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Roca, mentiras y una fotografía

Jordi Pastor 9/04/2015

Cerro Torre, una afilada aguja granítica de 3.133 metros en la Patagonia argentina.
Cerro Torre, una afilada aguja granítica de 3.133 metros en la Patagonia argentina. DAVIDE BRIGHENTI

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Algo no encaja en la imagen. Después de horas y horas estudiándola, el alpinista argentino Rolando Garibotti no logra dar con ello, pero lo sabe. El pie de foto reza "Toni Egger en las placas inferiores de la pared del Cerro Torre" y fue publicada en el libro Arrampicare é il Mio Mestiere, de Césare Maestri, en 1961.

Dos años antes, en 1959, Césare Maestri, la Araña de los Dolomitas, se asoció con el austriaco Toni Egger para conseguir lo imposible: doblegar, por primera vez, los verticales muros del Cerro Torre, una afilada aguja granítica de 3.133 metros en la Patagonia argentina con un perpetuo y voluminoso hongo de hielo por cumbre. Vertical, peligrosa, inescalable. Al menos, eso se pensaba a finales de los años 50.

Conquistados los ochomiles del Himalaya, el Torre era el siguiente reto. Una montaña distinta: técnica, difícil de escalar y agitada por la severa e impredecible climatología patagónica; viento furioso y tormentas de nieve que no conceden demasiados días de tregua seguidos. Había que escalar deprisa, pero era un dúo excepcional: Maestri, natural de Trento (Italia), región de montañeros, dominaba la roca y era conocido por sus fabulosas ascensiones en solitario en las tiesas paredes de los Dolomitas; Egger era el especialista en hielo, un adelantado a su tiempo. Su reputación les precedía, y también su audacia. El año anterior el italiano le había tomado la medida al Torre en una infructuosa expedición y ahora tenía un plan: trazar una nueva ruta que recorrería tres flancos distintos de la montaña, enlazando los tramos más asequibles de cada uno de ellos.

Comenzaron en la vertiginosa cara este. Cesarino Fava, también trentino y amigo de Maestri, con quien había equipado los primeros 300 metros de la ruta (Egger estuvo fuera de combate hasta el intento final por una infección en un pie), les acompañó en la primera parte de la ascensión hasta el bautizado Collado de la Conquista. Desde ahí, asomados al flanco norte, Egger y Maestri escalarían en estilo alpino hasta la cima, es decir, lo más rápido posible, renunciando a montar más campamentos en la pared donde poder refugiarse y llevando consigo solo lo que cupiese en sus mochilas. Apuesta valiente, máxima exposición y 750 metros de pared por encima. Fava descendería hasta la base y aguardaría  su regreso.

Durante los cinco días posteriores no volvió a tener contacto con ellos. Convencido de que sus compañeros habían desaparecido, Fava decide iniciar la vuelta a casa a la mañana siguiente. Mientras desciende, se gira para echar un último vistazo al glaciar y entonces vislumbra una mancha negra. Sin demasiadas esperanzas, vuelve a remontar la helada pendiente para descubrir que aquel punto negro sobre la nieve es su amigo Maestri, todavía con vida.

Año 2012. El alpinista Rolando Garibotti vuelve a mirar y remirar la dichosa foto. Lleva más de dos décadas subiendo montañas en Patagonia, es coautor de la mejor guía de escalada de la zona e incluso en 2005 ascendió hasta el helado hongo cimero del Cerro Torre (junto a Alessandro Beltrami y Ermanno Salvaterra) siguiendo el mismo itinerario que Maestri y Egger. Bautizaron la ruta como El arca de los vientos y al bajar concluyeron públicamente que Maestri y Egger no llegaron a la cumbre en 1959.

Aquel año, sin embargo, Maestri había regresado como un héroe a Trento tras afirmar que, junto a Egger, había coronado la montaña imposible. Considerada una hazaña durante algunos años, pronto surgieron la primeras dudas y quienes las expresaron públicamente. Desde alpinistas reputados, como Carlo Mauri o Reinhold Messner, hasta serias revistas especializadas. No había fotos de cumbre, ni del resto de la ascensión. Egger no regresó de la montaña. Falleció durante el descenso sepultado por una avalancha. Sus restos aparecieron casi 20 años después, escupidos por el glaciar, pero la cámara del austriaco nunca lo hizo. Quedaba la palabra de Maestri como único crédito –apoyada por la de su compañero Fava– porque la montaña solo devolvía evidencias de lo contrario: intentos posteriores por la misma ruta solo encontraron material y restos (abundantes) de aquella ascensión hasta unos 300 metros del altura. Ninguno más en los tramos superiores. Las muchas explicaciones posteriores (a la defensiva) de los protagonistas solo arrojaban nuevas imprecisiones y contradicciones, y la comunidad alpinística internacional comenzó a recelar. Cuestionada durante casi cuatro décadas, la Maestri/Egger de 1959 al Cerro Torre comenzaba a convertirse en una leyenda; peor aún, en una gran mentira.

"Ermanno y yo nos dimos cuenta en 2012 de que había algo raro en esa foto", dice Garibotti. "En su libro, Maestri no especifica de qué pared del Torre se trata, pero siempre se ha dado por hecho que sería la cara este, ya que no relata haber intentado ningún otro flanco de la montaña. En el libro no explica nada más. Si debido a su infección en el pie Egger no participó en los intentos previos a la ascensión definitiva, y la cámara que llevaban entonces desapareció, según Maestri, en la avalancha que se llevó al austriaco en el descenso, no hay forma de explicar cómo esta foto llegó a existir. Pero nadie se dio cuenta de ello hasta 2012", concluye Garibotti. "A partir de ahí, le dimos vueltas durante algunas horas intentando dilucidar cuál podría ser el lugar que aparece en la imagen, pero nos dimos por vencidos".

Un año más tarde, el alpinista americano Kelly Cordes volvió a insistir a Garibotti. "Pasé de nuevo varias horas intentando descifrar las paredes que aparecen en la imagen. Utilizaba fotos de mi archivo personal para compararlas con la del libro de Maestri, cientos y cientos de tomas acumuladas durante los más de 20 años que llevo visitando el macizo del Cerro Torre. Resultaba muy difícil porque la foto de Maestri había sido recortada para no mostrar el fondo, había poca información de referencia".

Tampoco ayudaron ciertas consultas. "Imaginaba que se trataba de una foto sacada en 1958, un año antes, así que dediqué un buen rato a repasar imágenes de los lugares que visitaron entonces, reseñados por el líder de aquella expedición, Bruno Detassis", recuerda Garibotti. "Incluso pregunté a Leo Dickinson –quien relata la escalada de Maestri y Egger en su libro Filmando lo imposible (Desnivel, 1992)– si podría corresponder a la Aguja Bífida. Él había pasado muy cerca en los años 70, conocía esa zona, pero me respondió que no y dejé de buscar coincidencias".

Pero Kelly Cordes no se dio por vencido. Si alguien podía dar con ello era Rolando. "Hace aproximadamente un año me pidió que mirara la foto de nuevo, así que puse más empeño", dice Garibotti, que en total calcula haber pasado delante de la imagen más de 12 horas. "Después de mucho tiempo estudiando fotos del valle entero, esta vez con la ayuda de Dörte Pietron (coautora de la guía Patagonia Vertical), dimos al fin con la localización exacta: cara oeste del Perfil del Indio, es decir, en la vertiente oeste del Cerro Torre; justo al otro lado de la montaña". El hallazgo arroja muchas más dudas (si cabe) sobre lo que ocurrió durante aquellos seis días de 1959: la imagen los sitúa, inequívocamente, en un lugar que, curiosamente, Maestri nunca mencionó en sus escritos o explicaciones.

Resuelto el misterio, Garibotti cogió la cámara, se calzó las botas y escaló el pasado mes de enero hasta el mismo punto para replicar la imagen: mismo ángulo, mismo encuadre. "Tenía imágenes de escaladas anteriores que mostraban el sitio claramente, pero sabiendo que habría mucho revuelo fui expresamente hasta allí. Me pareció importante hacerlo".

Revuelo ha habido, desde luego. La historia ha copado los medios especializados de todo el mundo e incluso fue publicada en The New York Times con una ilustración muy concisa: un alpinista escala la nariz de Pinocho con el Cerro Torre al fondo. El propio Maestri, a sus 85 años, replicó a través del diario italiano La Gazzetta dello Sport. Que ante las preguntas de un periodista el célebre alpinista trentino recuerde ahora, de repente, haber pasado por allí en la expedición del 58 –actividad que no aparece en los diarios de Detassis y que, para la época, habría sido digna de reseñar– no cambia demasiado la cosas. Aunque parezca mentira, la hermana de Toni Egger, Stefanie, que todavía vive en un pueblo cercano a Lienz (Austria), sigue resentida con Maestri y Fava (fallecido en 2008): después de todos estos años, todavía no ha recibido los diarios de Egger (era conocido que escribía diariamente), ni su equipo, ni las dos cámaras fotográficas que tenía.

Si algo parece probar esta investigación patagónica es que, al menos, una de dichas cámaras sobrevivió a la avalancha del descenso, no solo Césare Maestri y su posterior acto de fe. "La importancia de la verdad es algo debatible", dice Garibotti, "pero resulta deplorable que alguien mienta sobre las circunstancias de la muerte de un compañero por mera ganancia personal". El descubrimiento fotográfico hace posible que Egger sufriera un accidente descendiendo del collado Standhardt, no en la pared este, como dijo Maestri a su regreso. "Moralmente, es inaceptable".

"Mi interés en esta historia", concluye el alpinista argentino, "pasa por establecer definitivamente quién realizó la primera ascensión al Cerro Torre. Como autor de la guía de la zona y siendo ésta una de las dos montañas más importantes de Patagonia, incluso de las más emblemáticas del mundo, me parece importante".

Curiosamente, dos escaladores norteamericanos trazaron el mes pasado una nueva ruta por la cara norte del Torre, la misma por la que Maestri insiste todavía en haber llegado a la cima en 1959. La han bautizado Directa a la mentira.

Algo no encaja en la imagen. Después de horas y horas estudiándola, el alpinista argentino Rolando Garibotti no logra dar con ello, pero lo sabe. El pie de foto reza "Toni Egger en las placas inferiores de la pared del Cerro Torre" y fue publicada en el libro Arrampicare é il Mio Mestiere, de...

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Jordi Pastor

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