1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Historia

Chaves Nogales anduvo y contó

El cronista no tenía bando ni estuvo involucrado en ningunas siglas. Su bandera fue la defensa del Estado de Derecho y las libertades del ser humano

Jesús Alberto Mesas Núñez 8/05/2016

<p>Fotograma del documental <em>El hombre que estaba allí</em>.</p>

Fotograma del documental El hombre que estaba allí.

ASMA FILMS

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Decía Pío Baroja que hay dos tipos de periodistas: los de mesa, cuyos zapatos no conocen superficie distinta a la del suelo de su redacción, y los de patas, perpetuamente desposados con salir a la calle en busca de historias. Después han sido muchos los que han sentenciado —no sin falta de juicio— que Manuel Chaves Nogales pertenecía al segundo, y sin embargo, al hacerlo se delatan desconocedores de que el reportero acusaba de “injusta división” el dictamen de su amigo.

El antetítulo es Sevilla. Una parcela en el cementerio de Fulham sin inscripción ni lápida que trasluzca quién se encuentra ahí el colofón; comprendiéndolos, cuarenta y seis años de textos, viajes, desarraigo, conmociones… periodismo.

Es inaudito, pero en este caso también explicable, que una agudeza tan prometedora fuera aislada con tanto empeño hasta perderse en un abandono doloroso. Ha ocurrido siempre en España, “donde todo es ilimitado y desaforado y donde casi nadie sabe su oficio”, que cuando alguien utiliza la cabeza antes que rendirse a los pálpitos urgentes de su corazón, al instante queda vacunado contra el frenesí de los extremismos, pero en contrapartida debe acatar el inevitable castigo de ver cómo su pensamiento y su opinión se convierten en enemigos para ambas causas.

Chaves Nogales no tenía bando ni estuvo involucrado en ningunas siglas. Su bandera fue la defensa del Estado de Derecho y las libertades del ser humano, desde su misión de contrapeso del poder y su posición de “intelectual liberal”, como él mismo se presentaba. Esa postura, la más sensata, también era la más peligrosa. Para la derecha era un rojo detestable y para los comunistas un burgués odioso: “Un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros”.

No lo fusilaron pero murió solo y en el extranjero, exiliado y a una inmensidad de su mujer y sus hijos —a la última, Juncal, no la llegó a conocer—. Muy pocos días después, la dictadura lo reprobó a través del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo. Al sepulcro sin honores de Londres se le unió un alud de abandono y desmemoria. El reflujo de nuestras leyendas negras hizo lo demás y tampoco se habrían dado diferencias en esto si los triunfadores hubieran sido otros.

Madrid y la consolidación

Parecía haber nacido periodista y acaso la genética jugó en su favor porque su padre y su tío materno lo eran. Fue precoz. De adolescente ya estaba interesado en la profesión y con dieciocho años, El Liberal y El Noticiero Sevillano asilaron el bautizo de sus primeras firmas. Con veintitrés y en puertas de su partida a Madrid participó en la fundación del diario La voz de Córdoba y casi de corrido alumbró su primer producto periodístico de envergadura: La ciudad (1921; Almuzara, 2011, Córdoba). Un ensayo en tres partes, de corte costumbrista pero con profundidad y lejos de los sitios comunes, sobre el lugar en el que había vivido hasta entonces y un documento en el que su talento literario se ahorquilla entre la oda leal a Sevilla y la crítica aguzada a los sevillanos.

Chaves Nogales poseía una capacidad natural para leer las circunstancias y sus posibles secuelas mientras sucedían. Lo veía claro, era lucidísimo. Anotaba rápido y analizaba con precisión lo que sobrevenía en el mundo, como en una rueda de prensa de los acontecimientos. Siempre con imparcialidad. Con rigor. Jamás se le infectó la escritura de doctrinas ni argumentarios políticos. Sólo tuvo filiación con el periodismo y su lealtad únicamente respondía ante sí mismo y los lectores.

Sin embargo la independencia profesional no le entrañó falta alguna de compromiso. Los principios de igualdad, progreso, libertad y democracia se perpetuaron, le formaron un vigoroso cimiento moral que trascendía los lugares y eventualidades a los que asistió.

Sus textos no sólo son el certificado penetrante de uno de los episodios más negros de nuestras efemérides, también dejan constancia de todo lo que da de sí la primera mitad del siglo XX. Viajó. Mucho. Recorrió toda Europa interpretando por escrito “el panorama espiritual de las tierras que he cruzado, montado en un avión” y las crónicas de esa peripecia, como las de su periplo por el norte de África, salieron en Ahora con el vigor de una novela de aventuras.

También habló, libreta en mano o mediante la formalidad de una entrevista, con numerosas figuras relevantes de su tiempo. Goebbels, “ridículo, grotesco; con su gabardinita y su pata torcida”, el sultán azul en Ifni —cerúleo por desteñírseles en la piel los malos tintes de sus ropas—, el primer ministro británico Winston Churchill o el presidente Manuel Azaña se le sentaron enfrente. Él era el alambique de cuanto tenían que decir; la herramienta perfecta, pivotante y transmisora entre realidad y audiencia.

Supo obtener provecho de escuchar, el juicio analítico inveterado y una portentosa clarividencia para augurar lo que iba a ocurrir. Acertó en casi todo, desde las nefastas consecuencias que tendrían para Europa el auge de los totalitarismos —sobre todo el fascista— a principios de los años treinta, hasta el erial de miseria y desigualdad en que se convertiría nuestro país después de la Guerra Civil, ganase quien ganase. 

Una forma de contar innovadora

Ese “nuevo periodismo” donde la manera de contar agarra por la pechera al qué se cuenta, el informador se disuelve en la información conquistando de primera persona su perspectiva de tercera, invadiendo silenciosamente la vida de los protagonistas y cuyo invento se le concede con tantos galones a Truman Capote, Hunter S. Thompson o Tom Wolfe —virtuosos sin ninguna excusa— ya lo había explorado Chaves Nogales décadas antes. Era habitual que en su narración saliera sigiloso por un lateral del escenario, se situase detrás de la cámara y observara desde ahí la historia contada por sus personajes. “Cuento lo que he visto y lo que he vivido más fielmente de lo que yo quisiera”, proclamó implicado en los vértices del trastorno de guerras y pronunciamientos, como un aedo moderno y con un estilo de cronista de lo anómalo que prueba su sagacidad atemporal.

El paradigma del protagonista haciendo de involuntario confidente y el suceso histórico como leitmotiv es El maestro Juan Martínez que estaba allí (1934; Libros del Asteroide, 2007, Barcelona). En el libro, al bailaor flamenco burgalés lo sorprende el conflicto entre zaristas —rojos— y bolcheviques —blancos— en el prólogo de la URSS, recién pasada la revolución de octubre.

No se sabe con certeza si Juan Martínez conoció a Chaves en París y allí le contó sus correrías o el danzarín es el compendio retórico del testimonio de personas reales que el autor acopió durante sus viajes. No importa. El maestro ve cómo después de la tiranía de los zares, la utopía comunista del buen orden social voceada por Lenin sólo era eso, una quimera desmitificada de suprema violencia; blancos y rojos infligiéndose crueldad saturados de odio: “La guerra civil daba un mismo tono a los dos ejércitos en lucha, y al final unos y otros eran igualmente ladrones y asesinos; los rojos asesinaban y robaban a los burgueses, y los blancos asesinaban a los obreros y robaban a los judíos”. Rusia, donde ocurrió aquello, se pudo sustituir luego por Alemania sin otro reemplazo que comunismo por nacionalsocialismo. Ninguna otra alteración. Él lo sabía.

La única concesión de la exactitud periodística la hizo con Juan Belmonte, matador de toros; su vida y sus hazañas (1935; Renacimiento, 2013, Sevilla) para cuya lectura la afición a la lidia es algo tan irrelevante como supletorio y Chaves Nogales demuestra que tampoco hace falta ser experto en tauromaquia —él mismo no lo era e incluso le dedicaba reticencias— para escribir con calidad sobre un torero y sus contornos.

La biografía no va de eso y desde luego lo que menos importa es que el retratado sea matador de toros. Es el estrato más terreno e individual lo que centra el autor. Belmonte sólo ha sido y es él, junto a la inmediata subjetividad de su cosmogonía, desde la página de origen hasta la de cierre. Nada más.

El relato describe primero al Juan Belmonte de la calamidad, el leer tardío y el aprender mirando. “Más 'cornás' da el hambre”, dijo otro de su cofradía que como él, burló las cancelas de los corrales para jugarse de noche y sin consentimiento el malvivir del resto del día. Después llega el héroe de masas, la amistad con los literatos y las disyuntivas existenciales.

La revista 'Estampa' publicó por entregas —más de veinte en varios meses— el perfil que notables escritores han estimado después uno de los mejores libros en castellano del siglo XX. El éxito fue categórico y a la vida del Pasmo de Triana sólo le ocupó dos años planear sobre el Atlántico, primero hasta la revista literaria The Atlantic Monthly de Boston y luego siendo compilada en formato libro por una editorial británica en Toronto.

La obra también tuvo un reconocimiento especial durante la dictadura aunque por otras razones. El veto que el franquismo cernió sobre toda la creación del periodista por percibirla subversiva y peligrosa, tuvo desde el final de la guerra civil una única excepción. En 1970 la editorial Alianza reimprimió en Madrid la historia del renombrado espada, algo que a todas luces corresponde con la maniobra de la censura más superficial e ignorante, convencida de que editar las hazañas de un torero no haría sino reforzar los valores nacionalcatólicos del régimen.

El alto precio de la independencia

Prosperó el 18 de julio y una herida de muerte partió España en dos. Cualquier acción de grupo se ensuciaba al momento de intención política la tuviera o no y la polarización medró consiguiendo que abstraerse fuera un ejercicio de autocontrol prácticamente irrealizable. Sin embargo existió, si bien muy pequeño, un grupo de no alineados, de adscritos a la “tercera España” que acuñó Salvador de Madariaga —otro de los pocos eclécticos—, quienes desde la moderación y resultándoles inadmisible la guerra, demandaron a unos políticos pusilánimes y unos militares enfermos de inquina diálogo, consenso y altura de patria para dar arreglo a los problemas que los bombardeos no hacían sino recrudecer.

Desde el editorial de Ahora Chaves apeló a la razón, escandalizado por la inmediatez de la masacre que intuía. Porque “hasta ahora no se ha descubierto una fórmula de convivencia humana superior al diálogo”, pensaba. No sirvió para nada.

Poco después un Consejo Obrero incautó el periódico. El “camarada director” dejó de tomar decisiones y se esfumaron la independencia y la calidad de contenido que tanto éxito de ventas le había reportado a la cabecera para ser un simple órgano de propaganda: “Me puse al servicio de los obreros, siendo leal con ellos y conmigo mismo. [...] Hombro a hombro con los revolucionarios, yo, que no lo era, luché contra el fascismo con el arma de mi oficio”.

En las narraciones noveladas de A sangre y fuego. Héroes, Bestias y Mártires de España. Nueve novelas cortas de la guerra civil y la revolución (1937; Austral, 2009, Madrid), Chaves Nogales deserta del maniqueísmo de vencedores y vencidos para tocar la carne viva de lo humano, precisando con breves historias el martirio de una guerra durante la que los roles de bellacos y hostigados a menudo se confunden. Empotrado en el ejército republicano recogió el material de este compendio que, culminado y enviado desde Francia, la recién nacida revista mejicana Sucesos para todos hizo público.

El prólogo es durísimo y el resto impecable. Otra vez la autenticidad se impone a cualquier apasionamiento y tan asoladora es la crítica al páramo dictatorial que quienes acaudillaban al ejército sublevado querían para España, como a las brutalidades perpetradas por algunos grupúsculos revueltos en la amalgama desorganizada de las milicias. Estar en medio de todo eso sin decantarse tenía un coste muy alto: “Se paga caro, desde luego. El precio, hoy por hoy es la Patria”.

Y con la Patria pagó aunque no fue de los primeros. Chaves Nogales aguantó en Madrid hasta que el Gobierno de Largo Caballero se trasladó a Valencia. El autor vio en ese gesto la traición a la República y fue el catalizador que lo llevó a él también a irse de la ciudad. O eso cuenta oficialmente porque, pese a no haber pruebas concluyentes que lo sustenten, es muy probable que Chaves permaneciera en Madrid y muy cerca del general Miaja, escribiendo sobre la resistencia: “El poder que el gobierno legítimo dejaba abandonado en las trincheras de los arrabales de Madrid lo recogieron los hombres que se quedaron defendiendo heroicamente aquellas trincheras”. Miaja, salvando las distancias, era bastante parecido a él. Un hombre seguro, de principios muy asentados y cuyo compromiso con la República era motivación suficiente para mantenerse en su puesto, por muy estentórea que fuese la sensación de estar todo perdido.

De lo reunido esos días brotó en 1938, ya reflexionados en el extranjero, la serie de artículos Los secretos de la defensa de Madrid (1938; Renacimiento, 2011, Sevilla), que como un folletín aparecieron también en 'Sucesos para todos' consecutivamente en dieciséis episodios. La revista actuó como el único salvoconducto en español que los difundía, pero de nuevo hubo resonancia internacional y un mes después y por doce días, la cabecera inglesa The Evening Standard editó traducida The Defence of Madrid.

El exilio lo agració con una óptica menos visceral para hablar de la guerra civil. No obstante, la poca distancia temporal respecto a los episodios equilibra la lejanía física y la magnitud de su narrativa tachona las crónicas de testimonio directo, omnisciente, como vivido en la plena hostilidad del combate.

No hace loas. Está engastado en una barbarie donde ninguna opción es mejor que la otra y lo deja claro al referir su marcha de la ciudad: “Tanto o más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio y los asesinos de la Falange, que a los analfabetos anarquistas o comunistas”.

Insegura París

Su familia lo esperaba en Barcelona. Cruzaron la frontera francesa. Eran refugiados. Una casita en el barrio parisiense de Montrouge fue el sustrato en el que sus raíces, arrancadas de mala manera, debían agarrar. No quedaba otra. Chaves retomó su trabajo con el ánimo derruido en la metrópoli de los poetas malditos, con la marginalidad de un bohemio pero despojado de toda pose artística. Empezó prácticamente de cero, casi como un principiante, haciendo colaboraciones y artículos —esencialmente para medios de Latinoamérica— e intentando dirigir la atención de otros países hacia el espanto que estaba padeciendo el suyo.

El avance nazi por Europa ya era vertiginoso en 1940 y cuando ocuparon Francia, Chaves Nogales supo que volvía a estar en peligro. Siete años atrás, en 1933, viajó a la Alemania donde Hitler acababa de secuestrar el poder, para conocer y escribir sobre las particularidades del novedoso gobierno nacionalsocialista. Se quedó alarmado. Lo sobrecogió ver cómo en un país asfixiado por el desempleo y la inflación, la arenga populista de los nazis horadaba tan fácilmente la voluntad de los alemanes. Nuevamente miró la situación con una perspicacia contundente: “La guerra; Alemania va a hacer la guerra”.

Antes de irse encomendó a su hija mayor Pilar, que quemara todos los libros y papeles de su despacho: “Van a venir los alemanes buscándome y no deben encontrar nada aquí”. A los quince días acudió la Gestapo y no, no encontraron nada.

Los suyos regresaron a El Ronquillo (Sevilla) esperanzados en que el tiempo lo devolviese todo a la normalidad. Él arribó a Londres, moviéndose por la “parte habitable de mundo” que le quedaba. Almacenó la travesía por mar y su estupefacción por lo que acababa de pasar en La agonía de Francia (1941; Libros del Asteroide, 2010 Barcelona), un ensayo abrumador que explica las causas de la invasión alemana y una crítica punzante al avejentado ejército y la docilidad de la sociedad para afrontarla: “El viejo y acendrado amor que profesábamos a Francia no podrá en mucho tiempo vencer el dolor de la traición que se ha hecho a sí misma y al mundo que creía en ella”. Ya había perdido dos patrias.

Londres y la calle de la prensa

Siempre admiró Inglaterra. Le gustaba la solemnidad de su organización política, el acervo cultural, la forma en la que se elaboraba información y cómo se consumía. Allí le acometieron la estrechez económica, la melancolía, la enfermedad… pero prosperó. Fundó la 'Atlantic Pacific Press Agency' en Fleet Street, la calle epicentro de la prensa en Londres, desde donde divulgaba noticias principalmente para Hispanoamérica y al servicio de medios tan acreditados como el Evening Standard o la BBC ganó prestigio. En este período se le colige un crecimiento profesional enorme, a pesar de la distancia y el hecho de que estar en un país extranjero era entonces para él la única premisa que le garantizaba la supervivencia.

Las complicaciones derivadas de una operación de peritonitis lo doblegaron el 8 de mayo de 1944. Unos días antes, barruntando lo peor le dijo a su compañero Antonio Soto: “Es horrible. Llevo ocho años esperando ver cómo vencen al fascismo y me voy a morir precisamente en el momento en que los Aliados van a invadir Europa libertándola de sus opresores”. En efecto, quedaba un mes para el desembarco de Normandía.

A Manuel Chaves Nogales le habría resultado mucho más asequible y menos perturbador abandonar después de los primeros embates, agazaparse, dejarse silenciar; pero en el balance final de la historia figuraría en el haber de los vulgares y no en el de la excelencia. “Andar y contar es mi oficio”, decía, y con ese insuperable aforismo extractaba su trabajo y lo que en todo momento debió ser el periodismo: acudir, vivirlo y contarlo con los ojos, la boca y la literatura de quien no está pervertido por la pulsión inmediata de los prejuicios ni el veneno reposado de las ideologías.

Decía Pío Baroja que hay dos tipos de periodistas: los de mesa, cuyos zapatos no conocen superficie distinta a la del suelo de su redacción, y los de patas, perpetuamente desposados con salir a la calle en busca de historias. Después han sido muchos los que han sentenciado —no sin falta de juicio— que Manuel...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Jesús Alberto Mesas Núñez

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí