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Stewart Wood / Lord Wood of Anfield en la Cámara de los Lores

"La crisis dejó al desnudo los problemas históricos de la socialdemocracia"

Simon R. Doubleday 27/07/2016

<p>Stewart Wood en un evento político en 2015.</p>

Stewart Wood en un evento político en 2015.

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Socialista en la Cámara de los Lores, devoto de la música de Jethro Tull y Joni Mitchell, Stewart Wood (1968) es una voz distintiva y respetada en la política de la izquierda británica. Graduado de Oxford y Harvard, Wood fue consejero del primer ministro Gordon Brown entre 2007 y 2010. Durante los cinco años siguientes, trabajó con Ed Miliband, líder del Partido Laborista, dirigiendo su campaña para contrarrestar el poder del Partido Conservador de David Cameron. En 2011, fue nombrado miembro de la Cámara de los Lores, asumiendo el título de Lord Wood of Anfield (barrio conocido por el estadio de futbol del Liverpool Football Club), y considera que “los Lores logran mucho—toman las propuestas legislativas del gobierno e intentan modificarlas y mejorarlas”, aunque añade que “personalmente creo que una segunda cámara no elegida no tiene un lugar en una democracia moderna”. Es Fellow vitalicio del Magdalen College de Oxford, y acaba de ser nombrado presidente de la Asociación de las Naciones Unidas en Reino Unido.

Owen Jones ha sugerido que el Reino Unido se está enfrentando a su mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial…

Creo que en muchos sentidos tiene razón. Estamos experimentando una combinación de crisis. Nuestra economía —que depende excesivamente de los servicios financieros y la deuda hipotecaria— todavía no se ha recuperado de la caída de 2008. Llevamos arrastrando desde hace tiempo una crisis de las condiciones de vida, no sólo de las familias menos favorecidas sino también de familias con un nivel de ingresos bastante alto. Además, tenemos ahora varias crisis políticas: máxima tensión dentro del Partido Conservador, guerra civil en el Partido Laborista, y una ola de sentimiento antipolítico. Y lo más importante, hemos tomado una decisión trascendental a nivel nacional, alejándonos de la Unión Europea para seguir nuestro propio camino. Me temo que esta decisión también seguirá dividiendo a nuestro país durante mucho tiempo. En este sentido la caracterización de Owen Jones no es una hipérbole.

¿Deberíamos ver los resultados electorales de 2015 como consecuencia del poder de la prensa conservadora en el Reino Unido, o de algún otro factor?

Es cierto que la prensa británica tiene una tendencia derechista. Ed Miliband fue víctima de años de menosprecio agresivo, y estoy seguro de que esto tuvo un impacto en su imagen pública. Pero sería demasiado fácil echar toda la culpa a la prensa. Tenemos que aceptar responsabilidad por nuestra propia derrota. Diagnosticamos muy bien lo que pasaba: la economía sólo beneficiaba a unos pocos, marcada por una continua desregulación, una creciente inseguridad y una alta desigualdad, mientras que se seguía con una filosofía económica autodestructiva, que nos decía que sólo la austeridad estatal podría resolver la crisis de los mercados. Pero creo que nos ha faltado radicalismo en nuestras políticas, en el momento de responder a ese análisis. Hacía falta ser más audaces, y más explícitos al explicar nuestra posición sobre el gasto público, la inmigración, y otros asuntos.

En los últimos meses, se ha visto un crecimiento extraordinario en el número de afiliados al Partido Laborista. ¿Refleja esto una revitalización de la democracia en el Reino Unido?

Sí, en muchos sentidos, o al menos una revitalización de la confianza en la política de partidos entre los votantes de izquierdas. Nunca he creído que Reino Unido fuera un país apático con respecto a la política y menos aún que los jóvenes británicos fueran apáticos, pero hasta la llegada de Jeremy Corbyn, mucha gente involucrada en cuestiones políticas, decepcionada por la disminución de los servicios públicos y de las condiciones de vida, tenía poca confianza en los partidos como agentes de transformación. Sea cual sea su punto de vista sobre Corbyn, su liderazgo revitalizó las esperanzas y muchos se unieron al Partido Laborista para convertirlo en un movimiento social otra vez. El siguiente paso es que estos busquen alianzas y construyan puentes con los que están fuera del partido, para que podamos volver a gobernar y reparar algunos de los daños producidos en la última década.

El Partido Laborista, sin embargo, parece estar al borde de una ruptura definitiva. Para explicar esto, ¿qué importancia le daría a la guerra de Irak, y cuánto a la crisis de 2008?

Espero sinceramente que no estemos al borde de tal ruptura, porque creo que —sobre todo bajo el sistema electoral vigente— el Reino Unido necesita un Partido Laborista que una a la gente de diferentes clases sociales, niveles económicos, regiones y grupos étnicos, para luchar juntos contra el Partido Conservador. Pero es cierto que las divisiones internas son profundas y amargas en este momento. En parte, se debe a la larga sombra de la guerra de Irak, que fue un error catastrófico por parte de nuestro partido. Pero también se trata de una lucha entre dos concepciones del partido. Por un lado, existe una visión de un Partido Laborista cuyo propósito es ganar el poder en el Parlamento y que anhela un liderazgo que puede mandar en Westminster; por otro lado, existe una visión cuyo objetivo es crear un movimiento social que pueda cambiar Gran Bretaña desde abajo, y que tiene poco tiempo para la política de Westminster.

Creo además que hay una crisis más amplia que subyace esta división. Es una crisis que todos los partidos socialdemócratas han experimentado desde 2008. ¿Puede pensar en un solo partido socialdemócrata a nivel europeo que esté en pleno apogeo en estos momentos? La crisis dejó al desnudo los problemas históricos de la socialdemocracia: en medio de una transición de una sociedad industrial a una postindustrial, dentro de una Unión Europea comprometida con la austeridad, y finalmente en un momento en que se han alcanzado ya muchos de los objetivos de la socialdemocracia, ¿para qué sirve esta socialdemocracia? Creo que tenemos que replantear algunas cuestiones fundamentales sobre cómo buscar una economía más justa, próspera y sostenible, y una sociedad más equitativa, en lugar de vivir una nostalgia por las políticas de los años 1960 y 1970.

¿Es Jeremy Corbyn un candidato con posibilidades? ¿Hay alguna otra figura con más posibilidades?  

Tiene posibilidades, pero para ganar tendrá que hacer algo más que sobrevivir como líder. Soy partidario de muchas de las causas que él representa, y aplaudo gran parte de su política económica interna --sobre todo su oposición contra la austeridad--. Sin embargo, le falta un plan estratégico, o un conjunto de políticas que traduzcan su discurso retórico en acciones concretas. Él y su equipo se encuentran cada vez más aislados y resentidos dentro de su propio partido. Éste es el momento para desafiar al Partido Conservador en su política económica, la desigualdad, la regulación de los mercados financieros y laborales, y su política exterior en regiones como Oriente Medio. Pero honestamente no creo que Jeremy Corbyn pueda hacer eso.

¿Cree que una alianza progresista, entre el Partido Laborista, el Partido Verde, el Plaid Cymru y el Scottish Nationalist Party, es una manera de garantizar que los laboristas entren en el próximo gobierno?

Deberíamos tomar muy en serio la idea de una alianza progresista. Una de nuestras parlamentarias jóvenes más brillantes, Lisa Nandy, está escribiendo un libro con Caroline Lucas (del Partido Verde), que establece exactamente cómo hacer funcionar esta alianza. Somos rivales políticos en algunos aspectos, pero tenemos mucho en común y no debemos permitir que la rivalidad histórica nos impida trabajar juntos en lo que estamos de acuerdo. Creo que el exceso de particularismos repugna a mucha gente. En la campaña del referéndum, participé en algunos eventos organizados por Another Europe [Otra Europa], una organización que reunió a simpatizantes del Partido Laborista, los verdes, el SNP y otras organizaciones progresistas para articular una visión positiva de la Unión Europea, en vez de la política del miedo por la salida. Había energía en esos eventos.

Las instituciones educativas de élite, desde Eton hasta Oxbridge, siguen desempeñando un papel clave en la política británica. ¿Es ésta una faceta de la meritocracia, o una supervivencia del elitismo del siglo XIX?

No hay duda de que nuestro país sigue estando dominado por instituciones que reproducen el privilegio a través de varias generaciones. Sólo un 7% de los alumnos británicos asiste a escuelas privadas, pero este pequeño grupo tiene una presencia exagerada en nuestras élites políticas, judiciales, periodísticas y financieras. Es cierto que Oxford y Cambridge son instituciones excepcionales de enseñanza e investigación y reclutan estudiantes con mucho talento. El problema es que los alumnos de estas escuelas privadas tienen una ventaja cuando solicitan plazas en las mejores universidades. Creo que Oxbridge tiene en esto una responsabilidad: debería ampliar su red en el momento de buscar nuevos alumnos con talento.

En relación con esto, ¿en qué medida la subida en el coste de la matrícula universitaria ha creado una división entre town y gown—entre el pueblo y la universidad— agravando así las divisiones de clase que se reflejan en la reciente votación del Brexit?

Uno de los factores más llamativos en el resultado del Brexit fue la división en nuestro país sobre la base del nivel educativo. La gran mayoría de los que no fueron a la universidad votó a favor de la salida, mientras que más del 80% de los que asisten a la universidad votó por permanecer en la Unión Europea. No hay duda de que las tasas de matrícula han impedido que muchos alumnos de familias pobres llegaran a la universidad, porque la idea de terminar con una deuda asusta a muchos de ellos. Pero no estoy seguro de que éste fuera un factor determinante en el referéndum. Las principales divisiones parecen recaer sobre el nivel educativo, la edad y la clase social. Partes del país se han quedado atrás durante los 25 años de prosperidad anteriores a la crisis de 2008, y desde la crisis estas partes han tenido grandes dificultades bajo el régimen de austeridad que el gobierno conservador nos aseguró que era inevitable. 

No hay duda de que nuestro país sigue estando dominado por instituciones que reproducen el privilegio a través de varias generaciones

Es un fan del Liverpool Football Club, y ha decidido adoptar el título de Lord Wood of Anfield al ser nombrado miembro de la Cámara de los Lores. ¿Puede explicar el significado político de este título?

Cuando me nombraron Lord, y solicitaron que eligiera un lugar conectado con mi posición, inmediatamente pensé en Anfield, no sólo como el lugar con la resonancia más emotiva para mí, sino como una manera de agradecer a esa parte del país por toda la alegría y el apoyo que he recibido como seguidor del Liverpool durante más de 44 años. Cuando asumí el título, algunos consejeros locales me pidieron que recordara que Anfield es una de las zonas más pobres de cualquier ciudad británica, y que abogara por las causas que importan a la gente de Anfield y Liverpool. Espero haber cumplido con ese compromiso, ayudando a que todos entendieran la respuesta escandalosa del establishment británico a la tragedia de Hillsborough de 1989, y a que el propio Partido Laborista recordara que su razón de ser es apoyar a los que la economía de libre mercado deja atrás.

En su idealismo apasionado, los movimientos de base de la izquierda laborista —Momentum, por ejemplo—parecen tener cierta semejanza con los movimientos sociales post-15M en España.

Si, hay algunas similitudes. Ambos quieren una política izquierdista que se resista a la austeridad, rechace el sentimiento antiinmigración y subordine los partidos políticos al movimiento social al que pertenezcan. La principal diferencia es que Momentum nació para apoyar a un líder de un partido existente, Jeremy Corbyn, del Partido Laborista. Personalmente me hubiera gustado que Jeremy, una vez líder, hubiera desafiado a su partido para que se alzara como movimiento social, en lugar de recurrir a otra organización para proporcionarle esta energía. Pero no hay duda de que, como dice a menudo Owen Jones, el caso de Podemos nos ofrece muchas lecciones.

Durante la última década ha viajado a los Estados Unidos a menudo, bajo las presidencias de Bush y de Obama. Muchos, en la izquierda, están decepcionados tras la derrota de Bernie Sanders y la influencia del capital financiero sobre las elecciones ¿En qué estado de salud se encuentra la democracia en EE UU?

La memorable campaña de Bernie Sanders tomó elementos de la de Howard Dean y de la de Obama y mostró la posibilidad de una forma diferente de hacer política. Sin embargo, el poder del capital financiero en la política electoral estadounidense es un problema grave. Esta influencia, combinada con una relación disfuncional en Washington entre el Congreso y la Casa Blanca, es preocupante. Es difícil ver cómo la sociedad estadounidense podrá responder de una manera eficaz a uno de sus problemas más acuciantes, como es el del control sobre las armas.

¿Los cambios profundos se logran a través de la cultura, más que a través de la política?

Mi obra de teatro favorita es Rock & Roll, de Tom Stoppard, que examina la política checa en los 25 años después de la Primavera de Praga, y plantea exactamente esta pregunta. Él me convenció de que la respuesta es: la cultura. Las canciones de Joni Mitchell y Jethro Tull, y las películas de Ingmar Bergman me han influido mucho más que cualquier discurso político. Pero la fusión de la política y la cultura es mucho más potente para la sociedad. Creo que la política puede romper las puertas y las vallas, para abrir nuevas posibilidades. El peligro en el mundo político es obsesionarse con la política, y abandonar los ingredientes de una vida plena, para uno mismo y para sus seres queridos. La política sin cultura corre el riesgo de redistribuir el poder sin transformar la vida de la gente.

Es gran admirador de la música de Joni Mitchell. ¿Su aprecio por su música tiene alguna influencia en su acercamiento al mundo político? 

La música de Joni Mitchell ha sido mi compañera constante desde que tenía catorce años. Me ha convertido en una persona más reflexiva. Se corrige a sí misma mucho en sus canciones, se fuerza a darse cuenta de sus errores para resurgir de nuevo. También me recuerda el verdadero propósito de la política: dar a la gente el tiempo, la libertad y la confianza para vivir una vida plena, para ser creativa y para tener el espacio para reírse y ser feliz.

Socialista en la Cámara de los Lores, devoto de la música de Jethro Tull y Joni Mitchell, Stewart Wood (1968) es una voz distintiva y respetada en la política de la izquierda británica. Graduado de Oxford y Harvard,...

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1 comentario(s)

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  1. José Miguel

    No solamente los problemas de la socialdemocracia, sino de toda la democracia en general, que he mostrado todas las vergüenzas escondidas por años y años de despreocupación por solucionar los verdaderos problemas que acucian a este mundo. Así que es preciso, por sentido común, darle aire y solucionarlos, lo demás son brindis al sol; lamentos innecesarios, vueltas y revueltas para no hacerlo. Este es el tiempo de los principios, de la ética, de la moral política, de recuperación de los verdaderos valores, que nunca se tenían que haber quedado atrás.

    Hace 5 años 3 meses

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