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Refugiados en Alemania, año uno

Merkel prometió que lo conseguirían. 365 convulsos días después, más de un millón de refugiados y su dividido país de acogida siguen al comienzo de la integración

Guillermo Hildebrandt Berlín , 7/09/2016

<p>Nasiim acompaña a otro amigo refugiado a su albergue. En el camino, hay carteles del partido ultraderechista AfD.</p>

Nasiim acompaña a otro amigo refugiado a su albergue. En el camino, hay carteles del partido ultraderechista AfD.

G.H.

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Alemania lleva un año examinándose. De capacidades y de conciencia. Previsores como toca, medios de prensa, radio y televisión conmemoraron la semana pasada el primer aniversario de la histórica frase de Angela MerkelWir schaffen das” (“Lo vamos a conseguir”) con piezas informativas de todo tipo. Material de análisis no falta. Alrededor de un millón de refugiados entraron en 2015 en el que ya era el país más poblado de la UE, y se calcula que otros 300.000 lo habrán hecho al acabar 2016. Las sucesivas elecciones regionales –las últimas, el pasado domingo– han certificado un avance de la ultraderecha inédito en los últimos 85 años. La sociedad está cada vez más dividida entre los que, escandalizados, reclaman solidaridad apelando al negro pasado y los que hacen de sus nuevos vecinos el blanco de todos sus miedos.

Nasiim también hace balance de su último año: “Sigo teniendo esperanza, y mi plan es quedarme en Alemania. Pero estoy muy preocupado”, afirma este joven sirio de pelo largo e impecable afeitado. Nasiim abandonó Damasco, y sus estudios de Derecho en el tercer año, hace ahora 13 meses. Hace 12, la inicial apertura de fronteras alemanas le pilló en Hungría, adonde llegó después de cruzar el Mediterráneo en chalupa, recibir palizas en la frontera turca y recorrer a pie la ruta de los Balcanes. Se defiende como puede en inglés, ya que en sus primeros 10 meses de estancia no recibió clases de alemán. “Solo dormir y comer, dormir y comer, así todos los días”, recuerda.

“Lo vamos a conseguir, pero ¿cuándo?”, se preguntaba la emisora pública de radio Deutschlandfunk el pasado 30 de agosto, en un reportaje especial sobre el dificultoso acceso de los asilados al mundo laboral como eje de la integración. Los mayores y primeros esfuerzos de los Gobiernos central y regionales, una vez cubiertas las necesidades básicas, se destinan a la enseñanza del idioma. En la emisión, los redactores hacían públicos datos como que los 500 millones de euros invertidos este año por el Estado en cursos de alemán alcanzan para solo 300.000 personas; que el 70% de los refugiados no tiene capacidad de acreditar una cualificación profesional, o que el 25% ha ido poco o nada a la escuela. Herbert Brücker, experto del Instituto para el Mercado de Trabajo e Investigación Laboral, le restaba importancia: “Por suerte, nuestro mercado presenta una alta demanda en los sectores de hostelería, construcción o limpieza”.

Los mayores y primeros esfuerzos de los Gobiernos central y regionales, una vez cubiertas las necesidades básicas, se destinan a la enseñanza del idioma

Nasiim, impaciente, parece confirmar las palabras satisfechas del investigador: “Ya sé que no voy a retomar mis estudios, pero necesito trabajar, hacer algo, me da igual qué. Puedo hacer de jardinero, se me dan bien las plantas...”. El trabajo no es la única preocupación de Nasiim. A la impotencia de no hablar alemán, de ver cómo su país es consumido por la guerra, o recibir recientemente la noticia del asesinato de un buen amigo, suma el peligro que siente en el barrio en que se encuentra su albergue, Marzahn. Hace cuatro meses, cuenta, un desconocido le pegó en la cara sin mediar palabra para huir acto seguido. Por la calle ha recibido puntualmente amenazas, con transeúntes simulando dispararle con la mano o haciendo el gesto de la horca.

En Marzahn, antiguo pueblo y hoy extrarradio de Berlín, los carteles del neonazi Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD) rivalizan con los del resto de partidos entre antiguos bloques de la era socialista y descampados aquí y allá. Unos jóvenes beben cerveza barata en una gris mañana de viernes. Una mujer senegalesa que pasea con su carrito de bebé se aleja alarmada cuando se le pregunta por grupos racistas en la zona. Luego, por teléfono, confirma que ella y su marido andan con cuidado cuando van de casa a la estación de tren (ambos trabajan en el centro). La situación ha ido a peor, asegura.

Los datos sobre criminalidad en 2015, que presentó el pasado mes de marzo el ministro del Interior, Thomas de Mazière, apuntaban a un aumento de más del 44% de los actos de violencia cometidos por la ultraderecha, con 1.485 ataques, la mayoría cometidos contra refugiados.

Radio y manualidades para la integración

“Buenas tardes, damas y caballeros, seguimos con la programación de Radio Cinco Leones”, locuta una voz en alemán en un salón de actos anexo al teatro Berliner Festspiele, en el acomodado y gay-friendly barrio de Schöneberg. Luego suena la traducción de Jawaad al persa. Jawaad es afgano, viste ropa ancha, gorra hacia atrás y luce tatuajes en los brazos, uno de los cuales reza con trazos torcidos 5 Lions. Los cinco leones son sus tres hermanos, su padre y él. De ahí el nombre para la improvisada emisora.

 

Jawaad durante la emisión de radio del evento Home Sweet Home, en el teatro Berliner Festspiele.

Jawaad durante la emisión de radio del evento Home Sweet Home, en el teatro Berliner Festspiele.

La radio es una más de las actividades del evento que se celebra durante el fin de semana, el Home sweet home, un evento en el que los asistentes construyen edificios de papel de acuerdo a sus sueños de futuro y los colocan en una maqueta de la ciudad en miniatura. Aunque la organización se lamenta porque esperaba más asistencia, Jawaad se felicita. “En todo el tiempo que llevo en Alemania no había estado en algo así. Es el camino para entendernos, si no nos conocemos y compartimos momentos, no vamos a avanzar”, expone.

Ha construido una casa, porque quiere fundar un hogar aquí. “Aquí hay libertad, posibilidades de trabajo, de desarrollarme personalmente. En Afganistán es imposible”. Dejó su provincia natal, Baghlan, poco después de asesinar los talibanes a uno de los leones, su hermano. Recorrió Pakistán, Irán, Turquía, Grecia, Macedonia, Serbia, Hungría, Austria y, finalmente, Alemania. En los dos años que lleva aquí, ha conseguido un nivel más que aceptable de alemán, así que se prepara para comenzar el mes que viene una formación profesional como técnico comercial. Hasta ha encontrado el amor en una chica local.

Los datos sobre criminalidad en 2015 apuntaban a un aumento de más del 44% de los actos de violencia cometidos por la ultraderecha, con 1.485 ataques

No muy lejos de la Berliner Festspielhaus, en el barrio de Charlottenburg, transcurre una manifestación contra el partido xenófobo Alternativa para Alemania (AfD en sus siglas en alemán). Entre las furgonetas que vomitan música y proclamas políticas como “AfD no es una alternativa” o “Nazis fuera”, se entremezclan las pancartas y banderas de movimientos sociales y grupos feministas y de izquierda. Una de las alrededor de 6.000 asistentes, la trabajadora social Christine, defiende que la semilla del creciente apoyo a la ultraderecha fue la reforma laboral de 2003: “Con la implantación del Hartz IV [la prestación universal para personas desempleadas], que da el dinero justo para sobrevivir, han creado una clase trabajadora domesticada, que se siente culpable por no tomar los puestos de trabajo que se le ofrecen, cada vez más precarios”, opina. “Da miedo ya, y la situación aún tienen que evolucionar. No creo que a mejor. Es muy vergonzoso constatar que en los últimos 70 años no hemos sido capaces de crear una auténtica sociedad democrática y solidaria”.

La ultraderecha, éxito tras éxito

Lo que hasta hace poco más de un año parecía impensable, está pasando. Alemania ya no es la excepción entre sus vecinos. Un partido de discurso nacionalista y claramente xenófobo sube en las encuestas y adquiere creciente representación institucional. De las cuatro elecciones a parlamentos regionales celebradas en el último año, se ha convertido en la segunda fuerza política en dos de ellos, ambos antiguos Estados de la RDA: Sajonia-Anhalt, en marzo, y Mecklemburgo-Pomerania Occidental, el pasado domingo. Este último, aunque de escaso peso político, supone la primera victoria de AfD sobre la CDU de Merkel.

A pesar de ser el Estado federado que menos refugiados ha recibido, con una población extranjera que supone el 3,7% del total, las políticas migratorias han acaparado el debate, y un 20,8% de los votantes se ha dejado seducir por el agresivo discurso del candidato ultraderechista. Con barba de tres días y alergia a las corbatas, el antiguo locutor de radio Leif-Erik Holm, de 46 años, cargó duramente contra los refugiados durante toda la campaña. Llegó a hablar de “la conversión, paso a paso, de Alemania y el resto de Europa en un califato”. Una estrategia que le ha valido para acercarse más a las aspiraciones que, según los medios alemanes, alberga de escalar dentro de AfD.

Un partido de discurso nacionalista y claramente xenófobo sube en las encuestas y adquiere creciente representación institucional

Así, Angela Merkel, que evita confirmar si intentará en 2017 igualar los cuatro mandatos (1982-1998) del también democristiano Helmut Kohl, acaba de encajar el primer gancho de AfD, cuya líder, Frauke Petry, calificó las recientes elecciones como “el principio del fin de la CDU”. La más veterana y principal líder europea ha visto cómo su popularidad y la de su partido no han dejado de descender desde que abriese temporalmente las puertas del país. Hace un mes, la cadena de televisión ARD situaba en un 47% el nivel de aceptación hacia la labor de la canciller, 12 puntos menos que el mes anterior.

Merkel se ha reafirmado en su política de asilo cada vez que ha tenido ocasión en el último año. Sin embargo, conforme se sucedían las críticas desde dentro y fuera de su partido, así como ataques yihadistas u otros episodios de violencia más o menos confusos, la canciller alemana ha ido endureciendo sus políticas de asilo y su retórica de seguridad. Después de los ataques a mujeres en la pasada Nochevieja, Merkel aprobó un paquete de medidas para dificultar la admisión de las solicitudes de asilo, así como la reagrupación familiar de los que ya han llegado.

Gracias a medidas como esta, o al acuerdo entre la UE y Turquía del pasado mes de marzo, el jefe de la Oficina para la Inmigración y los Refugiados, Frank-Jürgen Weise, se congratulaba de bajar hasta 300.000 las estimaciones de solicitantes de asilo para 2016, la mitad de la cifra barajada tres meses antes.

En julio, después de los triples comicios de marzo que certificaron el auge de AfD, y al calor de dos recientes ataques, Merkel anunció un paquete de nueve medidas de seguridad, que incluían mayores facilidades para expulsar a los refugiados que delincan, un sistema de monitorización para la detección temprana de radicales o la posible intervención del ejército ante atentados yihadistas.

Dependencia de las encuestas

Para Günter Burkhardt, presidente de la asociación Pro Asyl, la entidad más activa en la defensa de los derechos de los refugiados, la deriva de las políticas de Merkel son una muestra de su dependencia de las encuestas: “Y, además, le llevan a un profundo error. No satisface a los que defendemos que Alemania debe ser un país solidario, responsable y abierto, ni tampoco a los sectores que le piden que cierre las fronteras. Es un planteamiento peligroso para Alemania y para el resto de Europa”, argumenta.

La más veterana y principal líder europea ha visto cómo su popularidad y la de su partido no han dejado de descender desde que abriese temporalmente las puertas del país

Burckhardt no ve coherencia en ningún partido alemán a la hora de defender los derechos humanos. “En los dos grandes partidos, no, desde luego. Die Linke tiene muy buena retórica, pero luego se alinea con Tsipras y no condena sus posturas”. El primer ministro griego instó en marzo, poco después de la firma del acuerdo entre la UE y Turquía, a comenzar con las devoluciones de refugiados “lo antes posible”. Para Burkhardt, las peleas entre Horst Seehofer, presidente de la CSU –el partido hermano de la CDU en Baviera–, y Merkel “son sobre dónde cerrar las fronteras, no sobre si hay que cerrarlas o no. No hay que olvidar el acuerdo de la vergüenza suscrito entre Turquía y la Unión Europea”.

En una entrevista en el bávaro Süddeutsche Zeitung la semana pasada, Merkel reconoció haber cometido errores en el pasado –por ejemplo, “dejar solos” a países con frontera exterior de la UE, como España–, pero reivindicó por enésima vez su política de asilo, lanzando el mensaje tranquilizador a los que temen por valores como la democracia o el Estado de Derecho: “Alemania seguirá siendo Alemania”. Quizá aún haya que esperar un poco para saber qué es realmente Alemania.

Alemania lleva un año examinándose. De capacidades y de conciencia. Previsores como toca, medios de prensa, radio y televisión conmemoraron la semana pasada el primer aniversario de la histórica frase...

Autor >

Guillermo Hildebrandt

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2 comentario(s)

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  1. Sgundo

    Merkel cometió un disparate. Sin consultar a los alemanes ni al resto de socios europeos decidió abrir Europa de par en par, sin medir las consecuencias. Esto junto con otras políticas de la UE despierta partidos como Alternativa por Alemania, Front National,etv y encima se soprenden de que ocurra.

    Hace 5 años 2 meses

  2. Enri

    Pues gracias que ALEMANIA tiene recursos para atender a miles y miles de Refugiados.---Pero su pueblo está dividido, y esto a Merkel le restará votos en las elecciones.---!!!!

    Hace 5 años 2 meses

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