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Sadri Khiari / Fundador del Movimiento de los Indígenas de la República

“Europa solo quiere musulmanes invisibles”

Cristina S. Barbarroja / Estela Celada Túnez , 3/09/2016

<p>Sadri Khiari en un momento de la entrevista.</p>

Sadri Khiari en un momento de la entrevista.

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Se presenta con bermudas y una camiseta roja, como advirtiendo ideología, frente a la residencia del embajador francés en una de las zonas más privilegiadas de Túnez: La Marsa. Camina desgarbado hasta el modesto apartamento, de puertas y ventanas abiertas, en el que reside desde la Revolución de los Jazmines, tras diez años de exilio en Francia debido a la persecución que sufrió durante el régimen dictatorial de Zine El Abidine Ben Ali, derrocado en enero de 2011.

Aunque le guste disimularlo con constantes je ne sais pas de risa traviesa, Sadri Khiari (Túnez, 1958) está considerado como uno de los intelectuales más brillantes de la única primavera árabe que, aunque marchita, ha logrado sobrevivir a lo que él llama "contrarrevolución de EEUU y la Unión Europea". Doctor en Ciencias Políticas, dirigente de la oposición tunecina hasta el exilio, autor de media decena de ensayos y centenares de artículos, es --o fue, según él-- uno de los colaboradores estrella de la prestigiosa plataforma colectiva de información Nawaat, reconocida mundialmente por su contribución al derrocamiento de la dictadura tunecina. Y en Francia, uno de los fundadores del controvertido Movimiento de los Indígenas de la República --hoy partido político-- de corte anticolonialista y desde el que defiende los derechos de los ciudadanos descendientes de la inmigración, para que “tengan la libertad de defender la cultura que quieran, para que se ponga fin a la discriminación”.

¿Cómo se ve desde Túnez la polémica prohibición del burkini? ¿Es islamofobia, es una forma de luchar contra el terrorismo, contra la discriminación de las mujeres…?

Ahora es el burkini pero antes fue el velo, es la misma problemática y el mismo debate. Lo que me interesa de este asunto es que tanto el burkini como el velo son una demanda colectiva, cultural y, en cierta medida, política de una parte de las mujeres surgidas de la inmigración. Negarla tiene consecuencias sociales negativas para esas mujeres. Hace unos años una minoría de la izquierda francesa defendía el derecho de las niñas a ir con velo a la escuela. ¿Cuál era su argumento principal? Que si se quedaban fuera del sistema permanecerían bajo la dominación de sus padres, mientras que en el colegio aprenderían los valores republicanos y lo que es la emancipación. Es un argumento paternalista y el paternalismo es una forma suave de racismo.   

Es lo que usted llama de forma crítica la “educación del bárbaro”…

Para empezar, hay que cuestionarse la noción misma de emancipación, ¿qué es la emancipación? Hasta ahora solo tenemos un referente surgido del movimiento democrático y de la izquierda europea. Es un referente totalmente eurocéntrico. Quizás sea un referente bueno, pero en todo caso no tiene por qué ser necesariamente universal. Hay que preguntarse sobre él y reflexionar.

¿Cree que hay un hueco para los musulmanes en Europa?

Europa solo quiere musulmanes invisibles, que acepten la jerarquía blanca. Aunque la situación no es exactamente igual en todos los países europeos. En Francia el único musulmán y el único árabe aceptable es el que no vemos, mientras que en el Reino Unido la relación con las minorías es algo distinta, igual que lo era su política en las colonias, y se acepta el sistema comunitario, pero siempre que se mantenga la jerarquía.

Hay que cuestionarse la noción misma de emancipación. Hasta ahora solo tenemos un referente totalmente eurocéntrico

Desde este punto de vista el conflicto parece inevitable

La islamofobia se ha acelerado desde las revoluciones árabes, los atentados y el Daesh, pero es un fenómeno que está en la base de la sociedad europea. Los blancos en Europa tienen privilegios. En Francia, por ejemplo, en los años ochenta y noventa se empieza a ver una presencia permanente de personas surgidas de la inmigración que tienen nacionalidad francesa y se definen como musulmanes. Ya no son inmigrantes que vienen a trabajar y luego regresan a sus países, son franceses que tienen otros referentes, otra memoria histórica y otras reivindicaciones religiosas, y que cuestionan los privilegios simbólicos y culturales de los blancos. Y eso ha creado un conflicto entre esos que son mayoritarios y dominantes, y los otros.

"Tras una situación personal difícil", en la que prefiere no entretenerse, Khiari volvió al Túnez de la revolución donde sufrió una "crisis existencial", en la que tampoco se quiere detener. Se carcajea. Desde entonces se dedica a su peculiar pintura sobre vidrio que exhibe desordenada en cada rincón de su casa. Predomina el rojo en los cuadros que --explica-- "hay que comenzar por el final, por los detalles. Todo tiene que estar pensado desde el principio porque no se puede corregir. Si no te gusta cómo queda, hay que volver a empezar. Es una dificultad y una sorpresa, ya que por mucho que lo tuvieras en la cabeza nunca sabes cuál va a ser el resultado". Lo contrario que la primavera tunecina. Para Khiari, la revolución de los jazmines "es una novela de final previsible" que ha desembocado, a su juicio, en un sistema con demasiados actores de regímenes pasados. “Sé que suena pretencioso –se justifica– pero no creía posible que se pudiera obtener más y, efectivamente, al cabo de unos años nos encontramos aquí”.

En Túnez hay elementos de presidencialismo que ponen en entredicho la Constitución y su aspecto democrático

¿Dónde exactamente?

Cuando la Asamblea Constituyente da el poder a las fuerzas políticas surgidas de la revolución, independientemente de que nos gusten o no, estas, en lugar de apoyarse en la movilización popular para romper con las instituciones del régimen de Ben Ali, como el Ministerio del Interior que era la columna vertebral o las redes de hombres de negocios, han elegido establecer lazos, hacer compromisos y ensuciarse con ellas.

¿Pero se puede hablar de democracia?

Ahora mismo tenemos una serie de mecanismos institucionales que corresponden a las normas de eso que llamamos democracia. Pero, al mismo tiempo, tenemos muchas señales que muestran un intento de forzar su retroceso. Podemos hablar de represión, pero voy más allá. La Constitución creó un sistema en el que el gobierno nace de la Asamblea y el presidente tiene muy poco poder. Sin embargo, desde hace tres meses vivimos una situación en la que es el presidente quien ha nombrado en la práctica al primer ministro. Hay elementos de presidencialismo que ponen en entredicho la Constitución y su aspecto democrático. No creo que estemos en el punto de regresar a un régimen como el de Ben Ali, pero hay regímenes que son a la vez democráticos y represivos, como el caso de Marruecos.

¿Han satisfecho las elecciones y la Constitución las reivindicaciones sociales de la revolución?

No, claramente, no. No solamente no hay cambios en las condiciones sociales de la población, sobre todo en las regiones del interior de Túnez, sino que ha habido una regresión de la economía, y hablar de economía es hablar de las condiciones sociales de las personas. El nuevo sistema está intentando implantar medidas liberales. En Túnez, tanto durante el régimen de Habib Burguiba como en el de Ben Ali el proceso de liberalización fue muy lento y prudente. Pero desde la revolución esta prudencia se ha dejado de lado.

De sus palabras se deduce que la democracia tunecina ha tomado los vicios de Occidente…

Ahora tenemos un sistema político con raíces en los sistemas dictatoriales de Burguiba y de Ben Ali en combinación con las formas más degeneradas y podridas de la democracia occidental.

La islamofobia es anterior al terrorismo y el terrorismo ha aumentado la islamofobia

¿Y el papel de la Unión Europea y Estados Unidos en la revolución?

Desde que se inició el proceso el 17 de diciembre de 2010, la Unión Europea y Estados Unidos comprendieron rápidamente que había que provocar cambios políticos para controlar el movimiento e impedir que se radicalice todavía más. Voy a utilizar un término muy fuerte… la palabra contrarrevolución… Se han anticipado y han jugado a eso que llamaron la transición democrática, una transición democrática que desde el principio tenía como objetivo impedir que la revolución alcanzara una escala mayor.

Porque…

La única cosa que la Unión Europea busca en un país como Túnez, frontera entre Libia y Argelia, es que sea estable, que no pase nada. Un Túnez inestable que no pudieran controlar era una fuente de inquietud. Si la revolución hubiera ido más lejos en la destrucción del régimen de Ben Ali, habría tenido una influencia en Argelia. Y eso no podían tolerarlo.

¿Se puede hablar todavía de revolución o está muerta?

Es muy difícil responder por todo lo que está sucediendo en el mundo árabe. Si analizamos la situación de Túnez podemos decir que es poco probable que en un futuro inmediato pueda resurgir una movilización popular importante. Y lo que lo hace todavía más improbable es el retroceso que se está viviendo en todas partes, con fuerzas, como sucede en Siria con Daesh y Bashar el Asad, que no quieren que la movilización se desarrolle.

Pero, al mismo tiempo, la crisis que estalló en todo el mundo árabe a partir de 2011 no puede frenarse solo con represión, es una crisis que puede durar 30, 40 años y durante ese tiempo vamos a tener en el mundo árabe guerras, conflictos… que pueden llevar a un nuevo impulso de las movilizaciones revolucionarias o pueden conducir a todo lo contrario.

Khiari hace una parada para ofrecer unas latas de cerveza tras encogerse de hombros cuando se le pregunta por la cifra (6.000 jóvenes en los últimos años) que convierte  Túnez en el mayor exportador de yihadistas del mundo. "Llevo años sin beber cerveza, prefiero el buen vino, pero hace demasiado calor...". Y tras entretenerse durante los puntos suspensivos con la lata de Heineken y un puñado de pistachos, se vuelve a la pregunta que le cuesta contestar. Al final, con humor, responde: “No tengo ni idea. Lo que sí sé, y es un hecho, es que Túnez es el país del Magreb que ha exportado más revolucionarios durante los años 60, 70, 80 y 90 a Líbano, Palestina, Jordania…”.

Lo que me molesta de la definición de izquierda es que supone un referente único y no puede tenerse el mismo referente en cualquier situación

Pero, ¿cómo puede explicar que un país considerado, desde la óptica occidental, como moderado tenga un porcentaje tan elevado de personas dispuestas a enrolarse en las filas yihadistas?

Las corrientes más radicales, si queremos llamarlas así, son el producto de la integración de Ennahda [partido islámico moderado mayoritario en el Parlamento] en el aparato del Estado y de lo que se puede interpretar como una traición de esta formación a sus ideas de base. También del hecho de que ninguna de las principales motivaciones populares de la Revolución haya sido satisfecha. La Revolución ha producido algo que producen todas las revoluciones y es la necesidad de una política radical, a la que nadie ha dado respuesta, ni tan siquiera la extrema izquierda. Los únicos que utilizan un lenguaje que habla directamente a la gente y que se presenta como radical son los yihadistas.

¿Es el terrorismo causa o efecto?

En mi opinión es el producto de la guerra asimétrica entre las organizaciones yihadistas, como Daesh, y los países occidentales. Ahora bien, que europeos de origen magrebí se unan a estas organizaciones seguramente se debe, o al menos en parte, al racismo y la discriminación que sufren en sus países. No digo que sea el único motivo, pero sí es uno de ellos. La islamofobia es anterior al terrorismo y el terrorismo ha aumentado la islamofobia.

"Je ne sais pas" repite por enésima vez con su sonrisa de dientes montados si de la izquierda se trata. Dirigente de la sección tunecina de la Cuarta Internacional hasta su disolución en 1990, lleva el rojo de su camiseta en las venas --es hijo de un destacado dirigente sindical tunecino-- y la lucha de clases es un currículum que completó durante su exilio francés con una tesis de título Marx y el Estado: el concepto del bonapartismo. Para alguien que dice haber dejado atrás su etapa política para concentrarse en los pinceles, el debate sobre el presente y el futuro de la izquierda “no tiene sentido”. Khiari critica que ahora ya no se hable “del programa o la estrategia de un partido, sino de sus valores. Con decir que estás a favor de la justicia social eres de izquierdas. De esta forma se pueden implantar políticas que no lo son aunque la gente no lo vea”.  

¿Pero todavía se puede decir que existe la izquierda?

Lo que me molesta de la definición de izquierda es que supone un referente único y no puede tenerse el mismo referente en cualquier situación. No es mi referencia, antes lo era pero ya no. Si lo fuera, supondría asumir toda la herencia de lo que históricamente ha constituido la izquierda, y lo que lo ha constituido es la historia europea. Yo no quiero inscribirme en esa historia. Quiero tomar lo que me interesa y dejar de lado lo que no me interesa en cada momento.

¿Conoce Podemos?

Vagamente…

Algunos colocan Podemos como la única formación que puede salvar a una Europa en la que la revolución la está haciendo la extrema derecha…

 Cuando oigo hablar de esas fórmulas, que generalizan y son muy abstractas, desconfío. Es una fórmula que puede llevar a la revolución, pero también puede significar que la izquierda debe realizar el máximo número posible de compromisos con todos los que no son extrema derecha, es una fórmula que puede llevar a situaciones como las presidenciales francesas de 2002, cuando la izquierda pidió el voto por el conservador Jacques Chirac para frenar a Jean-Marie Le Pen.

 ¿Todavía podemos hablar de lucha obrera?

Me pasa a menudo leer y oír que vivimos el final de la clase obrera. Se trata de una visión totalmente eurocentrista, porque aunque sí se ha registrado una evolución de la explotación del trabajo en la Unión Europea y en Estados Unidos, la gran mayoría del planeta no está en esa situación. Sociológicamente todavía hay millones de personas que trabajan en la fórmula más tradicional de la clase obrera.

El problema es la conciencia de clase…

Eso es algo que va y que viene, no hay fin o inicio de la conciencia, hay flujos y reflujos. Desde los años 80 hay un retroceso general de la conciencia de clase, pero no tiene por qué ser algo permanente, no depende solo de la transformación social, sino también de la política, las corrientes….

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1 comentario(s)

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  1. druidark

    Europa no quiere solo musulmanes invisibles, tambien catolicos, judios o cualquiere otra religion, conocemos muy bien el mal que han hecho las religiones (y sus guerras) en este continente y como vemos c'est pas fini. No queremos estar bajo el yugo del dogma sino mas bien de la razon, y si es posible en libertad (los sueños de la razon pueden crear monstruos).

    Hace 4 años 7 meses

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