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Jesús Méndez / cantaor

“A veces me machaco demasiado. El cante es muy psicológico”

Paco Sánchez (La voz del Sur) 7/09/2016

<p>Jesús Méndez, en el estudio de grabación.</p>

Jesús Méndez, en el estudio de grabación.

Maky Gassin

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Jesús Méndez rompió a cantar a los 16 años. Ni su padre sabía lo que llevaba dentro. ¿Pero tú cantas, niño?, debió preguntarle. Nadie podía imaginarlo. En su casa se respiraba cante todo el día pero no le inculcaron nada a la fuerza. No había señales que hicieran suponer hasta entonces que el hijo menor de un primo hermano de la gran Paquera de Jerez fuera a convertirse en una de las grandes voces del flamenco contemporáneo. Dejó de fregar platos en el mesón que regentaba su padre, el mítico El Coto, y se marchó a probar suerte en esto del cante al tablao Cordobés, en Barcelona. Una de las noches en las que cantó en aquel escenario tuvo una aparición. La Paquera seguía sus evoluciones en un rincón del local. "Se levantó, me jaleó con un vamos allá, sobrino, y no veas el lío que formó. Luego me saludó y no me dio ningún consejo, solo me dijo que comiera y me cuidara, que era lo que le había pedido mi padre que me dijera. Para mí el regalo fue que viniese a verme". 

Más de quince años después de aquel súbito estallido, una meteórica carrera ha llevado a Jesús Ruiz Cabello (Jerez, 1984) a encumbrarse como último eslabón de esa vetusta cadena genética del cante por derecho. Con una voz que, como la de la Paquera, podría ser la de un tenor, el artista es metódico y estudioso. Ahora está a punto de publicar su tercer trabajo discográfico, Jesús Méndez, que estrenará en la Bienal de Sevilla; ha participado en la versión operística de El Público, de Lorca, en el Teatro Real; y ha colaborado con artistas como Moraíto, Belén Maya, El Güito, Rocío Molina, Carlos Saura… Cincelado como artista por Gerardo Núñez, músico y ojeador de grandes talentos, Méndez ha alcanzado su madurez sobre el escenario embridando un chorro de voz de fuerza incalculable y rebuscando en su propia identidad, más allá del grito de guerra, ali-ole-anda, que impone la saga de los Méndez.

No puedes ir a actuar relajado ni a lo loco, a ver qué sale, como a lo mejor pasaba antiguamente

Aún no es mediodía, llega parapetado en sus gafas de sol, como siempre bien maqueado. Hace nueve meses ha tenido una hija. Su visión de la vida es ahora radicalmente distinta a cuando grabó hace ocho años su primer disco, Jerez sin fronteras, con el que logró el premio nacional de la crítica flamenca como mejor trabajo revelación. Su nuevo disco mostrará este nuevo tiempo: "Es flamenco tradicional, mi base es mi base, pero quiero que la gente lo escuche y diga: Es Jesús Méndez". Ha contado con letristas de lujo, como David Lagos, que ha compuesto unas alegrías y una bambera; su amigo Miguel Salado, guitarrista que le ha compuesto una bulería dedicada a su pequeña; o Arcángel, que firma unos fandangos de Huelva. Antes de volver al estudio de grabación con su productor, Luis de Periquín, el joven cantaor atiende a lavozdelsur.es en el patio central del café-bar Damajuana. 

¿Para qué se ve viejo?

Para jugar a la pelota me veo viejo ya (risas). Lo único que hago es prepararme cada vez más porque esto es un camino que no se acaba nunca. Cuanto más escucho, más amplio y más grande veo el camino. Esto exige luchar diariamente, pero me siento joven en el cante, con muchas metas e ilusiones. 

Hay mucha competencia.

Hay gente cantando muy bien, con mucha personalidad, y hay que estar preparado. Si te duermes en los laureles te pisotean en dos días. Hay que ser constante y, sobre todo, saber lo que quieres.

¿Siente la presión?

Sí, la gente te exige más a cada actuación. Ve que estoy programado en sitios fuertes y espera ver qué haces. La verdad es que es importante y a mí me sirve para estar más alerta y prepararme más. No puedes ir relajado a ningún sitio. Es la responsabilidad antes de subir, saber que tienes que estar bien de la voz, ir descansadito, refrescar el repertorio… Me refiero a eso sobre todo, que no puedes ir a lo loco, a ver qué sale, como a lo mejor pasaba antiguamente, que no te exigían tanto en este sentido. Sabían que un cantaor tenía tres cantes, eran los suyos, y si le cogía un poquito rozado pero transmitía un pellizquito, ole. Hoy en día el metal tiene que funcionar como un Longines, como dicen nuestros mayores.

¿Cómo consigue ese equilibrio de tener una voz tan afinada, tan cuidada, sin perder espontaneidad, esa naturaleza bravía del cante jondo?

Dentro de todo lo que te he comentado, de estar descansado y en plenas facultades, también es importante abandonarte un poco cuando estás arriba. Muchas veces no sé la letra que voy a hacer. Tengo un esquema hecho pero a lo mejor cambio el macho de la seguiriya, si tengo que respirar en un sitio lo ligo ese día, no me gusta tampoco tenerlo todo tan preparado.

¿Cómo se cuida?

Descanso mucho, duermo mucho y bebo mucho líquido. O eso dicen los médicos (sonríe).

¿De dónde nace su cante?

Mi cante nace con mi gente, con mi familia, con la casa de mi mare Dolores —su abuela paterna—, me ha cantado mi tío el Mondi, mi padre... En El Coto he visto muchas fiestas, he tenido la suerte de vivir fiestas con los Moneo, que con mi padre son como si fueran hermanos; muchas bodas con Luis de la Pica, con el Capullo… El Coto me ha servido mucho porque siempre estaba de pequeñito por allí en un rinconcito escuchando todas esas fiestas grandes. Creo que mi cante nace de escuchar todo eso.

Vender mil discos ya es un éxito. El flamenco es para minorías

¿Quién ha tenido fundamentalmente la culpa de que esté donde está?

Gerardo Núñez tiene mucha culpa de todo lo que me ha pasado, me ha enseñado muchísimo sobre cómo va este mundillo. Él me hizo artista, cantaor. Y mi padre, que es una persona muy aficionada al cante, que siempre me da sus consejitos, escucha esto, escucha lo otro… Está 24 horas escuchando cante. Se pone en el sofá, con su copita de oloroso, y se empapa de todos los cantaores. No entiendo cómo conoce a algunos cantaores. Es muy aficionado, su vida es el cante. 

¿Qué cantaor le ha hecho llorar?

He llorado con mi tío Eduardo, con Manuel y Luis Moneo… Ellos me hieren mucho, sobre todo cuando hemos estado en fiestas familiares y eso.

¿Es autocrítico?

Muchísimo. Nunca estoy contento, nunca. Todo el mundo me felicita pero siempre se me queda algo que no me deja tranquilo. A veces me machaco demasiado. Me llevo una hora en la cama repasando el recital entero tres veces, lo que he hecho desde que empecé hasta que terminé. Me pongo con la guitarrita al día siguiente y los fallos que he tenido los repaso y corrijo. El cante es muy psicológico porque todos los días no son iguales, el público y el sonido son distintos, tus sensaciones. Llegas súper alto de moral y te vas por los suelos. O vas sin descansar y luego es un día glorioso. Influye mucho la fuerza psicológica que tenga uno.

¿Qué es la felicidad?

La felicidad es vivir tu vida y no estar pendiente a la de los demás. Estoy en un momento feliz, con mi niña, mi familia y mi mujer, y dedicándome a lo que me gusta. Más no puedo pedir, salud sobre todo. En estos tiempos que corren, mucha salud.

¿Y qué es el éxito?

El éxito para mí es lo que estoy viviendo. No hay más éxito en estos tiempos que vivir bien dedicándote al arte, y que mi gente tenga salud; que mi padre pueda venir a verme a la Fiesta de la Bulería o ver allí a mi hija con mi mujer. Más felicidad y éxito que eso no puede haber. Luego ya hay metas que se pone uno mismo. Encuentras la felicidad y el éxito cuando te pones tus metas y las vas superando. Si estás pendiente de la vida de los demás te pierdes un poco.

¿Hay mucha rivalidad?

Claro que hay muchísima. Sin querer pecar de humilde, me considero sano; siempre me he alegrado de lo bueno que le pase a mis compañeros y lo único que me ha importado es compartir momentos bonitos cuando coincido con ellos en un escenario o un camerino.

He llorado escuchando cantar a mi tío Eduardo, a Manuel y Luis Moneo. Ellos me hieren mucho

Jesús Méndez lleva semanas inmerso en su nuevo trabajo discográfico, cocinando el guiso a fuego lento y a su antojo. Sin la presión de las discográficas y consciente de que "si se venden mil discos hoy, ya es un éxito". "Las discográficas se están perdiendo, cada vez se vende menos. La gente lo escucha dos veces en Spotify y ya no lo compran". Con el niño de Periquín se entiende a las mil maravillas en el estudio. "Conoce el estudio a la perfección y saca el resultado que quieres. No le da al REC y al STOP, sino que es muy psicólogo. Él me ve llegar, hago un poco de voz y sabe si nos quedamos o nos vamos para casa". Sin alejarse del flamenco clásico, el cantaor que nació en el populoso barrio de La Granja, pero con marcada influencia de la Plazuela, entiende que cada artista "haga lo que sienta". "No se le puede decir a una persona que no haga tal cante o no copie lo bueno de tal cantaor. Todo tiene un camino y un tiempo. He cantado la soleá de Antonio Mairena y al día siguiente puedo sentir otra cosa. Distinto es que le llamen flamenco a lo que no lo es, pero ese es otro debate. Si no sabe o no siente cantar por soleá o seguiriya, al flamenco le viene bien que no lo haga. Que no haga un papel que no es verdad".

¿Con qué objetivo graba hoy un artista un disco siendo consciente de que vender muchas copias es una utopía?

El objetivo es dejar ese testimonio, dejar lo que sientes en cada etapa artística. Ahora siento algo que no sentía hace ocho años cuando grabé el primer disco; la voz ha cambiado. A lo mejor dentro de cuatro años tengo otra tesitura, siento otros cantes, y por eso creo que es bonito ir dejando cada pocos años un registro que quede ahí. Tener una carrera discográfica es muy importante para el artista, es lo que vamos a dejar aquí. Sabemos todos que vender mil discos ya es un éxito, el flamenco es para minorías y si lo hago es porque me apetece, no porque quiera vender o atraer a algún público. No me importan las críticas, no engaño a nadie, yo lo siento.

¿El flamenco sigue siendo de minorías?

Sí, el flamenco es de minorías. Y si te metes en profundidad, y ves a los verdaderos aficionados que conocen el estilo que estás cantando, aún es más minoritario. Apaga y vámonos. Si en un sitio hay mil espectadores, quizás haya 10 o 20 que sepan lo que estás cantando. Tampoco tienen por qué saber si es la soleá del Mellizo o de Paquirri Guanté pero te gusta encontrar a esos verdaderos aficionados que saben lo que estás haciendo.

La crítica casi siempre le sonríe a Jesús Méndez.

Hasta ahora he tenido mucha suerte (ríe). La verdad que siempre me han puesto bien. Intento aprender de lo que me ponen un poco más negativo, sobre todo si te lo ponen desde el cariño. Es súper importante reconocer cuando no estás bien y aprender de eso. Hay veces que crees que has estado bien pero es cierto que no ha sido así; y otras que te critican a saco, sin corazón, sin saber lo que es subirte ahí arriba. Yo no me puedo quejar.

Ha sido padre hace poco. ¿Qué futuro le quiere dejar a su hija?

Sobre todo lo que pienso es en su educación y en el respeto a las personas. Lo demás que ella ya vaya viendo lo que le apetezca y pueda hacer. Me gustaría dejarle su futuro un poco encaminado, como a todo padre de familia le gustaría para sus hijos.

Tener una carrera discográfica es muy importante para el artista, es lo que vamos a dejar aquí

Pero el futuro da un poco de miedo.

La verdad que es complicado. Tenemos una sociedad muy alterada, cosas que hace diez años no pensábamos que pudieran ser así ahora lo son, la televisión, las redes sociales hacen mucho daño… Lo veo incluso peligroso, publicaciones que veo que no están limitadas. En la tele hay limitaciones de horario infantil pero un niño abre Facebook a las cuatro de la tarde y ve cosas que no tiene que ver. En este sentido, hay que estar alerta y que ella sepa lo que está bien y lo que está mal.

¿Ha recibido ataques a su privacidad en redes sociales?

No. Las tengo controladitas. En Facebook informo sobre todo de mi carrera profesional y algunas cositas personales, pero muy de vez en cuando.

¿Qué ha aprendido hasta ahora y qué le queda por aprender?

Por aprender me queda muchísimo. Y he aprendido a saber valorar lo que tengo, valorar a mi gente, a mi familia, que es lo único que tienes al final. Te crees que vives en un mundo en el que hay mucha gente alrededor tuya, mucho materialismo, muchas cosas, pero al final lo único que te queda es tu padre, tu madre y tu familia. Eso es lo más importante. He aprendido también a respetar a mis compañeros y amigos, y a partir de ahí llega uno a todos sitios.

¿Qué le parece que siendo aún tan joven ya haya alumbrado un camino para cantaores que empiezan?

Hay gente joven de Jerez que me lo dice, que se fija en mí, y eso es un halago. He tenido esa suerte de que me llamen y me pidan consejo. Desde mi punto de humildad les intento guiar lo mejor que puedo. Van viendo mi carrera y se fijan para ellos seguir esos pasos, y eso para mí es un orgullo.

Jesús Méndez rompió a cantar a los 16 años. Ni su padre sabía lo que llevaba dentro. ¿Pero tú cantas, niño?, debió preguntarle. Nadie podía imaginarlo. En su casa se respiraba cante todo el día pero no le inculcaron nada a la fuerza. No había señales que hicieran suponer hasta entonces que el hijo menor de un...

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Autor >

Paco Sánchez (La voz del Sur)

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