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La Brucnete y tú

Los raros. Y los normales

Guillem Martínez 12/02/2016

J.R. Mora

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En 1896 Ruben Darío va y publica Los Raros, un catálogo personal de autores extraños, en ocasiones no reconocidos, olvidados o sólo recordados por su rareza. Casi un siglo más tarde Pere Gimferrer publica un libro homónimo, con el mismo propósito. Esos libros son dos festivales de la individualidad. Es decir, del arte. Los cito aquí para arrancar esta revista de prensa porque, a), de alguna manera se ha de arrancar, y porque b) la rareza mola. En literatura, y en casi todos los ámbitos, la rareza, la voluntad de no avergonzarse por las arrugas de tu propio cerebro, la fidelidad a un estilo propio -el destino, en fin, es el estilo; el destino, a su vez, y en el caso de las personas que no escriben, no pintan o no son titiriteros, es el carácter, que en cierta manera sigue siendo el estilo- es un/el valor. Sería deseable que la crítica hispana no sólo existiera, sino que fuera sensible a esas explosiones de genio, en vez de al gregarismo y a las similitudes entre lo que dice un autor y lo que le dicen que diga. Ante la ausencia de una verdadera crítica cultural por aquí abajo, parcial, beligerante, que identifique raros, uno se consuela con la existencia de su símil más parecido, que de hecho es, snif, todo lo contrario: un Estado que ejerce de crítico parcial, beligerante, que identifica raros y, glups, los mete en el trullo. Anyway. Este artículo va de raros. Raros del periodismo barcelonés. Tenemos la tira. Más que en Madrid. Supongo que eso es un fósil de cuando Barcelona era una ciudad más alejada del poder -con la crisis, Barcelona lo ha perdido todo, de manera que ya sólo le queda el poder; supongo que le pasó lo mismo a la Roma del siglo VI; o a la Atlántida-, lo que le permitía un periodismo menos tutelado y más a su bola, esa cosa que crea lectores no tutelados y a su bola. El periodismo, la información, debería ser, precisa y respectivamente, raro y rara. Algo que, como todo lo raro -no sé, un verso raro; ese que va y dice "antes que el tiempo muera en nuestros brazos", y que, zas, te descubre que el pulso está, en efecto, al final del brazo, y que mide tu tiempo mejor que un Rolex-, te rompa tu frente y te cambie la vida. Y claro, no hay raros sin normales. Como en los naufragios, empezaré el resumen de esta semana por los normales. Es decir, los menores. En el sentido anglosajón del término.

El periodismo normal de estos últimos días ha estado consagrado a la idea de que Catalunya tiene Gobierno, que es la pera, y que va a emitir tres leyes que supondrán la desconexión con el Estado que, por otra parte, el Govern ha comunicado que no realizará. 

¿Cómo se soluciona, informativamente, esta contradicción? No, por supuesto, a través de información, sino de todo lo contrario: épica. ¿Cómo se construyen estos mensajes épicos? A través de la información. A través de mecanismos no centralizados. Es preciso señalar, en ese sentido, que salvo en Corea de Arriba, no existe el Comisariado de Propaganda. En una democracia, ni siquiera por aquí abajo, el último eslabón de la palabra democracia, no existe un despacho del Doctor No que lo centraliza todo. Existen, empero, pautas culturales/una verticalidad cultural. Los profesionales del ramo, en tanto que profesionales y del ramo, saben lo que tienen que hacer. Deben de trabajar por la cohesión y la convivencia, dos packs  -y aquí viene la patología hispana-, cuyo campo semántico viene gestionado por la autoridad competente. Los curritos y los grandes ideólogos de la comunicación no suelen ver todo esto como una aberración, sino como una parte importante de su trabajo. Y lo hacen. Así, en Catalunya, existe un nexo cultural entre Gobierno y algunos medios, como lo existe, en el pack España entre la defensa de la Unidad Nacional ésa y el staff gubernamentaloide/sensible de ser gobierno cuando le toque. Veamos, hermanos, lo primero, a través de este sensacional Power Point que les endoso:

La estructura más básica de funcionamiento parte del servicio público de un medio. Así, un medio, público o concertado, propone un evento informativo: 

 

 

 

 Tanto carece el evento de riesgo para el poder que es más evento que información. De hecho, los partidos del ramo lo retuitean a tiempo directo, como posesos, sin modificar u opinar sobre declaraciones. No es necesario/van a misa:

 

 

 

Esta multiplicación de las declaraciones, es decir, de panes y peces, se realiza, con tranquilidad, relajo y esa cara de periodista de la CNN que somete a presión a Bush. En el ínterin, se promocionan las consignas propagandísticas de la semana -o el quinquenio-, de interés gubernamental. Como la ecuación España = no-democracia, Catalunya = democracia. Es decir, se construyen marcos fantásticos, si bien no verificables. Para el caso que nos ocupa/estos twits, por ejemplo, se puede señalar que el Estado es una joya, pero que la Generalitat -algo que sigue siendo el mismo Estado, incluso culturalmente/con una misma idea de Estado y democracia- es otra piedra preciosa de la misma tonalidad. Verbigracia: el señor que habla en la entrevista que potencian estos tuits fue uno de los negociadores del pacto JxS-CUP, que culminó, en palabras de Mas, en un "reajuste electoral" -concepto que jamás hubiera emitido Jefferson, por ejemplo-, y en cuyo transcurso, los Señor Lobo de JxS, subsector CDC, llegaron a proponer la desaparición de CUP -toma, moreno-, otro reajuste electoral.

Otra simpática serie. Viñeta 1. Medio público o concertado propone evento.

 

 

 Viñeta 2. Los partidos del gremio difunden el evento y lo estilizan y estructuran aún más. En este caso, está a huevo, pues quién habla es un muñomolinette/un intelectual local, cuya cosmovisión no difiere un ápice de la gubernamental. Dos servicios al precio de uno. Estadísticamente, un intelectual hispano es, en fin, un filón para emitir propaganda desde que el intelectual es un objeto honrado, y subvencionados o pagado, por el Estado y sus derivados. Un poco como la Legión o los toreros. 

 

 

 

 Y sí, esta posibilidad de elaborar propaganda a través de los medios es cara. Cuesta pasta y algo más importante: soledad en la ciudadanía que quiere información. Chomski, en ese sentido, lo bordó cuando dijo que la propaganda es la violencia en democracia. Pero ceder la selección y difusión de tus palabras a los medios es un filón hasta cierto punto económico. Rebaja el presupuesto en propaganda, crea una industria cultural y una sociedad cohesionada en torno al Gobierno. Que es lo que mola en el Sur -como habrán leído en la prensa, cuando no sucede eso, el IBEX baja tanto que ha de pedir pasta a su cuñado para llegar a final de mes–. Exemplum del carácter cotidiano de esta manera de emitir propaganda: vivimos en el único biotopo europeo -si exceptuamos a Hungría y Polonia-, en el que un medio denomina al vertido de declaraciones de un político ”colaboración”, o “comentario”, o “análisis” en vez de, lo dicho “declaración”, “vender la moto”, o “dar la brasa”.  

 

 

Bueno. Esta es la normalidad informativa localZzzzzz. Viva usted en Madrid, Ceuta, Melilla o Cangas de Onís, no diferirá mucho en su mecanismo. Tan sólo, en sus temas. Aquí estamos a tutiplén con el hecho democrático catalán -por otra parte, muy parecido, es decir, escaso, al de otros puntos del biotopo-, y con la cosa desconexión -se parece mucho a la cosa Ley de la Dependencia; si no fuera por la tele, no sabrías que existe-. Si usted dista 300 km de Barcelona, es posible que le estén chorreando con la ingobernabilidad y el hecho de que, como no haya gobierno pronto, el banco le quitará hasta el almanaque que le dio en 1972. Arrieros somos.

Sobre los raros. Si la belleza consiste en ir por la calle y encontarla donde no estaba prevista, la rareza a la que les aludía es algo parecido en la prensa, donde no está en absoluto prevista. Hoy les presento a dos autores. Enjoy.

Mercè Ibarz es un ejemplo del raro. Es decir, de su fragilidad. Es una autora catalana, nacida fuera de Catalunya. Es decir, en Aragón. En Aragón existe una franja territorial en la que la lengua autóctona es el catalán. Bueno, lo era. El anterior Gobierno Aragonés, del PP, le cambió el nombre a la lengua, de manera que sus hablantes pudieran llegar a pensar que eran tontos del bote, y que hablaban algo que no existía en el mundo mundial y que se habían inventado. Ha escrito diversas novelas a su bola, y periódicamente escribe artículos a su bola, en la edición catalana de El País -una redacción a su bola, que cotidianamente recibe, en toda la frente, los editoriales de la edición estatal de El País, recordándonos que la información es demasiado seria para dejar que el lector participe en ella con su libre albedrío-. Su último artículo es sobre la ausencia de participación del Estado en la paz en Euskadi/toma ya. Perla:

“Pues resulta que no se puede hablar todavía de paz en Euskadi. No por las dos partes, como es necesario que sea, ya lo dijo el cardenal Tutu en su momento: la paz se hace entre enemigos, como la guerra. No hay paz vasca, no al completo. Pensaba que sí, pero no. La tregua definitiva etarra fue y sigue siendo unilateral. El desarme es un compromiso de los etarras. Para que sea realmente efectivo, en el sentido físico como en el político, el desarme se ha de negociar con el Estado, que debe asegurar transparencia y responder de las garantías. Pero no lo hace. De la parte del Gobierno de España no ha habido en estos cuatro años diálogo alguno para consolidar y garantizar la paz. En estos momentos, con un gobierno en funciones, los nudos de la investidura y los palos entre partidos, la negociación institucional de la paz vasca no está en verdad en la agenda de nadie.”

Como ven, snif, raro es ese mamífero peninsular que elige, o no puede evitar elegir, accesos no gubernamentales a la realidad. Pueden leer el resto del artículo aquí.

Otro/El raro. Gregorio Morán. Morán es un periodista asturiano que inició su carrera en Madrid, de donde tuvo que irse por patas para vivir camuflado en un periodismo más alejado del shogunato. Últimamente ofrece a sus lectores el trazo biográfico de Larra, cuando en su artículos hablaba de la caja amarilla. La caja amarilla es donde guardaba la pipa. Es decir, ofrece esa rareza que es no ver solución a nada, en un país en el que existe la palabra todo para casi todo. Publica cada sábado en La Vanguardia. Les paso uno de sus últimos artículos más mixed emotions. Perla:

“El montaje de las elecciones autonómicas del año pasado exigiría un análisis minucioso que desvelaría la miseria política de una clase corrupta, dispuesta a todo para que no les retiren la impunidad. Un presidente que se presenta de número tres, o cuatro, ni me acuerdo. Sustituido por otro en aplicación del sindicato de las prisas, también número 3 por Girona. Música: unos pánfilos radicales que hacen de palanganeros para sostener la impostura. ¡Y ganan!, pero no lo suficiente. Ya es bastante que ganaran para demostrar a qué niveles de deterioro político hemos llegado. Les falló la ambición plebiscitaria que ellos mismos se habían planteado. ¡Qué sucedió para que todos consideraran que se pasaban los resultados del fallido plebiscito por el arco de triunfo y que la monja tornera, Carme Forcadell, declarara la República Catalana! ¡Qué importa la minucia de unos tantos por ciento si la historia nos pertenece! Estaba cantado. Cuando un supuesto grupo de izquierda se plantea el dilema de mejorar la situación de los trabajadores o nacionalizar los bancos, es obvio que no se hará ninguna de los dos cosas, pero a ellos los subvencionarán.”

Pueden leer el resto tal que aquí.

La próxima semana, más normalidad y más raros, esa gente que nunca saldrá a hacer el XXXXX en unos Goya.


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Guillem Martínez

Es autor de 'CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española' (Debolsillo), de '57 días en Piolín' de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo) y de 'Caja de brujas', de la misma colección.

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