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Édouard Martín / Eurodiputado del Partido Socialista francés

“Schulz cree que el Parlamento Europeo es como Alemania, una gran coalición”

De origen granadino, es uno de los más críticos con las políticas de su formación y del Ejecutivo de François Hollande tanto en Europa como en Francia. Curtido en la lucha sindical en el sector metalúrgico, se opone al TTIP

Ekaitz Cancela Bruselas , 21/10/2015

<p>Édouard Martín en su despacho de Bruselas.</p>

Édouard Martín en su despacho de Bruselas.

E.C.

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Édouard Martín (Padul, Granada, 1963) es uno de los miembros socialistas del Parlamento Europeo más críticos con la línea del partido. No es gallego, a pesar de que siempre responde con una pregunta, sino un granadino que llegó a Francia con siete años. Fue nombrado delegado de la Confederación Francesa Democrática de Trabajadores (CFDT) en la siderúrgica ArcelorMittal antes de que comenzarán los años noventa. Dos décadas después, en 2009, tras un intento por reducir plantilla y cerrar fábricas en Francia, el sindicalista se enfrentó a la multinacional. La palabra “trabajador” quedó grabada en su frente y así lo demuestra su labor parlamentaria. Es enérgico e intimida incluso al conservador Jerzy Buzek, presidente de Comisión de Industria, Investigación y Energía. “¿Creen ustedes que realmente se firmará el TTIP cuando ya todos nos hemos dado cuenta de que no es bueno para nadie?”, preguntó en una ocasión. Ante una respuesta que después consideraría impropia de un representante electo, Martín irrumpió de nuevo. “No le pregunto por la Comisión, sino por lo que usted cree”.

Si hay una fotografía que define a Édouard Martín es aquella en la que se le ve enfrentándose a un policía durante una manifestación en París. La luce orgulloso en su despacho después de que un periodista se la regalara cuando llegó al Parlamento Europeo. Allí, en el penúltimo piso y con el skyline de la burbuja bruselense de fondo, recibe a CTXT. Es lunes y acaba de comenzar la undécima ronda de negociaciones sobre el TTIP en Miami. Dos días antes, miles de personas de toda Europa pedían en las calles que el capital no se imponga a la democracia.

¿Qué pensaría usted si fuera uno de los negociadores del TTIP?

No estaría muy cómodo en mi sillón. En Europa veo que 250.000 personas han protestado contra el Tratado, y en Estados Unidos, la sociedad civil y los sindicatos claman abiertamente contra el intento de quitarles los derechos. Si yo fuera uno de esos altos cargos que tienen “interés” por escuchar a la gente que les ha elegido, pararía la negociación y pediría un mandato nuevo de negociación que fuera realmente transparente. Este Parlamento y esta Comisión se han embarcado en un acuerdo comercial que ni siquiera han impulsado. Estamos para representar a la gente y su petición es que echemos a la basura todo lo negociado hasta ahora.

¿Qué le dicen en los plenos cuando expresa su opinión al respecto?

El Parlamento está totalmente divido, y aunque Martin Schulz [el presidente] se esfuerce en negarlo, muchos no tenemos su misma opinión. Yo les pregunto a los altos cargos quiénes creen que serán los perdedores en el TTIP. “¿Usted quién cree?”, me respondieron una vez dejando el balón en mi tejado. Saben, al igual que yo, que Estados Unidos no tiene la costumbre de perder sino de imponer su modelo, ya sea el social, el económico o la sanidad.

Si yo fuera uno de esos altos cargos que tienen “interés” por escuchar a la gente que les ha elegido, pararía la negociación del TTIP y pediría un mandato nuevo de negociación que fuera realmente transparente

Esas palabras no parecen las de un socialista. En junio su grupo se alió con el PP europeo para aprobar el informe del Parlamento sobre las negociaciones del TTIP.

Mi punto de vista es claro, pero no es el mismo que el de otros compañeros en el Parlamento. Sé de dónde vengo, por qué estoy aquí y para quién. A mí me han elegido los ciudadanos francesas, no las corporaciones. No soy su representante, digo que ellas tienen que ganar dinero, pero también que el esfuerzo debe de ser equilibrado. El problema es que están siendo los ciudadanos los que lo están pagando, y eso no lo puedo aceptar. En el pueblo reside la soberanía.

Precisamente, la cesión de soberanía es una de las críticas que se plantean sobre los mecanismos de arbitraje entre inversores y Estados.

Estados Unidos y Europa son países con sistemas judiciales democráticos. Si una empresa se siente atacada, va a un tribunal y la justicia dictamina si lleva razón o no. Como el resto de ciudadanos. Los jueces están para hacer valer la justicia por y para el pueblo, ¿por qué vamos a ir a un tribunal por y para las empresas? El Gobierno argentino decidió poner fin a la privatización del agua y nacionalizar el servicio. Poco tardó Veolia [la multinacional francesa que tenía la concesión] en demandar al Estado y pedir 405 millones de dólares en uno de esos tribunales de arbitraje. Este es el peligro que yo le veo.

¿Entonces, si cambiamos este mecanismo, tal y como propone la Comisión, podríamos seguir adelante con el TTIP?

Ni mucho menos. El TTIP va más allá de la protección de inversores o de armonizar regulaciones, como desea la industria. Hablamos de asentar un modelo social y de establecer de forma irreversible algunas normas, como las ambientales. Los organismos genéticamente modificados, el fracking que tratan de exportar desde Estados Unidos, no son nuestros modelos, y no quiero que me los impongan. Este tratado es lo que llamo la mcdonalización de la sociedad. Quieren que las mismas empresas sirvan su comida basura, vayas a Europa, China o África.

Me gustaría tener  un Podemos en Francia porque con sus ideas están empujando el eje ideológico hacia la izquierda

Son de sobra conocidas las habituales cenas entre Jean-Claude Juncker (presidente de la Comisión Europea) y Martin Schulz (presidente del Parlamento Europeo). Se dice que cualquier cosa que ellos pacten no tendrá oportunidad alguna de ser cuestionada en el Parlamento. ¿Es así con los grandes temas europeos?

Está claro que hay un pacto de no agresión y que se ha hecho sin nosotros. Schulz cree que el Parlamento es como Alemania, una gran coalición. Yo veo muchos de los votos de mis compañeros y me espanto. Pero también hay eurodiputados que llegan nuevos y que saben que esto no puede seguir así. Los debates internos que tenemos son cada día más fuertes. Hemos de defender nuestras ideas socialistas. No nos van a imponer el modelo alemán por mucho que les interese.

Hablando de valores socialistas. En España, mucha gente dice “que son iguales que el PP”, ¿han perdido ustedes su seña de identidad?

Hay que intentar ser socialista, si no la gente prefiere la copia al original. No quiero comentar la vida política española, pero para mí es es un error pensar en seguir la línea de los socialistas franceses. Aquí, aunque ha habido reformas sociales, nos imponen un modelo en el que te dicen: sí hay trabajo, bien, si no te quedas en casa. Hemos caído en la trampa en la que la patronal hace la política, pero tenemos que poner los cojones encima de la mesa para luchar contra la ausencia de los derechos laborales y la precariedad.

Usted tiene familia en España, ¿cómo han sufrido ellos la crisis?

Mi tía, de 69 años, vive con 500 euros al mes. Entre pagar el agua, la comida, la electricidad, y los medicamentos que antes no pagaba y ahora sí, al final de mes no le queda nada. A los que tenían poca cosa les han quitado más. Con frecuencia leo en Francia que España va mucho mejor, pero qué España, ¿la de las empresas o la de sus ciudadanos? El aumento de la precariedad laboral y la brecha entre ricos y pobres no significa ir bien en ningún sitio. Estamos en una Europa liberal que nos impone las ideas liberales. Aún recuerdo a un comisario español, Joaquín Almunia, que no tenía de socialista ni el nombre. El liberalismo es la religión que profesa Bruselas y, por tanto, el resto de Europa. Llevábamos casi diez años con la nariz metida en la mierda, y vamos a seguir así mucho más tiempo.

Aún recuerdo a un comisario español (Joaquín Almunia) que no tenía de socialista ni el nombre

¿En qué ha desembocado ese liberalismo en su país, y en Europa?

El problema es que el Frente Nacional está ganando en muchas provincias y los socialistas franceses se hacen los sordos. Por no ejecutar las políticas socialistas, la extrema derecha está reviviendo. Y no solo en Francia, sino en toda Europa. El 20% de eurodiputados (142) viene de grupos de ultraderecha. Serán muchos más si el socialismo no hace nada por recuperar sus valores. Imagina que llega un día en el que consiguen la mayoría, se acabó el proyecto europeo.

En España el descontento con el socialismo se canalizó a través de Podemos.

Me gustaría tener un Podemos en Francia porque con sus ideas están empujando el eje ideológico hacia la izquierda. Yo defiendo ideas socialistas, como luchar contra la desigualdad. Eso es socialismo, y no que una casta imponga sus leyes a otra. Tenemos que ser el portavoz de la gente del pueblo, de la gente que sufre, tener los pies en la vida real y ser libres. Yo puedo decir lo que opino porque después de cumplir mi mandato me volveré a mi casa. Nadie puede amenazarme con que si no sigo la línea no me meterán en las próximas listas.

¿Cuando habla de “la vida real”, no se refiere a Bruselas?

Claro que no. Quiero cruzarme por la calle con gente que lo está pasando mal. No quiero que me coja la enfermedad esa de salir a dar besos a los ciudadanos solo cuando llegan las elecciones. Yo en la vida real nunca me hubiera imaginado ganar más de 6.000 euros al mes. Hay gente que le coge el gusto a esto, y más en una ciudad con tantos lobbistas por metro cuadrado. Vienen y te hacen creer que eres el mejor del mundo entero. Aquí solo tratamos con gente poderosa, que tienen dinero y que intenta meterte en su burbuja.

Habla del lobby, en tu caso, sobre todo, el industrial, ¿qué experiencias ha tenido como europarlamentario?

Los lobbistas ha intentado explicarme las dificultades por las que atraviesa su sector. Hasta ahí bien. El problema es cuando creen que la mejor forma de hacerlo es con un buen vino y una comida en un gran restaurante. No les llama la atención que yo sea Eduardo Martín, sino que pueda votar. Cuando no sea eurodiputado no les importaré. Quién sabe siquiera si me escupirían al verme por la calle.

¿Lo dice por algunas de sus polémicas, como la de marzo, con la industria francesa?

Ocurrió tras recibir en el Parlamento a Deni Mukwege, un activista que denunciaba las violaciones en la República Democrática del Congo de niñas y mujeres. A las multinacionales les interesaba explotar sus tierras y no querían que les impusieran la transparencia a la hora de extraer algunos minerales. Íbamos a votar sobre ello en el Parlamento y llegó la patronal francesa con todos sus huevos a decir que había que posicionarse en contra porque el coste para las empresas europeas podría ser muy grande. Claro que les llame sinvergüenzas. En mi cabeza solo veía la imagen de abrir las puertas del Parlamento para que ellos entraran a seguir violando niñas. ¿Cómo podemos aceptar que vengan a destruir vidas?

Édouard Martín (Padul, Granada, 1963) es uno de los miembros socialistas del Parlamento Europeo más críticos con la línea del partido. No es gallego, a pesar de que siempre responde con una pregunta, sino un granadino que llegó a Francia con siete años. Fue nombrado delegado de la Confederación Francesa...

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Ekaitz Cancela

Escribo sobre política europea desde Bruselas. Especial interés en la influencia de los 'lobbies' corporativos en la toma de decisiones, los Derechos Humanos, la desigualdad y el TTIP.

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