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Ryan Gattis / Autor de la novela ‘Seis días’, sobre los disturbios raciales en Los Ángeles en 1992

“Racismo e injusticia son los problemas endémicos de Estados Unidos”

Barbara Celis 24/02/2016

<p>Ryan Gattis.</p>

Ryan Gattis.

Sam Tenney

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Seis días son un instante en la vida de una ciudad. Sin embargo, lo que ocurrió en Los Ángeles durante los seis días de 1992 que sucedieron a la absolución judicial de tres de los cuatro policías (blancos) que machacaron a palos al taxista (negro) Rodney King dejaron una profunda cicatriz en una ciudad donde la herida, lejos de estar cerrada, podría volver a abrirse con la misma contundencia. Hollywood nos muestra con insistencia perversa las colinas de Beverly Hills, ese ‘lalalaland’ de mansiones con habitantes de ensueño, recauchutados y botoxmizados (blancos), pero cuando aquellos policías fueron absueltos y los afroamericanos de Los Ángeles se lanzaron a las calles a protestar por un veredicto claramente racista, el mundo entero descubrió que al sur de la Santa Monica Freeway existía otro planeta llamado South Central L.A.

Lo que comenzó como una manifestación rabiosa contra la impunidad policial se convirtió en apenas unas horas en el disneyworld de la violencia, con docenas de muertos y miles de heridos servidos a la carta en directo por televisión. El casting informativo se centró en los afroamericanos aunque en ese área de Los Angeles conviva toda la geografía planetaria. Hubo más de 11.000 incendios que redujeron a cenizas más de 1.000 edificios, se saquearon tiendas grandes y pequeñas, hubo casi sesenta muertos, más de 2.000 heridos, 10.000 arrestos y daños económicos por más de 1.000 millones de dólares. Lo que entonces no nos contó la televisión es que los protagonistas de aquella guerra de seis días que sólo acabó tras el despliegue de miles de soldados de la Guardia Nacional no fueron sólo negros sino también latinos y gente de muchos otros lugares del mundo cuyo único punto en común era ser pobre y vivir en South Central. El pillaje y el saqueo no fueron únicamente el efecto de la rabia social sino que mucha gente aprovechó el caos para robar televisores o comida porque Estados Unidos sufría una fuerte recesión y en South Central LA residían muchas de sus víctimas, la clase trabajadora e inmigrante. Además, las pandillas, en su mayoría latinas, aprovecharon para saldar cuentas entre ellas.

Gattis, blanco, treintañero, con la cabeza rapada y la espalda y los brazos tatuados al más puro estilo pandillero, es de los que ha conseguido convertir un gran trauma en su mejor aliado

El escritor Ryan Gattis no estaba allí pero ha escrito una novela capaz de transportarnos con violencia ultrarrealista y un lenguaje que engancha como la heroína hasta esos Seis días (Seix Barral) que dan título a su libro, obligándonos al mismo tiempo a mirar hacia los Estados Unidos del siglo XXI, donde los prejuicios y conflictos de raza pero también económicos y culturales en realidad apenas han cambiado desde 1992. Ferguson, Baltimore, Missouri, demasiadas pruebas recientes demuestran que los afroamericanos siguen siendo objeto de abusos policiales y la policía sigue yéndose de rositas ante la ley pese a sus actuaciones descaradamente racistas. Además, un aspirante a presidente, Donald Trump, define a los latinos como ¨violadores¨ y amenaza con expulsarles de su propio país.

Gattis, blanco, treintañero, con la cabeza rapada y la espalda y los brazos tatuados al más puro estilo pandillero, es de los que ha conseguido convertir un gran trauma en su mejor aliado. A los 17 años un jugador de rugby de su colegio se comió un ácido y drogado hasta las cejas le partió la cara de un manotazo. Le rompió la nariz y le arrancó parte del rostro, provocándole una deformación que requirió de múltiples operaciones de reconstrucción y más de un año de reposo. Sufrir la violencia en sus carnes de aquella manera le cambió la vida. Y con el tiempo comprendió que aquello podía ser un arma infalible: el lenguaje del dolor te abre la puerta ante aquellos que han sufrido el dolor. Y para acceder al universo de los pandilleros esa llave fue clave. Se curtió en el arte de la persuasión y el diálogo hablando con las comunidades latinas mientras formaba parte de un colectivo de grafiteros de South Central. En sus conversaciones a veces surgían los disturbios raciales del 92 y entendió que esa historia aún podía volver a contarse, pero con nuevas voces. En su libro 17 personajes conectados entre sí, principalmente pandilleros latinos pero también bomberos, enfermeras y adolescentes coreanos, cuentan en primera persona su experiencia durante aquellos seis días. La interrelación entre personajes permite crear tramas claramente cinematográficas, como atestigua el contrato que Gattis ya ha firmado con HBO para convertir su libro en serie. Y teniendo en cuenta que todos los datos que da el libro son reales, bien podríamos estar ante un nuevo The Wire.

Recibe a CTXT en un soleado despacho de Londres, ciudad en la que el autor, nacido en Colorado, estudió literatura hace años:

Su libro es una novela pero según usted mismo ha contado, se apoyó para construirla en los relatos de mucha gente real, ¿qué le llevó a indagar y a querer escribir sobre los disturbios de Rodney King? 

Hasta cierto punto y a causa de lo que me ocurrió de adolescente, la violencia y el retrato de la violencia siempre me ha interesado. A menudo se dice que el exceso de violencia que vemos en el cine o la televisión instiga a la violencia pero no creo que sea consecuencia del cine sino de la supervivencia. A finales de los 80 y principios de los 90 había una fuerte recesión y la gente se quedaba sin empleo y los jóvenes no tenían nada que hacer y en California puedes pasarte el día en la calle porque hace muy buen tiempo y eso significa que las pandillas están en el parque y cuando los jóvenes no van a la escuela es ahí donde se encuentran. La violencia en aquel estallido del 92 también tuvo relación con la introducción del crack y de una diversidad humana muy fracturada. South Central era un lugar muy balcanizado, con gente de muchos lugares que no se comunicaban entre sí. Hoy es diferente porque hay más comunicación entre ellos pero los problemas no han cambiado: paro desmedido entre población afroamericana y latina, falta de educación y racismo policial. Son comunidades abandonadas a su suerte.

Se dice que el exceso de violencia que vemos en el cine o la televisión instiga a la violencia pero no creo que sea consecuencia del cine sino de la supervivencia

¿Podría volver a ocurrir hoy lo que ocurrió en 1992?

Por supuesto. La semilla está ahí. El terreno es el mismo. Fíjate en lo ocurrido recientemente en Baltimore, Ferguson, todos esos abusos policiales contra gente de raza negra, y sus autores no son condenados. Ocurre lo mismo en Los Ángeles. Además, yo no creo en la LAPD (departamento de policía de Los Ángeles). El año pasado dispararon a un homeless por la espalda y ninguno de los policías ha ido a la cárcel. Es un problema endémico de Estados Unidos, no hay justicia. Hay que poder creer en el Estado pero cuando la policía puede hacer lo que le da la gana y el Estado no lidia con la violencia entonces entran en juego las pandillas y el crimen organizado y ellos resuelven los problemas a su manera y eso convierte lugares como South Central en algo así como el Lejano Oeste. En 1992 había 100.000 pandilleros en Los Ángeles y 8.000 policías. Hoy no hay manera de saber cuántos pandilleros hay y el número de agentes apenas ha variado. Y encima, muchos de ellos trabajan secretamente para las bandas. Es una guerra imposible de ganar. Mientras haya avaricia y hay injusticia social siempre habrá ‘gangs’.

¿Estados Unidos sigue siendo racista?

Por supuesto. El racismo sigue siendo uno de los principales problemas de este país. A veces se habla de sociedad posracial pero es una chorrada, a la gente se la juzga continuamente por su color de piel. En América el crimen afecta de forma desproporcionada a los negros, son ellos los que llenan las cárceles y son ellos el objetivo de la violencia policial.  

En 1992 había 100.000 pandilleros en Los Ángeles y 8.000 policías. Hoy no hay manera de saber cuántos pandilleros hay y el número de agentes apenas ha variado

¿Haber tenido a un presidente negro durante ocho años no ha cambiado la situación?

Obama no es negro, es mulato, por lo tanto, también es blanco. Para lo único que ha servido Obama es para polarizar el lado más extremista estadounidense, los que luego han creado el Tea Party y ahora a los seguidores de Donald Trump, un loco peligroso que vive en una burbuja pero que podría llegar a hacer mucho daño si llegara a presidente puesto que ya ha dejado de ser una broma. 

Llevamos un rato hablando de racismo contra los negros y de los problemas que afectan a esa comunidad, pero usted ha escogido contar la historia de los disturbios del 92 a través de personajes principalmente latinos. ¿Por qué?

Porque también es parte de la realidad de aquel momento y nunca se cuenta desde esa perspectiva. Por ejemplo, ni siquiera se dice que uno de los tres policías absueltos en el caso de Rodney King era latino, no blanco. El porcentaje de latinos de South Central es altísimo, más que el de afroamericanos, como en el resto del país. En la tele nos decían: “Mira, los negros están destrozando sus propios barrios, es inexplicable”. Pero no fue así, a menudo iban a otros barrios y se llevaban cosas, y lo mismo hicieron el resto de comunidades. Media ciudad se aprovechó de la situación de caos para entregarse al pillaje. 

Son supervivientes y sin duda hicieron cosas horribles pero yo como escritor no debo juzgarles

¿Cómo entró en contacto con los pandilleros en los que ha basado su novela?

Cuando me mudé a Los Ángeles trabajaba de profesor de inglés mientras trataba de escribir un libro. Entré en contacto con Uglar Collective y comencé ir con ellos a todas partes. Estar en la calle fue muy importante para entender el contexto en el que viven muchas comunidades del sur de Los Ángeles, para escuchar su lenguaje, su ritmo... Fue así como conocí a algunos pandilleros.

¿Cómo se ganó su confianza? Es blanco y además llevaba una década sin publicar ningún libro...

Ayudó mucho trabajar en sus comunidades con los grafiteros de Agar Collective y hablarles de mi experiencia como víctima de la violencia. Conseguí crear una conexión. Es gente que ha conocido el dolor físico y te guste o no eso crea un vínculo con quienes también lo han sufrido, como yo. Además, quizás precisamente porque vieron que llevaba diez años sin publicar nada pensaron que jamás llegaría a publicar el libro que quería escribir. No me interesaban sólo los hechos, que obviamente he alterado para que nadie pueda ser identificado. Me interesaba comprender lo que valoran, lo que desprecian, cómo se enfrentan a su día a día, qué palabras se utilizan, qué líneas no se pueden cruzar… Quizás confiaron en mí porque les dejé muy claro que me interesaba contar cómo es vivir aquí de verdad y mi intención de no demonizarlos. En realidad son supervivientes y sin duda hicieron cosas horribles pero yo como escritor no debo juzgarles. Odio los libros en los que te obligan a sentir cosas, yo sólo quería presentar la violencia tal y cómo me la contaban quienes la ejercieron y la sufrieron. 

Parece que tuvo éxito. Recientemente visitó la cárcel de San Quintín y descubrió que todos los prisioneros condenados a muerte habían leído Seis días. “La mayoría de ellos estaban en la calle durante los disturbios del 92 así que saber que les ha gustado creo que es buena señal”.

Seis días son un instante en la vida de una ciudad. Sin embargo, lo que ocurrió en Los Ángeles durante los seis días de 1992 que sucedieron a la absolución judicial de tres de los cuatro policías (blancos) que machacaron a palos al taxista (negro) Rodney King dejaron una profunda cicatriz en una ciudad...

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Barbara Celis

Vive en Roma, donde trabaja como consultora en comunicación. Ha sido corresponsal freelance en Nueva York, Londres y Taipei para Ctxt, El Pais, El Confidencial y otros. Es directora del documental Surviving Amina. Ha recibido cuatro premios de periodismo.Su pasión es la cultura, su nueva batalla el cambio climático..

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