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Tribuna

Metáforas que nos rompen desde adentro: ¿Qué se rompe al “romper España”?

El marco de la ruptura viene empaquetado de fábrica. Frente a él, podría idearse uno nuevo para legitimar el referéndum, inspirado en el de la emancipación familiar

Manuel David González Pérez 27/04/2016

<p>Zona vigilada.</p>

Zona vigilada.

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En los últimos meses hemos asistido en España a un auténtico escarmiento lingüístico por parte de la conservaduría política y mediática que en su celo de centralización del poder y control sobre los pueblos de España ha recurrido a una imagen metafórica altamente lograda que se ha proyectado hasta la saciedad en todas las plataformas públicas del país: romper España.

Ese simple sintagma verbal se ha repetido con una sistematicidad tan robótica y una entonación de alarma tan incisiva que parece evidente que se trata de un instrumento de propaganda ideológica. Sin embargo, merece la pena que nos paremos a reflexionar sobre los efectos que este tipo de eslóganes lingüísticos pueden ejercer sobre nuestras mentes y comportamiento.

Que el lenguaje pueda ser una herramienta de manipulación al servicio de grupos de poder es algo que pocos cuestionarían. Sin embargo, cuando se les pide que reflexionen conscientemente al respecto, la mayoría de los individuos se declaran inmunes al adoctrinamiento. Es evidente, pues, que faltan algunas piezas del rompecabezas. Una de ellas es el subconsciente cognitivo, donde, según neurocientíficos como Michael Gazzaniga, tiene lugar la inmensa mayoría de nuestros procesos perceptivos, atencionales, memorísticos y emocionales, así como la toma de decisiones y la configuración de nuestras filiaciones morales y políticas.

Nuestro pensamiento ordinario, según han mostrado el lingüista cognitivo George Lakoff, el filósofo Mark Johnson y el neurocientífico Antonio Damasio, no es siempre literal sino en gran medida metafórico. Codificamos y entendemos las realidades abstractas en términos de experiencias culturales y corpóreas concretas. Los valores morales y políticos, abstractos como son, nos son accesibles en gran medida a través del lenguaje y el pensamiento metafórico y la frase romper España es un ejemplo muy ilustrativo de ello. Esta expresión superpone lingüísticamente un esquema interpretativo a nuestra percepción y comprensión de las relaciones sociopolíticas entre catalanes y españoles. Este esquema constituye una narrativa o un marco, que podemos llamar el marco de la ruptura: una acción concreta cotidiana en la que alguien aplica una fuerza violenta sobre algo o alguien haciéndole perder su integridad física, que queda deshecha como resultado en partes disfuncionales, a menudo de forma irrecuperable.

 Los valores morales y políticos, abstractos como son, nos son accesibles en gran medida a través del lenguaje y el pensamiento metafórico y la frase romper España es un ejemplo muy ilustrativo de ello

El marco de la ruptura viene empaquetado de fábrica con toda una serie de asociaciones e inferencias propias: que su ejecutor es una entidad activamente violenta, que el objeto o ente roto tiene una unidad y cohesión intrínsecas que le dan su identidad ontológica y perceptual, que este objeto sufre indefenso la voluntad activa del ejecutor de la ruptura, que el resultado es destructivo y doloroso. Estas asociaciones se trasladan automáticamente al ámbito conceptual de destino --las relaciones geopolíticas entre Cataluña y España-- sobre el que se superponen como claves metafóricas de interpretación basada en correspondencias conceptuales. Así, en la imagen mental resultante, España es un objeto íntegro y cohesionado, el Parlamento de Cataluña y partidos políticos como Podemos, un agente con la intención de aplicar una fuerza violenta, que sería el referéndum, sobre ese objeto-país, España. En una de las variantes del escenario metafórico, una declaración de independencia resultante del referéndum correspondería a la ruptura estrepitosa del objeto, los Estados resultantes, a fragmentos amorfos disfuncionales; siendo el resultado de ello la desolación, la frustración ante la pérdida de un objeto querido, la indignación ante la arbitrariedad y gratuidad del ímpetu destructivo del agente disruptor, frente al que hace falta una suerte de guardián protector, los partidos ‘constitucionalistas’.

Este tipo de superposición metafórica no es sólo una cuestión de lenguaje figurado, sino que favorece realmente una integración conceptual de los contenidos abstractos y los concretos. Hoy sabemos que nuestra producción y comprensión de palabras se basan en un proceso conocido como simulación mental: las redes neuronales encargadas de procesar el lenguaje sobre el movimiento son en buen grado las mismas encargadas de coordinar actos reales de movimiento, así como de descodificar los movimientos que percibimos en el entorno. Cuando procesamos una palabra como romper, no sólo evocamos la memoria y las asociaciones de nuestra experiencia concreta de la ruptura en nuestra vida: juguetes rotos, piernas rotas, ventanas rotas, sino que también coactivamos los circuitos que se activarían si estuviésemos rompiendo algo.

Romper España puede además combinarse e.g. con el marco de la posesión --España es de todos-- o el de la identidad –España somos todos, extranjeros en su propio país o La igualdad de los españoles–, mantras éstos frecuentemente evocados en simultáneo

Pero la simulación mental no se detiene en el lenguaje literal. En numerosos experimentos revolucionarios se ha mostrado que las metáforas también la desencadenan. Cuando nuestra lengua y cultura nos obligan a hablar del futuro como algo que está delante de nosotros, no sólo nos permiten hablar del tiempo como si fuera, metafóricamente, algo espacial, sino que condicionan nuestro sistema sensomotor en un fenómeno conocido como cronestesia: al pensar sostenidamente en el futuro, inconsciente e imperceptiblemente nuestro cuerpo se inclina hacia delante, mientras que lo contrario sucede si pensamos en el pasado. Si las metáforas cognitivas interfieren con el sistema sensomotor, uno de los más básicos y profundos, no parece que sea una cuestión meramente superficial el que hablemos de las cosas con unas u otras. Daniel Kahneman ha demostrado magistralmente que las metáforas importan también a nivel de emociones y conducta: ante los mismos hechos objetivos, su vinculación con marcos positivos o negativos marca una diferencia demostrable en nuestra conducta. En el caso del marco de la ruptura, como es evidente, las connotaciones son fundamentalmente negativas lo que a nivel subconsciente genera malestar emocional.

Romper España puede además combinarse e.g. con el marco de la posesión --España es de todos-- o el de la identidad –España somos todos, extranjeros en su propio país o La igualdad de los españoles–, mantras éstos frecuentemente evocados en simultáneo. Su interacción (ruptura + identidad) puede potenciar sus efectos y ampliar sus inferencias llevándonos a sentir mentalmente una ruptura ejecutada sobre nosotros, aunque estemos lejos de Cataluña y los centros de discusión política. El anclaje experiencial y fisiológico tan omnipresente y sólido de este complejo metafórico lo dota de una gran fuerza y efectividad como eslogan moral y arma política: cada vez que un periodista, un político o un amigo pronuncia ese eslogan, nos rompe metafóricamente por dentro.

Esa lupa, claro está, es sólo una de muchas maneras posibles de enmarcar el debate, no una descripción objetiva ni literal de la realidad, sino una herramienta lingüística y cognitiva al servicio de una visión del mundo y de unos intereses políticos específicos.

Unos intereses que sin ser auténticamente progresistas se han apoderado de las mentes de muchos políticos y votantes mayoritariamente progresistas que están abandonando algunos de sus valores sin llegar siquiera a articularlos, desarmados y desnudos ante el marco de la ruptura, que parece dejarlos sin capacidad de pensar el asunto a través de otra lupa.

A través de ella se enfatizan ciertas porciones de la realidad, al mismo tiempo que se ocultan otras. Tomemos el caso de la intencionalidad: en el espacio mental integrado se hereda la intencionalidad del esquema de la ruptura física no del esquema de la legitimación de un referéndum --puesto que la intención de la propuesta de legitimar un referéndum no es per se la separación y, de hecho, la inmensa mayoría de los partidarios del referéndum no son separatistas--, pero en el espacio mental resultante este hecho primordial queda oculto pues se han comprimido causal y temporalmente las intencionalidades originales de los dos espacios mentales de partida.

Los propios propulsores del independentismo están moviendo fichas en la batalla discursiva y frente a la narrativa rupturista de los ‘partidos constitucionalistas’ han dado vida a las metáforas de desconexión y la construcción

Las metáforas y las narrativas discursivas son muy poderosas, imponen una visión preferente de la realidad transfiriendo toda una serie de inferencias implicacionales y de estructura conceptual interna de la que no somos ni podemos ser conscientes sin reflexión explícita de por medio.

Lakoff en sus libros alerta de que los progresistas y demócratas están sufriendo bajo lo que denomina "hipocognición" --la falta de esquemas cognitivos propios simples y sólidos que permitan articular sus valores con expresiones lingüísticas breves y concisas--.

Los propios propulsores del independentismo están moviendo fichas en la batalla discursiva y frente a la narrativa rupturista de los ‘partidos constitucionalistas’ han dado vida a las metáforas de desconexión y la construcción. En una entrevista reciente el presidente catalán insistía ante Ana Pastor en que su proyecto político no es romper nada sino construir una nueva realidad ilusionante que ha de pasar por desconectarse del Estado español para volver a conectar con España, presentando metafóricamente el proceso como una actividad reversible articulada en torno a una moldura que permite intrínsecamente la separación de dos partes bien individuadas que habían sido previamente conectadas, como si de un enchufe se tratara, en el que no hay que romper nada para desconectar algo. Esta metáfora choca frontalmente con la metáfora rupturista de los constitucionalistas, pues conceptualiza la separación como la vuelta a un estadio originario de individualidad de dos entidades distinguidas. 

Tal vez alguien en el progresismo nacional popular debería ir pensando en diseñar contrametáforas para ganar terreno discursivo. Frente al marco de la ruptura y de la desconexión diseñado para desacreditar y promover el independentismo, podría idearse uno nuevo específicamente para legitimar el referéndum.

Se me ocurre que un marco útil para esto es el de la emancipación familiar: ¿Realmente queremos un gobierno que, como muchos padres estrictos, nos retenga contra nuestra voluntad en el hogar familiar, que pueda denegarnos la libertad de buscarnos una vida propia en otra ciudad? ¿De verdad tiene sentido que toda la familia vote para decidir el destino de un solo individuo? ¿Por mucho que hayan invertido trabajo, dinero, energía y cariño en nosotros, significa eso realmente que es ilegítimo nuestro deseo de emanciparnos, de decidir como adultos? Adoptar el rol de padre estricto que no tolera ser cuestionado en su autoridad por un hijo es difícilmente compatible con los valores democráticos. Sí lo es, en cambio, invitarlo en un despliegue de moral empática de la corresponsabilidad, a compartir nuestro proyecto y a reconstruir un espacio nacional popular común para que nunca más alguien se vea en la tesitura de plantearse el exilio.

La mera insistencia en datos, estadísticas y argumentos puramente racionales no parece que vaya a surtir gran efecto. La idea de racionalidad ilustrada universal es en gran medida incompatible con lo que hoy sabemos de la mente, el lenguaje y el cerebro. Es quizá el gran talón de Aquiles del progresismo: la verdad sola no nos hará libres, no sin los marcos discursivos apropiados.

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Manuel David González Pérez es lingüista y científico cognitivo.

En los últimos meses hemos asistido en España a un auténtico escarmiento lingüístico por parte de la conservaduría política y mediática que en su celo de centralización del poder y control sobre los pueblos de España ha recurrido a una imagen metafórica altamente lograda que se ha proyectado hasta la...

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  1. Ana Pérez

    Interesantísimo artículo. ¿Cómo se relacionan estas ideas con la de "la parte hace el todo" .Se percibe el objeto roto igual en la infancia que en la edad adulta? Grcias.

    Hace 5 años 5 meses

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