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Uno de cada tres niños es pobre, aunque no lo parezca

La pobreza infantil no es la mendicidad, sino carecer de los recursos imprescindibles para el desarrollo físico e intelectual, lo que marcará profundamente la vida adulta. Unicef y otras organizaciones sociales reclaman un Pacto de Estado por la Infancia

Natalia Hernández Rojo 10/06/2015

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La hija de Celia tiene 11 años y vive con su madre, su tía y sus primos. Todos, los seis, en casa de sus abuelos. Seis y un único sueldo, el del abuelo, que con 600 euros se ha convertido en el salvavidas de esta familia. Celia vive gracias a ellos; su marido se marchó y no recibe pensión alguna para colaborar con los gastos de la niña. “No tenía dónde acudir, no tenía nada”, cuenta Rodrigo Hernández, responsable de Save The Children en Valencia. Celia es uno de los perfiles más repetidos en España, mujer, sin pareja, y con uno o varios niños a su cargo

Desde que comenzó la crisis --se dice pronto pero vamos camino de los ocho años desde aquel verano de 2007-- muchos hogares han visto mermados sus ingresos por la precarización de las condiciones laborales, la reducción de salarios y, sobre todo, por la pérdida de acceso al empleo. Esa insuficiencia de ingresos queda reflejada muy claramente en el último estudio de condiciones de vida elaborado por el INE. Según estos datos, los ingresos medios de los hogares españoles han caído en los últimos cinco años casi un 12%. Ese empobrecimiento generalizado de la población impacta directamente en los índices de pobreza y desigualdad.  

Hablar de pobreza en España es hacerlo desde la perspectiva de la pobreza relativa. Según esta fórmula se considera a una persona pobre cuando se encuentra en una situación de clara desventaja económica y social con respecto al entorno en el que vive. Así que este indicador es más una muestra de desigualdad que de miseria y pobreza absoluta, pero sin duda es útil para mostrar la calidad y las condiciones de vida de los ciudadanos. Cuantos más bajos sean los ingresos generales, más se hundirá el listón para ser considerado pobre. Y eso es exactamente lo que ha pasado en España. No sólo hay más pobres, sino que además estos son aún más pobres que antes. 

Los últimos estudios publicados por el INE muestran que en España hay un 22,2% de personas que viven bajo el umbral de riesgo de pobreza --la tasa llega al 42% en casos como el de Celia--, ciudadanos que no ingresan más de 663 euros al mes. Si hablamos de hogares, por ejemplo, con dos adultos y dos niños, el listón se sitúa en los 16.718 euros anuales. Dividan entre cuatro e intenten hacer la compra, adquirir libros o ropa nueva. Intenten pagar el alquiler.  

Esta difícil situación obliga a las familias a realizar ajustes drásticos en los presupuestos y dispara todos los indicadores de pobreza y exclusión social. El 16,1% manifiesta llegar a final de mes con mucha dificultad y el 42,4% no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos. El hecho de que haya 1,8 millones de familias en las que no entra un sueldo para poder sobrevivir, en las que todos los miembros activos están en paro, ha acentuado aún más el problema. 

De hecho, la alta tasa de desempleo y el bajo nivel de cobertura –-menos personas con protección -- contribuyen a aumentar los niveles de pobreza.  Pero es que ni siquiera con un empleo se puede esquivar esta lacra, porque el 14,2% de los ocupados es pobre. La situación de los progenitores golpea con contundencia a los niños y la pobreza afecta ya a 3 de cada 10 menores de 16 años. “La pobreza infantil se ha extendido y es hoy más severa”, comenta Olga Cantó, economista y autora del informe para Unicef Políticas públicas para reducir la pobreza infantil en España: Análisis del impacto.

Pero es que ni siquiera con un empleo se puede esquivar esta lacra, porque el 14,2% de los ocupados es pobre

Es aún mayor y es aún más contundente en hogares sin formación o nivel de educación secundaria. ¿El motivo? Explica Cantó que “la crisis impacta en el mercado de trabajo de forma asimétrica afectando de forma potente a un grupo de trabajadores entre 25 y 45 años con hijos que trabajaba en el sector de la construcción o servicios relacionados con la construcción” con un bajo nivel educativo y pocas oportunidades de conseguir otro empleo. 

Y los datos pueden ser peores de lo que refleja la estadística. La experiencia de los miembros de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos --CEAPA-- es reveladora: “Hay familias que tienen miedo de pedir ayudas de comedor o ayudas para comprar libros por temor a que la Administración y los servicios sociales puedan quitarles a sus niños”. Es lo que Unicef denomina la “invisibilización” del problema. Por eso es tan importante entender que en nuestro país la pobreza infantil no es la mendicidad, sino “no tener los recursos imprescindibles para el desarrollo físico, intelectual y educativo de los más pequeños”, destaca Save the Children. Esta asociación, que trabaja en más de 50 centros por todo el país y que atiende a más de 6.000 niños con dificultades, advierte de lo complicado que es evitar que los pequeños puedan eludir el estrés y el sufrimiento de sus padres cuando pierden su empleo o cuando ven reducidos sus ingresos de forma brusca. Rodrigo Hernández, que es testigo de estos casos de forma diaria, es tajante: por mucho que se esconda, al final “los niños lo notan todo” .

Ante estos escenarios es imprescindible el apoyo externo para romper la tendencia. Save the Children trabaja día a día con los más pequeños, para que gracias a espacios de juego, de prevención del fracaso escolar --el 70% consigue no repetir curso-- y de ayuda psicológica alcancen igualdad de oportunidades básicas. Pero también se ayuda a los padres. Rodrigo nos habla de Silvia, sola, sin poder recurrir a la ayuda familiar y con varios pequeños a su cargo. No había terminado sus estudios y trabajó en un supermercado hasta que empezó esta crisis. Gracias a Save the Children ha conseguido tiempo para formarse mientras a sus pequeños no les falta de nada. Con las necesidades de los chicos cubiertas se puso a estudiar para convertir una afición, la artesanía, en un trabajo rentable. Hoy tiene una tienda de productos artesanales y va tirando: “Nos devuelve lo que hicimos por ella colaborando con nuestro proyecto por la infancia”. Pero no todo son historias de éxito. 

Hay familias que tienen miedo de pedir ayudas de comedor o ayudas para comprar libros por temor a que la Administración y los servicios sociales puedan quitarles a sus niños 

La crisis ha aumentado la “inseguridad alimentaria” de los más pequeños al favorecer  la compra de productos menos nutritivos, altamente procesados y ricos en calorías. Una mezcla explosiva que fomenta una alimentación poco saludable y aumenta los casos de malnutrición y de obesidad. En opinión de la doctora Maria del Carmen Vidal, pediatra y miembro de la junta directiva de la Sociedad de Pediatría Social, “una nutrición deficiente puede acarrear graves consecuencias para la salud como anemia, raquitismo carencial, obesidad, caries...”. Los datos del INE son concluyentes. Los porcentajes de hogares con carencias alimentaria --falta de fruta o verduras a diario o tomar al menos una comida de carne o pescado cada dos días-- han repuntado en estos años de crisis. Si en 2009 afectaba al 0,7% de los hogares españoles, hoy la cifra ha subido hasta el 2,5%. Los ciudadanos han cambiado sus hábitos de consumo para recortar gastos y  “lo habitual es que los críos que viven en este tipo de familias coman espaguetis o arroz, y pocos alimentos frescos, en general, productos que puedes comprar por un euro el kilo”, dice Rodrigo Hernández, de Save the Children. La Sociedad Española de Salud Pública advierte de que “la exposición durante la infancia a situaciones de privación y de desigualdades sociales se asocia a peores resultados en salud a corto, medio y largo plazo”. Y esa falta de ingresos en casa tiene otros muchos riesgos colaterales: “Los niños llegan cansados a clase, no están motivados ni centrados, son potenciales víctimas del fracaso escolar”, cuenta Jesús Salido, presidente de CEAPA. Precisamente la educación es uno de los derechos de los niños y niñas que más capacidad tiene de romper ese círculo de desigualdad. Pero hoy, cuenta, “se está rompiendo el ascensor social” y los niños de familias con menos recursos tienen más posibilidades de salir del sistema.

Sandra, una pequeña de 10 años, preguntada por la pobreza en una de las sesiones que realiza Unicef con niños españoles, aseguraba: “Para mí ser pobres es, por ejemplo, no poder ir a un colegio y pasártelo bien como todos los demás niños porque tú, a lo mejor, no puedes ir a excursiones donde te lo pasas bien y otros sí”. Las caras de la pobreza infantil son muchas y muy peligrosas. Los padres, lo primero que suprimen son los gastos de las actividades extraescolares, sobre todo deportivas, tampoco acuden a cumpleaños, y mucho menos los celebran como el resto, “ porque no pueden llevar regalos o porque simplemente se avergüencen de la casa donde viven” cuentan desde Unicef. 

 Los porcentajes de hogares con carencias alimentaria han repuntado en estos años de crisis. Si en 2009 afectaba al 0,7% de los hogares españoles, hoy la cifra ha subido hasta el 2,5%

Los expertos reconocen que un niño que vive con carencias se acaba percibiendo a sí mismo como un excluido, y eso es muy complicado de cambiar en el futuro.  No poder ir con el resto de la clase a las excursiones del colegio, no salir al cine o llevar ropa vieja marcan de por vida a los menores, ya que, como asegura la doctora Vidal, "no se socializan en una etapa tan importante como la adolescencia temprana”. Lamentablemente, cada vez hay más hogares en los que un gasto de este tipo se convierte en misión imposible. Según el INE, el 11,6% de los hogares en los que viven niños estos no pueden salir con sus amigos a jugar e invitar a tomar algo, el 10,4% no puede celebrar su cumpleaños y el 6,5% no tiene capacidad para comprar ropa nueva. Pequeños detalles que marcan el día a día de un niño alejado de sus compañeros, del ocio e incluso de la cultura propia de su edad. “Aunque los críos han demostrado mucha madurez, son crueles en muchos sentidos, y con sus comentarios pueden generar inseguridades insalvables”, dice Rodrigo Hernández. 

Gabriel González Bueno, responsable de políticas de infancia de Unicef, está convencido de que “la exclusión en la infancia marca una trayectoria vital completa”. Además se corre el peligro de sufrir un impacto social general preocupante. Por eso, justo ahora que es tiempo de pactos y de acuerdos postelectorales las organizaciones hacen un llamamiento. Piden un Pacto de Estado por la Infancia en el que el objetivo fundamental sea luchar contra la pobreza y meter este drama en la agenda política, aunque son conscientes de que los niños tienen poco peso en sus decisiones. Es lo que ha observado Save The Children tras analizar los programa electorales con los que los principales partidos políticos han concurrido a las pasadas elecciones del 24 de mayo: “No hay medidas que vayan a implicar un cambio de tendencia”. Y solo hay que echar un vistazo para darse cuenta. En el Manifiesto para las Elecciones Autonómicas del PP, de 80 páginas, hay cuatro menciones del concepto pobreza infantil. Tres para vender lo que el partido en el Gobierno ha hecho estos años y la otra para adelantar que hay que consolidar lo anunciado. El PSOE recoge en una de sus 80 Propuestas para la Recuperación Justa, en la número 27, la importancia de contar con los niños en nuestra sociedad; en su Programa Marco Autonómico pedía un pacto por la infancia con la “colaboración de todas las Administraciones y de todos los agentes”. Podemos, en su Programa del Cambio, que trabaja en  215 medidas para un proyecto de país, se compromete a invertir los recursos necesarios para garantizar la igualdad de oportunidades entre los más pequeños y combatir la malnutrición infantil a través de becas de comedores escolares. Ciudadanos contempla en una de sus líneas de actuación aumentar la cuantía de las prestaciones sociales y mejorar el tratamiento fiscal para familias monoparentales, con hijos discapacitados o en el caso de las familias numerosas. 

Piden un Pacto de Estado por la Infancia en el que el objetivo fundamental sea luchar contra la pobreza y meter este drama en la agenda política, aunque son conscientes de que los niños tienen poco peso en sus decisiones

Y por último, IU se propone llevar a cabo un plan especial urgente para combatir la pobreza en edad temprana con un impulso normativo. También UPyD reclama erradicar estas desigualdades entre los menores y su impacto en el fracaso escolar.   

En definitiva, promesas electorales y estrategias para el futuro sin demasiada concreción económica. En su estudio sobre las políticas públicas en España en materia de pobreza, Olga Cantó, economista y profesora en la Universidad de Alcalá, incide en la necesidad de destinar recursos públicos al desarrollo de prestaciones a la familia: “Los países que lo hacen son los que presentan menores tasas de pobreza infantil”. En este sentido, el Gobierno español ha llevado a cabo varias iniciativas, a pesar de la negación del problema de alguno de sus integrantes. Aunque a la vista de los datos alarmantes de pobreza alcanzados y de las críticas de los partidos en la oposición, son medidas que han llegado un poco tarde. En julio de 2014, de la mano de la entonces ministra de Sanidad, Ana Mato, se llegaba el acuerdo con las comunidades autónomas para crear un Fondo Extraordinario de 17,4 millones de euros para familias con menores a cargo y con situaciones de pobreza material severa. La segunda parte de este programa llegó --casualidades de la vida-- unos días antes de las elecciones del 24-M y ya con Alfonso Alonso en el ministerio. España además se beneficiará de los fondos europeos y llegarán a finales de año unos 560 millones de euros para ayuda alimentaria. Y por último, tal y como cuenta el Ministerio de Sanidad, hace unas semanas dieron luz verde, dentro del Plan de Familia, a otras 25 propuestas para paliar los altos niveles de pobreza.  Eso sí, aún no hay dotación presupuestaria concreta. 

La desventaja que sufren en su vida adulta los niños que han crecido en familias pobres se reflejará en la educación que alcanzan, en la salud, en la calidad de sus empleos futuros, y, en general, en su situación social. El caso es que “nos jugamos mucho y si no hacemos nada,  el conjunto de la sociedad lo irá pagando con el tiempo en mayores costes sociales”, subraya la economista Olga Cantó. Ella mira al futuro, a las inversiones en forma de ayudas sociales por exclusión, por falta de prevención sanitaria, por capital social que pagaremos en las próximas décadas. Pero no sólo hablamos de consecuencias económicas. Según González Bueno, de Unicef, si nos basamos en las experiencias internacionales, “el incremento de la exclusión social o la pobreza infantil podría aumentar los niveles de delincuencia o traer problemas de drogas”.  

Por eso, es imprescindible realizar políticas integrales que pongan al niño en el centro de la solución. Hay que intervenir. Los expertos son concluyentes, la pobreza infantil es “ineficiente porque afecta al bienestar presente de los niños, pero sobre todo al futuro del país de mañana”.

Autor >

Natalia Hernández Rojo

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