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LECTURA

Ideas para una respuesta jurídica a la inmigración

En 'Mediterráneo: El naufragio de Europa', Javier de Lucas ofrece algunas sugerencias para mejorar la política migratoria de la UE

Javier de Lucas 30/09/2015

<p>El barco de esclavos (1840), por Turner William.</p>

El barco de esclavos (1840), por Turner William.

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Por supuesto que la UE debe luchar contra quienes explotan a las personas que huyen del hambre, la enfermedad, la miseria y la persecución o que simplemente (qué escándalo, ¿verdad?) pretenden trabajar y encontrar una vida mejor. Debemos luchar contra las formas contemporáneas de esclavitud que acechan a inmigrantes y refugiados, contra quienes controlan y envían esos barcos de la muerte. Nada nuevo. Hace siglo y medio, en 1839, el genial William Turner, impresionado por la lectura del libro de Thomas Clarkson The History of the Slave Trader, pintó su archifamoso The Slave Ship (cuyo título original era Slavers through the Dead and Dying-Typhoon coming on). El cuadro se exhibió en la Anti-Slavery Society Convention, celebrada en Londres en 1840, junto a unos versos del propio Turner que bien podrían servir para describir los naufragios de Lampedusa o Libia, casi doscientos años después [I].

Las mafias se limitan a aprovechar una necesidad en el mercado, a explotar ese negocio, de forma criminal, sin duda

Pero las medidas, las políticas efectivas, no consisten sólo ni prioritariamente en la lucha contra semejantes criminales. Entre otras cosas, porque ellos no son el origen del problema. Las mafias se limitan a aprovechar una necesidad en el mercado, a explotar ese negocio, de forma criminal, sin duda. Son sólo una parte del problema que afrontamos en todo el mundo. Y las respuestas adecuadas para gestionar este enorme y complejo desafío no se dan en el corto ni en el medio plazo. Esa es la razón fundamental por la que la mayoría de la clase política no está interesada en ese tipo de planteamiento: sus beneficios no se podrán mostrar en clave electoral, en los comicios inmediatos, el horizonte que domina su lógica. Pero eso no quiere decir que no haya alternativas, que no se puedan adoptar medidas, aunque éstas exigen un cambio radical de las políticas migratoria y de asilo.

Ante todo, como venimos insistiendo muchos de nosotros desde hace decenios, es preciso comprender la dimensión global y compleja de estos desafíos. Entender los procesos migratorios y los movimientos de los refugiados y desplazados que tienen sus causas reales en el problema de la desigualdad radical en las relaciones internacionales. Si no se ataca en las causas y de forma global, actuaremos como quien quisiera curar el sarampión pintando de blanco algunas de las erupciones. Aquí no caben recetas simplistas e improvisadas, ejecutadas por agentes nacionales. En segundo término, es preciso que los ciudadanos europeos tomen conciencia de lo que está pasando y manifiesten su rechazo a ser cómplices de este desastre. Creo que un buen ejemplo es el manifiesto No más #UErfanos en el Mediterráneo. No quiero ser cómplice, una campaña lanzada por la ONG CEAR en mayo de 2015 [II].

A medio y largo plazo, necesitamos iniciativas y medidas que pasan por una política de codesarrollo, no instrumental ni cortoplacista, ni centrada en las relaciones entre los Gobiernos de la UE y los gobiernos (en no pocos casos, elites corruptas y dictatoriales) de los países de origen y tránsito de los flujos migratorios y de asilo

La UE debe plantearse propuestas a medio y largo plazo, como ha planteado la resolución 2050/2015 de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (aun provisional [III]), que en todo caso insiste en la prioridad en este contexto. Una urgencia, sí, de plazo inmediato. Poner en pie los medios suficientes para asegurar el rescate, con el objetivo de salvar vidas. Y, en segundo lugar, establecer responsabilidades por las muertes de personas, no de números. Responsabilidades jurídicas y políticas.

Además, también a medio y largo plazo, necesitamos iniciativas y medidas que pasan por una política de codesarrollo, no instrumental ni cortoplacista, ni centrada en las relaciones entre los Gobiernos de la UE y los gobiernos (en no pocos casos, élites corruptas y dictatoriales) de los países de origen y tránsito de los flujos migratorios y de asilo. Lo han explicado bien Tapinos o Naïr. No insistiré en ello, ni en los riesgos de manipulación de esas políticas.

Pero si me piden mayor concreción en las respuestas al qué hacer, responderé que no faltan iniciativas. Hay buen número de ejemplos, como las acciones que pasan por crear corredores humanitarios, por políticas de visados que permitan ampliar los cauces legales, por la recuperación de la posibilidad de solicitar asilo en un tercer país, o reactivar el asilo diplomático. Desde diferentes ONGs, movimientos sociales, pero también investigadores y expertos, se han resumido algunas de esas medidas urgentes, que contemplan sobre todo cuatro líneas de acción, tal y como se resumían en un artículo de Daniel Ríos en Infolibre. Añadamos que algunos eurodiputados como Cécile Kyenge, Ernest Urtasun y Ska Keller, han señalado también ejemplos de las medidas a adoptar. También la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa ha formulado sugerencias que merece la pena tener en cuenta [IV]. Sintetizando esas iniciativas, creo que las propuestas pueden agruparse en tres ámbitos de actuación, (I) el más urgente, esto es, el salvamento y rescate y luego, dos tipos de medidas relacionadas con (II) las actuaciones en relación con la garantía del derecho de asilo y (III) una mejora del modelo de política migratoria.

Hay buen número de ejemplos, como las acciones que pasan por crear corredores humanitarios, por políticas de visados que permitan ampliar los cauces legales, por la recuperación de la posibilidad de solicitar asilo en un tercer país, o reactivar el asilo diplomático 

I. Sobre salvamento y rescate

El objetivo prioritario es asegurar que no se pierdan más vidas. Como hemos visto, en las conclusiones del Consejo extraordinario celebrado la semana siguiente al naufragio de casi 900 personas en la costa de Libia, los Jefes de Estado y Gobierno de la UE decidieron triplicar las capacidades financieras de Agencia Europea de Control de Fronteras Exteriores (Frontex) y “aumentar sus posibilidades de búsqueda y rescate dentro del mandato de Frontex. Pero eso es absolutamente insuficiente y por supuesto queda lejos de la prioridad que acabamos de constatar. Hay que recordar, una vez más, que la tarea de esta agencia, su única misión, es la vigilancia y el control fronterizo (sólo realizan actividades de rescate y salvamento en caso de emergencia y obviamente, como ya destaqué en el segundo apartado, porque le vinculan el complejo de normas básicas del Derecho internacional del Mar, como a cualquier otro buque, también los comerciales). Lo acredita el hecho de que el radio de acción de la operación Tritón (similar a la operación Egeo) apenas alcanza la tercera parte del ámbito de la operación de rescate del programa Mare Nostrum (tan sólo 30 millas, mientras que Mare Nostrum llegaba en la práctica hasta la costa libia).

Se ha reclamado una y otra vez la exigencia de derogar las leyes o normas que sancionan a personas por asistir a personas migradas en el mar, como la ley Fini-Bossi en Italia

Precisamente el día anterior al Consejo extraordinario, el mismo Director de Frontex, Frabrice Leggeri recordó esa distinción, algo en lo que ha insistido siempre el subdirector ejecutivo, el español Gil Arias: la Agencia Frontex no está diseñada para las tareas de salvamento y rescate: “Tritón no puede ser una operación de búsqueda y rescate. En nuestro plan de operaciones, no podemos programar acciones proactivas de búsqueda y rescate. Eso no está en el mandato de Frontex”. Esa diferencia es capital: la operación Mare Nostrum, que terminó en 2014, rescató durante 364 días a 150.810 personas. Frontex apenas 24.000. A ello habrá que añadir que es previsible que a corto plazo los buques comerciales (que han salvado también a miles de personas) eviten las rutas de los refugiados para evitar las pérdidas de dinero que implica verse inmersos en una emergencia de rescate.

¿Qué propuestas, qué iniciativas deberían adoptarse para asegurar la prioridad de la tarea de salvamento y rescate?

La más evidente es cambiar el modelo de operación, que debe ser más próximo a la operación Mare Nostrum, y no a las actuaciones de Frontex. Se trataría de poner en marcha una operación específica de rescate, diferente de la operación Tritón (y de la Egeo), que verdaderamente reemplazara, por su alcance, dimensiones y objetivos, a la Mare Nostrum. Debería ser sufragada de manera solidaria y obligatoria por los Estados miembros [V]. El coste se estima entre 70 y 100 millones de euros, lo que, distribuido entre los 28 Estados miembros, parece fácilmente asumible. Eso no significa que no sea oportuno, al contrario, abrir la discusión acerca de que, al menos a título provisional, pueda ser oportuno e incluso inevitable dedicar a esa prioridad una parte de las capacidades y recursos de la agencia Frontex. Existen indiscutibles razones de urgencia y, desde luego, la primera razón jurídica y política es la obligación de garantizar la vida en el mar que consideramos nuestro.

Por otra parte, como han recordado por ejemplo Keller y Urtasun, es perfectamente posible recurrir al artículo 43 del Tratado de la Unión, para pedir a las armadas de los Estados Miembros que ofrezcan recursos para la tarea prioritaria.

En todo caso, se ha reclamado una y otra vez la exigencia de derogar las leyes o normas que sancionan a personas por asistir a personas migradas en el mar, como la ley Fini-Bossi en Italia, en cuya gestación y aplicación fue tan decisivo el ministro Alfano quien, como premio a su traición a Bossi a favor de Renzi, recibió en el gobierno de éste una cartera ministerial que sigue detentando.

II. Restablecimiento de las garantías necesarias para hacer efectivo el derecho de asilo en la UE 

ACNUR ha insistido en denunciar la negativa evolución del derecho de asilo en la UE en los últimos años. También la mayor parte de las ONGs implicadas en la ayuda a los refugiados (por ejemplo, CEAR en España) han señalado con preocupación esa deriva. El primer problema es que se ha estrechado al máximo la posibilidad de plantear la demanda de asilo (ha de ser en frontera europea) y aun se niega en la práctica la información preceptiva sobre esa posibilidad a quienes llegan a las fronteras europeas. No es de extrañar que casi el 90% de quienes buscan refugio llegue a la UE en condiciones de irregularidad administrativa. El caso sirio es particularmente sangrante por su volumen de refugiados (casi 4 millones) y la cicatera desproporción de la respuesta europea, con el récord de mezquindad por parte del gobierno Rajoy y del democristiano (¿) ministro de Asuntos Exteriores, García Margallo. El uso del visado humanitario en la UE se entiende como vía excepcional e incluso así sólo es reconocido por la mitad de los Estados miembros. ACNUR busca actualmente reasentar a más de 300.000. Sobre todo, no existe, pese a las declaraciones, una auténtico Sistema europeo común de asilo, que homogeneice procedimientos, plazos, condiciones de solicitud y medidas de protección.

El primer problema es que se ha estrechado al máximo la posibilidad de plantear la demanda de asilo (ha de ser en frontera europea) y aun se niega en la práctica la información preceptiva sobre esa posibilidad a quienes llegan a las fronteras europeas

Como posibles alternativas, CEAR ha propuesto las siguientes:

1. Reforzar los programas de reasentamiento en coherencia con el número de refugiados existente, asumiendo un reparto equitativo y solidario entre todos los Estados, de forma obligatoria. ACNUR debería ser tenido en cuenta a la hora de establecer el número de plazas (la Agencia de la ONU ha cifrado en 130.000 las más urgentes).

2. Garantizar la posibilidad de pedir asilo en embajadas y consulados en los países de origen y tránsito.

3. Activar políticas de concesión de visados humanitarios. Se trataría de aprovechar al máximo las posibilidades legales para su emisión, por ejemplo, haciendo posible que se cursen en legaciones diplomáticas y así el tránsito hasta las fronteras europeas fuera seguro al menos para una parte de los refugiados.

4. Eliminar la exigencia del visado de tránsito para aquellas personas que proceden de países en conflicto.

5. Hacer realidad la Directiva Europea de Protección Temporal 2001/55/CE, activando el mecanismo contemplado para hacer frente a emergencias humanitarias. Eso les permitiría acogerse a un permiso de residencia limitado temporalmente, con permiso de trabajo y cobertura médica. Así lo ha pedido el Parlamento Europeo en relación con los refugiados sirios.

Por su parte, los eurodiputados Urtasun y Keller han insistido en algunas de esas medidas y añaden otras tres que serían, sin duda, de gran utilidad:

1. Extender al máximo de las posibilidades legales la reunificación familiar, los programas privados de acogida y las posibilidades de visados de estudio y de trabajo para personas en necesidad de protección internacional.

2. Relocalizar refugiados en distintos países de la Unión Europea para un reparto más justo de la acogida y aligerar la presión en algunos Estados miembros. Pedimos a la Comisión y a los Estados Miembros que hagan uso de los artículos 33 y 36 de la Regulación de Dublín para presentar una propuesta ambiciosa en este sentido.

3. Una revisión urgente del programa de Dublín para facilitar el sistema de acogida de refugiados en el que se tenga en cuenta el país donde tengan lazos familiares, comunitarios o mejores perspectivas de empleo para mejor así sus perspectivas de integración. Y una mayor agilidad en la transposición de la directiva europea del sistema de asilo.

III. Sobre política migratoria 

Ya he insistido a lo largo de estas páginas en una tesis que me parece desgraciadamente acreditada: el modelo instrumental, mercantilista y cortoplacista de las políticas migratorias, supeditado a las reglas del beneficio y la competencia impuestas por un mercado cada vez más refractario a la regulación, y a la coartada del orden público y la seguridad (cuando no la defensa, en clave militar) frente a las amenazas de invasión, no sólo es ilegítimo, sino que ha fracasado. La UE debería encaminarse a políticas de codesarrollo descentralizado, autogestionado por los agentes de las sociedades civiles implicadas y por los propios inmigrantes. Unas políticas que impusieran como cláusulas de revisión el avance en el índice de desarrollo humano en las poblaciones de los países de origen y tránsito de los flujos migratorios, lo que incluye avances concretos en democracia y derechos humanos, en lugar de la contraprestación policial a la que nos limitamos hoy. Por supuesto, entre las exigencias de revisión de ese modelo se encuentra la derogación de la directiva de retorno de 2008 y el cierre de la red de CIES. Pero eso no significa --todo lo contrario-- dar paso a la externalización de los mismos, como pretenden no pocos de nuestros gobernantes (Renzi o Rajoy, por ejemplo).

El modelo instrumental, mercantilista y cortoplacista de las políticas migratorias, supeditado a las reglas del beneficio y la competencia impuestas por un mercado cada vez más refractario a la regulación, y a la coartada del orden público y la seguridad frente a las amenazas de invasión, no sólo es ilegítimo, sino que ha fracasado

Y en absoluto se puede contemplar que las acciones de la UE vengan acompañadas por la reedición de la «política de cañoneras» demandada por Renzi y aceptada por los Estados miembros, que lleva a la insólita petición del Alto Representante de la UE, la señora Mogherini, de autorización por parte del Consejo de Seguridad de una estrategia de bombardeos en las zonas en manos de las mafias en la costa libia, como si no hubiéramos aprendido nada del aventurerismo de Francia y la UE frente a Gadafi, que está en el origen del caos imperante en Libia.

Mientras tanto, es posible apoyar iniciativas como la propuesta por los mencionados eurodiputados Keller y Urtasun [VI]: bloquear los presupuestos de la UE si no hay una respuesta eficaz para el cumplimiento de un deber elemental. Y si no cumplimos ese deber, si al menos no cumplimos con el mínimo que debemos hacer, exigir a nuestros representantes europeos que cumplan ese deber, caiga sobre nosotros la mayor de las vergüenzas, porque seremos —lo somos ya— culpables no sólo del mal moral de la indiferencia (como recordó el importante discurso del papa Francisco en Lampedusa), sino, como advierte Honneth, de algo peor, partícipes de la creación de la sociedad del desprecio [VII]. Esta amenaza es tan grave y verosímil, que creo que merece la pena explicarlo un poco más.

Desde el comienzo de estas páginas he planteado que la Unión Europea afronta un test decisivo para la coherencia de los valores que proclama. El lema unidos en la diversidad, la prioridad del respeto a los derechos humanos, el mantenimiento de los valores que proyectaron los europeos y que se pueden condensar en la fórmula de una sociedad democrática, inclusiva e igualitaria en el reconocimiento y garantía de las libertades y derechos, esto es, una sociedad decente, tal y como inicialmente la formula Margalit [VIII] y, sobre todo, como la ha desarrollado la filosofía del reconocimiento, que sitúa las claves de ese modelo en una sociedad de respeto y reconocimiento, en la que no se den el desprecio (o menosprecio), ni la humillación, ni el exilio. Es ésta, por cierto, una tesis en la que la resonancia de los acentos de Pèguy y Camus resulta ineludible.

En efecto, es sabido que, para Pèguy, en el fundamento del orden político debe situarse la lucha contra la miseria, contra la imposición de la miseria, contra la humillación y el exilio, pero esa es una empresa permanentemente inacabada [IX]. Prescindiendo de la dimensión mística presente en Pèguy, ese es también, a mi juicio, el sentido del camusiano “se révolter contre l’injustice”, que formula ya en sus Lettres à un ami allemand. Y, también en mi opinión, esa tradición es la que encuentra una formulación más precisa en el ideal al que apuntan las tesis de Honneth sobre la sociedad del menosprecio.

No puede haber conciencia de la propia autonomía (y dignidad) si el individuo no es reconocido como “un sujeto universal, titular de derechos y deberes”

Justo es reconocer que la noción de “sociedad del desprecio”, tomada en un sentido amplio, tampoco constituye en sí una novedad. En su formulación más reciente y precisa [X], como digo, es una categoría propuesta por Axel Honneth, el filósofo alemán que dirige hoy el Institut für Sozialforschung de Frankfurt y en quien se inspira en buena medida la perspectiva sobre justicia y derechos sociales que propongo en estas páginas, corregido e integrado en buena medida con algunos elementos que proceden de la reflexión sobre la alteridad propia de Emmanuel Lévinas [XI]. Pero la denuncia de esa patología del menosprecio tiene como antecedente filosófico la crítica de la categoría del desarraigo, tal y como fue analizada por Simone Weil. La obra probablemente capital de Simone Weil es —como apunté más arriba [XII]L’Enracinement, traducida al castellano como Echar raíces, y constituye quizá el esfuerzo más penetrante por proporcionar un análisis que desentrañe el arraigo como una categoría no vinculada exclusivamente a la angustia existencial, sino a la condición misma del ser humano. Pero no en abstracto, sino del ser humano definido por su relación con el trabajo que, para la inmensa mayoría de la humanidad, es precisamente un factor de deshumanización, tal y como pone de manifiesto en buena parte de su obra, largamente vinculada a una experiencia real de la condición obrera.

Lo interesante de la vía escogida por Honneth, sobre todo, insisto, a partir de su muy conocido ensayo La lucha por el reconocimiento (1992), es el propósito de revitalizar la «teoría crítica» por medio de una gramática moral y política de los conflictos sociales, basada en la teoría del reconocimiento recíproco. Ese propósito ha culminado en la --a mi juicio-- obra magistral Das Recht der Freiheit: Grundriss einer Demokratischer Sittlichkeit [XIII], una auténtica reformulación de la teoría de la justicia que arraiga en la idea de libertad desde una perspectiva claramente arraigada en la dimensión de alteridad, en la socialidad que, significativamente, concluye en el Estado democrático de Derecho.

Este ambicioso proyecto de Honneth, próximo a los análisis de Ch. Taylor y G. H. Mead, se asienta en la afirmación de Fichte sobre la autoconciencia como fenómeno social («el hombre sólo es hombre entre los hombres» [XIV]), más que en Hegel o incluso Aristóteles, de quienes indudablemente es heredera también esa categoría filosófica. La premisa capital de su trabajo es que el proyecto de realización personal (de emancipación, diríamos) depende de nuestra capacidad de conocer y construir una relación de reconocimiento con el mundo, con los otros, con uno mismo. Por eso, señala tres esferas de ese reconocimiento: la del amor/amistad, la jurídico-política y la social-cultural, indispensables para la adquisición de la autoestima, del respeto por uno mismo, del reconocimiento del propio valor. Aunque sin duda la más relevante es la primera, no podemos ocuparnos de ella aquí, sino de las otras dos.

Honneth advierte que la evolución del capitalismo moderno se orienta en una dirección que impide esa relación de respeto y reconocimiento, e impone una patología social, una sociedad del desprecio y de la exclusión

Más concretamente, la necesidad de la dimensión jurídico-política (la más pertinente a la hora del examen que me propongo presentar) reside en que no puede haber conciencia de la propia autonomía (y dignidad) si el individuo no es reconocido como “un sujeto universal, titular de derechos y deberes”. Pero es preciso reconocer que esta segunda esfera del reconocimiento es indispensable, aunque insuficiente. Porque sin la tercera, la del reconocimiento sociocultural, la de la estima de los valores y capacidades que derivan de la identidad cultural, no es posible construir la autoestima.

En todo caso, Honneth advierte que la evolución del capitalismo moderno (tal y como lo había anticipado MacPherson en su examen de la “teoría política del individualismo posesivo”) se orienta en una dirección que impide esa relación de respeto y reconocimiento, e impone una patología social, una sociedad del desprecio y de la exclusión. Su tesis es que el capitalismo neoliberal ha llevado al extremo la concepción de la sociedad como una agregación (“colección”) de individuos motivados por el cálculo racional de sus intereses y la voluntad de construirse un lugar en la lucha por afirmar ese propio interés. Precisamente por eso, esa concepción del mundo es incapaz de dar cuenta e incluso de entender los conflictos que derivan las expectativas morales insatisfechas y que, por el contrario, Honneth considera que constituyen el núcleo de lo social. Por tanto, las perspectivas de emancipación, de vida buena, pasan por la lucha contra los dispositivos sociales, ideológicos, políticos, que generan el olvido del reconocimiento.

No faltan, desde luego, los campos en que contrastar el test propuesto por Honneth: por ejemplo, las políticas de austeridad que han incrementado –exasperado-- la desigualdad. Pero, desde luego, el primer test es el de la cultura de la vida, la expresión del vicealcalde de Lampedusa que recogí más arriba: es decir, la prioridad del respeto a la vida y en particular la vida de los otros, esos que parecen seguir siendo nadie. No construiremos una Europa decente sin obedecer a ese primer mandado y a las obligaciones jurídicas que nos comprometen al reconocimiento de los derechos de inmigrantes y refugiados.

Mediterráneo: El naufragio de Europa ha sido publicado por la editorial Tirant lo Blanch.

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[I] Aloft all hands, strike the top-masts and belay; / you angry setting sun and fierce-edged clouds / declare the Typhon’s coming. / Before it sweeps your decks, throw overboard / The dead and dying – ne’er heed their chains / Hope, Hope, fallacious Hope! / Where is the market now?

[II] El texto, cuyo lema me parece particularmente adecuado (No más #UErfanos en el Mediterráneo. No quiero ser cómplice) es el siguiente: “Exijo a la Unión Europea y a sus Estados miembros que pongan en marcha con carácter urgente las siguientes medidas: a) Desarrollar una nueva política de asilo y migración europea en la que se priorice a las personas y los derechos humanos. b) Poner en marcha una operación de rescate y salvamento eficaz que cuente con los medios y el alcance necesarios, cumpliendo con el deber de socorro, con el fin de evitar más muertes en el Mediterráneo. c) Habilitar vías legales y seguras que garanticen el acceso al derecho de asilo a las personas refugiadas evitando que tengan que emprender travesías mortales para obtener protección en un país seguro. Para ello es necesario: a) Reforzar los programas de reasentamiento en coherencia con el número de refugiados existente, asumiendo un reparto equitativo y solidario entre todos los estados; Garantizar la posibilidad de pedir asilo en embajadas y consulados en los países de origen y tránsito; Activar políticas de concesión de visados humanitarios; Eliminar la exigencia del visado de tránsito para aquellas personas que proceden de países en conflicto. d) Hacer realidad la Directiva Europea de Protección Temporal activando el mecanismo contemplado para hacer frente a emergencias humanitarias. e) Abordar las causas que provocan los desplazamientos forzados”

[III] Esa resolución The human Tragedy in the Mediterranean: inmediate Action needed, cfr. (consultado 27 abril 2015), se adoptó tras el debate de 23 abril 2015 (16th Sitting): cfr. Doc. 13764, sobre la base del Report of the Committee on Migration, Refugees and Displaced Persons (rapporteur: Mr Thierry Mariani).

[IV] Además de las propuestas ya mencionadas en su resolución 2050, puede consultarse el Informe Stroe, Criminalisation of irregular migrants: a Crime whithout a Victim, Doc 13788, 7 mayo 2015.

[V] Los diputados Urtasun y Keller sugieren la utilización de dos líneas del presupuesto comunitario para financiarlo: la línea de “Asilo, migración e integración” y el “Fondo Europeo de Fronteras Exteriores”.

[VI] De acuerdo con los datos de EUROSTAT, en el año 2014 tan sólo se admitieron en la UE 160.000 solicitudes de entre las más de 626.000 demandas de asilo, y tan sólo se aceptaron 37.000 en reasentamiento. Cinco Estados miembros acogen tres cuartas partes de todos los refugiados. Alemania ha acogido a 40.560, Suecia a 30.650. España, por su parte, la vergonzosa cifra de tan sólo 1585.

[VII] Cfr. A. Honneth, Reconocimiento y menosprecio. Sobre la fundamentación normativa de una teoría social, B. Aires, Katz ed., 2010; también, La sociedad del menosprecio, Madrid, Trotta, 2011.

[VIII] Así lo enuncia el título del conocido ensayo de 1997 (La sociedad decente, Madrid, Paidós) de Avishai Margalit. En el prólogo del libro, el autor explica cómo, en una conversación mantenida con su colega Sidney Morgenbesser, éste le comentó que “el problema más acuciante no era la sociedad justa, sino la sociedad decente”. Un comentario que, según escribe, “le causó una gran impresión”, hasta tal punto de ser la base sobre la que construyó este ensayo. Margalit se convenció de la importancia que hay que darle, en el pensamiento político, a los conceptos de honor y humillación (lo que, en sentido estricto, no es una novedad: baste pensar, por no extendernos en los ejemplos, en las tesis de Nietzsche sobre la Genealogía de la moral o en el análisis que propone Scheller en su conocido ensayo El resentimiento en la moral). Así plasmó Margalit la idea de la sociedad decente, «aquella que no humilla a sus integrantes».

[IX] «La Cité doit placer en son fondement la misère et la lutte contre la misère. Puisque la misère ne peut jamais réellement être vaincue, la Cité s’organise sur la base d’un sentiment d’angoisse et d’inquiétude; elle est une oeuvre contre la misère condamnée à l’inachèvement», De Jean Coste, s.l., Babel, 1993. Todo ello remite al conocido lema de Ch. Péguy, “pour une société sans exil”.

[X] Quizá el primer texto en el que formula la tesis sea su Die Soziale Dynamik der Missachtung. Zur Ortbestimmung einer kritischen Gesellscahftstheorie (1994), aunque siempre debamos referirnos a su trabajo seminal Kampf um Annerkennung (1992), traducida al castellano como La lucha por el reconocimiento. La gramática moral de los conflictos sociales. Hay que remitir asimismo a Unsichtbarkeit: zur Epistemologie von Annerkennung (2003). Ambos dos trabajos, junto con otros textos de Honneth, han sido recopilados en la edición de Olivier Voirol (2006; 2008), publicada con el título La societé de mépris. Vers une nouvelle théorie critique, que se publicó por primera vez en francés. Me referiré más tarde a otras obras más recientes.

[XI] Lo que no excluye otras fuentes. Por dar otros ejemplos, los estudios sobre los procesos de exclusión que en la sociología contemporánea ofrecen Robert Castel, Etiénne Balibar, Gérard Mauger, o, de otra parte, Ulrich Beck y Zygmunt Baumann.

[XII] Cfr. notas 45 y 46.

[XIII] La primera edición se publicó en Suhrkamp, Berlín, 2011. La edición española, El derecho de la libertad. Esbozo de una eticidad democrática (con traducción de Graciela Calderón), se publicó en Clave intelectual, Madrid, 2014.

[XIV] Un principio clave de filosofía práctica que enuncia en su Grundlagen des Naturrechts nach Prinzipien der Wissenschaftslehre (Fundamento del Derecho natural) publicado entre 1796 y 1797 y que había avanzado en dos cartas escritas en agosto de 1795, dirigidas a Reinhold y a Jacobi.

Por supuesto que la UE debe luchar contra quienes explotan a las personas que huyen del hambre, la enfermedad, la miseria y la persecución o que simplemente (qué escándalo, ¿verdad?) pretenden trabajar y encontrar una vida mejor. Debemos luchar contra las formas contemporáneas de esclavitud que acechan a...

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Autor >

Javier de Lucas

Es catedrático de Filosofía del Derecho en el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Valencia. Su último libro es Mediterráneo, el naufragio de Europa (2ª edic), Valencia, Tirant lo Blanch, 2016.

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