousseau nos viene a la mente como ejemplo de un pensamiento, más extendido, que la autora Carole Pateman identificó como el contrato sexual entre hombres y mujeres. Este subyacía y posibilitaba el más conocido contrato social entre varones, siendo así que el sistema patriarcal era asumido por todos los teóricos contractualistas. Decía el gran filósofo de la Ilustración que la diferencia fundamental entre la naturaleza del hombre y de la mujer se encuentra en su diferente fortaleza física, habiendo la naturaleza hecho fuerte a un sexo y débil al otro.

Se trata de recordarle a la mujer que tiene que elegir entre ser mujer de bien o ser actor político

Esa observación conduce a Rousseau a afirmar que sólo los hombres tienen vocación de libertad, y por lo tanto la capacidad de asumir la justicia y la razón, siendo la naturaleza de las mujeres la de someterse y obedecer a los hombres. Disposición que debe aderezar con una serie de virtudes que ha de desplegar en su hábitat natural, la familia, y que compensan sus carencias naturales, tales como el pudor, la modestia, la dulzura y la belleza. Concluía el pensador francés de todo ello que las cualidades de los hombres los capacitan a ellos y sólo a ellos para el desempeño de funciones públicas. 

Dicho así, suena ciertamente trasnochado y, sin embargo, dicho esto, resulta también mucho más fácil entender el fenómeno de la especial desconfianza que suscita la candidata a la Casa Blanca. En la raíz de esa desconfianza, mucho más que cualquier inclinación oscurantista de la que se le haya podido acusar, está la profunda convicción de que Hillary Clinton no puede ser genuina al pretender demostrar lo imposible, es decir, que da la talla de mujer mientras aspira a ser la cabeza rectora de la mayor potencia mundial y su comandante en jefe. Y si la reacción, casi inevitable, de la candidata, se ha traducido a veces en una actitud defensiva y poco amable con una prensa que lleva años tratando de oxímoron lo que ella es en esencia, una mujer dedicada a la cosa pública, tal actitud no ha hecho sino aumentar la desconfianza y el rechazo visceral ante el público y la prensa. 

Público y prensa han ido a lo largo del tiempo sometiendo a Hillary Clinton a arduos exámenes de feminidad, exámenes que ha debido superar en clave de mujer, madre, esposa, y nada menos que de primera dama, lo que equivale a decir símbolo por excelencia de la esposa americana, esa esposa americana que hasta en una época tan reciente como los años de la segunda posguerra se consagraba en el imaginario social, no tan apartado del ideal de los teóricos contractualistas, como el alma de la familia nuclear en la figura burguesa de la madre ama de casa, encargada de cuidar del hogar, de su marido y de sus hijos.

Primera dama, lo que equivale a decir símbolo por excelencia de la esposa americana

Desde el detallado y puntilloso examen de su atuendo físico comentado hasta la saciedad (zapatos, ropa, peinado), pasando por sus cualidades culinarias (¿sabían ustedes que Hillary Clinton aceptó competir y ganó a Laura Bush en un concurso de galletas?) o su carácter (¿demasiado ambicioso?), su risa (¿demasiado estridente?), o su tono de voz (¿demasiado fuerte?), todas pruebas de feminidad que Clinton ha intentado ir superando a lo largo del tiempo para irse ganando la simpatía de la gente y, con ello, el acceso a las más altas esferas de poder.

A la vista de las encuestas está claro que los resultados, sin embargo, siguen siendo mediocres. Y es que el margen de maniobra era estrecho. Hillary Clinton ha sido siempre consciente de que cualquier exceso de “feminidad”, más allá de que fuese percibido como genuino o no, sería a su vez traducido en clave de descualificación para el mando. ¿O qué, si no el deseo de no mostrarse débil, puede explicar su dificultad para admitir un parón por enfermedad en plena campaña electoral? Mayor debilidad, lo que, según Rousseau, define a la mujer, es lo último que puede mostrar la candidata a la presidencia de los Estados Unidos, y si esto habría sido verdad siempre, ante el contraste de hipermasculinidad agresiva que destila su contrincante republicano y con el terrorismo en alza resulta más verdad ahora que nunca. 

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Ruth Rubio Marín es profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla y del Programa Global de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York.

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6 comentario(s)

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  1. Manuela

    Este analisis sobre la Clinton, me parece errado y falto de perspectiva, ya que parece que sus acciones y su trayectoria polìtica no se tienen en cuenta. Me pregunto si la publicaciòn de este articulo al que hay que añadir el publicado sobre Javier Fernandez y firmado por Javier Cuartas, tiene alguna intencionalidad o se debe solo a una pretendida libertad de prensa. Creo que se equivocan, o quizá me equivoquè yo al suscribirme a esta revista

    Hace 5 años

  2. Paca

    Suscribo los comentarios hasta ahora escritos. No por mujer, sino por su política de derechas, por su falsedad, por lo poco genuina que es. Dios nos libre de mujeres como ella que, con sus políticas, a quienes más va a acabar perjudicando es a las propias mujeres. Es una cuestión de clase, de ideología, no de sexo ni de género.

    Hace 5 años

  3. Carlos R.

    Hay mucha gente, y me incluyo entre ellos, a los cuales tanto Killary Clinton II como el payaso demente Donald Trump nos dan asco y repelús. Killary es una demente peligrosa y una criminal de guerra que tendría que ser juzgada en La Haya junto con Bush II y Obama por sus campañas genocidas en Libia, Irak y Siria, y la autora retuerce extraordinariamente su interpretación para dar un sesgo machista al rechazo por Clinton. Ninguno de los súbditos de los estados satélites de EEUU tenemos derecho a voto en las elecciones imperiales, pero yo si pudiera votaría por Jill Stein, candidata verde y de la izquierda "moderada" estadounidense que, oh, también es mujer pero desde luego distante de la ideología de Hillary la preferida de la oligarquía de Wall Street. Ojala Stein llegase a presidenta de los EEUU, pero todos sabemos que es imposible en la democracia estadounidense de cartón piedra, por lo demás igual a todas las democracias burguesas. Sabemos que en EEUU da igual gane quien gane, porque el mascarón de proa (presidente o presidenta) va cambiando, pero el régimen es siempre el mismo.

    Hace 5 años

  4. Juan Navidad

    Creo Ruth que en este planteamiento te equivocas. Que haya estudios que hablen de ese odio a la mujer que sale y reivindica su participación pública en muchos países no tiene mucho que ver con Hillary porque ese planteamiento podría utilizarse tanto con Benazir Bhutto como con Margaret Tatcher. Si los y las votantes estadounidenses no quieren a Hillary no es por ser mujer, sino muchas razones. La primera es que no representa los intereses de los ciudadanos, sino de ese "one percent", el uno por ciento de la población, del que tanto ha hablado Bernie Sanders. Son quienes le han financiado la campaña, junto a Wall Street y las multinacionales y, como es lógico, quieren lo suyo, por lo que ella hará lo que le digan si alcanza la presidencia. La segunda razón es el juego sucio que ha desplegado precisamente contra Bernie Sanders en las primarias demócratas. Creo que no hay trampa posible que ella no haya utilizado para llevarse la victoria, de forma nada ética. La tercera es que ella representa la clase política y sus errores de los últimos años. Es decir, Obama representaba una ilusión que ha sido totalmente desatendida, según muchos y muchas votantes y la gente busca alternativas. Por eso esperaban los cambios que Bernie proponía. La cuarta y última es que ella representa la parte más belicosa y derechista de los demócratas. A la gente que está cansada de tanto militarismo y que no ve con buenos ojos los acuerdos TTIP y TPP con Europa y el Pacífico. Ella ha pasado de defenderlos a cuestionarlos, lo que no le da mucha credibilidad ante sus potenciales votantes. Estas son las verdaderas razones de quienes son potenciales votantes demócratas. El análisis que has realizado creo que se aplica sobre todo para los y las votantes republicanos, que han recogido el guante de su candidato y están en una escalada de insultos inaceptable. Lo peor es que ambas opciones son consideradas terribles para muchas personas que no quieren ni la opción Guatemala ni la Guatepeor que representan Trump y Clinton (muchos partidarios de Sanders no votarán) y por eso puede que haya mucha abstención que puede ser decisiva. Vivo en Nueva York y estas son al menos las sensaciones que vivo en la calle, escuchando a todo tipo de votantes. Saludos cordiales, Juan Navidad

    Hace 5 años

  5. Laíto Cabrera

    Estrambótico análisis interpretativo de la candidata imperial del establishment usamericano, el que hace la autora desde una forzada ideología interpretativa feminista. Los EEUU tienen una hoja-de-ruta en su política que viene marcada desde el auténtico centro de poder desde hace décadas, en concreto la segunda guerra mundial. El centro de poder lo constituyen los dueños del complejo militar-industrial y financiero. Esa hoja de ruta les exige apoderarse de los recursos energéticos del planeta, donde ahora figura en primer plano el petróleo de oriente medio. A la vez que están empeñados en obtener el botín de Rusia que Putin les ha negado, después de haber ganado la primera guerra fría. El cual incluye no solo sus recursos energéticos: el gas, sino también las materias primas y minerales que encierra Siberia además del control geoestratégico del ártico, junto con el control del sistema financiero subordinándolo al eje anglo americano. Lo que nos acercaría y mucho a la III Guerra Mundial. Y la candidata elegida por la facción en el poder, para llevar a cabo esa tarea es la dama de hierro Hilaria: la reina del caos, por su probada agresividad y conocimiento de la geopolítica norteamericana y porque además es una de ellos. Recomiendo la lectura de este libro de Diana Johnstone: Queen of Chaos. The Misadventures of Hillary Clinton https://www.amazon.com/Queen-Chaos-Misadventures-Hillary-Clinton/dp/0989763765 Esa es una de las razones por las que produce tanto rechazo en muchos y en muchas, además del affaire Sanders el cual ha ensuciado y mucho la imagen de la candidata del establishment: la Reina del Caos The Queen of Chaos and the Threat of World War III http://www.globalresearch.ca/hillary-clinton-the-queen-of-chaos-and-the-threat-of-world-war-iii/5513598

    Hace 5 años

  6. Pierre de Cœur

    ROTFL. La Clinton cae mal no porque sin a pesar de ser mujer. La verdadera razón es que es la candidata de Wall Street y ganó la nominación gracias a los barones de turno y en contra de la gente que estaba a favor de Bernie...

    Hace 5 años

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