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Editorial

Brexit: euroescepticismo y extrema derecha. Y ahora, ¿qué?

24/06/2016

Pedripol

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Los últimos días de campaña del referéndum británico marcaron una tendencia equivocada. Lo que parecía anunciar una ajustada victoria de la apuesta por la permanencia en la Unión Europea ha acabado siendo un triunfo cómodo (cuatro puntos) de la opción por la salida. El Reino Unido se va. Y ahora, ¿qué?

Ahora lo fundamental es que Europa no confunda el euroescepticismo de raíces xenófobas y nacionalistas que han marcado el Brexit con la crítica necesaria que merece la Unión por su progresivo alejamiento de las ideas de justicia social, derechos humanos y controles democráticos que han marcado las últimas décadas, y que es el origen de un malestar y una indignación que necesitan respuestas urgentes. Hay que recordar que ya los franceses y holandeses dijeron no a la Constitución europea porque las élites europeístas habían ido demasiado lejos, sin atender a lo que la ciudadanía quiere y necesita. Europa, con el Reino Unido o sin él, necesita cambiar sus políticas para, entre otras cosas, impedir que ese malestar termine alimentando el regazo de los xenófobos y nacionalistas que han triunfado en Gran Bretaña y que amenazan muy seriamente el proyecto europeo común en países como Francia, Polonia o Hungría. 

La gestión alemana y ordoliberal de la crisis de la deuda ha aumentado la desafección ciudadana y el miedo de las capas más desfavorecidas de la población en toda la Unión. Y las costuras de una UE en crisis permanente han saltado definitivamente por donde era previsible. Un Reino Unido con moneda propia, con un euroescepticismo nacido aun antes de 1973, y con una extrema derecha fuerte y nacionalismos contrapuestos, ha decidido por voluntad propia abandonar la Unión Europea. La misma Unión Europea a la que, por el contrario, Grecia se agarró con uñas y dientes cuando Wolfgang Schäuble le amenazó por escrito con expulsarla del euro, aunque eso haya implicado la capitulación de un gobierno que se planteaba defender los derechos de las mayorías sociales.

Al final, la revuelta popular contra la UE no ha nacido de la indignación frente a la imposición de la austeridad ni en la protesta frente a la vulneración de derechos humanos en las fronteras de la UE, sino de una combinación difícil entre discursos xenófobos, nacionalismos excluyentes, miedo, reivindicación de mayor soberanía y hartazgo y desigualdad social.

Lo que parece claro es que las razones que han movido a 17 millones de personas a votar contra la integración europea y la organización a la que pertenecían desde hace 43 años son heterogéneas, y a la hora de los análisis es fundamental integrar las distintas realidades y perspectivas. La primera evidencia es que David Cameron es un dirigente tramposo y populista: actuando por intereses meramente partidistas, se empeñó en convocar la consulta y dar alas así al sector más xenófobo del partido conservador, para luego defender la opción de la permanencia. Cameron ha fracturado de una forma irresponsable tanto a su país como a la UE. Su derrota sin paliativos hace perfectamente natural su dimisión, aunque esta debería haber sido fulminante y no en diferido: no tiene sentido ahora ganar tiempo ni disimular que la decisión es negociable o reversible.

Es cierto también que, aunque la victoria del Brexit se la ha apropiado la derecha, el euroescepticismo del Reino Unido no ha sido un feudo exclusivo de los conservadores. Al contrario, durante bastantes años el Partido Laborista también cuestionó la permanencia en la UE, culpabilizando a la misma, al igual que la derecha, de los males que aquejaban a las islas. Estos discursos críticos (moderados al final por los socialdemócratas) calaron durante años en una población que vivía la integración en la UE como un mal que no encontraba compensación en su lado positivo. Tal vez por eso, el análisis del voto del Brexit muestra una polarización tan clara en función de la edad, la clase social y el nivel de estudios. Los jóvenes británicos, que ya no conocieron el ataque crítico de la izquierda hacia Europa y que han adquirido una experiencia propia, con sus viajes y la utilización de las redes, han votado aplastantemente por la permanencia, mientras que los mayores de 50 y la working class rechazaban casi con la misma fuerza la permanencia en Europa. Curiosamente, van a ser ahora los jóvenes quienes tengan que construir un futuro sin la UE.

Es innegable que el liderazgo del proceso de abandono de la Unión Europea ha residido fundamentalmente en la extrema derecha, que ha impregnado el discurso a favor del Brexit con valores propios, de un contenido peligroso, no solo para el Reino Unido sino para el futuro de la idea de Europa, que siempre se ha presentado como unidad frente a la xenofobia y la violencia y como espacio donde promover los valores de la justicia social y el bienestar. Es probable que la idea de la Unión Europea como garante de la paz y la movilidad social ya no pueda sostenerse a la luz de la deriva adoptada tanto con la gestión de sus fronteras exteriores como con las políticas de austeridad. Pero esta realidad no debería ocultarse detrás del hecho de que el euroescepticismo esté impregnado de esas ideas xenófobas y nacionalistas.

Existe un conjunto de críticas legítimas a la deriva ultraliberal de la UE que no se basa en esos valores de extrema derecha, sino en la exigencia del respeto a los derechos humanos, la justicia social y la solidaridad. Críticas que exigen el respeto no solo a los ciudadanos nacionales depauperados por la crisis, sino también a aquellos otros que proceden de terceros estados y se agolpan en las fronteras europeas en busca de refugio. Es fundamental no confundir estas críticas con la eurofobia que utiliza a la UE como un enemigo y que, tal y como ha sucedido en Gran Bretaña, sirve para fraguar un discurso de vuelta al estado nación y a la xenofobia.

El camino hacia una Europa de la justicia social y de la solidaridad debería sumar y no restar piezas. Para que Gran Bretaña no sea solo la primera de otras fugas, es urgente que la UE revise a fondo sus políticas neoliberales y regrese al método comunitario, anteponiendo a los egoísmos nacionales y a la defensa del capitalismo despiadado, la cohesión social de sus 500 millones de ciudadanos y trabajadores. 

 

Los últimos días de campaña del referéndum británico marcaron una tendencia equivocada. Lo que parecía anunciar una ajustada victoria de la apuesta por la permanencia en la Unión Europea ha acabado siendo un triunfo cómodo (cuatro puntos) de la opción por la salida. El Reino Unido se va. Y ahora,...

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9 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Mina

    El artículo que firma la editorial, coincide totalmente en el análisis, con la opinión del presentador Sr. Antonio Jimenez del canal 13 tv, ¿será que estos ya no son tan de derechas, o que la editorial de este periódico tiene muchas cosas en común con ellos!!! ja ja

    Hace 5 años 3 meses

  2. josemanuel55

    Sr. editor: Es legítimo alzarse contra un sistema que nos empobrece y que engorda a monopolios y políticos. La presencia de nazis es como la de esos violentos infiltrados en las manifestaciones que gritan ¡Soy compañero! a la policia de uniforme. Por favor, no nos confunda, no desdeñe la percepción de carencia de futuro, para nosotros y para nuestros hijos, el legítimo derecho a abandonar un juego que nos perjudica y cuyas reglas no podemos cambiar, el conocimiento de que cualquier cambio procedente de los políticos no es mas que limosna para contentarnos, pan para hoy y hambre para mañana. Los nazis gritan Gibraltar español, los perjudicados, España gibraltareña, asi ganamos todos

    Hace 5 años 3 meses

  3. klimt

    No engañemos al personal. Lo que está poniendo contra las cuerdas a la UE no es la austeridad, ni los recortes, ni el neoliberalismo de Bruselas. Hay un jugador nuevo en la escena. Uno que representa a millones de voces que quieren seguridad, control y ninguna inmigración. A fecha de hoy no hay ningún partido de extrema izquierda con relevancia electoral, que plantee el abandono de la UE. Tsipras no va a convocar ningún referendum para que Grecia se marche. Iglesias tampoco. Eso sí, hay un montón de progres haciendo una lectura falaz de los resultados en el Reino Unido: como si lo que han votado por salirse lo hicieran porque la UE no ha traído suficientes refugiados sirios. Son patéticos.

    Hace 5 años 3 meses

  4. Cromanon

    Viva la democràcia. La influència y supeditació a los lobbys de poder nos esta demostrando que tanto los estamentos internacionales como los gobiernos en lugar de defender a la población están inmersos en recibir ordenes de los intereses de los mercados supeditano el interés popular por el interés del beneficio. Sír Cameron ha demostrado ser un político demócrata ante todo pronóstico, dando voz y voto a su pueblo para que pueda decidir sobre su futuro.

    Hace 5 años 3 meses

  5. pep48

    Esto es un aviso a los dirigentes de la UE, el protagonismo debe ser de los ciudadanos de a pié, no puede ser una UE para los vividores a costa de los trabajadores, si esto no lo entienden, la UE se termina.

    Hace 5 años 3 meses

  6. Disenso

    Europa ...si la de sus pueblos y gentes, no la de los mercaderes y los traidores pro-inmigracionistas, no se confunde EN NADA . Es la Europa liberal de los mercaderes y la izquierda endofoba la enternece contemplar juntos de la manita (como ya hicieran en la IIGM), enterrando desde hace décadas a Europa bajo los oscuros y egoístas interés de sus ombligos, especulando, cuando no derrochando y regalando lo que es de todos a quien ni lo ha pagado con sus impuestos, ni pretende integrarse. No es de extrañar, ni casual, que solo en Londres, con un alcalde musulmán, ganase la opción de seguir en la UE, la nueva babilonia del stablishment donde los británicos de siempre son minoría en la capital de su propio país. La Europa liberal de los mercaderes y de los traidores endofobos VS La identidad de la Europa eterna, la europa solidaria con sus propias gentes, la del interés común antes que el ajeno, la Europa independiente del poder militar americano y del poder financiero de las elites mundialistas, la Europa independiente y propietaria de su propio destino, no la que nos impone la troika, el BCE, el FMI o el Banco Mundial y demas entes supranacionales. Europa fue, es y será posible ...pero no la vuestra de mercaderes y endofobos.

    Hace 5 años 3 meses

  7. Mentalmente

    ¿Democracia ya? ¿O todavía no?

    Hace 5 años 3 meses

  8. Izquierda, pero no tonto

    Con esas ideas tendremos mas del otro lado. Mas facilidad al progimo menos al de casa y se enfadan. Extremo, pues si, pero normal que se cabre la gente. Cuando hay dinero todo el mundo es bueno cuando no queda hay es otro asunto. Per me encanta que si los trabajadores pobres y clase media vota salir, son de extrema derecha. No sera que la izqierda se equivoca en algo, vamos digo yo. No que son los otros los que se equivocan, que no piensan.

    Hace 5 años 3 meses

  9. OpaideMigueliño

    lo que realmente cambia la UE, es la caída del muro de Berlín y el mundo soviético. La UE fue un invento de democristianos y socialdemocratas para evitar la expansión del comunismo por Europa, era la forma de evitar que las pugnas nacionales debilitara el conjunto. El miedo al comunismo permitió el avance de las clases populares en el continente. Todo eso se rompió con la caida del mundo soviético ¿por qué hay que ceder una parte de los beneficios a las clases populares? si quieren sanidad. que se la paguen. Quieren vivir cuando sean viejos? que ahorren, que eso beneficia al capital financiero. Ahora veremos por donde se inclina esto, esperemos que no del lado del capital financiero

    Hace 5 años 3 meses

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