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El sueño traicionado de Nicaragua

Diego Cobo Managua , 26/02/2015

Seguidores del Frente Sandinista de Liberación  Nacional (FSLN) durante la celebración del 35º aniversario de la revolución, en la plaza de la La Fe de Managua, en 2014.
Seguidores del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) durante la celebración del 35º aniversario de la revolución, en la plaza de la La Fe de Managua, en 2014. INTI OCON

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En el triunfo de la revolución, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) colmó los sueños de un país ensangrentado, después de 45 años de la estirpe Somoza. Por fin gobernaba "el pueblo". Era 1979. Pero los años 80, la guerra y las agresiones deshilacharon el país tras una década de sandinismo. Así nacía el llamado periodo liberal, que se prolongó durante tres lustros. El 26 de febrero se ha celebrdo el 25 aniversario de la derrota el FSLN en las elecciones, un cambio en un país que ya nunca fue el mismo. Daniel Ortega volvió al poder en el año 2006 y Nicaragua es el centro de duras críticas y denuncias por vulneración de derechos humanos.

"Estamos frente  a un régimen dictatorial y oligárquico. Daniel Ortega y su grupo no han podido romper las cadenas de la historia y han resumido en el régimen todas las taras históricas del país". La opinión de Enrique Sáenz, presidente del Movimiento Renovar Sandinista (MRS), una escisión del FSLN, creado en 1995 y que agrupa a algunas de las más importantes figuras intelectuales, resulta implacable.

Mucho ha cambiado un país cuya revolución supuso un hito en su historia. La horizontalidad, el poder del pueblo y, en definitiva, los valores que llegaron con el sandinismo, comenzaron a tener problemas cuando, una década después, perdieron unas elecciones en las que Daniel Ortega admitía la derrota electoral en una histórica conferencia de prensa.

Hoy la democracia en Nicaragua está herida de guerra. "El Estado es una grave amenaza para los derechos humanos porque el poder se concentra, y cada vez más, en pocas manos. Es una realidad: este es un gobierno reaccionario porque sus dirigentes son una familia enriquecida, una nueva dinastía en el poder que se aprovecha enriqueciéndose y concibe el Estado como un botín", opina Gonzalo Carrión, responsable de denuncias del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH).

Pocos niegan en Nicaragua esta afirmación cuyos orígenes se remontan al momento en el que el sandinismo fue derrotado en las urnas en contra de los pronósticos y, en el periodo de transición, cuando se produjo la piñata,  un saqueo de los bienes públicos por parte de los dirigentes encabezados por Daniel Ortega.

"El sálvese quien pueda después de la derrota electoral del 90 rompió el corazón ético del Frente Sandinista", explica Sáenz, quien añade que "el proceso de acumulación de poder político y económico no ha terminado todavía". Desde que Ortega volvió al poder tras las elecciones del año 2006 han cambiado muchas cosas. Y por el camino se ha reformado la Constitución y la manera de gobernar, que ha debilitado el ejercicio de derechos fundamentales.

El responsable del CENIDH enumera varios de ellos: "No te ponen en un paredón como Somoza. No te torturan y te hacen desaparecer, pero es una especie de muerte civil: lo hacen mejor que Somoza", cuenta en la sede de una ONG financiada con el dinero de la cooperación internacional. Pero, ¿son independientes? "Nos acusan de que somos fascistas, pero cuando estuvieron en los periodos liberales, ellos incendiaban el país y el CENIDH los protegía y respaldaba en su lucha social. Ahora se les olvidó y no permiten ni una pancarta que diga No a la dictadura", responde Carrión.

La justicia también está en entredicho ("Daniel es presidente inconstitucionalmente porque la Constitución impedía que fuera candidato por tercera vez y él se impuso por el control que tiene de todos los órganos" o "todas las instituciones están subordinadas a Daniel Ortega"), así como la libertad de prensa. "No quema un medio de comunicación, sino que lo compra. Somoza no tuvo tantos medios en manos como esta familia: cada uno de sus hijos tiene un canal de televisión", afirma Carrión.

Apenas existen medios de comunicación independientes y Reporteros sin Fronteras (RSF) colecciona informaciones de acoso a la prensa. Octavio Enríquez, uno de los reporteros más destacados de Nicaragua y actual periodista de El Confidencial, coincide en el diagnóstico: "Desde 2007, Ortega se ha repartido todos los canales de televisión. Hay un problema con los medios independientes porque la empresa privada apoya los canales de la familia. Mientras tanto, estamos haciendo periodismo como si fuera el último día. Es difícil ejercer la profesión".

Ser periodista en Nicaragua no es fácil. No hay asesinatos, como en los países vecinos, pero el acoso y las dificultades para acceder a la información son habituales. La opacidad es la norma. Enríquez, que ha sido reconocido con galardones como el Rey Juan Carlos de Periodismo o el Ortega y Gasset, reivindica el compromiso como motor del oficio y reconoce que no existen presos políticos en Nicaragua. Pero sí denuncia un difícil contexto en el que informar. "Existe un ambiente donde informar parece un pecado para los funcionarios, así que nuestro trabajo es buscar la ventana para conseguir información", reconoce.

Un informe de RSF del año 2007 afirmaba que si bien es cierto que apenas hay ataques a periodistas, eso se debe al control político de los medios y a la autocensura, lo que da un resultado de engañosa libertad de expresión. El propio periodista simboliza esa dificultad: "Este Estado lo puedes describir como Estado-familia-negocios. Es el mismo esquema de la familia Somoza; la diferencia es que él listaba todos sus bienes".

Nicaragua equivale a nombrar a Daniel Ortega, un Gobierno donde el personalismo alcanza límites enormes, algo que contradice el espíritu con el que se asaltó el poder en 1979: un liderazgo sin caudillo. "El triunfo de la revolución [1979] se dio sin caudillo. En la guerra de la contra [años 80], dieron su vida miles de campesinos sin caudillo. Y la derrota electoral de la revolución [1990] fue con la negación de un caudillo. Tres episodios dramáticos fueron sin caudillo. Sin embargo, Ortega restauró el caudillismo en el país. Es el ejercicio absoluto del poder: Ortega no tiene límites", opina el diputado del MRS.

Y es ese ejercicio del poder el que  sus rivales políticos aúnan bajo un mismo criterio: el régimen autoritario. Las elecciones del año 2011 fueron un fraude, "preñaron las urnas", según el CENIDH; además, la victoria de Ortega fue inconstitucional, puesto que se presentó para su tercer mandato cuando la Constitución del país decía que no podía presentarse. Pero llegó al poder y la modificó a posteriori. En Nicaragua, los pocos medios escritos independientes se refieren sistemáticamente a él como "el presidente inconstitucional".

Mientras, entre acusaciones por su manera de gobernar y denuncias por fraude electoral, el Gobierno de Daniel Ortega ha ido sumando apoyos a su causa, que en las últimas elecciones –las del 2011, las amañadas– alcanzó un 62% de los votos. "El Frente Sandinista hace fraude porque son cleptómanos. A nosotros nos robaron las elecciones municipales. Aunque no tengan necesidad, meten la mano. Si yo fuera ellos y estuviera en sus niveles de percepción política, no haría fraude: ganaría de calle y limpiamente", reflexiona el diputado liberal.

En realidad, el FSLN no tiene rivales. La oposición está astillada, sus antiguos miembros disidentes que ahora simpatizan con el MRS – Sergio Ramírez, Dora María Téllez o Gioconda Belli– y los liberales, también divididos tan el fiasco del Gobierno de Arnoldo Alemán, hacen inviable una derrota al actual presidente.

"Ortega ha llegado hasta donde ha llegado por un conjunto de factores que incluyen la incompetencia de sus adversarios", admite el líder del MRS. "Creo que la democracia la podemos recuperar tarde o temprano", prosigue, "pero la oportunidad perdida en términos estructurales va a costar mucho tiempo". Ya no es únicamente el amaño de unas elecciones que nadie duda, sino el manejo de un lenguaje tallado a medida de los pobres. "Nuestra capacidad de conectar con la gente, nuestro discurso y los códigos no están alineados con las clases más humildes. Hay una serie de factores que no son tangibles, como el tema de la dignidad. Eso es difícil tocarlo", reflexiona Enrique Sáenz, y coincide el diputado liberal: "Ellos han sabido manejar el populismo de una mejor manera, regalando cosas. El populismo oportunista es la política del FSLN".

A nadie se le escapa tampoco el nuevo manejo de la religión. Si el sandinismo llevaba consigo unas profundas convicciones laicas y el marxismo estaba grabado en la inspiración política, esta nueva etapa personalista de Nicaragua está dominada por la religión; un cambio que responde a una estrategia determinada. "Imponen su credo al pueblo", opina el activista Carrión, "y ahora todo es por la gracia de Dios". Uno de los nombres clave en este ámbito es el del cardenal Miguel Obango, acérrimo enemigo de la revolución y hoy hombre clave del Gobierno. Algo que, en aquella oda a la Revolución Sandinista que escribió Sergio Ramírez llamada Adiós muchachos, explica en su prólogo: "El hondo sustento ético ha sido sustituido por la ambición de poder personal".

El reto que se plantea en Nicaragua es su futuro. Las clases medias están cansadas pero sin una opción viable, el poder ("Ellos subieron con la bandera de los pobres, pero ya eran dueños de un montón de empresas. Cuando perdieron las elecciones en 1990 ya tenían un músculo financiero", detalla Octavio Enríquez) se concentra en un Gobierno autoproclamado revolucionario y que recibe anualmente, sin dar explicaciones y sin pasar por el presupuesto nacional, más de 500 millones de dólares de Venezuela.

"Ya no son aquellos chavales que llegaron al poder, ya no son los mismos, ahora son millonarios. Eso no quita que haya gente honesta dentro del frente", sentencia el periodista cuyas investigaciones han sido premiadas. Pero a pesar de las advertencias, no parece que la tensión en Nicaragua vaya a cambiar de suerte en los próximos años. Y Gonzalo Carrión advierte: "Ya están en la cima del poder, casi tocando el cielo. Pero mientras más cerca del cielo estén, más grande será el golpe".

La última manifestación de estas denuncias ha sido el proyecto del Canal Interoceánico de Nicaragua, una construcción de 50.000 millones de dólares donde la opacidad, el secretismo y las tretas legales han supuesto la norma. Un proyecto, en definitiva, donde los críticos han señalado hasta dos docenas de vulneraciones de la Constitución. Por eso, en diciembre de 2013, la mayoría sandinista, 63 diputados (más uno de la oposición) de los 92 existentes, volvió a reformar el texto constitucional.

En el triunfo de la revolución, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) colmó los sueños de un país ensangrentado, después de 45 años de la estirpe Somoza. Por fin gobernaba "el pueblo". Era 1979. Pero los años 80, la guerra y las...

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Diego Cobo

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