1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

NOVELA POR ENTREGAS

García contra la España zombi (II)

Capítulo 2, en el que García conoce al Capitán Estedella y, por el mismo precio, es mordido por un Secretario General

Guillem Martínez 2/08/2016

FURIBUNDO

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Resumen de lo publicado: En 1970, Nixon y Kissinger informan a lo que queda de Franco y al Príncipe, uno de los QI que más impresionaron a la Europa de su época, que un niño de padre extraterrestre está a punto de nacer en España. Pero 46 años después, eso le da igual a todo el mundo, incluido a García, periodista del montón que hoy debe de ir a cubrir un Comité FederalZzzzzz del PSOE, en la Calle Ferraz. O, tal vez, en la Calle del Gato.

---------------------------------------------------- 

Fui a la calle Ferraz a pie. El Señor Jabugo me había dado 20 pepinos para un taxi, pero decidí gastármelos en tabaco. La ciudad me brindaba un momento de paz --no lo sabía, pero sería el último, tal vez, de mi vida--, que yo a su vez le devolvía a través de aros de humo de tabaco perfectos. Era feliz. Era feliz. De esos 20 pepinos ya habían salido dos marlboros y, en breve, lo haría un menú cutre, todo un lujo en mi ulterior estilo de vida, que en el siglo XV entraría de pleno en la figura del carpe diem, pero que, en el siglo XXI, menos bucólico, se definiría como puta miseria. Todo, en fin, parecía encajar momentáneamente. Tenía trabajo, tenía tabaco, tenía dos piernas, y el Madrid agostal me brindaba su sonrisa. Las ciudades sonríen poco pero, cuando lo hacen, su sonrisa es descomunal. Consiste en permitirte ver cómo su polvo flota a través de los rayos del sol. Unos rayos de sol, por otra parte, inclementes. En mi periplo hasta Ferraz, dos niños cayeron al suelo abrasador y se quedaron estériles. Dos viejas murieron y quedaron momificadas con una diferencia, entre los dos estados, de dos segundos. Me crucé con 345 pobres sentados frente a carteles en los que, en vez de pedir pasta para 8 ninios, pedían, por caridad, que les tiraran un huevo en la frente, para luego comérselo frito. No se podía respirar, literalmente. El calor era tan radical que sólo conservaban el decoro, y aún así, precariamente, las adolescentes. Iban con unos shorts que vendían como rosquillas en el Bershka, tan minúsculos que, como en el cartel de promoción se aseguraba, te podían hacer la prueba del Papanicolau sin quitártelos, o te devolvían la pasta. El Presidente de Bershka, por cierto, era portada del día de El País --"No hemos realizado ninguna devolución en este ejercicio"--, junto con una encuesta realizada en la planta de neonatos de La Paz: "El 80% de los sietemesinos españoles abogan por que Sánchez acceda a votar a Rajoy".

Cuando llegué a Ferraz y abrí la puerta me vino una oleada de aire gélido. Era el aire acondicionado a toda leche, sello en España de los locales regios. El récord mundial de temperatura gélida, por cierto, lo detentaban las sedes del IBEX. La NASA había publicado recientemente un estudio en el que demostraba que, siempre que no saliera de su sede acondicionada, un ejecutivo del IBEX podía llegar a vivir 275 años. Entre la profesión se comentaba, en ese sentido, que varios pensionistas que habían entrado al Banco de Sabadell a pedir un calendario, habían sido crionizados antes de llegar al mostrador. Para no ir a juicio, la entidad bancaria hizo pasar a los pensionistas por estatuas Lladró, que regaló por imposiciones a plazo fijo superiores a 7.500 euros. El TAE era, en verdad, atractivo, y nadie hizo preguntas. Se decía que Joaquín Sabina tenía 20 de esas estatuas en su salón.

Bueno. Ferraz. PSOE. No había nadie en seguridad ni en recepción. Era raro. Pero era agosto. También, por otra parte, supuse que en algún momento de la vida del Titanic había pasado eso. Me fui a la sala de prensa, desde la que podía ver, a través de un plasma, las evoluciones del Comité Federal en el Salón Ramón Rubial. Eran, por otra parte, evoluciones con tan poco juego evolutivo que, si Darwin las hubiera estudiado, hubiera apostado por el creacionismo. En la sala de prensa, y esto sí que entraba, de cuatro patas, dentro de la normalidad de agosto, tampoco había nadie. Todos los diarios pillarían la info de EFE, y el de EFE cogería los 20 euros del taxi, se los gastaría en tabaco y en un menú y, luego, se bajaría la cosa Comité Federal de Google. Sólo estábamos los periodistas pringuis de Madrid. Es decir, yo. Me senté, empecé a mirar el plasma y no tardé en quedarme ceporro. Como Franco frente a Nixon. Zzzzzz. No sé cuánto tiempo estuve dormido. Minutos. Media hora. Una hora. Me despertó el saber que frente a mí había una presencia inquietante. Tal vez, no humana. En efecto. Era el Capitán Estadella.

--Joven, ¿sabe si esto durará mucho?

A lo que yo contesté, con mi boca pastosa:

--Ahdhlkb cjkdhkl.

Mientras emitía fonemas, intenté organizar la nueva situación a la que había accedido tras el sueño profundo.Tenía frente a mí, ni más ni menos, que al Gran Capitán Estadella. Lo que el Señor Jabugo denominaba una leyenda del periodismo patrio. Y que, tal vez, lo fuera. Lo había visto en infinidad de ocasiones. En el Congreso, en Moncloa, en Zarzuela. Siempre en la pomada, pero separado del grupo del común de periodistas, como abandonado a su propio tiempo, y contemplándolo todo desde otra época. La suya. Jamás hablaba con nadie, y miraba a todos con desprecio. Sus orígenes son oscuros, de tan profundos en el tiempo. Algunos lo ubican como jefe de prensa en la Hermandad de Caballeros Excombatientes y Mutilados de guerra. Otros van más atrás y lo ubican en la heroica defensa del Alcázar de Toledo. Otros van más lejos y sitúan al frente de una partida carlista en la guerra de 1835. Sea como fuere, su primer paso hacia la fama y al reconocimiento público fue la recopilación de sus artículos publicados en Arriba, bajo el título de Aún matamos poco, premio Doktor Goebbels de periodismo literario, otorgado en 1973 por el entonces Ministerio de Información, Turismo y Crepados. De 1977 data su histórico Mi resistencia sumamente silenciosa al franquismo, vencedor por aclamación del Premio Walt Whitman del ya Ministerio de Cultura. Tras sus recopilatorios La OTAN es una ONG, Expulsar a los vascos al mar, o su Reyman contra Electrotejero, los premios le llegaron a espuertas. Después de recibir el Premio Príncipe de Asturias, fue necesario crear el Premio Cuñado del Príncipe de Asturias para poder seguir premiándole. Sus polémicos Fue titadine, estúpido; España se resquebraja cada día a la misma hora, Nóos somos todos, El Régimen del 78 como aparición mariana, o A los de Podemos les daría por el culo con una caña rota, le supusieron otra catarata de premios, que culminaron en el recién creado Premio Vecino Psicokiller del Príncipe de Asturias.

Polemista, articulista, tertuliano y académico de la RAE --su discurso de ingreso: José Antonio y el problema del género--, siempre estaba allá donde miraras, en el canal que conectaras, o en la radio del taxi al que entraras. Al menos, antes de que me empezara a gastar la pasta de los taxis en tabaco y grasa y fécula. El Capitán Estadella era, en fin, 40 años de periodismo vivo. O, según como se mirara, 4.000.

Vamos, que cuando abrí los ojos de la cara y le vi, me cagué.

--Deje de apollardarse, y dígame, ¿cree que esto durará mucho?

--N-no. No lo creo.

--Entonces, apostemos. Yo voy con la andaluza. Mire qué biceps. Un Miura humano. 

El Capitán Estadella se sentó a mi lado y empezó a mirar el plasma como quién ve un Barça-Madrid. Estaba tan apasionado que, de hecho, parecía que observara un Madrid-Madrid. Sacó un paquete de Marlboro, el sello del periodista español, y se encendió un pito. Lentamente, volví a la realidad. Observé la situación. Salvo Estadella y yo, no había nadie en la sala. Por el plasma proseguía el Comité Federal. Sólo que no había Comité Federal. En el plasma se veía cómo hacía bastante que el orden del día del Comité Federal había sido superado. Es más, se veía cómo la gran mayoría del Comité Federal yacía muerto en sus sillas o por el suelo. En mitad de la pantalla se observaba, también, algo curioso. Edu Madina, Pedro Sánchez y Susana Díaz se estaban dando de leches. Pero lo curioso no era eso --eso, hasta cierto punto era, de hecho, normal--, sino que su aspecto no era humano. Eran zombis. Edu Madina era un zombi de catálogo, y le mordía la pantorrilla a Pedro Sánchez, otro zombi con el ISO 9000, que a su vez mordía la garganta a Susana Díaz que, curiosamente, aún tenía aspecto humano. Díaz intentaba morder a Madina, pero la separación de sus palatales le impedía pillar cacho.

--¿Qué le parece, joven? --dijo el Capitán.

--Me parece --intenté buscar un adjetivo que no dejara impertérrito a una leyenda viva del periodismo español--... Un marrón --sí; ole mis huevos--. ¿Usted qué cree?

--Yo lo veo clarísimo. Es un Apocalipsis Zombie. Hablaba de ello en mi último libro sobre el Procés catalán de los cojones, y todo el mundo se reía.

--¿Q-qué hacemos?

El Capitán Estadella, sin pronunciar palabra, se levantó. Apuró su pito --un periodista español no tira su cigarrillo hasta que tenga gusto a neumático quemado--, lo arrojó al suelo, como un rocker, y lo pisó. Se fue directo hasta el set contra incendios. Le pegó una patada, rompió el cristal. Apartó una manguera enrollada y sacó dos hachas.

--¿Qué qué hacemos? ¡Limpiar España de zombis! ¡No pueden salir de aquí, o será el caos!

Como un solo hombre --como era, por otra parte, el caso--, salió de la sala de prensa rumbo al Salón Ramón Rubial. Instintivamente le seguí, agarrado a mi hacha. Cuando entré, vi al Capitán dándole con el hacha, pero bien, a Madina, mientras Díaz y Sánchez huían, en modo zombi, por una puerta posterior. Observé cómo trabajaba Estadella. Muy fino. Ese tío tenía experiencia en decapitar zombis. O, glups, socialistas.

--¿Dónde han ido aquellos dos? 

--No sé. Han salido por esa puerta.

--Han ido a la parte noble. Están heridos. Y un político herido siempre tira hacia su despacho. Vamos, joven.

Lentamente fuimos ascendiendo por el edificio. Accedimos a la Sala Pablo Iglesias. Allí vimos dos zombies del Comité Pro Despedida de Soltero de Olof Palme. Estadella los facturó en un plis-plas. En el Salón Endesa cayeron tres de la sectorial Bosnia Nunca Será del Emperador de Austro-Hungría. En el pasillo con la Sala Gas Natural, cuatro vocales del Comité Contra El Kaiser. En el Salón Mercado Continuo de Sydney, cinco del Comité pro-Spartakista. Sí, era evidente que, con tales nomenclaturas y organigrama, el partido necesitaba cierto aggiornamento. Pero no estaba seguro de que la doctrina Estadella fuera la más indicada. En eso recordé que eran zombis, y me tranquilicé un tanto. Subimos a las plantas nobles. Del despacho de Felipe González salió un zombi con aspecto de Felipe González, directo a la garganta de Estadella. Estadella, esta vez, trató al zombi con consideración a su cargo. Estadella el Gris golpeó con la base del hacha el suelo y exclamó, solemne y autoritario:

--No. Puedes. Pasar.

El zombie González, como era de prever, fue hacia Estadella como quien va hacia un filete. Estadella solventó el encuentro, con efectividad y con la suerte del volapié. No se podía negar que el pollo era castizo.

--Rápido. Ve al despacho de Sánchez, que yo voy al de la Díaz-- me dijo.

Temblando, abrazado al hacha, me encaminé al despacho de Sánchez. Por el camino me iba encontrando con la obra de Sánchez. Medio partido devorado. Literalmente. Cuando accedí a la puerta, dí un par de golpes con los nudillos. Un gruñido de ultratumba me autorizó a entrar en el despacho. Allí, sentado, frente a su mesa vi a Sánchez, que me miraba sin verme, pensando tan solo en mi peso, como un ser humano normal mira la carne en Mercadona. 

Sé que mi deber era darle matarile. Pero tenía otro deber superior, que era sobrevivir, ganar 50 euros por un artículo de mierda que el Señor Jabugo me había encargado. Así que, haciendo de tripas corazón, levanté el hacha amenazante, y exclamé:

--Señor Sánchez, ¿sigue siendo de la opinión de que el PSOE optará por el no en la primera vuelta de votaciones?

Sánchez se levantó de su sillón y se abalanzó contra mí. Un simple movimiento de brazos hubiera bastado para solucionar ese problema. Pero no lo hice. 

Cuando desperté, tenía el cuerpo de Sánchez encima mío. A mi derecha, su cabeza. Y a mi izquierda, Estadella.

--Joven, malas noticias. Todo el comité ha quedado pajarito. Pero no encuentro ni a Díaz, ni a Iceta. En otro orden de cosas…

Estadella, leyenda viva del periodismo patrio, no encontraba las palabras. Hasta que las encontró:

--... En otro orden de cosas tienes... como tu dirías, un marrón. Sánchez te ha mordido. En las pelis de zombis esto es lo más.

Sabía que Estadella estaba valorando cortarme la cabeza. Se había llegado a la ventana, frente a la cual me daba su espalda. Miraba la calle Ferraz mientras apretaba, cada vez con más fuerza, su hacha. Buscaba la voluntad para acabar conmigo de un golpe certero. No le costaría mucho encontrarla. 

--Bueno, hombre, las pelis son pelis. Recuerde Chiti-chiti-bang-bang.

Afortunadamente, vio algo más importante que mi muerte, cruzando la calle Ferraz.

--¡Rayos! ¡Susana Díaz ha accedido a la calle! ¡Hay que neutralizarla! ¡Vamos joven!

Salí pitando, sin ser consciente de que, técnicamente, yo ya era carne zombi. Fue precisamente Susana Díaz quién llenó mi alma de esperanza y quien evitó que el Capitán Estadella acabara conmigo.

Pero eso se lo explico mañana. No les dejaré sin ofrecerles antes un spoiler. Al día siguiente, la portada de El País rezaba: "Desaparecen las reticencias del Comité Federal del PSOE para votar a Rajoy".

Resumen de lo publicado: En 1970, Nixon y Kissinger informan a lo que queda de Franco y al Príncipe, uno de los QI que más impresionaron a la Europa de su época, que un niño de padre extraterrestre está a punto de nacer en España. Pero 46 años después, eso le da igual a todo el mundo,...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Guillem Martínez

Es autor de 'CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española' (Debolsillo), de '57 días en Piolín' de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo) y de 'Caja de brujas', de la misma colección. Su último libro es 'Los Domingos', una selección de sus artículos dominicales (Anagrama).

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí